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El “centro”, útil al uribismo para impedir el avance de la izquierda

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Las elites dominantes colombianas buscan impedir una eventual articulación del pueblo como sujeto político y, ante el declive del uribismo, parecen encontrar un nodo articulador en el “centro”, preocupadas por el resurgimiento de las demandas populares reprimidas por años por la guerra, y expresadas ahora en las protestas sociales y en el fenómeno electoral del centroizquierdista Gustavo Petro en 2018.
Por: Aram Aharonian* / Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico
Algunos analistas insisten en que se ha producido una coyuntura similar al establecimiento del Frente Nacional, tras la pacificación de Rojas Pinilla (1953-57), mientras el futuro del país, como el de todos, está sujeto a lo que sucede en épocas de pospandemia.
Rojas Pinilla, con diálogos entre conservadores y liberales para calmar los odios y diferencias, fue preparando el camino para lo que se llamaría el Frente Nacional. Primero fue el Pacto de Benidorm (de julio de 1956) donde reconocieron la responsabilidad compartida en la decadencia de la democracia. Luego, en la declaración de Sitges, donde confirman que los dos partidos compartirían el poder en partes iguales durante 16 años y la presidencia se alternaría cada cuatro años entre los dos partidos.
Para las elecciones presidenciales de 2018, el abanderado de muchas de las demandas populares fue Gustavo Petro, y no fue como corolario de una estrategia consciente.  sino por el hecho de que, ante la coalición del Polo Democrático con Sergio Fajardo y su fórmula, Claudia López, que se reclamaron como el centro, no hubo otra opción que las representara, señala el politólogo Edwin Cruz.
El bipartidismo fusionado en la última etapa desde el año 2002 ha tratado de ser el centro en el ejercicio de cuatro gobiernos, pero realmente fue el soporte en 16 años de dos hombres al mando del Estado; Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos y su descafeinada Tercera Vía seudo socialdemócrata. En el mandato santista, el uribismo pasó a ser la derecha desnudada, teniendo que crear un partido nuevo, el Centro Democrático, para ejercer la oposición.
Desde 2010 y hasta el 2018, el centro-centro lo materializó el Partido Verde que perdió la Presidencia dos veces ante Santos por la incapacidad de sus candidatos (Antanas Mockus y Enrique Peñalosa) para dar el debate y enfrentar la propaganda sucia del bipartidismo uribista-santista.
La izquierda fue en esos 16 años la guerrilla, una oposición extraparlamentaria, hasta que se logró la paz parcial con una de ellas, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, que dejaron las armas y entraron al Congreso. Pero el Ejército de Liberación Nacional continúa en esa línea, en medio de un proceso de paz boicoteado y confuso.
Desde hace muchos años, el partido Liberal ha renunciado a ser una coalición de matices de izquierda, cuando el expresidente César Gaviria, quien también supo ser secretario general de la OEA, se apoderó del aparato del partido en extinción.
Petro, coartífice de la Constitución, legislador y gobernante de Bogotá,  aparece como un líder pertinaz y coherente con su trayectoria de izquierda desde la guerrilla del M-19, pasando por una desmovilización que lo llevó a la Asamblea Constituyente, luego a la política electoral con la Alianza Democrática (AD- M-19), posteriormente al Polo Democrático y a varios intentos con el progresismo, hasta formar Colombia Humana, ¿la izquierda moderada?, ¿la izquierda posible?
El bipartidismo hegemónico disminuye a la izquierda combatiéndola o macartizándola, y crea el imaginario colectivo advero para los de centroizquierda, al sindicarlos como de izquierda radical. Los medios hacen su parte, acusándolos de chavistas, comunistas, guerrilleros.
Esta es la forma moderna, de las guerras de cuarta y quinta generación, para aniquilar a la izquiera. En otras etapas la forma de terminar con la izquierda fue con la eliminación del líder, con la sicarización de los directorios políticos, o evitando la oposición creando formas de connivencia parecidas a la del Frente Nacional.
La derecha –y sus pertinaces medios de comunicación e información- hicieron renacer la difusión del odio, llevando a la polarización. Los centristas son confusos porque no se definen y los conduce a ser reformistas light para poder demostrar acciones. Volátil, cambiante, camaleónico y situacionista, el centrismo cambia de posición para no hundirse.
No tienen definiciones –más allá de los remanidos discursos- sobre las cosas que no funcionan en Colombia, la justicia, la salud, la educación, la corrupción desbordada, los atentados permanentes al medio ambiente (minería ilegal, páramos, ríos, humedales, ecosistemas sin protección, la biodiversidad destruida, etc.); una fuerza pública desarticulada, la inseguridad en las ciudades, y la pérdida constante de soberanía.
El triunfo de Claudia López en Bogotá pone al exgobernador
de Antioquía, Sergio Fajardo a un paso adelante en la carrera presidencial de
2022 tomando en cuenta que tanto Gustavo Petro como el también exalcalde de
Medellín han dejado entrever sus intenciones de buscar la Casa de Nariño en ese
año. ​Petro no le perdona a Fajardo que no lo haya acompañado en la segunda vuelta
presidencial del año pa  ##ClaudiaLopez#SergioFajardo#CarreraPresidencial

