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Nubes de incertidumbre.

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Un entramado de impunidad, corrupción y extractivismo confronta a los líderes indígenas en el suroccidente de Colombia.

Por: Robin Llewellyn / Intercontinental Cry

Cuando el gobierno colombiano firmó el acuerdo de paz con la guerrilla de izquierdas, Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), en junio de 2016, le puso un fin tentativo a más de cinco décadas de violentos conflictos armados. Pero desde que se firmó el acuerdo de paz, los líderes sociales de toda Colombia han sido amenazados y asesinados con alarmante regularidad. La provincia de Cauca se encuentra en el epicentro de esta nueva ola de violencia.

El 5 de marzo de este año, una amenaza de muerte fue colocada anónimamente bajo la puerta del consejo de Yanacona, en Rioblanco, una reserva indígena en el municipio de Sotará, en lo alto de las montañas del suroeste de Colombia. La amenaza de muerte apuntaba directamente al gobernador y vicegobernador de Yanacona, así como a un guardia de seguridad. El mensaje era tan oscuro como amenazador: sólo había una pista de quien estaba detrás de ella. La carta fue firmada por “los asesinos de Popayán".

Un año antes, el 2 de marzo de 2016, el joven gobernador de Rioblanco, William Alexander Oime Alarcón, fue abaleado y muerto en el centro histórico de la capital caucana, Popayán. Las imágenes de CCTV muestran a un atacante que lucha con el gobernador por su maleta, la  que contenía los 20 millones de pesos (US $ 6.500) que acababa de retirar de un banco para usar en programas sociales en la reserva. En el video el asesino le dispara al gobernador en la cabeza, huyendo en una moto conducida por un cómplice. Aunque nadie intentó intervenir, el atacante no tomó el maletín.

El gobernador murió esa misma noche. Era conocido por su nula tolerancia con la corrupción. Se había opuesto a la expansión de cualquier forma de minería en la zona. Había concertado una cita con el Defensor del Pueblo para la mañana siguiente para discutir una serie de amenazas de muerte contra él.

El gobernador había sido acompañado al banco por dos jóvenes de su reserva. Inmediatamente después del ataque, uno de ellos tomó silenciosamente el teléfono de Oime Alarcón de su cuerpo: pasarían dos semanas para que lo entregara a los investigadores.

Durante ese tiempo, el gobernador asesinado ocasionalmente parecía estar disponible en su cuenta de Facebook, como si su teléfono fuese accesado por un tercero.

Los otros jóvenes que estuvieron presentes fueron escoltados a una oficina de la SIJIN, donde se ve, en una oficina contigua, al atacante y su cómplice. Inmediatamente intentó atacarlos físicamente fue detenido y guiado para dar su versión del ataque. Cuando salió, los dos atacantes se habían ido. No están entre las ocho personas más tarde arrestadas por el crimen (y rápidamente liberadas bajo fianza). La próxima etapa del proceso judicial contra ellos se iniciará en octubre próximo.

El gobernador iba a ser acompañado al despacho del Defensor del Pueblo por su primo Alexis Barahona, quien había compartido su lugar de vivienda con el gobernador, en Rioblanco, antes de trasladarse a la ciudad de Cali para encontrar trabajo. Sería en una visita a Cali que, en octubre de 2015, Oime Alarcón le confesaría a su primo, tomando cerveza, las amenazas que recibía.

"Me dijo que lo amenazaban a cada rato", recordó Alexis. “Me dijo nombres y todo. Las amenazas seguían llegando a la casa, y él simplemente me contaba todo esto sonriendo. Dos personas le estaban amenazando por algunos recursos, por algunas diferencias que existían en el consejo: por un dinero que mi primo no quería que usaran. Al mismo tiempo me dijo que había diferencias entre él y los que querían usar la tierra para la minería ".

Los nombres mencionados por Oime Alarcón a su primo fueron Mesias Chicangana y Ancizar Paz, ex gobernadores de la reserva. Según Alexis Barahona el gobernador no tomó en serio sus amenazas, creyendo que este "cartel de los gordos", no tenía el poder de lastimarlo. El gobernador asesinado le dijo entonces a su primo que un mensaje de texto amenazador lo señalaba como guerrillero y que cuando el coltán había sido descubierto por encima de la reserva, había empezado ya la presión hacia la comunidad para permitir la exploración y explotación de este mineral.

Alarcón también mencionó que un representante de la empresas minera en cuestión se acercó una vez fuera de la reserva para pedirle que firmara una carta de consentimiento para permitir la entrada en el territorio de la compañía, una petición que él rechazó. Según Alexis, los dos miembros del "cartel de los gordos" fueron investigados en relación con el asesinato de Oime Alarcón, pero fueron exonerados de toda participación.

En todo este escabroso caso existía una cosa más que el gobernador había dejado entre líneas, sin mencionarlo del todo: "Estoy haciendo algo importante, estoy tratando de evitar que algo grande le suceda a Rioblanco", le diría a Alexis, sin decirle lo que era. Sólo se lo diría al defensor del pueblo. "No quería hablar con nadie más, ni con la Policía ni con el Consejo Regional Indígena del Cauca", agrega Barahona.

Inmediatamente después del asesinato de Oime Alarcón, mientras el suceso seguía reseñado como un simple robo, la líder indígena Aida Quilcué dijo que los investigadores deberían considerar si las actividades recientes, que la comunidad Yanacona había llevado a cabo en el Páramo de Barbillas, habían sido una causa. El ecosistema de páramo de los territorios de Yanacona es altamente vulnerable a una serie de amenazas ambientales, y allí la minería ilegal de oro estaba en el ojo del huracán  de la guardia y autoridades indígenas, quienes buscaban cerrar estas minas.

"Ellos ejercían el control territorial allí sólo ocho días antes", dijo sobre el gobernador muerto y sus colegas. "Consideramos que estos actos podrían estar relacionados con el caso ... No creo que haya sido un simple robo; Es una persecución ", afirma Quilcué.

Pero la hermana del gobernador, Elizabeth Alarcón, se muestra escéptica sobre la conexión automática de la muerte de su hermano con la minería. Para descartarlo señala la muerte en 1995 de otro líder que luchó contra la corrupción en la reserva, Dimas Onel Majin. "Los dos hombres compartieron muchas características y los responsables de ambas muertes nunca han sido identificados ... Si nos fijamos en el origen de las amenazas que han llegado recientemente, fueron al interior de la comunidad".

En Ríoblanco, agregó, "ha habido un número de personas que han estado en la autoridad, en el control del territorio, y él [Oime Alarcón] llegó con un tipo diferente de liderazgo, mucho más cerca de la gente ... Él Quería hacer las cosas de manera diferente y se encontró con la corrupción, y en el Cauca hay corrupción, y en su propia comunidad hay corrupción".

