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¿Por qué sobrevive el neoliberalismo?

8:56:00 a.m. Add Comment

Pero, ¿por qué, a pesar del espectacular fracaso del neoliberalismo, ese modelo sigue vigente en gran parte del mundo, incluyendo EEUU, Europa, Japón, la mayoría de los países de América Latina, de Asia y de África?

Por: Emir Sader / Alainet 

En su surgimiento el modelo neoliberal traía promesas atrayentes. Antes de todo, contener los gastos excesivos del Estado, diagnosticado con la fuente de la inflación. Por otra parte, imponer a la economía el dinamismo centrado en las empresas privadas y en el mercado. Por el discurso liberal que lo acompañaba, se fortalecería la sociedad civil y la ciudadanía, libres de las trabas y de la opresión del Estado.

No fue lo que pasó pero, por lo menos, en algunos casos, y por algún tiempo, hubo control de la inflación, aunque multiplicando la deuda pública. Cuando sus efectos positivos se habían agotado, vino el discurso de que, si era el mejor modelo, era el único posible en la era de la globalización.

Hoy, cuando la crisis recesiva se perpetúa en Europa, ya desde 2008, mientras que ese efecto se extiende por toda la economía internacional, ya no se ven rasgos positivos y tampoco, es obligatorio mantener el modelo neoliberal, eje de la crisis a nivel nacional e internacional. Los partidos tradicionales, conservadores y socialdemócratas, que han asumido la política de austeridad –la forma que asume el neoliberalismo en ese continente – se ven castigados por los electores y cada elección se vuelve una desesperación para esos partidos.

En ningún lado la aplicación de los duros ajustes fiscales –eje de los modelos neoliberales– cumplió con sus promesas. Ni control de las cuentas públicas y de la inflación, menos todavía retomar el desarrollo económico. Su desempeño es globalmente considerado un fracaso, responsable por la perpetuación de la recesión en la economía mundial.

En América Latina ello es igualmente evidente. Compárese las economías de Argentina y de Brasil en los gobiernos anti neoliberales y en el retorno del modelo neoliberal, y el resultado es escandalosamente claro a favor de los primeros. Mírese todo lo que han mejorado países como Ecuador, Bolivia, Brasil, en comparación con la situación de México, de Perú.

Pero, ¿por qué, a pesar del espectacular fracaso del neoliberalismo, ese modelo sigue vigente en gran parte del mundo, incluyendo EEUU, Europa, Japón, la mayoría de los países de América Latina, de Asia y de África?

En primer lugar, porque ese modelo refleja los intereses del capital financiero, que es el hegemónico a nivel económico, en el estadio actual del proceso de acumulación del capital. Hay fuertes intereses económicos en la preservación de ese modelo, que solo incrementa la riqueza y el poder del capital financiero.

En segundo lugar, porque el propio capitalismo no posee alternativas. Llegado a su etapa actual, no lograría retornar a formas de regulación económica, que le permitirán no estar sometido a las presiones recesivas del capital financiero.

En tercer lugar, porque las fuerzas que se oponen al neoliberalismo no han logrado, hasta ahora, en la gran mayoría de los países, comprender que la lucha fundamental en el período histórico actual es por la superación del modelo neoliberal y lograr así construir una alternativa concreta a ese modelo, congregando a las fuerzas sociales y políticas necesarias.

Después de su surgimiento con fuerza, el modelo neoliberal pasó a su fase de sobrevivencia, una fase marcada por la recesión económica y por una gigantesca crisis social, así como por una inmensa crisis hegemónica que apunta hacia su agotamiento y la búsqueda de alternativas de su superación.

Ecuador: Entre la continuidad trasformadora o la restauración neoliberal

9:51:00 a.m. Add Comment

Será una segunda vuelta de contraposición directa entre lo que han hecho para el país los partidos de derecha –unidos todos alrededor de Lasso – y los avances realizados por el gobierno de Rafael Correa, sin disfraces. 

Por: Emir Sader* / Alainet

La derecha latinoamericana venía de acumular avances, desde las elecciones parlamentarias en Venezuela, la presidencial en Argentina, el referendo viciado en Bolivia, el golpe en Brasil, y se apresuraba a conmemorar una victoria más. Sus portavoces, de derecha y remanentes de ultra izquierda contaban con un gran resultado de la alianza de los candidatos opositores al gobierno de Alianza País. Guillermo Lasso, el banquero más rico del país, y Cinthia Viteri, otra variante del neoliberalismo, apenas se disputaban quien enfrentaría al candidato del gobierno en la segunda vuelta.