https://www.conlupa.net/2019/10/28/triunfo-de-claudia-lopez-en-bogota-pone-a-sergio-fajardo-a-un-paso-adelante-en-la-carrera-presidencial-de-2022/Si bien al inicio de la campaña de 2018 Fajardo y López marcaron sus diferencias con el urubismo, centrados en las denuncias de corrupción pero no en las políticas, poco a poco se dedicaron sólo a combatir a Petro y su Colombia Humana. Sus estrategas supusieron que allí estaban los votos en disputa para posibilitar a que Fajardo llegara a una segunda vuelta ante Duque. O quizá en esa estrategia encontraron los fondos para la campaña electoral.
Una de las tácticas de campaña comunicacional del centro consistió en hacer equivalente a Petro con la derecha uribista de Iván Duque: ambos representaban los males de la “polarización”, que no solo impedía avanzar al país sino que amenazaba con destruirlo.  Es más o menos el mismo discurso de los últimos 60 años
No escatimaron esfuerzos en sumarse a la etiqueta de “castrochavismo” que el uribismo le puso a Petro y tampoco en la lucha por impedir la “polarización”, dejando en el camino todas aquellas promesas de tomar las banderas de la agenda política de las demandas sociales, aplazadas durante décadas por la guerra y olvidados y traicionados los compromisos del gobierno en el Acuerdo de Paz con las FARC.
En lugar de que la estrategia de la polarización atrajera votos de Colombia Humana  hacia el centro, fue empujando a sus electores hacia el uribismo, experto en mano dura.
O sea, fueron chivos útiles al uribismo y a las elites, en el compromiso de no tocar mediante potenciales reformas los privilegios de las clases dominantes., y cómplices de la reedición de la doctrina del “enemigo interno” que ha devenido en el asesinato impune de más de un millar de dirigentes sociales, campesinos, indígenas y desmovilizados.
La construcción de una identidad política de centro pareció truncada, ya que en el cascarón sólo quedó  el antagonismo con Petro. En 2019, las elecciones regionales mostraron un renacer del centro, con la ayuda del Polo Democrático, cerrándole la puerta a una posibilidad de una coalición de centroizquierda.
Tampoco Colombia Humana ha podido, crearse una identidad como colectivo y organización política, que trascendiera el carácter de plataforma electoral de Petro, a pesar de haber trabajado en un completo y alternativo programa de gobierno.
El funcionamiento basado en personalidades y no en una nueva forma organizativa, no le permitió hacer frente a la campaña por la Alcaldía de Bogotá y terminó más fragmentada que al comienzo, comprometiendo así la posibilidad de articular una alternativa popular para las elecciones de 2022.
La victoria en Bogotá tuvo consecuencias insospechadas: el centro, en cabeza de la alcaldesa Claudia López. El apoyo irrestricto e interesado de los grandes medios de comunicación, se ha proyectado como el potencial nodo articulador de un bloque hegemónico favorable a los intereses de las clases dominantes tras el lento declive del uribismo.
La tonta propuesta de Claudia López » Al PonienteLópez se impuso a dos candidatos de la oligarquía (Carlos Fernando Galán y Miguel Uribe Turbay) pero no propuso un proyecto alternativo de ciudad. La retórica de centro, basada en el rechazo a la “polarización” se ofreció como una estrategia “apolítica” de hacer política enfatizando en los aspectos técnicos y de gestión sin tocar el modelo de ciudad neoliberal que se ha impuesto en las últimas décadas.
La posición de centro le permitió a López capitalizar el respaldo de una parte importante de la clase dominante. Para estos sectores, que manejan directa o indirectamente los grandes negocios en Bogotá, el liderazgo de López es fundamental porque les permite desarrollar sus negocios, su agenda y salvaguardar sus intereses. Al igual que cualquiera de los candidatos tradicionales.
A las elites, un gobernante de “centro” brinda una mayor gobernabilidad al haber cooptado y dividido parte de la izquierda y a los llamados sectores alternativos, es decir, a sus potenciales críticos. Obviamente, los distintos sectores que apoyaron a López han recibido su compensación en cargos y contratos, una estrategia característica del Frente Nacional de hace seis décadas para desactivar el descontento y el debate ideológico.
Los medios hegemónicos y los sectores cooptados han obviado cualquier crítica a la represión policial ordenada por la alcaldesa López. Pero la crisis ha sido el escenario para confirmar a Claudia López como la líder del centro, incluso llegando a postularla como eventual candidata presidencial.
Frente a un presidente que ha aprovechado la coyuntura para beneficiar hasta el descaro los grandes capitales financieros y privilegiado los intereses de los ricos, se ha erigido en una aparente –pero falsa- alternativa. Las políticas de la alcaldesa, en medio de la emergencia no se alejan del enfoque neoliberal del gobierno nacional.
Aniquilamiento de la izquierda
A la izquierda armada nunca le fue bien en sus acuerdos de paz con el establecimiento. En 1985 se fundó la Unión Patriótica (UP), como parte de una propuesta de paz de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP) a varios grupos a través de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar y al Estado colombiano, para pactar una tregua que permitiera la participación política de los combatientes en un nuevo partido.
La violencia contra la Unión Patriótica por parte de grupos paramilitares, narcotraficantes y fuerzas de seguridad del Estado dejó, por lo menos, 4.153 personas asesinadas, secuestradas o desaparecidas, entre ellos los  candidatos presidenciales Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo, cinco congresistas en ejercicio, 11 diputados, 109 concejales, ocho alcaldes y miles de militantes.
La Fiscalía General declaró a estos asesinatos como crímenes de lesa humanidad, por se parte de un plan de los sectores políticos tradicionales, agentes de seguridad, narcotraficantes y paramilitares, para impedir el ascenso de los movimientos de izquierda en la política colombiana. El plan de aniquilamiento, señalan algunos analistas, fue asesorado por Washington y asesorado por expertos israelíes.
A tres años y medio del inicio del proceso de implementación del Acuerdo  de Paz suscrito en 2016 entre la guerrilla de las FARC con el gobierno, parece consumada la perfidia y el incumplimiento por parte del Estado de un pacto para zanjar o regular por la vía pacífica asuntos que explican el origen y la persistencia de la rebelión armada: la cuestión agraria, la exclusión política, las drogas ilícitas o la materialización de los derechos de las víctimas del conflicto,
Inmediatamente afloraron las resistencias sistémicas que dejaron en claro que para el establishment la finalidad era la de lograr el desarme de la mayor guerrilla de la región y restringir el marco de actuación de la nueva fuerza política, desvirtuando el sentido histórico del alzamiento armado, y pretendiendo su disciplinamiento como otra organización más del variopinto paisaje político.
Al menos 77 exguerrilleros de las FARC fueron asesinados en 2019 ...Desde la firma del acuerdo, más de dos centenares de exguerrilleros fueron asesinados por fuerzas de seguridad y paramilitares, como si volviera a repetirse la historia de.1985. Súmele a esta cifra los centenares de líderes sociales, campesinos, afrodescendientes e indígenas,  y defensores de los derechos humanos asesinados: 130 solo durante el mandato de Duque en 112 municipios del país. El punto álgido se registró en 2003 con 1.912 homicidios
Sumidos a los intereses geopolíticos y económicos de Estados Unidos, el cálculo político del gobierno de Iván Duque y del uribismo reside en desvalorizar del Acuerdo de paz para mostrarlo como un hecho sin mayor trascendencia o impacto significativo. Para ellos, implementar el acuerdo sería fortalecer el proyecto “castrochavista” para la región y la persistencia de la violencia política demostraría la inutilidad del mismo.
¿Hacia una nueva hegemonía?
Al menos potencialmente, el fenómeno Petro en 2018 parece haber sido un llamado de atención: las demandas reprimidas de los sectores sociales excluídos que están en el origen de la violencia cíclica podrían articularse políticamente. Fue un llamado de atención para las clases dominantes, que no dudaron en rodear al candidato presidencial del uribismo.
Pero ante su declive no dudarán en apoyar cualquier otra alternativa, obviamente diferente a lo que representó Petro. Igual sude  para los sectores “alternativos” y para una parte de la izquierda renuente a emprender transformaciones políticas de algún calado, ya no digamos estructurales, que producirán “polarización”, o recelos del caudillismo y del personalismo que perciben –y difunden- en Petro.
El triunfo de Claudia López en Bogotá ha empezado a dotar la identidad política de “centro” de un contenido positivo, más allá del antipetrismo que definió sus fronteras discursivas en la campaña electoral de 2018. Por su parte, Petro continúa siendo la figura de la izquierda con mayor capital político, pero no con el suficiente para imponerse como alternativa. Así pues, pareciera existir una relación de suma cero entre la apuesta del centro y la de los sectores representados por Petro.Claudia López encabeza en Bogotá, la violencia contra la mujer ...
A menos de que éstos se vuelquen a movilizar la población tradicionalmente apática y abstencionista por distintas razones, se empeñen en construir un sujeto político popular, lo que haría necesaria la consolidación de una apuesta organizativa como Colombia Humana, tendrá que disputar con el centro una franja de apoyos y bases sociales con miras a los comicios de 2022.
El verso tiene patas cortas. Paradójicamente, los críticos del caudillismo de Petro no han tenido otra alternativa que construir otro liderazgo personalista para hacerle contrapeso: Claudia López se presenta hoy como la líder del centro, incluso relegando personalidades como Sergio Fajardo.
El problema radicará en resolver si el capital político acumulado por López es finalmente transferible hacia una identidad colectiva, el centro, o si es personal e intransferible. En éste último caso, no habría que descartar que López opte por un curso de acción igual al de uno de sus mentores, Antanas Mockus, quien renunció en 1997 a la Alcaldía para presentarse a las elecciones presidenciales… y perder.
Pero sea cual sea la opción del centro, tendría en su favor el interés de las clases dominantes de refrenar la tan mentada polarización: las demandas sociales que emergieron tras el Acuerdo de Paz, para alcanzar una paz minimalista que deje intactos sus privilegios, y que tiene –aparentemente- en la gestión de López en Bogotá una experiencia para replicar a nivel nacional.
De todas formas, Petro, desde abajo, sin partido y sin estructuras, aparece como la opción de los desencantados, ante la corrupción multiforme y multidimensional en las instituciones del Estado y la sensación –más cerca de la realidad- de la paz herida y traicionada.
Pero, ¿es Petro la izquierda? ¿Tiene un proyecto de trabajo conjunto con los movimientos sociales, campesinos, indígenas, que son los que siguen poniendo los muertos en la represión selectiva que han maquinando las elites, el gobierno ultraderechista de Iván Duque y los grupos paramilitares que siguen actuando en el país? 
*Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la) y susrysurtv.

Latinoamérica: Posneoliberalismo vs. capitalismo offshore

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El presente texto es el epílogo del libro Desde abajo, desde arriba. De la resistencia a los gobiernos populares: escenarios y horizontes del cambio de época en América Latina, de inminente publicación por la editorial Caminos de La Habana, Cuba.

Por: Katu Arkonada y Paula Klachko / Rebelión

Desde noviembre de 2015 han ocurrido sucesos excepcionales que cambian el panorama geopolítico y la cartografía de la lucha de clases en nuestra América. Con este trabajo pretendemos abordarlos, haciendo previamente un repaso de las etapas del ciclo posneoliberal que abrió una nueva etapa en nuestra región, al tiempo que intentamos un análisis sobre los acontecimientos de los últimos meses, que nos sitúan en un punto de inflexión y marcan enormes desafíos para los pueblos. Nos referimos centralmente al avance político de las fuerzas de derecha, avances expresados en el plano electoral y judicial que han logrado desalojar a dos gobiernos progresistas y estratégicos dado su peso político y económico como Argentina y Brasil, y que han ganado elecciones en Bolivia y Venezuela, modificando la correlación de fuerzas subjetivas y objetivas en la región.