Ante el fracaso de los investigadores estatales para revelar a los autores del asesinato, Elizabeth Alarcón se ha quedado frente a una serie de preguntas relacionadas con el ataque: "Se podría decir que es extraordinario porque lo asesinaron en el centro mismo de Popayán donde se supone que hay mucha seguridad, pero no hubo una respuesta de la policía a tiempo, no hubo una respuesta de la ambulancia a tiempo ... la gente me ha dicho que estuvo tumbado en la calle durante 15 minutos. Y es relativamente cerca de los hospitales. Le dispararon aquí y ahí está la clínica. Para organizar un asesinato de la manera que los investigadores describieron por primera vez, ellos [los autores del ataque] utilizaron a muchas personas, seis u ocho, y cada persona tenía su función: una para hacer esto, otra para hacerlo. Así que creo que detrás de esto hay mucho dinero y mucho poder ".
Las autoridades de Yanakona y el CRIC respondieron a la amenaza "de los asesinos de Popayán" convocando una reunión pública en Rioblanco que denunciaba amenazas y ataques alrededor de sus dominios.

El presidente del CRIC, Carlos Maca, comenzó por desacreditar la presencia de "nuevos actores armados reunidos en los territorios [indígenas], bandas criminales". Dichas “bandas criminales", que se asemejan a grupos paramilitares anteriores o actuales como Los Gaitanistas, Los Urabeños, Las Aguilas Negras o Los Rastrojos, incursionan en los territorios violando sistemáticamente los derechos humanos.

“Nunca cesan de amenazar a nuestros líderes, llevan a cabo asesinatos selectivos y extrajudiciales de líderes sociales, no sólo contra indígenas sino también contra líderes afrocolombianos y campesinos. Pero el gobierno no quiere aceptar esta realidad, ni las comisiones de derechos humanos que, de manera similar, descuidan la organización de estos nuevos actores armados " denuncia con vehemencia Maca.

Fuera del salón de reuniones, vastas nubes oscurecían las montañas circundantes, sólo ocasionalmente rompiéndose para permitir una vista de las laderas color verde esmeralda, ubicadas más allá. En todo el Cauca, las tasas de impunidad penal se ubican en más del 90%, disimulando las identidades no sólo de quienes estuvieron involucrados en el ataque contra el Gobernador Alarcón, sino también de las identidades de los grupos armados que han surgido en toda la región. Pero como el número de amenazas y el número de asesinatos de líderes sociales en el Cauca han superado el de todas las demás provincias de Colombia, los analistas señalan varias dinámicas clave.

En mayo de 2017 el sitio web Pacifista! reseñó que "Diez de los 35 líderes asesinados en Colombia desde principios de diciembre de 2016 murieron en el Cauca, casi todos a plena luz del día y en zonas pobladas". Encontraron que entre las causas principales de las muertes estaba la entrada de nuevas estructuras de poder criminal en las áreas abandonadas por las FARC, después de su desmovilización. Estos grupos incluían a los guerrilleros del ELN, así como grupos de lo que ellos llamaban "paramilitares post-desmovilización" - organizaciones que habían crecido a partir de la disolución oficial de las AUC ("Autodefensas Unidas", paramilitares de derecha que habían apoyado la represión del Estado contra la guerrilla mientras, paralelamente, también robaban grandes extensiones de tierra).

Los autores del mencionado artículo recurrieron a un informe del Defensor del Pueblo titulado “Violencia y amenazas contra líderes sociales y defensores de los derechos humanos”, que denuncia como estos nuevos grupos armados han "amenazado particularmente a líderes comunitarios y habitantes que se oponen tanto a la minería ilegal como a la de gran escala".
El sitio web también mencionó la prevalencia en el Cauca de la industria de la coca, la continuación mortal del conflicto de tierras entre las comunidades nativas de la NASA y la industria azucarera y la estigmatización, y subsecuentes ataques contra activistas vinculados al CRIC y al Movimiento de Marcha Patriotica, visible en los numerosos panfletos producidos bajo la autoría de las Aguilas Negras.

Otros señalan la connivencia del sector minero en el crecimiento de la violencia. El equipo de derechos humanos del CRIC asistió a la reunión en Rioblanco, y María Ovidia Palechor reiteró que los líderes sociales asesinados en la nueva oleada de asesinatos han sido "hombres y mujeres que han dicho “No a la minería”. Han dicho "no a los mega-proyectos".

Sigue siendo difícil atribuir, con total certeza, la responsabilidad por las muertes o ver más allá de las nubes de incertidumbre que ha creado la extrema tasa de impunidad criminal en Colombia. Sin embargo es necesario preguntarnos ¿La dinámica explorada anteriormente no explica por sí sola cómo los asesinos de Oime Alarcón sabían que estaba a punto de declarar ante el Defensor del Pueblo? ¿O que estaría retirando dinero de un banco específico en ese mismo momento específico? ¿Y todo esto solo no explica por qué le quitaron el teléfono mientras él yacía moribundo en la calle?

Es posible que nunca lo sepamos, pero volver al tema de la dinámica general de la delincuencia puede ser al menos útil para comprender la ola de violencia que ha cobrado la vida de otros líderes sociales. En medio de esta problemática, colmada de sozobra emergen otro par de interrogantes ¿Qué participación tiene en todo esto el sector minero ilegal en el Cauca que muchos han visto como responsable de la muerte del gobernador?, y ¿cómo este hecho se relaciona con otros intereses políticos y económicos en la región?

En la reunión pública de Rioblanco, los gobernadores de cada comunidad se sentaron en la primera fila de la asamblea con su personal de oficina, rodeando una chakana, una cruz precolombina extendida en el suelo que simboliza la filosofía y la espiritualidad de Yanacona. En los otros asientos y alrededor de la vasta entrada se reunieron miembros de la comunidad, uno de los cuales anunció su preocupación por el retraso en  el avance de la investigación de Oime Alarcón. Esta persona  recomendó que otro investigador estatal tomara el control del caso.

Otros hablaron de manera más amplia sobre la historia del conflicto violento que estaba afectando a la región y condenaron a las instituciones estatales por su falta de interés y compromiso, visible nuevamente en  la negativa de los funcionarios estatales en asistir al evento.

Casi todos los asistentes llevaban pesadas ruanas de lana, para amainar el frío, entre ellas el gobernador jefe del pueblo Yanacona, Ferley Quintero, quien presentó a la audiencia las medidas que se tomaron para avanzar en su seguridad: "El Pueblo Yanacona, sus autoridades y la comunidad, han podido avanzar en acciones de paz que nos permitan vivir en armonía como pueblo en nuestro territorio y exigir que seamos respetados por los grupos armados. Estamos fortificando la posición de los guardias indígenas en la defensa de nuestro territorio, en la prevención del consumo de alcohol en el territorio, en la prevención del cultivo de coca y marihuana y en el desarme de los miembros de la comunidad. Pero hemos visto nuestros esfuerzos contrarrestados por la violación de nuestro derecho al consentimiento libre, previo e informado mediante la instalación de un Batallón de Alta Montaña en nuestro territorio que representa un desequilibrio social y territorial y además estamos amenazados por la minería y la política energética que el gobierno está forzando en nuestros territorios”

Fuera del recinto, Inter Continental (IC) le preguntó a un miembro del equipo de derechos humanos del CRIC ¿de que forma la minería representaba una amenaza para sus comunidades?. Esto nos respondió: "En los territorios indígenas existe un problema de minería ilegal, y otro en forma de minería legal, realizado por Las multinacionales. El gobierno nacional está facilitando esta dinámica a través de la provisión de títulos mineros. En relación con las multinacionales, el gobierno no quiere aceptar que el paramilitarismo esté activo hoy en Colombia, y lógicamente estas amenazas vienen de ese lado porque las BACRIM y los paramilitares están regresando. Ellos, como antes, están protegiendo la riqueza y propiedad de los ricos. La otra minería ilegal está muy bien organizada, y está llegando a los ríos y montañas donde hay evidencia de oro, y amenazan a las comunidades, las autoridades indígenas y los guardias indígenas ".