A pesar de la recesión económica que se abatió sobre Ecuador, como reflejo de la prolongada depresión internacional –y su conocida dificultad de defenderse, dada la dolarización de la economía impuesta por la derecha– y de la campaña sucia –al igual que en los otros países de la región llevada a cabo por la oposición- los resultados no fueron los que ellos esperaban. Aun sin llegar a los 40%, que le hubiera permitido ganar en primera vuelta –dado que superaba holgadamente la distancia de 10% hacia al ubicado en segundo lugar-, Lenin Moreno se acercó mucho, pero le faltaron décimas para lograr ese índice.

La oposición más bien se asustó frente al riesgo de que Lenin ganara en primera vuelta. Inmediatamente Lasso llamó a la formación de un frente por la “gobernabilidad democrática” e intentó repetir el discurso de Mauricio Macri en la segunda vuelta en Argentina, según el cual, sumando los votos de los candidatos de la oposición, la mayoría desearía el cambio.

En estas elecciones, Ecuador cumplió 10 anos de Revolución Ciudadana, el proceso que trasformó más profundamente el país, en todas sus dimensiones. Antes del gobierno de Rafael Correa –que él caracterizó como un cambio de época y no solamente una de época de cambio – Ecuador tuvo tres presidentes que lograron concluir sus mandatos, quienes fueron derrocados por movimientos populares rebelados en contra sus programas neoliberales.

En una década, Ecuador vivió un extraordinario proceso de recuperación del crecimiento económico, esta vez con inmensos programas de distribución de renta, que han promovido la inclusión social de sectores antes siempre excluidos. El Estado fue refundado, la infraestructura del país fue modernizada como nunca, el país conquistó, finalmente, un lugar de prestigio en el mundo, con su desarrollo interno, su política externa soberana y el liderazgo de Rafael Correa, el personaje que proyectó al país en el mundo.

Las elecciones de este año se hacen en el marco de los efectos de la recesión internacional sobre la economía del país, indefenso frente a la dolarización promovida por la derecha ecuatoriana. Correa renunció a ser candidato de nuevo y Alianza País lanzó una lista con sus dos vices: Lenin Moreno, en el primer mandato, y Jorge Glass, en el segundo.

Como ha ocurrido en las últimas campañas en la región, la derecha se presenta como un proyecto de cambio que mantendría las políticas sociales del gobierno. Como ha ocurrido en Argentina y en Brasil, son ficciones para conquistar votos, pero que son negadas cuando asumen el gobierno y se impone el duro ajuste fiscal de la restauración neoliberal.

Un candidato que se presentaba como socialdemócrata, extremamente moderado, salió en cuarto lugar, con una pequeña votación, a pesar de recibir el apoyo de los sectores de ultraizquierda, que expresaron su feroz posición anti-Rafael Correa, tomando a éste como su enemigo fundamental. El candidato afirmó que se quedará equidistante entre derecha e izquierda en la segunda vuelta, en contraste con la derecha, que ha apoyado en peso a Lasso.

Después de la votación mínima que han tenido en las elecciones anteriores, la ultra izquierda esta vez estos no se arriesgó a lanzar candidatura propia. Para el Parlamento tampoco tuvieron algún éxito, confirmando su rol de declive en el apoyo popular y en la vida política del país, a pesar de su lenguaje violento y la canalización de su accionar solamente en contra del gobierno.

La gran polarización, como en los otros países progresistas de la región, se dio entre el gobierno y las alternativas de derecha, confirmando que hay dos alternativas que se enfrentan: la neoliberal y la posneoliberal. En la segunda vuelta, Lenin puede contar con la gran ventaja que obtuvo en la primera vuelta, con la mayoría absoluta que Alianza País logró en el Parlamento, con la aprobación en referendo de la posibilidad de que alguien que tenga cargos públicos no pueda tener cuentas en paraísos fiscales. Son expresiones de que no solamente Alianza País sigue siendo, de lejos, el partido más grande del país, sino que posee una estructura política nacional muy fuerte para encarar el mes y medio de la campaña.