Nuestra América se encuentra entonces en un punto de bifurcación, una guerra de posiciones entre las fuerzas sociales y políticas que protagonizan y conducen (o condujeron) el ciclo progresista posneoliberal, y aquellas que apuestan desesperadamente por la restauración neoliberal en forma de capitalismo offshore, un capitalismo que muestra la agudización de algunas tendencias que podrían indicar una modificación del ciclo capitalista dentro de su fase ya iniciada de descomposición1.

El momento político nos deja una derecha que ha acumulado fuerza en el plano electoral y solo necesita ganar las elecciones (y a veces como en Brasil, ni siquiera eso), mientras que la izquierda necesita ganar, pero sobre todo estar en la calle y reactualizar el proyecto político anti-neoliberal.

No es momento de lamentar los reveses políticos sufridos por la izquierda, sino de reflexionar sobre las nuevas formas de contrarrestar la ofensiva del capitalismo offshore contra los pueblos de América Latina y el Caribe, de retomar la ofensiva que nos lleve a otro momento de acumulación política y social, que abra otra etapa del ciclo progresista. Pero también es necesario ejercer la crítica y a la autocrítica para rectificar a tiempo en el caso del núcleo duro del cambio de época progresista (Venezuela, Bolivia y Ecuador) y para construir algo diferente en aquellos países en los que los pueblos hemos pasado a la oposición y resistencia.

Para pensar el momento actual es necesario comprender las diversas etapas que ha mostrado el ciclo progresista que convirtió a América Latina y el Caribe en la única región del mundo donde se comenzó a construir una alternativa al sistema capitalista o al menos a sus patrones de acumulación más agresivos desarrollados por medio de las políticas neoliberales.

Fase previa, o acumulación originaria del ciclo progresista (1989-1998): Las resistencias al neoliberalismo.

Caía el muro de Berlín, se desintegraba el proyecto histórico de la izquierda comunista mientras las fracciones más concentradas del capital arrasaban con las conquistas históricas de las y los trabajadores y los pueblos. Sin embargo, al tiempo que nos decían que había llegado el fin de la historia y de la lucha de clases, en el Sur del mundo comenzaba a germinar una resistencia al neoliberalismo todavía embrionaria durante el Caracazo (1989) y ya más organizada en el levantamiento zapatista (1994), así como otros procesos de resistencia contras las consecuencias de las políticas neoliberales primero y de lucha contra esas mismas políticas después.

1ª fase del ciclo progresista (1998-2003): La irrupción heroica del posneoliberalismo nacional-popular.

La potencia plebeya de resistencia al neoliberalismo se transforma en proyectos políticos que apuestan no ya por la resistencia, sino por la toma del poder, o al menos de los gobiernos como primer paso. Ello se da por dentro de las formas constitucionales o institucionales vigentes, como parte de una estrategia que se teje dentro de un período contrarrevolucionario abierto luego de la derrota de las fuerzas revolucionarias plasmadas con las dictaduras cívico-militares de mediados de los 70.

La destrucción social del neoliberalismo y la crisis provocada por la pérdida de hegemonía de las élites políticas y económicas, dejan un vacío político que es aprovechado por los proyectos nacional-populares para llegar a los gobiernos. El Comandante Chávez en Venezuela (1998), Lula en Brasil (2002) y Néstor Kirchner en Argentina (2003) abren el camino para el cambio de época en América Latina y el Caribe.

Al final de esta primera fase se refuerza la disposición de lucha desde abajo y desde arriba y la construcción heroica del posneoliberalismo con la derrota infligida por el pueblo de Venezuela al golpe de estado contrarrevolucionario de abril de 2002.

2ª fase del ciclo progresista (2004-2006): Pico de acumulación política

A Chávez, Lula y Kirchner se les suman Evo Morales en Bolivia (2005) y Rafael Correa (2006), al mismo tiempo que se derrotaba el proyecto imperial conocido como ALCA en noviembre de 2005, poco después de que los gobiernos revolucionarios de Cuba y Venezuela, con Chávez y Fidel como arquitectos de la integración, impulsaran en diciembre de 2004 el ALBA, y nacieran, también en ese periodo de 2 años, valiosos instrumentos al servicio de la liberación de los pueblos como teleSUR o la Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad.

Se producen algunos “golpes de timón” claves que muestran el cambio de rumbo en los escenarios políticos nacionales, como las nacionalizaciones de los hidrocarburos en Bolivia, asambleas constituyentes en Bolivia o Ecuador, o el pedido de perdón por parte del estado argentino por los crímenes de lesa humanidad cometidos por la última dictadura cívico-militar.

Al auge del antiimperialismo en la región, se suma la afirmación del carácter socialista de la Revolución Bolivariana. En este horizonte del Socialismo del Siglo XXI se alinean la Revolución Democrática y Cultural de Bolivia y la Revolución Ciudadana del Ecuador con el socialismo comunitario y el “buen vivir” como horizontes de época.

3ª fase del ciclo progresista (2007-2012): La estabilización del proyecto posneoliberal

Al núcleo duro de gobiernos progresistas se suma Centroamérica con la llegada de los sandinistas al gobierno nacional en Nicaragua (2007, aunque Daniel Ortega gana las elecciones en noviembre de 2006) y del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional en El Salvador (2009). También constituyen un avance en la correlación de fuerzas políticas favorable a los pueblos la llegada al gobierno de Fernando Lugo en Paraguay (2008) y el viraje hacia posiciones progresistas del gobierno de Mel Zelaya en Honduras.

En esta fase son derrotados gracias a la movilización popular los intentos de golpe de estado en el núcleo duro bolivariano, Bolivia (2008) y Ecuador (2010), aunque no logran ser frenados los golpes a los gobiernos populares en Honduras en 2009 (cuando se incorpora al ALBA) y Paraguay en 2012, inaugurando la nueva estrategia de “golpes blandos” de la derecha, perpetrados desde las propias instituciones del estado liberal.

Estas piedras en el camino de la construcción progresista y revolucionaria de Nuestra América tienes su contracara en las nuevas constituciones aprobadas en referéndum que consolidan la refundación de los Estados posneoliberales en Bolivia y Ecuador (con el antecedente de Venezuela en 1999). Se logra cristalizar en los nuevos textos constitucionales el cambio en las correlaciones de fuerzas sociales y políticas a favor de los pueblos.

Al mismo tiempo, América Latina y el Caribe entran de lleno en la transición al mundo multipolar, con una presencia cada vez mayor en la región de Rusia y sobre todo China, además del nacimiento, en junio de 2009, de los BRIC (Brasil, Rusia, India y China, a los que después se sumaría en abril de 2011 Sudáfrica), que contrarrestan la hegemonía yanqui en su tradicional patio trasero y generan condiciones para un desarrollo económico endógeno con mayores grados de soberanía.

4ª fase del ciclo progresista (2013-2016): reflujo y crisis

La muerte del Comandante Chávez (marzo 2013) abre de manera simbólica una etapa de reflujo, de crisis en el bloque nacional-popular que se traduce en un pico de desacumulación política y social que culmina con tres derrotas electorales para la izquierda y los proyectos nacional populares o el progresismo (de distinto signo, pero derrotas al fin y al cabo) en Argentina (octubre de 2015, el único gobierno de izquierda y/o nacional-popular perdido en las urnas desde 1998), Venezuela (diciembre de 2015) y Bolivia (febrero 2016), además de un golpe político-institucional-mediático contra el gobierno brasileño de Dilma Rousseff (mayo de 2016).

Esta fase deja un debate no saldado para la izquierda y es el del Estado. Decía René Zavaleta Mercado (1983), sociólogo marxista boliviano, que la historia de las masas es una historia que se hace contra el Estado. Pues el Estado históricamente expresa las relaciones de dominación y aunque aparenta estar por encima de los intereses de las distintas clases y arbitrarlos produce los instrumentos institucionales necesarios para la reproducción de la clase dominante. Por ello también afirma Jorge Viaña (2006) que la historia de las masas es siempre una historia que se hace contra el Estado, y por lo tanto todo Estado niega a las masas en última instancia, aunque pretenda expresarlas. Probablemente esto es más claro en los procesos del segundo anillo progresista, y nos ayuda a entender parcialmente lo sucedido en Argentina o Brasil.

Sin embargo, en el caso de los procesos que se han planteado cuestionar el poder de la clase dominante y al sistema mismo, el Estado se constituye como “Estado de transición”, casi como un “Leviatán a contramano”, tal como lo denomina Miguel Mazzeo (2014), pues expresa nuevas correlaciones de fuerza que permean las instituciones, modifican las reglas de juego y se proponen apuntalar la construcción de poder popular.