Nelson Cuspián Jiménez, Vicegobernador del consejo indígena de Frontino, La Sierra, también estuvo presente, y le dijo a IC: "En el año 2006 Anglo Gold Ashanti llegó a la comunidad, pero gracias al CRIC y al Gran Consejo de El Pueblo Yanacona, se organizaron acciones para proteger el territorio y sus comunidades. AngloGold había iniciado sus trabajos sin ejercer la consulta previa exigida por las normas legales. Pero la semana pasada entraron nuevamente "con toda" (con todo). Nos preocupa que como comunidades indígenas, afrocolombianas y campesinas nos vayamos desplazando de nuestros territorios, poniendo en peligro a los ancianos, los niños y las mujeres. Esto equivaldría a la terminación de la comunidad indígena. El Estado debe afirmar la relevancia de la consulta previa ".

En Frontino, el vicegobernador continuó "hay minas ilegales, los gold-panners han usado mangueras de presión que han causado daños ambientales por varios años, es necesario abolir la "minería artesanal". La minería legal e ilegal es llevada a cabo por personas de afuera, pero también por algunos miembros de las comunidades campesinas de la región. Pero las amenazas relacionadas con la minería siempre vienen del exterior ".

La explosión de la minería ilegal se ha extendido a lo largo y ancho del Cauca. Sólo en la última década, según el periodista Moritz Tenthoff: "La fiebre del oro, despertada en 2008 por la crisis financiera del capital especulativo, quintuplicó el precio del metal entre 2002 y 2010. Aunque en el Cauca no hubo empresas explotando oro hasta esa fecha, la producción de oro ha aumentado, según el Sistema de Información Minero Colombiano (Sistema de Información de la Minería Colombiana - Simco), de manera vertiginosa, pasando 621.54 kilos en 2008 a 3.544,39 kilos en 2013."

El gobierno, según el escritor colombiano Alfredo Molano, ha exacerbado el problema. La Resolución 0045, ley aprobada por la Agencia Nacional de Minería en junio de 2012, creó vastas "áreas estratégicas" para la minería, que sin duda causaría que, según Molano: "miles de mineros grandes y pequeños preparen expediciones para tomar posesión de las áreas de reserva 'ubicadas en las pocas regiones que aún conservan las culturas indígenas, negras, bosques, ríos y humedales”. Luego añade el mismo autor “¿Quién va a impedir que esa masa de mineros invada los 22 millones de hectáreas y contamine ríos y arroyos con mercurio y cianuro y compre autoridades indígenas y municipales? Además, cuando lleguen les darán consejos a los guerrilleros y a los comandantes paramilitares para proporcionarles a los mineros un servicio de seguridad ".

Las amenazas, después de 2012, se sucedieron rápidamente, algunas de las cuales corresponden a la entrada del sector minero en varias comunidades: El Comité de Integración del Macizo Colombiano anunció que en 2013 y 2014: "Ambientalistas, autoridades y organizaciones sociales del macizo colombiano denunciaron cómo en las últimas semanas han sido víctimas de continuos seguidores, amenazas y hostigamientos por defender su territorio y los ríos de la minería ilegal y en gran escala que se está desarrollando en el Cauca ".

El sucesor de Oime Alarcón, como gobernador de Rioblanco, es Juan Buenaventura Yangana. Este afirmó que la comunidad sigue sin conocer la identidad real de los asesinos: "No podemos confirmar cuáles son las fuentes de la acción criminal que acabó con la vida de nuestro gobernador el año pasado".

IC le consultó sobre su posición acerca de la minería: "No participamos en proyectos mineros porque destruyen nuestra Madre Tierra: la llenan de contaminación, con cianuro, con todos los químicos que uno tiene que usar en la minería. La minería también crea violencia porque genera mucho dinero, crea violencia y prostitución. Lo que uno tiene que ver en relación a los recursos de dinero es que generan muertes. Para los pueblos indígenas, los lugares donde se han detectado metales preciosos tienen que ser respetados como sitios sagrados como los hemos determinado, y no están allí para enriquecernos sino para mantenerlos como algo sagrado en nuestra Madre Tierra ".

Con estas palabras, se pueden percibir los elementos vitales de un conflicto, ya sea que tales dinámicas estuvieran o no relacionadas en el caso específico de la muerte del ex gobernador: la ola de minas ilegales presumiblemente están entrelazadas con muchas de las amenazas y ataques que han llevado a la región a ser epicentro de la actual epidemia de violencia.

La ola también ha abarrotado muchas de las riberas del departamento con movimientos de tierra amarillos, no obstante la ilegalidad de su presencia, y su proximidad a las principales carreteras a lo largo de las cuales pasan diariamente funcionarios de las instituciones de Estado.

Según un miembro del CRIC, que pidió no ser identificado, esta cohabitación ejemplifica no sólo los sobornos y la intimidación que han disuadido a los alcaldes y gobernadores de imponer estrictos controles legales sobre el transporte de excavadoras, sino también a un apoyo tácito del Estado y las multinacionales con el sector minero ilegal.

La violencia y la contaminación causadas por los mineros ilegales debilitan el tejido social de las comunidades, las cuales se vuelven menos capaces o menos inclinadas a resistir la entrada de las multinacionales. El activista afirmó que las personas en las zonas afectadas siguen desesperadas y están más inclinadas a creer en la promesa de reducir la contaminación ambiental que está implícita en el eslogan que comparten y difunden el gran lobby minero y el Ministerio de Minas de Colombia: "minería bien hecha".

La gran mayoría del oro del Cauca se produce hoy en minas sin título y luego se vende a través de empresas de comercialización para entrar en los mercados "legales" en Cali y Medellín. Moritz Tenthoff consiguió una entrevista con uno de los capos del sector minero ilegal del Cauca, Alexander Duque Builes, quien atribuyó el nacimiento del sector a la política del ex presidente Álvaro Uribe Velez: "Cuando llegó la política de 'seguridad democrática' [la persecución de Uribe que consistía en una represión militar contra la guerrilla en la cúal existía una participación de grupos paramilitares] vimos una oportunidad para crecer y fortalecernos. Cauca tiene un inmenso potencial minero, las zonas mineras son grandes, solo el tema del orden público ha sido la causa del lento crecimiento que ha tenido Cauca ".

La mayoría de las áreas que hoy producen oro en el Cauca son frecuentadas por grupos armados ilegales, entre ellos el ELN y las BACRIM (paramilitares, que cobran dinero para proteger a los mineros que a veces han sido desplazados de secciones fallidas de la economía rural. Estos pagos alimentan otros intereses de los actores criminales, incluido el narcotráfico y la extorsión, que sirven para cuestionar el control territorial ejercido por las autoridades indígenas).