Será una segunda vuelta de contraposición directa entre lo que han hecho para el país los partidos de derecha –unidos todos alrededor de Lasso – y los avances realizados por el gobierno de Rafael Correa, sin disfraces. La derecha y la izquierda de América Latina se sentirán perfectamente representados en las dos candidaturas, así como el pasado y el presente y el futuro del continente.

Emir Sader, sociólogo y científico político brasileño, es coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad Estadual de Rio de Janeiro (UERJ).

Gobierno de izquierda triunfa en Europa, pero hay silencio

12:01:00 p.m. Add Comment

Por increíble que parezca, hay un gobierno de izquierda en Europa, antineoliberal, que marcha bien. 
Por: Emir Sader / Alainet
Por increíble que parezca, porque parece que el clima no daría para eso. Syriza no ha logrado enfrentar la austeridad de la Unión Europea. El Psoe se ha negado a una alianza con Podemos, que habría llevado a un gobierno como el de Portugal. Y los portugueses que escriben artículos sobre tantos temas, no ayudan para nada a difundir el gobierno de Portugal, un gobierno de izquierda que triunfa. Una actitud cobarde de sumarse al silencio de los grandes medios internacionales en contra del gobierno portugués, que une a toda la izquierda del país.
Cuando el gobierno de derecha, aun quedando en primer lugar, no logró, hace un año y medio, mayoría suficiente para gobernar, surgió la propuesta de un gobierno de toda la izquierda, que reuniera a toda a la izquierda:  al Partido Socialista, al Frente de Izquierda y al Partido Comunista, que sumados tendrían mayoría para gobernar. Tuvieran que llegar a un acuerdo entre ellos, con concesiones mutuas. El Partido Socialista tuvo que abandonar su propuesta de flexibilización de las relaciones laborales, así como la de privatización del sistema de transportes, pero sobre todo abandonar las políticas de austeridad que promueven una devastación social en toda Europa. Los otros grupos de izquierda no participan directamente del gobierno, pero lo apoyan, a partir de un documento que define el fin de la política de austeridad a cambio de la retirada de la posición de salida de la Unión Europea.
Al inicio había un cierto escepticismo sobre la viabilidad de ese tipo de gobierno, en medio de acusaciones terroristas de la derecha, según las cuales el país iría a la quiebra.  Casi un año y medio después, el gobierno del socialista de Antonio Costa va muy bien, es más popular que nunca y con resultados económicos y sociales muy positivos, confirmando que la vía de la izquierda contemporánea es la de la unidad en la lucha por la superación del modelo neoliberal.
Los sueldos de los servidores públicos fueron recuperados, su jornada de trabajo fue reducida de 40 a 35 horas, el sueldo vital fue elevado en términos reales, al igual que las remuneraciones de los retirados. Al mismo tiempo que se respetan los criterios sobre los déficits presupuestarios, dado que ese déficit bajó al 2,3% del Producto Bruto Interno, la cifra más baja de la historia democrática de Portugal. Todo ello acompañado de la recuperación del crecimiento económico y la disminución del desempleo del 12,3% al 10,5%.
“Nuestro principal objetivo era frenar el programa de la derecha y lo logramos”, dice la joven dirigente del Frente de Izquierdas, Catarina Martins, líder de la bancada de ese partido en el Congreso. “Nosotros hemos contribuido para impulsar un conjunto de medidas que van en la dirección de una más grande justicia social”, ha declarado Jerónimo de Sousa, dirigente del Partido Comunista de Portugal. Era necesario encontrar “respuestas a los problemas urgentes de salarios, retiro de los trabajadores y de funcionamiento del sistema de salud”, agrega. “El acuerdo que logramos fue el mejor posible con los 10% de votos que tenemos”, comenta Catarina.
Ese esquema es el que casi fue aprobado en España, por la alianza del Psoe con Podemos, pero fue bombardeado por los sectores conservadores del socialismo español. Portugal demuestra que es una vía posible: al igual que los gobiernos progresistas de América Latina, organizar un gobierno centrado en la lucha por la superación del modelo neoliberal. España mira con esperanzas a Portugal, pero también Francia, donde un candidato de izquierda triunfó en las primarios del Partido Socialista y propone un frente al otro candidato socialista –Mélenchon– y al candidato verde.
¿Pero por qué un gobierno de izquierda que triunfa no es difundido por las fuerzas de izquierda y por los intelectuales portugueses y otros que a menudo escriben sobre Portugal para destacar los reveses y las dificultades de la izquierda? Colaboran así para sabotear a ese gobierno, dejándolo en la sombra. Parece que es gente a quien solo le gusta destacar los errores y los problemas de la izquierda, pero que no está dispuesta a difundir y a reconocer los avances de la izquierda. A pesar de todo, el gobierno de unidad de la izquierda en Portugal avanza y tiende a volverse una referencia para la izquierda de los otros países de Europa.
– Emir Sader, sociólogo y científico político brasileño, es coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad Estadual de Rio de Janeiro (UERJ).