En la dialéctica contradictoria de las transiciones, la lógica de la inercia estatal obstaculiza, al tiempo que potencia las experiencias populares autogestionarias. Es un Estado que se reforma a sí mismo, por ejemplo, mediante las reformas constitucionales del núcleo duro bolivariano, lo que no sucedió en ninguno de los países del segundo anillo progresista, en los cuales ese viejo monstruo y sus lógicas de arbitrio bajo envolturas sumamente democráticas favorecieron la reconstitución de la iniciativa cultural, económica, institucional, comunicacional de las fuerzas restauradoras del orden neoliberal.

Al tiempo que las fuerzas políticas que condujeron los gobiernos populares de este segundo anillo priorizaron la lucha desde arriba desvalorizando la auto organización popular, salvo en los momentos de agudización del enfrentamiento en que intentan apelar a la movilización de las masas. En cambio, en el primer anillo se apela constantemente a la lucha desde abajo como reaseguro del proceso revolucionario y como senda de construcción del socialismo.

5ª fase del ciclo progresista (2016- ): Guerra de posiciones entre el Posneoliberalismo y el Capitalismo Offshore

Si bien hemos entrado en una fase de crisis del ciclo progresista, no se puede hablar de su fin. En primer y evidente lugar porque es destacar que, si bien la clase dominante ha logrado desalojar del gobierno y del aparato del Estado a algunos gobiernos populares mediante elecciones (Argentina) o mediante maniobras leguleyas y judiciales (Brasil), no han caído los gobiernos populares del núcleo duro del cambio de época progresista: Bolivia, Ecuador, y Venezuela. Aunque hayan perdido dos procesos electorales parciales y, sobre todo en Venezuela, se hayan agudizado las contradicciones, el enfrentamiento y la polarización social, no se ha detenido la construcción revolucionaria expresada fundamentalmente en las comunas2, con el apoyo del Estado Revolucionario.

Los tres proyectos que se plantearon ir más allá de las relaciones capitalistas en el largo plazo son los que están en pie, lo que indica que la batalla estratégica de nuestro tiempo es la defensa de esos procesos.

La fase en la que entra el ciclo progresista se caracteriza entonces por una guerra de posiciones en la que la izquierda debe hacer un buen diagnóstico y balance del breve ciclo de derrotas electorales, de lo sucedido en Brasil, y en general del reflujo en la capacidad de resistencia y movilización política de las fuerzas de izquierda en el continente.

Pero, ¿cuáles son las características de esta nueva etapa del ciclo progresista? ¿Qué características se delinean en el Capitalismo Offshore del siglo XXI?

Nueva derecha: Esta nueva derecha es una derecha sin proyecto. Hasta el momento ninguno de los gobernantes de derecha ha conseguido materializar un proyecto político anti-posneoliberal que haya cuajado. Ni Uribe en Colombia, ni Piñera en Chile, ni Peña Nieto en México. No hay proyecto, pero si hay construcción del discurso aprovechándose de las debilidades y errores cometidos por los gobiernos de izquierda. Macri como gerente de la Argentina es la gran prueba de fuego para la derecha offshore. Esta derecha avanza hasta donde puede con el objetivo de maximizar la explotación del trabajo y la concentración de riqueza, y retrocede en la medida en que se mella su legitimidad y potencia electoral.

¿Por qué es nueva? Es nueva porque tiene un discurso -también testeado por encuestas y consultoras- más modernizador hacia afuera: aunque, en el caso de Argentina, defienda a genocidas y torturadores de las dictaduras cívico-militares3, tienen un discurso sobre los derechos humanos. Aunque en su fuero interno sean conservadores y retrógrados (como se muestra en diversas declaraciones) aceptan -o al menos no cuestionan por ahora- derechos civiles como por ejemplo la ley de matrimonio igualitario y otras. No se presentan tan abiertamente como en el pasado con la cruz y la espada en la mano, sino que apelan como instrumento disciplinador a la despolitización de las masas. De ahí los globitos de colores utilizados en las campañas electorales en vez de banderas y consignas.

Nueva estructura de clases sociales: Los gobiernos progresistas redistribuyeron la riqueza sin politización social (afirmación que se cumple en menor medida en el núcleo duro bolivariano, pero que también explica parte de los problemas que viven estos procesos). Las clases medias de origen popular no encontraron otra alternativa al elevar sus niveles de renta y consumo que el american way of life, o cultura del shopping. El ciclo progresista no logró derrotar la hegemonía del capitalismo en el plano cultural, y una vez que las clases populares alcanzan niveles de consumo que hasta hace poco pertenecían a otras clases sociales, acaban interiorizando las preferencias políticas de estas otras clases sociales. La clase vuelve por tanto al centro de la disputa política en esta nueva fase del ciclo progresista, pero sin que la alternativa posneoliberal se haya transformado en una alternativa anticapitalista o socialista.

Nuevas vías de restauración hegemónica del capital o de la fuerza social-política de la oligarquía financiera: Los golpes en Honduras, Paraguay y Brasil demuestran, como afirman Flax y Romano (2016), que “el diseño institucional de nuestros sistemas políticos formalmente democráticos y representativos sigue siendo permeable a la capacidad de dominio de las minorías privilegiadas: ya no parece ni necesario ni adecuado usar la fuerza para quitarle el poder del Estado a gobiernos que resultan incómodos”.

Tampoco fue necesario usar la violencia organizada o la insurrección armada del pueblo para quitarle los gobiernos a los neoliberales de los 90 y principios de los 2000. Las fuerzas social-políticas que lograron expresar los procesos de resistencias y luchas del ciclo de la rebelión de los 90 llegaron a los gobiernos por medio de los votos. Es decir que en esos momentos de crisis orgánicas o de hegemonía, la oligarquía financiera pierde el comando de los aparatos estatales y el régimen democrático burgués permite el ascenso de gobiernos populares, así como ahora por esa vía llegan los gobiernos restauradores o de derecha. Nuestras revoluciones o reformas pacíficas, y por ello graduales e inconclusas, pueden verse atrapadas en la trampa de las elecciones democráticas y la libre expresión. Es el dilema de construir el socialismo dentro de las formas de un capitalismo democrático4 y en un solo país.

A los golpes tradicionales se le suman los llamados golpes suaves, con la intervención imperialista de ONGs que buscan impulsar “primaveras latinoamericanas”, canalizando fondos de USAID, NED o el Departamento de Estado, en muchos casos (como el boliviano) de la mano de fundaciones de derecha como la Konrad Adenauer alemana.

Profundización del parasitismo financiero: Como muestra Jorge Beinstein, se refuerza la tendencia a la financiarización, tendencia que se venía expresando desde inicio del milenio, que muestra un estancamiento inestable entre 2009 y 2013, y aunque luego de 2014 se desinfla, en diciembre de 2015 casi triplicaba los derivados globales de 1998 5. Se puede confirmar por tanto como están intrínsecamente ligados la profundización de la financiarización de la economía, con la decadencia y descomposición del sistema en su conjunto.

Por otro lado, Beinstein agrega que “la financiarización integral de la economía hace que su contracción comprima, reduzca el espacio de desarrollo de la economía real” (Beinstein, 2016: p. 3). Esto afecta sin duda aquellos espacios a los cuales las experiencias posneoliberales destinaban parte de su producción para obtener divisas con las cuales financiar, a su vez, el desarrollo endógeno.

Nuevo terrorismo mediático: La Guerra de IV Generación conducida por el imperialismo tiene un papel crucial en esta nueva fase del ciclo progresista. En muchos casos los medios de comunicación masivos en manos privadas complementan a los partidos políticos de derecha, sustituyéndolos directamente cuando estos están muy desacreditados, viniendo a cumplir su mismo rol de ariete contra los gobiernos de izquierda, construyendo matrices de opinión que rotan sobre la corrupción, narcotráfico, inseguridad ciudadana o incapacidad política como elementos centrales. Así el estado mayor conjunto de la oligarquía financiera está constituido por los agentes del imperialismo y las corporaciones empresarias y mediáticas.

La lucha de clases tiene una expresión fundamental en el espacio público mediático, especialmente las redes sociales, que se convierten en un campo de batalla como hemos podido observar durante las campañas electorales en Argentina, Venezuela y Bolivia, así como legitimando el golpe mafioso de Temer y el conjunto de la derecha en Brasil.

Ya lo dejó escrito Gene Sharp, uno de los ideólogos del golpe suave: "La naturaleza de la guerra en el siglo XXI ha cambiado (...) Nosotros combatimos con armas psicológicas, sociales, económicas y políticas6”. Es por ello que es imposible entender esta nueva fase del ciclo progresista sin analizar el rol de los grandes medios de comunicación como arma psicológica del Capitalismo Offshore. El lobo se viste con piel de cordero.