Miller Hormiga, abogado del CRIC, representa a las víctimas del asesinato de Oime Alarcón. En pocas palabras intentó explicar por qué la tasa de impunidad en el Cauca es tan alta: "El sistema de justicia colombiano carece de herramientas sólidas necesarias para guiar sus investigaciones. A veces pasamos por alto el aspecto tecnológico de las agencias de investigación, de la policía judicial, que todavía no está en un buen estándar internacional. Todavía tenemos muchas deficiencias, una gran carencia de personal, la imposibilidad de llegar a todos los territorios. A su vez el contexto de riesgo que provoca el testimonio de no participar de manera oportuna, la gran acumulación de casos a los que se enfrentará un abogado y un juez ... todas estas cosas generan un clima que favorece la impunidad: en muchos casos no se logra establecer quiénes fueron los autores materiales e intelectuales de los actos. Eso en sí es una enorme dificultad”.

Cuando se le preguntó a Hormiga sobre el impacto que la minería ha tenido en el Cauca, este señaló que "Una de las cosas que siempre hemos visto con desconfianza es que las actividades de minería ilegal preceden a los intereses o actividades de minería legal de carácter nacional o internacional. Esto nos preocupa. Y lo que sí sabemos es que hay interés desde el exterior en perseguir la minería en territorios indígenas. También hemos visto que la minería representa verdaderamente un riesgo potente para la vida de los pueblos indígenas ".

Las amenazas siguen sucediendo en el Cauca indígena. Hace sólo unos días, Intercontinental trató de utilizar una grabadora de voz, la cual no se utilizó porque la víctima, a lo cual buscamos entrevistar, no quiso hablar los medios de comunicación. ¿Hubo involucramiento del sector minero en esta impasse? Probablemente.

Sin poder realizar entrevistas, las nubes de incertidumbre siguen ocultando detalles vitales. En relación con la justicia, la impunidad que Hormiga describió podría ser una amenaza tan poderosa para las vidas de los pueblos indígenas como el auge de la minería ilegal. Podría existir una sinergia entre estas dos dinámicas que pueden estar detrás de las acciones de los "Asesinos de Popayán".


El silencio es oro (o para qué matar a Falver)

4:07:00 a.m. Add Comment

En febrero de 2017 fue asesinado de 11 balazos el presidente de la Junta de Acción Comunal (JAC) de Esmeraldas, Falver Cerón Gómez. Detrás de cada muerte de un líder hay un entramado de razones. Oro y coca imponen la ley del silencio en el Cauca.

Por: Robin Llewellyn / Colombia Plural-Proclama del Cauca

Esmeraldas es un montañoso corregimiento, lleno de oro, ubicado en las estribaciones del Macizo Colombiano, pertenece a Mercaderes, uno de los municipios más antiguos de Colombia. Para llegar allí se pasa por el poblado de San Joaquín desde donde se aprecia el deterioro de las montañas que se derribaron, en un principio, para la siembra de maíz. La tierra fue perdiendo notoriamente su fertilidad hasta que se agotaron los nutrientes del suelo; a todo esto se agregó el factor climático, que fue haciendo presencia en prolongadas y periódicas sequías por todo el municipio y por la inmisericorde explotación de la tierra con maquinaria amarilla y contaminantes para extraer el oro de sus entrañas.
En noviembre de 2016 la tranquilidad de Esmeraldas se vio alterada cuando llegaron tres camiones de una empresa minera llamada Grupo CISAS, automotores repletos de hombres que ostentaban armas de toda clase. “Querían que todos fueran a ver sus armas”, explica un residente del corregimiento.
– ¿Ustedes como residentes consintieron esta ocupación? ¿Estuvieron de acuerdo con la nueva explotación minera que se estaba imponiendo?
– No, hemos visto lo que sucede a los ríos con la minería, con la desaparición del río Sambingo (el primer río en Colombia en “desaparecer”, cuyo cauce se encuentra cerca de Esmeraldas). Aquí tenemos el río Hato Viejo, que da agua a Mercaderes, tenemos cultivos, no necesitamos minería.
Pero muchos otros sí quieren. El departamento del Cauca hoy está caracterizado por la minería de oro. Los medios de subsistencia basados en la agricultura y la pesca cada vez se extinguen con mayor rapidez por la aplicación del mercurio que utilizan para separar el mineral precioso de la tierra roja, el cual fluye hacia los ríos causando desolación y muerte de especies naturales.
El sector minero es generalmente ilegal; el oro extraído se vende en Cali y Medellín a través de comercializadoras Giraldo y Duque SAS de Buenos Aires (Cauca) y está protegido por bandas armadas que impiden el acceso a los yacimientos mineros. Pero el ímpetu para el crecimiento del sector en el Cauca se dio gracias al privilegio ofrecido a la minería por sucesivos gobiernos nacionales y hoy en día prospera por el apoyo tácito de distintos niveles de autoridad pública. Puesto que la política centralizada explotación minera de los últimos años ha sido restringida por las sentencias judiciales y movilizaciones populares (consultas populares), y se han destacado sus incompatibilidades con la Constitución Nacional, el desarrollo del sector se basa en nuevos mecanismos para actuar, inclusive, en contra los deseos de muchas personas que han marchado en protesta o en oposición a la minería ilegal en sus los territorios ancestrales.
Esta es la primera parte de una investigación sobre el impacto de la minería aurífera en el departamento del Cauca. Se examina lo que es estar en una región donde minería es aún incipiente, como en el corregimiento de Esmeraldas en el municipio de Mercaderes, en el Macizo Colombiano.