Y hubo golpe en Brasil.

6:58:00 a.m. Add Comment

El sueño de la derecha brasileña, desde 2002, se ha realizado. No bajo las formas anteriores que ha intentado. No cuando intentó tumbar a Lula en 2005, con un impeachment, que no prosperó.

Por: Emir Sader / Alainet

No con los intentos electorales, en 2006, 2010, 2014, cuando fue derrotada. Ahora encontraron el atajo, para interrumpir los gobiernos del PT, aún más cuando seguirían perdiendo elecciones, con Lula como próximo candidato.

Fue mediante un golpe blanco, para el cual los golpes de Honduras y Paraguay han servido como laboratorios. Derrotada en 4 elecciones sucesivas, y con el riesgo enorme de seguir siéndolo, la derecha buscó el atajo de un impeachment sin ninguna fundamento, contando con la traición del vicepresidente, elegido dos veces con un programa, pero dispuesto a aplicar el programa derrotado 4 veces en las urnas.

Valiéndose de la mayoría parlamentaria elegida, en gran medida, con los recursos financieros recaudados por Eduardo Cunha, el unánimemente reconocido como el más corrupto entre todos los corruptos de la política brasileña, la derecha tumbó a una presidenta reelegida por 54 millones de brasileños, sin que se configurara ninguna razón para el impeachment.

Es la nueva forma que el golpe de la derecha asume en América Latina.

Es cierto que la democracia no tiene una larga tradición en Brasil. En las últimas nueve décadas, hubo solamente tres presidentes civiles, elegidos por el voto popular, que han concluido sus mandatos. A lo largo de casi tres décadas no hubo presidentes escogidos en elecciones democráticas. Cuatro presidentes civiles elegidos por voto popular no concluyeron sus mandatos.

No queda claro si la democracia o la dictadura son paréntesis en Brasil. Desde 1930, lo que es considerado el Brasil contemporáneo, con la revolución de Vargas, hubo prácticamente la mitad del tiempo con presidentes elegidos por el voto popular y la otra mitad, no. Mas recientemente, Brasil tuvo 21 años de dictadura militar, mas 5 años de gobierno de José Sarney no elegido por el voto directo, sino por un Colegio Electoral nombrado por la dictadura – esto es, 26 años seguidos sin presidente elegido democráticamente -, seguidos por 26 años de elecciones presidenciales.

Pero en este siglo, Brasil estaba viviendo una democracia con contenido social, aprobada por la mayoría de la población en cuatro elecciones sucesivas. Justamente cuando la democracia empezó a ganar consistencia social, la derecha demostró que no la puede soportar.

Fue lo que pasó con el golpe blanco o institucional o parlamentario, pero golpe al fin y al cabo. En primer lugar porque no se ha configurado ninguna razón para terminar con el mandato de Dilma. En segundo, porque el vicepresidente, todavía como interino, empezó a poner en práctica no el programa con el cual había sido y elegido como vicepresidente, sino el programa derrotad 4 veces, 2 de ellas teniéndole a él como candidato a vicepresidente.

Es un verdadero asalto al poder por el bando de políticos corruptos más descalificados que Brasil ya ha conocido. Políticos derrotados sucesivamente, se vuelven ministros, presidente de la Cámara de Diputados, lo cual no sería posible por el voto popular, solo por un golpe.

¿Qué es lo que espera a Brasil ahora?

En primer lugar, una inmensa crisis social. La economía, que ya venía en recesión hace por lo menos tres años, sufrirá los efectos durísimos del peor ajuste fiscal que el país ha conocido. El fantasma de la estanflación se vuelve realidad. Un gobierno sin legitimidad popular, aplicando un duro ajuste en una economía en recesión, va a producir la más grande crisis económica, social y política que el país ha conocido. El golpe no es el final de la crisis, sino su profundización.

