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Construyendo maternidades libres, voluntarias y autónomas.

3:37:00 p.m. Add Comment

Para que este mundo sea realmente un lugar más fraterno y solidario, necesitamos construir las condiciones necesarias para que la maternidad sea una experiencia voluntaria, libre y alegre.
Por: Ana María Manzanares / Feminopraxis
Como cada año en el mes de mayo observamos una avalancha de mensajes de felicitación a propósito de la celebración del mes de la madre; más allá del origen de esta fecha y de su carácter mayoritariamente consumista, es necesaria la reflexión acerca de la manera cómo se ha construido tradicionalmente la maternidad y cómo esto se ve reflejado en los mensajes de felicitación que circulan y por ende, en la valoración que expresan de su ejercicio y que ponen como medida de calificación el sacrificio.
En primer lugar es necesario resignificar  la maternidad (parir, criar y cuidar) como un acto político con un gran potencial para generar otros mundos posibles  a través de la configuración de relaciones más solidarias, equitativas y menos jerárquicas, y que no puede continuar siendo relegada al ámbito de lo doméstico; pese a que se asume la crianza como un acto casi que exclusivamente asignado a las mujeres, los eventos que se desprenden de él parecieran ser de dominio público; desde la gestación la experiencia de la maternidad está mediada por múltiples cuestionamientos (lo que puede o no hacer una mujer en embarazo, qué se debería poner o no, qué debería comer) que se extienden a cada una sus etapas: parto, lactancia, destete, vacunación y así sucesivamente; lo anterior sin mencionar el peso de la institución médica que la regula de acuerdo a sus intereses.
Todo lo anterior tiene como consecuencia que solamente sean aceptadas determinadas formas de ejercer la maternidad – maternidades hegemónicas –  y que se señalen como inadecuadas las que no se ciñen a los parámetros establecidos para ésta experiencia en la que se sustenta la vida.
De otro lado, se ha construido el ejercicio materno como un sacrificio que conlleva esfuerzo, dolor, abnegación y en ocasiones hasta tristeza y que si se entiende desde otro tipo de sentimientos asociados a la alegría, no es efectivo.
Es bueno cuestionarnos sobre la manera en que todos esos prejuicios que se evidencian con mayor vehemencia en este mes, sustentan un orden de mundo donde la crianza es destino obligatorio para las mujeres y un acto de voluntariado para los hombres; vivimos en una sociedad que ha sobrevalorado la crianza a tal punto que cuando se experimentan otros espacios como el del trabajo, la sexualidad y hasta el ocio, se produce un señalamiento negativo; basta ver el matoneo sistemático  al que se exponen las mujeres jóvenes que son madres solteras o separadas y que publican fotos en redes sociales en espacios de ocio.
Para que este mundo sea realmente un lugar más fraterno y solidario, necesitamos construir las condiciones necesarias para que la maternidad sea una experiencia voluntaria, libre y alegre, como un ejercicio que nace del corazón y que ojalá pueda ser vivido desde las propias aspiraciones sin la carga de expectativa social de quienes en ocasiones ni siquiera tienen hijos.

¿#Todos somos la próxima víctima?

8:08:00 a.m. Add Comment

En lo que va corrido de éste año, en Colombia se registran más de 4.000 denuncias por abusos sexuales a niños y niñas y cerca de 400 feminicidios, cifras que nos indignan y conmueven; unos con mayor visibilidad que otros, la mayoría de ellos ni siquiera registrados en los medios de comunicación. 
Por: Ana María Manzanares / Democracia en la Red
Bajo el hashtag  #TodosSomos y el nombre de la víctima de turno, evidenciamos nuestro dolor y reclamamos justicia. Hace 5 meses fue el secuestro, abuso sexual y feminicidio de la niña Yuliana Samboní, una tragedia a la que se le dio muchísima visibilidad y que fue atendida con mayor celeridad que otras, porque además del origen humilde de la niña, el agresor pertenecía a una “prestante” familia bogotana lo que contribuyó al boom mediático. Hace un mes Claudia Johana fue asesinada en un centro Comercial  a manos de su ex – pareja quien acto seguido se suicidó sin que las autoridades hayan intervenido a tiempo; posteriormente se supo que la víctima había denunciado ante las autoridades quienes emitieron una medida de protección, que como se hizo evidente, no sirvió para detener el tiro que la mató. Hace dos semanas en el Municipio de La Peña, a dos horas de la capital de la república fue asesinada Mónica, de 17 años por su ex – pareja de 63 años, por negarse a volver con él; la semana pasada fue abusada y asesinada Sara, una niña de origen humilde en un municipio del Tolima. Y así las agresiones contra mujeres, niños y niñas se van volviendo parte del paisaje. 
Llama la atención que en estos casos los reclamos ciudadanos sobre la administración de justicia giren en torno a dos elementos: o bien se pide cadena perpetua o bien se pide la pena de muerte, a más de reflexiones que circulan en espacios como redes sociales en las que se convoca a acudir a las vías de hecho y torturar a los agresores. Asombra ver que desde la directora del ICBF pasando por congresistas y políticos, soliciten cambio en la legislación que penaliza estos actos (desconociendo  que ya hay un ordenamiento jurídico que en la mayoría de casos no se aplica) pero que no se haga referencia a medidas de tipo preventivo ni se ahonde en las causas que los produce; en el imaginario social se atribuyen estas agresiones contra mujeres, niños y niñas a enfermedades mentales no diagnosticadas, lo que los justifica y contribuye a desdibujar la responsabilidad que les corresponde. 
De otro lado, mientras nos solidarizamos con las víctimas de manera efímera a través de los hashtag y sancionamos moralmente a quien comete estos actos, en la vida cotidiana reproducimos comportamientos que alimentan la estructura en la que se dan las agresiones: defendemos toleramos y hasta justificamos el acoso callejero, seguimos utilizando la frase “pareces una niñita” como insulto en una discusión, seguimos pensando que la crianza es una obligación para las mujeres pero es un voluntariado en el caso de los hombres, seguimos riéndonos de los chistes machistas, seguimos diciéndoles “zorras” a las mujeres que nos caen mal, seguimos pensando que si matan mujeres “por algo será” y que si las violan “es porque quién sabe cómo iban vestidas”, seguimos pensando que si el estado garantiza los derechos de las personas LGBTI nuestros hijos e hijas se volverán gays. 
Es fácil hablar de prevención de la violencia de género en abstracto, lo difícil es atacarla en su materialidad; generar condiciones para que las mujeres vivamos en mundo libre de violencias pasa por entender que la violencia, el maltrato y las violaciones hacia el que socialmente es considerado el más débil son consecuencia de un sistema estructural que privilegia las relaciones de poder inequitativas, descalificadoras y jerárquicas y que se llama “patriarcado”; mientras no entendamos que los violadores y feminicidas no son enfermos mentales, sino hijos sanos de un sistema que desde todo punto de vista avala y aplaude sus comportamientos mientras condena sus consecuencias, seguiremos siendo la víctima de turno a través de un hashtag mientras conocemos el nombre de la próxima víctima.
Todos podemos contribuir a que esto cambie tomando conciencia de que nuestros actos cotidianos fortalecen o debilitan un sistema que nos está matando.