El asesinato de Falver

A finales de enero y principios de febrero de 2017 la comunidad marchó por el municipio de Mercaderes para expresar su oposición a la minería. El diario El Espectador escribió un corto artículo acerca de las manifestaciones.
Lo leí, opté entonces por contactar a algunos miembros del Movimiento Campesino y Popular de Mercaderes para intentar concertar una visita. El 18 de febrero habría una reunión con el gobernador del Cauca, Oscar Rodrigo Campo Hurtado. “Esperemos mientras se realiza esta reunión y por favor, llame después para concertar el encuentro”, dijeron.
El sábado antes de esa reunión el presidente de la Junta de Acción Comunal (JAC) de Esmeraldas, Falver Cerón Gómez, escribió sus respuestas a un cuestionario del gobierno sobre las fortalezas y debilidades de su corregimiento: las fortalezas las enumeró como “el clima y la variedad de productos: café, yuca, maíz, plátano y naranja”. Y las debilidades como: “No hay alcantarillado, el puesto de salud está en mal estado, débil comercialización de productos, un acueducto precario y la amenaza de la minería”.
Falver Ceron asistió aquel sábado a la reunión con el gobernador en la Casa de Cultura de Mercaderes; también estuvieron el alcalde anfitrión, Alcy Muñoz, y los alcaldes de Balboa y Florencia. Al terminar el evento, Cerón salió junto con Duvar Alexis Paz, presidente de la Asociación de JAC de Mercaderes. Cerón partió primero en su moto a lo largo de la carretera no pavimentada de Mercaderes hacia San Joaquín.
“Lo alcancé, primero porque tenía que apresurarme para ir a Villa María a un culto [servicio religioso] que estaba realizando allí”, recuerda Paz, “y segundo, porque Cerón todavía estaba aprendiendo a manejar su moto por lo que viajaba lentamente. Al pasarlo lo saludé invitándolo a una reunión que teníamos a las 9:00 de la mañana del domingo para presentar unas propuestas al doctor Martín Arroyave en Tablones Bajos, me respondió: ‘Sí, si Dios permite voy; si Dios quiere’”.
Duvar Paz sigue recordando: “Así me adelanté y pasé a tres personas vestidas de civil a pie por la carretera, no me detuvieron ni nada. Cuando miro por el retrovisor, le dieron orden de detenerse a Cerón Gómez, pensé, de pronto le van a robar la moto, entonces, en una curvita medio paré, cuando escucho los disparos y todo, pues yo arranqué de una, lógicamente uno teme que también vayan a hacer lo mismo con uno”.
Cerón había recibido 11 disparos. Su muerte se convirtió en otro ícono del más reciente fenómeno colombiano, el asesinato de dirigentes cívicos y de defensores de los derechos humanos. Según defensor del pueblo colombiano Carlos Alfonso Negret, 156 de ellos fueron asesinados entre 01 de enero de 2016 y el 01 de marzo de 2017. Cauca fue el departamento más afectado por esta violenta arremetida, representando el 30% de todos los asesinatos.
Una semana después del asesinato de Cerón, visité el Concejo Municipal de Mercaderes, mientras finalizaba una sesión extraordinaria. “Hay mucha inseguridad”, dijeron los concejales, “y mientras intentamos hacer nuestro mejor esfuerzo para manejar los recursos naturales y el medio ambiente, el Gobierno central va en otra dirección. Sabemos dónde están las fuentes de agua, donde están las zonas agrarias, pero el gobierno se mueve de otra manera, otorgando títulos mineros sin ningún conocimiento de la zona”.
Gerardo Cepeda, coordinador de agricultura y medio ambiente de la Asociación de Juntas de Acción Comunal de Mercaderes, dijo que hay 14 títulos mineros en Mercaderes, en el municipio más seco en el Cauca y el segundo más seco en Colombia. “Desde el año 2015 se incrementó la minería ilegal; hace poco ocurrió el desalojo de 75 retroexcavadoras que estaban trabajando sobre el río Sambingo. El daño fue conocido por todo el país; quedaron más o menos 15 kilómetros de playas. Hoy en día también tenemos otros asuntos muy preocupantes de concesiones mineras otorgadas por el Gobierno. Por ejemplo, se concede autorización para una exploración, para la prospectiva, es decir, para hacer unos estudios del sector de Esmeraldas y otras zonas por acá, pero lo cierto es que hay no solo exploración sino explotación, además, aquí hay 14 títulos mineros en el territorio mercadereño. Estamos bastante preocupados porque somos el municipio más seco en todo el departamento, somos el segundo municipio más seco del país, y el sector agropecuario ha sido bastante afectado, además, por el cambio climático”.
Así que esto era el fondo del problema que Falver Ceron había escrito en el cuestionario. En otros lugares del municipio, otras personas de Mercaderes me habían confirmado que la minería ilegal persistió a lo largo del Sambingo porque el alcalde fue asustado, fue intimidado para que no actuara en contra de las pandillas que protegían las áreas de explotación.
Pregunté a Cepeda quién era responsable para enfrentar el problema: “Esta es una red criminal de personas muy pudientes, inclusive, asociadas al narcotráfico, que viajan por toda Colombia. La responsabilidad es en primer lugar del Gobierno Nacional que concede las licencias a través de la Agencia Nacional de Minería, que tiene el control de las fuerzas militares y de Policía, pero este tema es muy delicado. Aquí la gente de la Administración Municipal ha sido abordada con frecuencia cuando tratan de hacer cualquier tipo de investigación en la región porque ha habido cordones de ‘seguridad’ que les han impedido. Es una red muy clandestina. Uno no puede ir allí. Con la administración local hemos tratado de ir allí a hacer algunos estudios, o a tratar de hacer algunas reparaciones en relación con el impacto ambiental de la minería ilegal, y no se ha podido. Existen alrededor de 4.500 personas, de lugares tan lejanos como la Costa, Chocó o Buenaventura”.

El trabajo duro no paga

En un oscuro amanecer, la lluvia parecía decidida a remediar la sequía que ha asolado la zona de Mercaderes, y me las arreglé para viajar en la parte trasera de un campero particular que se dirigía hacia el mercado de San Joaquín, la misma carretera destapada que habían tomado Cerón y Paz durante aquel viaje fatal.
“Obviamente, siempre habrá minería ilegal en Mercaderes”, dijo el conductor en un comentario desprevenido, y remató: “Y esto ocurre porque trabajando duro un hombre con su machete puede ganarse solo 18.000 pesos al día, lo que no alcanza para la supervivencia de su familia. La gente está desesperada, y tenemos que competir con los precios de los alimentos importados desde lugares como Estados Unidos y China, entonces la minería es una opción”.
En San Joaquín la lluvia forzó a los compradores y vendedores que exponen sus productos agropecuarios a refugiarse en la cancha de fútbol cubierta; sin embargo, un poco más tarde las montañas iban apareciendo, mientras se disipaba poco a poco la niebla.
Abordé una moto cuesta arriba en la dirección de Esmeraldas, un territorio controlado por el ELN, con la esperanza de hablar con los padres de Cerón. Le pregunté al conductor de la moto sobre la presencia de la minería en la zona. Señaló el café que íbamos mirando a la izquierda de la vía y dijo: “Todo está dañado. La sequía ha asolado el café y el pasto y la caña de azúcar… Podríamos ganar entre 50.000 y 90.000 pesos a la semana si trabajamos el café o con en labores campestres. Con la minería son $180.000 a la semana. Cuesta 400 millones de pesos comprar una máquina para la minería, pero ese costo se divide entre diez familias. Imagínate qué elegirías tú si tienes dos hijos que alimentar”.
Arriba, en la cresta de Esmeraldas, con panorámica hacia la llanura en dirección a Mercaderes, observé cómo el sol penetra a través de la nube. “Aquí tenemos lo que necesitamos para vivir”, dijo un residente de Esmeraldas, “y también hay coca, usted puede ganar 200.000 pesos a la semana con la coca”.
Duvar Paz, quien prácticamente había acompañado a Cerón en su viaje final, recordó que “Falver nos comentaba que él inclusive había trabajado unos días para los mineros ilegales porque no sabía lo que iba suceder; no tenía el tema en claro, el daño que iban a hacer. Hasta que enterado decidió no continuar con ellos, es más, tampoco quiso que ellos trabajaran más. En Mercaderes no estamos de acuerdo con ninguna clase de minería, no sea legal o ilegal”, sostenía reiteradamente.
Otro de los compañeros de Cerón, Célimo Buitrón, había ratificado las palabras de Duvar Paz al describir al líder asesinado como un oponente de la minería: “En el mes de Octubre del año 2016, si recuerdo bien, hicimos una marcha en contra de la minería legal, e ilegal, pues una empresa CISAS, radicada en la ciudad de Pasto [Nariño] estaba haciendo aparición aquí en el municipio de Mercaderes; y precisamente en la zona donde vivía el muchacho Falver Cerón, en el corregimiento de Esmeraldas. Entonces esta empresa convocó al Concejo Municipal en pleno para hacer la socialización del proyecto minero. El Concejo nos llamó a todos los líderes comunitarios, en el caso mío como presidente de ANUC municipal; se acordó una resistencia pacífica en contra de la minería, y se conformó la Coordinadora Campesina y Popular por el derecho al agua, la vida, y al territorio; entonces nosotros hicimos esa marcha en contra de esta empresa, y precisamente el día que ellos debían venir al Concejo, salimos a marchar. Esta gente nunca apareció. No han estado interesados en escucharlos porque ellos conocen la respuesta anticipada de nosotros: ¡No a la minería!”.
Aunque los directivos de la empresa no aparecieron en esa fecha, fueron vistos luego en Esmeraldas acompañados por hombres armados, y Célimo Buitrón recuerda que en febrero, después de la marcha, “en la cabecera municipal de Mercaderes, habíamos escuchado a un concejal a quien le habían preguntado quiénes eran las personas que no estaban de acuerdo con la explotación minera”.