Nueva intelectualidad: De forma complementaria a los medios de comunicación, la derecha ha ido construyendo una lumpenburguesía intelectual necesaria para construir su relato, para fragmentar al pueblo y convertirlo en individuos “ciudadanos” consumidores, difuminando la lucha de clases y amortiguando las medidas de shock de la nueva derecha. Son las y los herederos del posmodernismo y el new age que suavizaron o disfrazaron el efímero triunfo ideológico del capital luego de la caída del campo socialista con el relato sobre el fin de los grandes relatos totalizadores, valga la redundancia. Actualmente logran captar partes de la juventud con nuevas formas de rebeldía light que no apuntan a cuestionar las contradicciones ni injusticias estructurales del sistema.

Nuevas formas de destrucción capitalista: los sujetos de la restauración neoliberal no operan u operaron sólo en los países con gobiernos progresistas. Donde la izquierda es oposición se producen horrores inimaginables, la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa en México, la desaparición selectiva de militantes y referentes populares en Colombia, o el asesinato de la dirigente indígena hondureña Berta Cáceres son algunos entre los muchos ejemplos de las cuotas de destrucción humana, social y de bienes comunes a las que el capitalismo puede llegar con tal de mantener o elevar la tasa de ganancia. Si bien ello constituye una lucha histórica del capital -para contrarrestar la tendencia inevitable a la baja de la tasa de ganancia- el horror que producen encuentra nuevos laberintos.

Nuevas formas de desintegración y de imperialismo: 10 años después de la derrota del Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA), la Alianza del Pacífico (AP) asoma como un peligro que buscar desgastar y erosionar los instrumentos de la integración latinoamericana, peligro aun mayor que el ALCA si cabe en la medida en que la AP incursiona también en el ámbito de la integración política y no solo la económica del libre comercio. La AP es una herramienta de desintegración complementaria al Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica (TPP), que esté ya sí con la presencia de los Estados Unidos, además de contar con un inicio con Chile como doble pivote entre la AP y el TPP, busca frenar la creciente influencia geopolítica de China.

Nueva geopolítica continental: Sin embargo, hay motivos para la esperanza, el mundo multipolar ya está aquí y Nuestra América juega un papel central en él. El declive de la hegemonía estadounidense, junto con el rol cada vez más ambicioso de China Rusia en el tablero geopolítico genera condiciones más favorables para la lucha por la independencia y la soberanía. América Latina se convierte en un referente en cuanto a zona de paz con el avance del fin del conflicto armado en Colombia. La Paz con justicia social y participación política de la insurgencia no es un hecho, pero si un horizonte visible que nos anima a seguir caminando. La rectificación de Estados Unidos restableciendo las relaciones con Cuba, que deberían llevar a una normalización de las mismas una vez que se levante el bloqueo contra la Isla, o la entrada de Bolivia como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, son elementos que permiten visualizar un nuevo tablero geopolítico en el que librar esta guerra de posiciones contra el Capitalismo Offshore. En este sentido la batalla estratégica pasa por defender las posiciones de avanzada conquistadas: los gobiernos revolucionarios.

¿Qué hacer?

Debemos hacernos la misma pregunta que se hacía Lenin en 1902, acerca de cuál es la estrategia que debe guiar a las izquierdas latinoamericanas y caribeñas en este momento histórico, en esta coyuntura política que nos ha tocado vivir.

Pero para ello, como nos muestra Álvaro García Linera (2016), nos es más útil el Lenin que ya había hecho la revolución y gobernado, el Lenin que en 1921 hacía autocrítica y escribía: “Cometimos el error de querer emprender el paso inmediato a la producción y distribución comunistas. Es inevitable pasar de la táctica del asalto directo a la del asedio, gradualidad, rodear”.

Lo cierto es que entramos en un nuevo periodo de luchas defensivas, y si entendemos la historia, como nos enseñó Marx, por oleadas, las revoluciones también tienen momentos ascendentes y descendentes. En ese sentido es necesario volver a acumular política y socialmente para una segunda oleada que necesariamente tiene que nacer desde el núcleo duro bolivariano, Bolivia, Venezuela, Cuba, Ecuador, acompañados por Nicaragua y El Salvador.

Por ello, decimos una vez más que la estrategia fundamental de las luchas de los pueblos en este punto de inflexión en el que nos encontramos pasa por defender esas experiencias diversas mediante las que se desarrolla la revolución en dicho núcleo duro. Debemos tratar de crear un escudo protector para que puedan seguir creciendo las experiencias de construcción de poder popular que constituyen la revolución silenciosa y menos conocida de las bases revolucionarias, al tiempo que el entendimiento de que solo manteniendo los gobiernos revolucionarios pueden continuar esas construcciones, aun con todos los sacrificios que los procesos revolucionarios implican.

Volviendo a Lenin, el revolucionario ruso afirmaba que la base para la construcción del socialismo era “soviets + electricidad”. En ese sentido, el programa político que debemos construir en esta nueva etapa del ciclo progresista pasa por una fórmula similar. Nuestros soviets son el poder popular, la formación política, la creación de nuevos liderazgos y de una ética revolucionaria incorruptible. Y nuestra electricidad es la eficiencia y técnica en resolver caminos productivos alternativos a los que nos marcan los capitalismos parasitarios y dependientes que apunten a resolver necesidades inmediatas de nuestros pueblos, y en construir nuevas formas y medios de comunicación si queremos romper la hegemonía del capitalismo en el ámbito cultural.

Por último, retomar la senda revolucionaria de la crítica y la autocrítica constructiva, genuina y desde adentro, nos dará la fuerza para retomar la iniciativa popular, rectificando a tiempo en el núcleo duro nuestroamericano, y repensando los modos de organización y luchas populares en aquellos territorios en los que hemos pasado a la resistencia y defensiva de nuestras históricas conquistas.

Bibliografía

Hándal, Schafik (1990), “PCS: 60 Años Jóvenes en la Lucha por la Democracia y el Socialismo”, disponible en https://www.marxists.org/espanol/handal/1990/001.htm

Zavaleta Mercado, René (1983). “Cuatro conceptos de democracia” (La Paz: Juventud)

Viaña, Jorge (2006), “Crisis estatal y democracia en Bolivia 2000 - 2006: un estudio de fondo”, disponible en http://www.rebelion.org/noticias/2006/9/37843.pdf

Mazzeo, Miguel (2014) “Desde adentro, desde abajo”, prólogo a Teruggi, Marco (2015) Lo que Chávez sembró. Testimonios desde el socialismo comunal (Bs. As.: Ed. Sudestada)

Flax, Sabrina; Romano, Silvina; Vollenweider, Camila (2016), “Golpes Siglo XXI: Nuevas estrategias para viejos propósitos. Los casos de Honduras, Paraguay Brasil”, disponible en http://www.celag.org/golpes-siglo-xxi-nuevas-estrategias-para-viejos-propositos-los-casos-de-honduras-paraguay-brasil-por-sabrina-flax-silvina-romano-y-camila-vollenweider

Borón (2000) Tras el Búho de Minerva. Mercado contra democracia en el capitalismo de fin de siglo (Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica)

García linera, Álvaro (2016) Conferencia magistral: “Del estado y la revolución al estado de la revolución en Lenin”, disponible en https://www.youtube.com/watch?v=2Elvk2NlPMk

Notas:

1 Hemos explicado en el capítulo 2 las características que adquiere el capitalismo en las últimas décadas, características que muestran el inicio de una fase de descomposición del sistema de acumulación de capital, tendencia de largo plazo que no impide su desarrollo deforme. Se debe tomar en cuenta que descomposición no es sinónimo de desaparición, sino que remite a la dificultad de reproducción en las relaciones que son propias, proceso que puede durar todavía siglos.

2 En la actualidad (julio 2016) existen 1.567 Comunas que agrupan a 46.118 Consejos Comunales según el contador de comunas que publica el Ministerio del Poder Popular para las Comunas y los Movimientos Sociales. Se puede visitar en http://consulta.mpcomunas.gob.ve/index.php. Estos números fueron obtenidos en la entrada a la página del 5 de julio de 2016, pero son modificados permanentemente a medida que crece la cantidad de comunas y consejos comunales.

3 Los vínculos con las dictaduras cívico-militares son directos en algunos casos, como los lazos económicos de la familia empresarial de Macri que se enriqueció como contratista del estado junto a los grupos económicos que formaron parte de la llamada “patria financiera”. Además, es visible la participación de militantes defensores de los genocidas en los actos de la nueva derecha en Argentina y entre los diputados que votaron a favor el impeachment en Brasil.