Es una derrota, la conclusión del período político abierto con la primera victoria de Lula, en 2002. Pero, aun recuperando el Estado y la iniciativa que ello le propicia, la derecha brasileña tiene muy poca fuerza para consolidar a su gobierno.

Se enfrenta no solo a la crisis económica y social, sino también a un movimiento popular revigorizado y al liderazgo de Lula. Brasil se vuelve un escenario de grandes disputas de masas y políticas. El gobierno golpista intentará llegar al 2018 con el país deshecho, buscando impedir que Lula sea candidato y con mucha represión en contra de las movilizaciones populares. El movimiento popular tiene que reformular su estrategia y su plataforma, desarrollar formas de movilización amplias y combativas, para que el gobierno golpista sea un paréntesis mas en la historia del país.

El difícil rescate de la democracia en Brasil.

7:47:00 a.m. Add Comment

La izquierda brasileña había sido acusada, en el pasado, de subestimar la importancia de la democracia. De criticar al capitalismo por sus injusticias, sin darle demasiado valor a la democracia.

Por: Emir Sader* / Rebelión

El golpe militar y el final de la democracia existente en Brasil antes de 1964 impusieron un duro aprendizaje a la izquierda, que se dio cuenta de que la democracia –como pasó a ser moda a partir de ese momento-, era un valor universal. O, por lo menos, que la construcción de la democracia no es una simple forma o, en palabras de Hegel, la forma es la forma de un contenido, lo que significa que son inseparables forma y contenido, democracia y justicia social.

La acción represiva de la dictadura destruía todo mismo tiempo, de forma indisoluble: democracia y derechos sociales. El recorte de los salarios llegó con el sometimiento de los sindicatos y simultáneamente con la destrucción de todo lo que había de democrático en Brasil en ese momento.

De una u otra forma, la izquierda pasó a a recuperar la dimensión democrática como una cuestión esencial de sus luchas. La redemocratización, incluso llegando de forma sesgada e unilateral trajo un nuevo período histórico, marcado por la democratización política, que no sólo permitió una mayor expresión de las opiniones, si no también unas condiciones más favorables para la conquista de los demás derechos. La izquierda pasó a luchar, no sólo por la democracia social, también y de forma inseparable, por la democracia política.

Fue de ese modo que fue posible la más importante conquista política de la historia democrática de Brasil: la elección de Lula como presidente del país. Era una demostración de cómo la democracia brasileña era capaz de asimilar la victoria de un líder sindical de izquierdas, un inmigrante nordestino[1], líder un Partido de los Trabajadores.

La legitimidad de los gobiernos, que por primera vez, colocaban la cuestión social en el centro de su acción y de la agenda del país, permitió que la democratización política de la salida de la dictadura se complementase con el mayor proceso de democratización social de la historia del país. Lo que llevó a cuatro victorias sucesivas de los gobiernos que lo encarnaron, demostrando que se había formado una mayoría progresista, favorable al modelo de crecimiento económico con redistribución de la riqueza.

No fue sin muchos problemas que se pudo consolidar ese modelo. El poder del dinero en las campañas electorales, fuertemente presente en los parlamentos, el carácter opresivo de la manipulación de los monopolios de los medios de comunicación, son elementos que limitaron, hasta donde pudieron, la expresión libre de la voluntad mayoritaria de la población.

El golpe, montado como un atajo para echar del gobierno al Partido dos Trabalhadores sin ganar elecciones, representa un nuevo y serio golpe a la democracia. En caso de que se consolide, uno de sus peores efectos será la desmoralización de la democracia, uno de los efectos que la derecha busca con su golpe. Que la falta de confianza en la democracia provoque el desencanto y la abstención, facilitando uno de los principales objetivos de la derecha: la imposición de voto opcional, que fomenta la abstención masiva y ayuda a deslegitimar el sistema político, siempre considerado democrático, pero con cada vez menor participación y menos legitimidad. Se instauraría, de hecho, una "democracia relativa" según los cánones neoliberales, esa que sólo cumple las exigencias que el modelo económico neoliberal permite y excluye a la gran mayoría de la población necesitada, que no le interesa al mercado.

La izquierda tiene por delante, aparte de la defensa frente a la brutal ofensiva contra los derechos de los trabajadores, los recursos para las políticas sociales y el patrimonio público, el rescate de la democracia. Comenzando por la democracia en sus formas de acción, considerando el patrimonio público como algo sagrado, actuando con total transparencia y teniendo la ética como un principio fundamental de la acción política y la vida personal.