Las consecuencias del asesinato

Encontré a la madre de Cerón en la puerta de la casa de la familia, y cuando se enteró de que era periodista rechazó la oferta de café, sus ojos estaban mojados; su hijo recibía amenazas pero no lo mencionó, dijo ella. Consciente del hecho de que Cerón había sido asesinado hace menos de una semana, salí; encontré al padre de Cerón afuera de la iglesia.
Todos los miembros de la JAC de Esmeraldas renunciaron cuando entendieron por qué lo habían asesinado; el padre de Cerón dijo que cuando nombraran una nueva Junta de Acción Comunal podría responder a mis preguntas, mientras tanto prefería no hacer comentarios.
Personas de la comunidad me aconsejaron dejarlo todo durante un mes; en un mes hablarían los padres, en un mes la comunidad campesina cercana sabría quiénes habían sido los responsables del crimen. Sin embargo, un mes más tarde los padres no hablaron, un mes después nadie sabía quién era el responsable.
El Grupo CISAS tenía un contacto en la comunidad: un productor de café llamado Pablo Neus. Visité su granja pero no lo encontré. Había viajado a Popayán. Su familia me acogió con gusto, me brindó café. Después, salí rápidamente del sector, desconfiaba del ELN. Desde San Joaquín viajé a Mercaderes en una Hi-Lux. Cuando el vehículo pasó por el punto donde ocurrió el asesinato, los pasajeros comentaron el evento: “Hay tanta gente nueva aquí… Una persona que habla con fuerza en una reunión… y ¡bang!”.
La Defensoría del Pueblo condenó el asesinato de Falver Cerón, un activista en contra de la minería ilegal. Pero no es solo la explotación minera del oro ilegal lo que mantiene la incertidumbre y el riesgo de sobrevivir. Un líder de las movilizaciones recientes de la zona dijo que lo de Falver presuntamente fue ocasionado por la minería, legal e ilegal, recordando que la desaparición del río Sambingo ocurrió muy cerca del corregimiento de Esmeraldas en jurisdicción del municipio de Mercaderes. “Otro problema que nos preocupa es la erradicación forzosa de los cultivos de coca, pero Falver nada tenía que ver con esto. Si querían matar a alguien que ha estado y se ha pronunciado contra la erradicación forzosa de la mata de coca, entonces habría sido alguno de nosotros el muerto”.
También hablé con Azael Imbachí, el concejal de Mercaderes oriundo de Esmeraldas. Su rostro está marcado con una cicatriz causada por un accidente en motocicleta, ocurrido en enero pasado, por lo que ha estado sometido a terapia intensiva. Su supervivencia fue vista por muchas personas como milagrosa. Da gracias a Dios por el accidente: “Si no me hubiera ocurrido el accidente, me temo que ahora estaría muerto”. “Mientras estaba en el hospital fue Falver quien debía asistir a las reuniones solo y fue él quien tuvo que hablar”.
Amenazas de muerte llegan al teléfono de Imbachi frecuentemente, sin referirse a un tema concreto, pero advirtiéndole: “Necesitamos que te calles o seguirás a Falver”, también le ordenan que “cese con las denuncias”. Ha reportado a la Sijin Mercaderes y al Gaula Popayán pero no ha tenido respuestas.
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Poco después, cuando regresé de Mercaderes, un panfleto con una nueva amenaza de muerte fue empujado por debajo de la puerta de la casa de Cabildo de Rioblanco, una reserva indígena Yanacona en el municipio de Sotará, también en el Macizo Colombiano. El mensaje era tan amenazador y oscuro como los que entregan a Azael Imbachí, pero una pista fue dada en el final: “De los sicarios de Popayán”.