4 Utilizamos el concepto de “capitalismo democrático” pues como explicaba Atilio Borón la expresión “democracia capitalista” es una expresión equívoca porque supone que en dicha forma estatal lo esencial es el componente democrático mientras que el carácter capitalista es apenas una tonalidad que modifica de modo accesorio al funcionamiento de la democracia. Las democracias en el capitalismo contemporáneo son 'capitalismos democráticos', en donde lo esencial es el carácter capitalista de una formación social y su expresión política, y lo accesorio, prescindible, descartable es la democracia. Lo primero, el capitalismo, recordaba von Hayek, es una necesidad; la democracia, en cambio, es una conveniencia, siempre y cuando no altere el funcionamiento de aquel. (Borón, 2000: 161-164).

5 “En diciembre de 1998 los derivados globales llegaban a unos 80 billones de dólares equivalentes a 2,5 veces el Producto Bruto Global de ese año, en diciembre de 2003 alcanzaban los 200 billones de dólares (5,3 veces el PBG) y a mediados de 2008, en plena euforia financiera, saltaron a 680 billones (11 veces el PBG), la recesión de 2009 los hizo caer: para mediados de ese año habían bajado a 590 billones (9,5 veces el PBG). Se había acabado la euforia especulativa y a partir de allí las cifras nominales se estancaron o subieron muy poco reduciendo su importancia respecto del Producto Bruto Global: en diciembre de 2013 rondaban los 710 billones (9,3 veces el PBG) y luego se produjo el gran desinfle: 610 billones en diciembre de 2014 (7,9 veces el PBG) para caer en diciembre de 2015 a 490 billones (6,2 veces el PBG)”.

6 Citado en http://www.telesurtv.net/news/Latinoamerica-sigue-siendo-el-blanco-de-los-golpes-blandos-20150822-0012.html

El fetiche del movimiento y el prejuicio a la institución.

8:11:00 a.m. Add Comment

La tensión entre el movimiento y la institución plantea una discusión que tiene plena vigencia, es la continuación política y práctica de aquella vieja relación entre el cambio y la permanencia que ha constituido un núcleo problemático para la humanidad.

Por: Manuel Azuaje Reverón / Alainet

Después de 1992, cuando se intentó sepultar al marxismo política, epistémica y prácticamente, la hegemonía se ha favorecido al movimiento contra el partido, el acontecimiento contra el hecho histórico, la espontaneidad frente a la organización. Se trata del eje central del relato posmoderno.

En libro de 1975 El hombre tiene razón para rebelarse, se recoge la discusión sostenida entre Jean Paul Sarte y los jóvenes militantes Pierre Víctor y Philippe Gavi. En medio de la discusión sobre la relación entre Sartre y el partido comunista francés, Gavi comenta lo siguiente:

“Cada uno de nosotros está compartido por dos deseos, el deseo de aceptar, de soportar, y el deseo de no aceptar, de rehusar; las presiones exteriores nos fuerzan a soportar, pero el deseo contrario se desarrolla al mismo tiempo, hasta un momento en que, habiéndose grandemente agudizado, por una razón u otra, lo más a menudo muy anodina, muy trivial, hay una explosión y un rechazo a aceptar (…) Lo institución sirve para bloquear el deseo de la gente de realizar algo hoy mismo, ahora. Para eso, ella interioriza el deseo de cambio, se sustituye en él, es el cambio. Esta sustitución es trivial. ¿Cuántas parejas se aman? Muy pocas. Pero los vínculos amorosos son sustituidos por todo un aparato, una ceremonia: las bodas, el matrimonio, el banquete, y de nuevo las bodas, de plata, de oro, las comidas del domingo.”

A partir de esa visión, el “devenir movimiento” pasa a “devenir institución” por medio de una castración, ahí vale la pena recordar a Hegel, por aquello del paso de lo negativo a positivo. Sin embargo, para el filósofo alemán la relación era dialéctica; necesaria y complementaria. Ahora es un trauma. ¿Puede el movimiento relacionarse con la institución de una manera que no sea traumática? ¿La institución es un muro que detiene el movimiento o más bien una piedra en su camino, que éste rodea sin detenerse y modifica con el pasar del tiempo? ¿Qué puede lograr el movimiento que nunca deviene institución?

Han pasado 40 años de esa conversación con Sartre, al caer cuenta de eso parece que ahora el movimiento también es una institución. En la izquierda los movimientos han pasado a sustituir a los partidos y también terminan bloqueando el deseo de acción inmediata, porque ya no hay en ellos la innovación post mayo francés. Lo que respondió a determinado momento histórico, a pesar de que fue relatado como un acontecimiento, tuvo anclajes específicos en un contexto y si bien tocó los cimientos sociales, lo hizo por muy poco tiempo.

El movimiento, anti jerárquico, horizontal, espontáneo en sus planteamiento, crítico de la construcción de agendas, ha tenido sus última expresión teórica en “la multitud” de Antonio Negri y Michael Hart, indiferenciada, heterogénea, deslocalizada y descontextualizada. Un pliegue de relaciones dinámicas en constante cambio. Pero así como su surgimiento respondió a determinado contexto histórico europeo, el desarrollo de los hechos demostró la capacidad del capitalismo para subsumir estos planteamientos, incorporar no sólo las demandas sino la formas del movimiento, para vaciarlo de su posible potencia transformadora.

En América Latina los movimientos tienen su propia historia, de acuerdo a las relaciones sociales que se han desarrollado en estas latitudes, pero por nuestra condición colonial, la relación con Europa siempre está presente. Las ideas que vienen desde la vanguardia política e intelectual europea tienen su resonancia en este continente. Nuestros grandes movimientos tienen décadas y en buena medida también han devenido institución, alcanzando un paralelismo con el papel de los partidos.

En el Sur, la relación entre el movimiento y la institución también es vista como trauma, lo cual se evidencia en el discurso y en las tensiones que han producido las últimas décadas de transformaciones. El movimiento como eslogan, como pancarta, simplificando la militancia a una moda, cumple la misma tarea de la institución como refugio para la acción, sublimando la potencialidad de las subjetividades. Sin embargo, los partidos no han dejado de ser una figura vigente, las instituciones y los procesos de transformación desde ella.

Hay que superar el maniqueísmo, hacer uso de la dialéctica para entender esta relación de manera complementaria y necesaria. Mirando nuestros propios procesos podemos comprender que el relato posmoderno europeo es producto de una situación histórica específica, que no es la nuestra ni tampoco es la única visión teórica nacida de esa situación. Visualicemos nuestras condiciones para despojar del fetiche al movimiento y del prejuicio a la institución.

Entrevista a Boaventura de Souza Santos.

6:06:00 a.m. Add Comment

La charla con este pensador referente del altermundismo y participante destacado del Foro Social Mundial no fluye en una línea recta como “la historia de los vencedores”, sino que caracolea como las estrategias de los vencidos, pero siempre tiene un nexo de unión, la denuncia de las ausencias creadas por los discursos hegemónicos.

Por: Amanda Andrades - José Luís Marín / CTXT

Boaventura de Sousa Santos (Coimbra, 1940) nació en una familia obrera. Fue, según ha contado él mismo, de los primeros de esa clase en acceder a la Facultad de Derecho de la Universidad de Coimbra, santuario de las élites en aquella época. Tal vez por eso su larga carrera académica y activista ha estado vertebrada por la necesidad de ir más allá del conocimiento oficial. Tal vez por eso esa curiosidad insaciable por los “otros” que articula su trabajo.

De Sousa está cansado. Se nota en el arrastrar de las palabras de su portuñol, construido entre su Portugal natal y su Latinoamérica, en donde ha realizado numerosas investigaciones y acompañado múltiples procesos de participación política de los excluidos. El catedrático emérito de Sociología y director del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coimbra lleva dos días en Madrid y ha pronunciado dos conferencias en el ciclo Máquinas constituyentes: poder constituyente, biopolítica, democracia (14 y 15 de marzo), organizado por el Museo Reina Sofía y la Fundación de los Comunes. Y, sin embargo, a pesar de la fatiga, sus neuronas parecen no descansar ni un segundo.

Los pensamientos de De Sousa tejen una red de experiencias de luchas y aprendizajes de derrotas en múltiples lugares del planeta. Conectan lo que ocurre en los distintos sures del mundo, lugares no geográficos, sino “epistémicos antiimperialistas”, lugares en los que habitan los refugiados y los migrantes, esos a los que no consideramos “tan humanos como lo somos nosotros”, pero también los “europeos de segunda”: griegos, portugueses y españoles, muchos de los cuales, sin embargo, dan la espalda a los que huyen de la guerra y la pobreza. Indiferencia fruto de una línea de separación muy profunda. “Nuestro pensamiento abismal nos divide de una manera total, su sufrimiento no es el mismo que el nuestro”, explica este intelectual que no desea estar en la vanguardia, sino en la retaguardia, según cuenta.