Sin embargo, para rescatar la democracia, la izquierda tiene que hacer una crítica radical de los obstáculos que se encuentran para el desarrollo de una democracia real, amplia y profunda, en Brasil. Necesitarán incorporar, como elemento clave, la democratización del sistema político y del propio aparato estatal como cuestiones indispensables para que el país se vuelva efectivamente democrático.

Los movimientos populares se han dado cuenta, con la amenaza a la democracia, de que las conquistas sociales sólo habían sido posibles con la democracia y de que su amenaza pone en peligro todos los derechos sociales conquistados. La derecha brasileña, después del ‘susto’ de la victoria de Lula y del éxito de los gobiernos del Partido dos Trabalhadores, está dispuesta a imponer un sistema político antidemocrático, operación de la que forma parte el intento de inviabilización de la candidatura de Lula, en tanto que representante del fortalecimiento de la democracia brasileña, mediante la incorporación de modo irreversible su dimensión social.

La lucha por la democracia estará en el centro de la época contemporánea en Brasil, ya sea como forma de garantía de la imposición de la voluntad de la mayoría, ya sea como espacio indispensable para garantizar los derechos conquistados, consolidarlos y reanudar el proceso de democratización social, económica, cultural y política de Brasil.

* Emir Sader, columnista del diario digital Brasil 24/7, es uno de los principales sociólogos y politólogos brasileños.

Nota del traductor

[1] La región noreste de Brasil históricamente es una de las regiones más pobres del país debido, entre otras razones, a la escasa diversificación industrial, a la existencia de grandes latifundios, a extensos períodos de sequía –agravados especialmente en el sertão -…, que provocaron que en los años 1960-1970 una gran corriente migratoria hacia el sudeste brasileño. Además, como consecuencia de esa situación, se crearon numerosos estereotipos negativos sobre los inmigrantes procedentes de esa región.

Desmonte de la integración regional.

7:47:00 p.m. Add Comment

El ministro de economía de Argentina, Alfonso Prat-Gay, ha declarado que los cambios políticos en Brasil son “una buena oportunidad para refundar el Mercosur”. 

Por: Emir Sader / Alainet

La coincidencia de gobiernos que plantean el restablecimiento del modelo neoliberal, con su política de apertura de los mercados y reacercamiento con los países del Norte, especialmente con los EEUU, posibilitaron promover el desmonte de los procesos de integración regional.

Esos procesos han tenido un momento decisivo cuando EEUU y Brasil estaban listos para concluir el proyecto del ALCA, que transformaría al continente en una inmensa área de libre comercio, comandada por la economía norteamericana. Sería la extensión hacia toda la región de lo que se estaba poniendo en práctica en México. (Los balances de los 20 años del Tratado entre EEUU, Canadá y México han revelado ser altamente negativos para este último. Era lo que nos aguardaba.)

La victoria de Lula en 2002 ha permitido que Brasil rompiera con ese proyecto, bajo la dirección de Celso Amorim en la política externa brasileña y abriera el camino hacia el fortalecimiento de los procesos de integración existentes y hacia la construcción de otros espacios de integración.

Fue así que del fortalecimiento del Mercosur se avanzó hacia la fundación de Unasur, con su Consejo Suramericano de Defensa, el Banco del Sur, entre otros organismos, y que desembocara en la Celac, que cerraba definitivamente con la vigencia de la Doctrina Monroe, para que América Latina y el Caribe tuvieran finalmente un organismo propio de integración, separada de la OEA, donde la presencia de EEUU y Canadá descaracterizaban esa integración.

Nunca EEUU habían estado tan aislados en el continente como han estado hasta aquí en este siglo. Al mismo tiempo, América Latina había cambiado su inserción internacional, especialmente los países que han empezado a salir del modelo neoliberal. La prioridad de esos países pasó a ser la integración regional y el intercambio Sur-Sur y no los Tratados de Libre Comercio con los EEUU.

Esa nueva inserción ha permitido una integración más grande entre nuestras economías, a la vez que nos permitió resistir en mejores condiciones a los impactos de la prolongada y profunda crisis recesiva internacional.

El intercambio regional, la intensificación del comercio con China y la extensión y profundización del mercado interno de consumo popular fueron claves en esa resistencia a la recesión, que en otras condiciones nos habría llevado a la peor recesión de nuestra historia.