El silencio es oro - Parte 1

12:42:00 p.m. Add Comment

El sector minero es generalmente ilegal; el oro extraído se vende en Cali y Medellín a través de comercializadoras Giraldo y Duque SAS de Buenos Aires, Cauca, y está protegido por bandas armadas que impiden el acceso a los yacimientos mineros.
Por: Robin Llewellyn / Proclama del Cauca
Esmeraldas es un montañoso corregimiento, lleno de oro, ubicado en las estribaciones del Macizo Colombiano, pertenece a Mercaderes, uno de los municipios más antiguos de Colombia. Para llegar allí se pasa por el poblado San Joaquín desde donde se aprecia el deterioro de las montañas que se derribaron, en un principio para la siembra de maíz. La tierra fue perdiendo notoriamente su fertilidad hasta que se agotaron los nutrientes del suelo; a todo esto se agregó el factor climático, que fue haciendo presencia en prolongadas y periódicas sequías por todo el municipio y por la inmisericorde explotación de la tierra con maquinaria amarilla y contaminantes para extraer el oro de sus entrañas.
En noviembre pasado la tranquilidad de Esmeraldas se vio alterada cuando llegaron tres camiones de una empresa minera llamada Grupo CI SAS, automotores repletos de hombres que ostentaban armas de toda clase. “Querían que todos fueran a ver sus armas”, dijo un residente del corregimiento.
¿Ustedes como residentes consintieron esta ocupación? ¿Estuvieron de acuerdo con la nueva explotación minera que se estaba imponiendo?
“No, hemos visto lo que sucede a los ríos con la minería, con la desaparición del río Sambingo (el primer río en Colombia en “desaparecer”, cuyo cauce se encuentra cerca de Esmeraldas). Aquí tenemos el río Hato Viejo, que da agua a Mercaderes, tenemos cultivos, no necesitamos minería”.
Pero muchos otros sí quieren. El departamento del Cauca hoy está caracterizado por la minería de oro. Los medios de subsistencia basados en la agricultura y la pesca cada vez se extinguen con mayor rapidez por la aplicación del mercurio que utilizan para separar el mineral precioso de la tierra roja, el cual fluye hacia los ríos causando desolación y muerte de especies naturales.
El sector minero es generalmente ilegal; el oro extraído se vende en Cali y Medellín a través de comercializadoras Giraldo y Duque SAS de Buenos Aires, Cauca, y está protegido por bandas armadas que impiden el acceso a los yacimientos mineros. Pero el ímpetu para el crecimiento del sector en el Cauca se dio gracias al privilegio ofrecido a la minería por sucesivos gobiernos nacionales y hoy en día prospera por el apoyo tácito de distintos niveles de autoridad pública. Puesto que la política centralizada explotación minera de los últimos años ha sido restringida por las sentencias judiciales y movilizaciones populares (consultas populares), y se han destacado sus incompatibilidades con la Constitución Nacional, el desarrollo del sector se basa en nuevos mecanismos para actuar, inclusive, en contra los deseos de muchas personas que han marchado en protesta o en oposición a la minería ilegal en sus los territorios ancestrales.
Esta es la primera parte de una investigación sobre el impacto de la minería aurífera en el Departamento del Cauca. Se examina lo que es estar en una región donde minería es aún incipiente, como en el corregimiento de Esmeraldas en el municipio de Mercaderes, en el Macizo Colombiano.
municipio de Mercaderes
A finales de enero y principios de febrero la comunidad marchó por el municipio de Mercaderes para expresar su oposición a la minería. El diario El Espectador escribió un corto artículo acerca de las manifestaciones.
Lo leí, opté entonces por contactar a algunos miembros del Movimiento Campesino y Popular de Mercaderes para intentar concertar una visita. El 18 de febrero habría una reunión con el gobernador del Cauca, Oscar Rodrigo Campo Hurtado. “Esperemos mientras se realiza esta reunión y por favor, llame después para concertar el encuentro”, dijeron.
Falver Cerón Gómez, foto archivo familiar
El sábado antes de esa reunión el presidente de la Junta de Acción Comunal (JAC) de Esmeraldas, Falver Cerón Gómez, escribió sus respuestas a un cuestionario del gobierno sobre las fortalezas y debilidades de su corregimiento: las fortalezas las enumeró como “El clima y la variedad de productos: café, yuca, maíz, plátano y naranja”. Y las debilidades como: “No hay alcantarillado, el puesto de salud está en mal estado, débil comercialización de productos, un acueducto precario y la amenaza de la minería”.
Falver Ceron asistió aquel sábado a la reunión con el gobernador en la Casa de Cultura de Mercaderes; también estuvieron el alcalde anfitrión, Alcy Muñoz, y los alcaldes de Balboa y Florencia. Al terminar el evento, Cerón salió junto con Duvar Alexis Paz, presidente de la Asociación de JAC de Mercaderes. Cerón partió primero en su moto, a lo largo de la carretera no pavimentada de Mercaderes hacia San Joaquín.
Carretera San Joaquin-Mercaderes
“Lo alcancé, primero porque tenía que apresurarme para ir a Villa María a un culto (servicio religioso) que estaba realizando allí”, recuerda Paz, “y segundo, porque Cerón todavía estaba aprendiendo a manejar su moto por lo que viajaba lentamente. Al pasarlo lo saludé invitándolo a una reunión que teníamos a las 9:00 de la mañana del domingo para presentar unas propuestas al doctor Martín Arroyave en Tablones Bajos, me respondió: “Sí, si Dios permite voy; si Dios quiere”.
“Así me adelanté y pasé a tres personas vestidas de civil a pie por la carretera, no me detuvieron ni nada. Cuando miro por el retrovisor, le dieron orden de detenerse a Cerón Gómez, pensé, de pronto le van a robar la moto, entonces, en una curvita medio paré, cuando escucho los disparos y todo, pues yo arranqué de una, lógicamente uno teme que también vayan a hacer lo mismo con uno”.
Cerón había recibido 11 disparos. Su muerte se convirtió en otro ícono del más reciente fenómeno colombiano, el asesinato de dirigentes cívicos y de defensores de los derechos humanos. Según defensor del pueblo colombiano Carlos Alfonso Negret, 156 de ellos fueron asesinados entre 01 de enero de 2016 y el 01 de marzo de 2017. Cauca fue el departamento más afectado por la violencia, representando el 30% de todos los asesinatos.
Una semana después del asesinato de Cerón, visité el Concejo Municipal de Mercaderes, mientras finalizaba una sesión extraordinaria. “Hay mucha inseguridad, dijeron los concejales, y mientras intentamos hacer nuestro mejor esfuerzo para manejar los recursos naturales y el medio ambiente, el Gobierno central va en otra dirección. Sabemos dónde están las fuentes de agua, donde están las zonas agrarias, pero el gobierno se mueve de otra manera, otorgando títulos mineros sin ningún conocimiento de la zona”.
Mercaderes – San Joaquín – Esmeraldas – Imagen tomada de: www.google.com.co/maps
Gerardo Cepeda, coordinador de agricultura y medio ambiente de la Asociación de Juntas de Acción Comunal de Mercaderes, dijo que hay 14 títulos mineros en Mercaderes, en el municipio más seco en el Cauca y el segundo más seco en Colombia. “Desde el año 2015 se incrementó la minería ilegal; hace poco ocurrió el desalojo de 75 retroexcavadoras que estaban trabajando sobre el río Sambingo. El daño fue conocido por todo el país; quedaron más o menos 15 kilómetros de playas. Hoy en día también tenemos otros asuntos muy preocupantes de concesiones mineras otorgadas por el Gobierno. Por ejemplo, se concede autorización para una exploración, para la prospectiva, es decir, para hacer unos estudios del sector de Esmeraldas y otras zonas por acá, pero lo cierto es que hay no solo exploración sino explotación, además, aquí hay 14 títulos mineros en el territorio mercadereño. Estamos bastante preocupados porque somos el municipio más seco en todo el departamento, somos el segundo municipio más seco del país, y el sector agropecuario ha sido bastante afectado además, por el cambio climático”.
Así que esto era el fondo del problema que Falver Ceron había escrito sobre el cuestionario. En otros lugares otras personas de Mercaderes me habían confirmado que la minería ilegal persistió a lo largo del Sambingo porque el alcalde fue asustado, fue intimidado para actuar en contra de las pandillas que protegían las áreas de explotación.