La charla con este pensador referente del altermundismo y participante destacado del Foro Social Mundial no fluye en una línea recta como “la historia de los vencedores”, sino que caracolea como las estrategias de los vencidos, pero siempre tiene un nexo de unión, la denuncia de las ausencias creadas por los discursos hegemónicos. Ese ocultar lo que existe, pero es “producido como ausencia”, el colonialismo, la exclusión, la condena de los otros a la “subhumanidad”.

Ese mecanismo que, según De Sousa, ha permitido a Europa crear un “mito romántico” que la convertía en un lugar de defensa de los derechos humanos. Un mito que era posible porque “la Europa de después de la guerra tenía el control de las personas que quería para trabajar. Con los refugiados de ahora ya no es posible controlar, es demasiada gente. Entonces todos los tratados, que la UE debía cumplir, se convierten papel mojado”.

Dos de los ejes de su trabajo son lo que usted ha denominado sociología de las ausencias y epistemología del sur, ¿en qué consisten?

Las epistemologías del sur son un proyecto para valorar y validar los conocimientos nacidos de la lucha de grupos sociales que han sufrido sistemáticamente las injusticias, las discriminaciones, las exclusiones del capitalismo, el colonialismo y el patriarcado. Normalmente, nuestros conocimientos, los valorados, por ejemplo, por las universidades, son los de los vencedores. Nuestra historia, la que se cuenta en las escuelas, es la contada por los vencedores. Los vencidos nunca contaron la historia. Las epistemologías del sur pretenden demostrar que la comprensión del mundo es mucho más amplia que la occidental y que el pensamiento occidental produjo una línea abismal que dividió las sociedades entre metropolitanas, las visibles, y las coloniales, las que no cuentan, las invisibles. Esto llevó a que se produjera todo un vastísimo campo de ausencias. Talcott Parsons, un grandísimo teórico, escribe una historia y una teoría general de la sociedad americana sin casi mencionar la esclavitud, cuando ésta fue absolutamente estructural en la formación de los Estados Unidos. Lo ausente existe. Simplemente es producido como ausencia.

¿Y hoy en día?

Lo vemos con los refugiados, son subhumanos, no tienen derechos. No nos sentimos, digamos, muy horrorizados con lo que les pase porque, en el fondo, están del otro lado de la línea. No son tan humanos como lo somos nosotros. Tienen más deberes que derechos. Nosotros siempre convertimos a parte de la humanidad en inferior. No hay concepto de humanidad sin deshumanidad. Las mujeres han sido víctimas de esto; también, los trabajadores; y obviamente, los pueblos colonizados, los gitanos, los judíos. Mi trabajo consiste en rescatar ese conocimiento de las luchas contra el capitalismo, pero también contra el colonialismo y el patriarcado. Tenemos movimientos feministas, anticoloniales, antirracistas, sindicales, pero esta división nos tiene perdidos porque la dominación junta siempre.

¿Es sistémico?

Por supuesto. Y además basa su poder en dividirnos, en fragmentarnos.

Habla usted de los refugiados como pertenecientes a la categoría de los no humanos, de los olvidados. ¿Cómo hemos llegado hasta esto?

Es la historia del colonialismo europeo que tiene cinco o seis siglos y que se repite en ciertas ocasiones. Siempre es la misma manera de crear rápidamente invisibilidad. A Turquía durante mucho tiempo se le decía que no podía entrar en la UE porque era musulmán y en Europa había valores cristianos. Ahora el momento en que puede hacer el servicio de crear un inmenso depósito de refugiados, e impedir que los que están del otro lado de la línea crucen la frontera que divide el ser (europeo) del no ser, se permite que los turcos vayan a ser europeos, si mantienen encerrados en su país el no ser de los refugiados. Se crea una línea abismal que les excluye.

¿Ese ser o no ser (europeo) funciona también dentro de Europa?

Dentro de Europa se hace también con los griegos, con los portugueses y muchas veces con los españoles. Hay la idea de que hay europeos de primera clase y de segunda. Y estos últimos no valen la pena, no deberían de ser. Están aquí por un favor. Por eso, las políticas no tienen el mismo significado. Cuando Grecia pide solidaridad a Europa para que le ayude a pagar la deuda, Alemania dice que es una cuestión de los bancos y que no pueden ayudar. Ahora tenemos la venganza, los refugiados no quieren quedarse en Grecia. Quieren ir a Alemania, que tiene un problema y pide el apoyo de Europa. Al tener más poder que Grecia impone ese apoyo. Y además tiene la solución, utilizar a Turquía. Pero tampoco la lógica europea que debería de haber existido para la deuda griega se está utilizando para los refugiados. Los del Este no quieren refugiados, Austria cierra fronteras. Vivimos el fin de un proyecto.

¿Todos estos movimientos responden a algún interés? ¿Por qué se dan ese tratamiento y no otro?

Se basa en una idea muy vieja de Europa, debido a toda su tradición colonial, la del nosotros y ellos. Los ellos no tienen los mismos derechos. Durante muchos siglos Europa logró mejorar la vida de sus obreros y de sus mujeres, pero ¿con qué? Con todas las rentas que venían de las colonias, del saqueo de los recursos naturales. Al inicio del siglo XIX en Europa emergía un derecho laboral que protegía a los trabajadores. En ese mismo momento, en el otro lado de la línea, en las colonias, era derecho penal, trabajo forzado. Esta dualidad es tan abismal que la gente no la ve, parece que nuestros derechos humanos son universales, pero están en vigor sólo acá. Del otro lado de la línea, no. Por eso, trabajo por un pensamiento postabismal que busca incorporar a todos. Por eso, estoy a favor de fronteras abiertas para los refugiados. Supondría un cambio enorme dentro de Europa, sería una manera de responder a una injusticia histórica. Y no sería tan dramático como la gente piensa. Portugal en 1975 tenía nueve millones de habitantes. En pocos meses, después de la descolonización, regresó medio millón de colonos y se integraron por las aldeas, los pueblos. Si hubiera voluntad política, sería posible porque los ciudadanos quizás mostrarían esa solidaridad. Simplemente nuestro pensamiento abismal nos divide de una manera total, su sufrimiento no es el mismo que el nuestro.

Hay quienes defienden, sin embargo, que los refugiados y/o migrantes no son integrales.

Hay que ser saber primero qué es lo integrable. La integración puede ser autoritaria o solidaria. Si tú defines los términos en los que quieres que la gente se integre, por ejemplo, tienes que conocer la historia de España, aunque ésta sea totalmente ofensiva para ellos porque dice cosas horribles de sus ancestros, esa es una integración autoritaria, excluyente. La incluyente es aquella que cambia las condiciones de inclusión junto con los grupos que entran. Por ejemplo, los grupos y organizaciones de migrantes de Bolivia y Ecuador tienen el derecho de contribuir para cambiar la historia y que los héroes no sean sólo los españoles, sino también los indígenas que lucharon ellos. Ahí la integración ya sería más inclusiva. La integración es básicamente la idea de poder representar el mundo como tú lo ves. Si se representa el mundo en el que vivimos como nuestro, podemos cambiar las cosas, podemos unirnos y organizar partidos, movimientos sociales. Ahora, si, por ejemplo, vienes de Senegal y te dicen eres subdesarrollado o te integras aquí o nada, no tienes autoestima para representar el mundo como tuyo y, por eso, tampoco puedes transformarlo de acuerdo a tus aspiraciones.

Parece que Europa está fallando ahora como si antes a lo largo de su historia hubiese sido siempre un baluarte de los derechos humanos…

Hay un mito romántico en el que Europa era un lugar de defensa de los derechos humanos. Es un discurso hegemónico que no permitía ver lo que se estaba dejando fuera. Con la crisis, el terrorismo, etcétera se ha visto que esta idea romántica no ha tenido nunca razón de ser. Existía porque la Europa de después de la guerra tenía el control de las personas que quería para trabajar. Con los refugiados de ahora ya no es posible controlar, es demasiada gente. Entonces todos los tratados, que la UE debía cumplir, se convierten en papel mojado. Los tratados de asilo dicen que nunca debe haber una deportación colectiva, y están deportando. Ha habido una idea de Europa como la imperialista buena.

Por ejemplo: Israel destruía Palestina y la UE llegaba y reconstruía. Ahora las cosas son distintas, porque Europa tiene un problema. Tal vez si el capitalismo financiero no hubiese logrado destruir la autoestima de griegos, portugueses, españoles y fomentar la extrema derecha, la crisis de los refugiados hubiese sido resulta de mejor forma, con unos ciudadanos europeos con más confianza y menos temor.

¿Es un signo de agotamiento de un modelo político que colapsa?

La UE es un proyecto de paz y solidaridad en una Europa brutalmente golpeada por la guerra. En los sesenta y en los setenta aún había gente que recordaba el conflicto. Por eso se creó una Europa de paz. La generación siguiente no tiene idea de ese pasado. Así, con la presión del globalismo financiero, se volvió a lo de siempre, al egoísmo estructural del capitalismo. Mi éxito será más grande cuanto más grande sea tu fracaso. Y no al contrario.

¿Las relaciones norte-sur se repiten también en la periferia?

Claro. El sur de las epistemologías del sur no es geográfico. Es epistémico, antiimperial. En el sur obviamente también hay mucho norte. Si vas a Sao Paulo, sus élites no son sur, son norte. A veces, más nortistas que las del Norte. La élite egipcia hasta hace poco tiempo iba al barbero a Londres. Australia es norte, a pesar de estar en el hemisferio sur, pero tiene un sur, el de los pueblos indígenas que fueron masacrados y casi exterminados. En Marruecos la estructura de poder no es un sur antiimperial, al contrario, es un lacayo del colonialismo europeo que trueca algunas ventajas, sobre todo para el Rey, a cambio de hacer el trabajo sucio de contención de los saharauis.

¿Y dentro de la Unión Europea también hay sures y nortes?

Sí, tenemos otras formas de colonialismo interno. Hoy se habla mucho, por ejemplo, de eso en España. La semana pasada estuve en Barcelona y la gente hablaba no de dependencia o independencia, sino de que debería de haber formas de autonomía que no están por ahora consagradas debido a las soluciones que se dieron en la Transición. Por eso hablamos de colonialismo interno, naciones sin Estados: gallegos, vascos, corsos... Pero también vamos a asistir a otras formas de colonialismo interno, Estados sin Estado, como Grecia, Portugal o mañana, España. Estados controlados por un protectorado alemán que domina nuestra política económica, de la que no podemos salir fácilmente. Lo estamos intentando, pero es un proceso histórico largo.

Usted habla de que nos enfrentamos a un poder dronificado, ¿qué es esto?

La palabra dron tiene hoy una imagen suave. Te dicen, por ejemplo, que los paquetes de correo pueden repartirse con drones. Pero nació como una tecnología de guerra. Y es de esta tecnología de lo que hablo. Son las posibilidades de unos instrumentos bélicos con alta capacidad de matar, no tripulados y manejados a distancia. Ahí existe la posibilidad de un poder que se quiere afirmar como invencible. No tiene que arriesgar, que negociar, porque no hay nada que negociar. Destruye y ya está. Es un poder que se afirma como invencible y que, por eso, tiene la dinámica de desarmar cualquier alternativa. Empezó con Margaret Thatcher en los ochenta y su “there is no alternative”. Se han creado formas de poder que quieren mostrar que no hay alternativa, como los drones financieros. En estos momentos no tenemos ninguna manera de controlar una decisión especulativa en contra de un país, de un día para otro deciden que te liquidan. Así fue con Grecia. Y no tienes capacidad de respuesta. El daño es inmediato. Son unos asesinos. Además, estas gentes que son de buenas familias, cuidan de sus hijos, son religiosos, etcétera, cuando están enfrente de la pantalla de la televisión son psicópatas, si pueden destruir Grecia, lo hacen y si pueden aumentar las tasas de ganancia de la deuda griega, las aumentan.

¿Y las resistencias?

Vamos a ver, por ejemplo, nuevas formas de guerrilla. No las militares, a las que estábamos acostumbrados, sino informáticas o gente como Snowden o Assange. Ni el Estado Islámico es inmune a eso. La idea de poder invencible no existe en la dimensión humana. Hay que ver dónde están las brechas para entrar con una gran concentración tecnológica. Es, si quieres, otra versión de la teoría del foco de Regis Debray o el Che Guevara. O sea, creas un punto para poder hacer un ataque fuerte y decisivo a tu enemigo. No tienes que preocuparte de crear hegemonía o de ser conocido. Muchas de las lógicas que existen hoy tienen estas características. Son gente que no está conectada con movimientos sociales. Assange sí lo estaría un poco, con el movimiento de software libre, pero Snowden es un hombre que estaba dentro del sistema y que vio tanta locura que decidió pasar la información. Vamos a ver más casos de esto en el futuro.

¿Los Estados desaparecen y aparecen nuevas formas de poder?

Sí, el Estado fue durante mucho tiempo el soberano y el centro del poder legítimo. Había un poder constituyente, que era el pueblo, aunque nunca se supo muy bien qué era el pueblo --¿eran todos? ¿las bases populares? ¿los oprimidos?-- y éste constituía al Estado y le obedecía. Esa era la idea moderna del Estado. Pero en los últimos 40 o 50 años, se ha visto que todos los países pueden ser soberanos, pero unos son más soberanos que otros. Después surgieron organizaciones internacionales, como la ONU, que crearon la Declaración Universal de los Derechos Humanos y otras que limitan el poder de los Estados. Y después llegaron instituciones transnacionales, como la OMC, el FMI o el BM con prerrogativas para imponer a los Estados sus políticas de ajuste estructural que en Europa llamamos austeridad. El poder constituido desaparece, y sólo tendría alguna utilidad si volviera a ser constituyente, si los Estados del sur de Europa el día de mañana tuvieran algún poder para ir a Bruselas y reclamar otra UE. Por ahora esto no está ocurriendo y los Estados están siendo francamente desplazados en su soberanía. Por ello, surgen también las autonomías con más fuerza. La centralidad del Estado fue debilitada y abrió espacio para las autonomías. No solamente aquí, también en América Latina.

En España en 2011 hubo una gran movilización social, el 15-M, cuya concreción política, para algunos, es Podemos y/o las confluencias municipalistas que han entrado en la esfera institucional. Usted defiende la necesidad de vincular la democracia representativa con la participativa. Parece complicado…

Fue la gran novedad y en lo que aprendimos más de América Latina. Esta vía no está agotada. La gente quiere participar y se siente a veces triste porque las expectativas de participación se ven frustradas debido a la urgencia de las elecciones: los líderes políticos son pocos y sólo van a los mítines y no a trabajar con los círculos de ciudadanos, con las asambleas. Hay una gran voluntad de participar en la política, la gente piensa que puede ser importante su participación, y no está aún completamente desilusionada. Está un poco frustrada, porque quizás tuvo demasiadas expectativas. Estas nuevas formas de partido son muy jóvenes, no tienen ni cinco años de existencia. Hay que ir despacio y seguirlos con mucha atención. Puede pasar que los nuevos partidos de movimiento se transformen en viejos partidos sin movimiento. No me parece, sin embargo, que pueda ocurrir fácilmente en un periodo de tanta contestación social y de tanta agresividad de las élites. No sólo en España, también en Portugal con comisarios de la UE que nos visitan todos los días y nos dan órdenes. O en las calles de Brasil. O Macri, que tiene a ejecutivos de la banca como ministros. Gobierna el capitalismo financiero internacional.

¿Cómo se articulan mecanismos para que en esa participación realmente puedan entrar los excluidos?

Los que más necesitan participar son muchas veces los que menos pueden. A veces, ni siquiera son invitados. Cuando lo son, no es fácil que vengan. No tienen las condiciones para ello y, sobre todo, saben que no van a discutir en sus propios términos sino en los adecuados para la gran mayoría blanca, o mestiza, que discute la política de un país. Participan cuando ven que su cultura cuenta, que es protegida y se articula con otras en lo que llamo traducción intercultural. Cuando no es benevolencia filantrópica, sino enriquecimiento de la cultura europea.

Algunos sectores de la izquierda plantean la necesidad de un proceso constituyente en España. ¿La solución de los problemas pasa por ahí?

La Constitución está bloqueada. Fue una constitución negociada, pero con algunas imposiciones del bando militar que eliminó muchas posibilidades de las naciones internas para ser consagradas. En el momento en el que el bipartidismo entra en crisis y la UE ya no es una referencia, todo se fragiliza y las naciones reivindican su lugar. Este problema ya no se va a poder resolver sin un proceso constituyente. Pero no pienso sólo en procesos constituyentes en los países porque también necesitamos a la UE para avances como la regulación de los mercados financieros. Si no, todo va a ser un desastre. Los procesos constituyentes tienen un riesgo, permiten radicalizar la política sin hablar demasiado de capitalismo, de colonialismo y de patriarcado. Quizás se hable de las autonomías, pero de los otros, de los inmigrantes, los gitanos. ¿Van a estar presentes los movimientos de resistencia?