Pregunté a Cepeda quién era responsable para enfrentar el problema: “Esta es una red criminal de personas muy pudientes, inclusive, asociadas al narcotráfico, que viajan por toda Colombia. La responsabilidad es en primer lugar del Gobierno Nacional que concede las licencias a través de la Agencia Nacional de Minería, que tiene el control de las fuerzas militares y de Policía, pero este tema es muy delicado. Aquí la gente de la Administración Municipal ha sido abordada con frecuencia cuando tratan de hacer cualquier tipo de investigación en la región porque ha habido cordones de “seguridad” que les han impedido. Es una red muy clandestina. Uno no puede ir allí. Con la administración local hemos tratado de ir allí a hacer algunos estudios, o a tratar de hacer algunas reparaciones en relación con el impacto ambiental de la minería ilegal, y no se ha podido. Existen alrededor de 4.500 personas, de lugares tan lejanos como la Costa, Chocó, Buenaventura”.
En un oscuro amanecer, la lluvia parecía decidida a remediar la sequía que ha asolado la zona de Mercaderes, y me las arreglé para viajar en la parte trasera de un campero particular que se dirigía hacia el mercado de San Joaquín, la misma carretera destapada que habían tomado Cerón y Paz durante aquel viaje fatal.
“Obviamente, siempre habrá minería ilegal en Mercaderes”, dijo el conductor en un comentario desprevenido, y remató: “y esto ocurre porque trabajando duro un hombre con su machete puede ganarse solo 18.000 pesos al día, lo que no alcanza para la supervivencia de su familia. La gente está desesperada, y tenemos que competir con los precios de los alimentos importados desde lugares como Estados Unidos y China, entonces la minería es una opción”.
Mercado de San Joaquín
En San Joaquín la lluvia forzó a los compradores y vendedores que exponen sus productos agropecuarios en la cancha de fútbol cubierta; sin embargo un poco más tarde las montañas iban apareciendo, mientras se disipaba poco a poco la niebla.
Café – Esmeraldas
Abordé una moto cuesta arriba en la dirección de Esmeraldas, en territorio controlado por el ELN, con la esperanza de hablar con los padres de Cerón. Le pregunté al conductor de la moto sobre la presencia de la minería en la zona. Señaló que el café que íbamos mirando a la izquierda de la vía, “todo está dañado. La sequía ha asolado el café y el pasto y la caña de azúcar… Podríamos ganar entre 50.000 y 90.000 pesos a la semana si trabajamos el café o con en labores campestres. Con la minería son $180.000 a la semana. Cuesta 400 millones de pesos comprar una máquina para la minería, pero ese costo se divide entre diez familias. Imagínate qué elegirías tú si tienes dos hijos que alimentar”.
Vía San Joaquín – Esmeraldas
Arriba, en la cresta de Esmeraldas, con panorámica hacia la llanura en dirección a Mercaderes, observé cómo el sol penetra a través de la nube. “Aquí tenemos lo que necesitamos para vivir”, dijo un residente de Esmeraldas, “y también hay coca, usted puede ganar 200.000 pesos a la semana con la coca”.
Duvar Paz, quien prácticamente había acompañado a Cerón en su viaje final, recordó que “Falver nos comentaba que él inclusive había trabajado unos días para los mineros ilegales porque no sabía lo que iba suceder; no tenía el tema en claro, el daño iban a hacer. Hasta que enterado decidió no continuar con ellos, es más, tampoco quiso que ellos trabajaran más. En Mercaderes no estamos de acuerdo con ninguna clase de minería, no sea legal o ilegal”, sostenía reiteradamente.
Otro de los compañeros de Cerón, Célimo Buitrón, había ratificado las palabras de Duvar Paz al describir al líder asesinado como un oponente de la minería: “en el mes de Octubre del año 2016, si recuerdo bien, hicimos una marcha en contra de la minería legal, e ilegal, pues una empresa C. I. S. A. S., radicada en la ciudad de Pasto, departamento de Nariño, estaba haciendo aparición aquí en el municipio de Mercaderes; y precisamente en la zona donde vivía el muchacho Falver Cerón, en el corregimiento de Esmeraldas. Entonces esta empresa convocó al Concejo Municipal en pleno, para hacer la socialización del proyecto minero. El Concejo nos llamó a todos los líderes comunitarios, en el caso mío como presidente ANUC municipal; se acordó una resistencia pacífica en contra de la minería, y se conformó la Coordinadora Campesina y Popular, por el derecho al agua, la vida, y al territorio, entonces nosotros hicimos esa marcha en contra de esta empresa, y precisamente el día que ellos vendrían al Concejo, salimos a marchar. Esta gente nunca apareció. No hemos estado interesados en escucharlos porque ellos conocen la respuesta anticipada de nosotros: ¡No a la minería!”.
Aunque los directivos de la empresa no aparecieron en esa fecha, fueron vistos luego en Esmeraldas acompañados por hombres armados, y Célimo Buitrón recuerda que en febrero, después de la marcha, “en la cabecera municipal de Mercaderes, habíamos escuchado a un concejal a quien le habían preguntado quiénes eran las personas que no estaban de acuerdo con la explotación minera”.
Encontré a la madre de Cerón en la puerta de la casa de la familia, y cuando se enteró de que era periodista rechazó la oferta de café, sus ojos estaban mojados; su hijo recibía amenazas pero no lo mencionó, dijo ella. Consciente del hecho de que Cerón había sido asesinado hace menos de una semana, salí; encontré al padre de Cerón afuera de la iglesia.
Los miembros de la JAC de Esmeraldas todos renunciaron cuando entendieron por qué lo habían asesinado; el padre de Cerón dijo que cuando nombraran una nueva Junta de Acción Comunal podría responder a mis preguntas, porque prefería no hacer comentarios.
Personas de la comunidad me aconsejaron dejarlo todo durante un mes; en un mes hablarían los padres, en un mes la comunidad campesina cercana sabría quiénes habían sido los responsables del crimen. Sin embargo, un mes más tarde los padres no hablaron, un mes después nadie sabía quién era el responsable.
El Grupo CI SAS tenía un contacto en la comunidad: un productor de café llamado Pablo Neus. Visité su granja pero no lo encontré. Había viajado a Popayán. Su familia me acogió con gusto, me brindó café, mientras salía rápidamente del sector, desconfiaba del ELN. Desde San Joaquín viajé a Mercaderes en una Hi-Lux. Cuando el vehículo pasó por el punto donde ocurrió el asesinato, los pasajeros comentaron el evento: “Hay tanta gente nueva aquí… Una persona que habla con fuerza en una reunión… y ¡bang!”.
Defensor del Pueblo, Carlos Negret Mosquera – Fotografía http://www.defensoria.gov.co
La Defensoría del Pueblo condenó el asesinato de Falver Cerón, un activista en contra de la minería ilegal. Pero no es solo la explotación minera del oro ilegal lo que mantiene la incertidumbre y el riesgo de sobrevivir. Un líder de las movilizaciones recientes de la zona dijo que lo de Falver presuntamente fue ocasionado por la minería, legal e ilegal, recordando que la desaparición del río Sambingo ocurrió muy cerca del corregimiento de Esmeraldas en jurisdicción del municipio de Mercaderes. “Otro problema que nos preocupa es la erradicación forzosa de los cultivos de coca, pero Falver nada tenía que ver con esto. Si querían matar a alguien que ha estado y se ha pronunciado contra la erradicación forzosa de la mata de coca, entonces habría sido alguno de nosotros el muerto”.
También hablé con Azael Imbachí, el concejal de Mercaderes, oriundo de Esmeraldas. Su rostro está marcado con una cicatriz causada por un accidente en motocicleta, ocurrido en enero pasado, por lo que ha estado sometido a terapia intensiva. Su supervivencia fue vista por muchas personas como milagrosa. Da gracias a Dios por el accidente “si no me hurera ocurrido el accidente, me temo que ahora estaría muerto”, dijo. “Mientras estaba en el hospital fue Falver quien debía asistir a las reuniones solo, y fue él quien tuvo que hablar”.
Amenazas de muerte le llegan al teléfono de Imbachi frecuentemente, sin referirse a un tema concreto, pero advirtiéndole: “necesitamos que te calles o seguirás a Falver”, también le ordenan que “cese con las denuncias”. Ha reportado a la Sijin Mercaderes y al Gaula Popayán pero no ha tenido respuestas.
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Poco después, cuando regresé de Mercaderes, un panfleto con una nueva amenaza de muerte fue empujado por debajo de la puerta de la casa de Cabildo de Rioblanco, una reserva indígena Yanacona en el municipio de Sotará, también en el Macizo Colombiano. El mensaje era tan amenazador y oscuro como los que entregan a Azael Imbachí, pero una pista fue dada en el final: “de los sicarios de Popayán”.
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En el siguiente artículo: quién está detrás de las amenazas de muerte contra los dirigentes sociales, y ¿cómo afecta el fenómeno de la minería en el Cauca?