El cambio de gobierno en Argentina y ahora en Brasil es la oportunidad tan aguardada por los EEUU para la ruptura de su aislamiento en América Latina. El viaje de Obama a Argentina y su identificación con el proyecto neoliberal del gobierno Macri revela los objetivos centrales de EEUU en la región. El silencio cómplice de Obama respecto al golpe en Brasil confirma el regocijo de Washington con esa posibilidad.

La declaración del ministro de economía de Argentina coincide con las posiciones del nuevo ministro de relaciones exteriores de Brasil, conocido por sus citicas a la política exterior brasileña. Su obsesión con la entrega del petróleo brasileño a las grandes empresas petrolíferas internacionales ha llevado a José Serra, candidato a la presidencia de Brasil en el 2010, a realizar una reunión que debiera haber sido clandestina, con representantes de las más grandes empresas internacionales de petróleo, en Foz de Iguazú, prometiendo entregarles el proyecto del Pre-sal.

¿Qué significaría “refundar el Mercosur”? La derecha siempre ha querido, sin terminar con el Mercosur, abrir espacios para acuerdos bilaterales de libre comercio con los EEUU. Este es el objetivo central de esa “refundación”. Por ahora, se anuncia el rebajamiento del perfil del Mercosur, con la agilización de los acuerdos con la Unión Europea y de intercambios con la Alianza para el Pacifico. Pero la firma de acuerdos bilaterales con EEUU es el objetivo mayor de esa llamada refundación.

Sería el comienzo del desmonte de los procesos de integración regional, debilitando al Mercosur, a Unasur y a Celac. La estrecha alianza entre los gobiernos de Brasil y de Argentina, establecida por Lula y por Néstor Kirchner, y continuada por Dilma y por Cristina, fue el eje a partir del cual esos procesos de integración se han desarrollado. Ahora se trataría de, a partir de la reversión de los gobiernos de esos países, revertir ese proceso, promoviendo un nuevo proceso de norteamericanización de la región, con un cerco todavía más grande a países como Venezuela, Bolivia y Ecuador.

Esa reversión conservadora depende de la fuerza que pueda tener el gobierno golpista brasileño. Por el momento, parece no disponer fuerza suficiente para un período largo y grandes trasformaciones. De ahí la importancia todavía más grande de la lucha de resistencia de los brasileños en la conquista de nuevas elecciones, que deslegitimen definitivamente el gobierno de Temer y permitan al pueblo brasileño volver a definir su destino democráticamente, incluida la inserción internacional de Brasil, entre la integración regional y el intercambio Sur-Sur o el viejo destino de “patio trasero” del Imperio.

[Emir Sader] Dilma o Temer: ¿El dilema de Brasil?

8:55:00 a.m. Add Comment

El coordinador del programa neoliberal del golpe que se intenta dar en Brasil, dijo que la alternativa en el país sería entre Dilma y Michel Temer. Una visión reduccionista y equivocada de la situación.

Por: Emir Sader* / Alainet.

Para empezar, al lado de Temer está Eduardo Cunha, presidente de la Cámara de Diputados, el político más corrupto de Brasil, reo en varios procesos en el Supremo Tribunal Federal. Al lado de Dilma, está Lula. Ello basta para revelar que son dos proyectos de naturaleza muy distinta.

Un gobierno Temer estaría conformado por lo peores elementos que la política brasileña ha producido, gran parte de los cuales son reos de procesos de corrupción, que siempre se han alimentado de los negocios en la política, reunidos ahora alrededor de Temer y de Cunha.

Un gobierno Temer sería la vía para profundizar aún más la crisis brasileña, porque ese gobierno no tendría realmente condiciones de gobernar. Sería presionado desde afuera con el mismo castigo que han recibido los golpes blandos en Honduras y Paraguay, con la suspensión del país de organismos como el Mercosur, Unasur, Celac, la OEA, hasta que la institucionalidad democrática sea restaurada, con el retorno de un presidente elegido o con la realización de elecciones democráticas.

En lo interno, sería un gobierno nacido bajo el signo de la traición y basado en un programa que condensa los aspectos más conservadores y anti-populares existen hoy en Brasil, atacando directamente a los derechos sociales conquistados en los últimos años. Con un programa que tiene un rasgo claro de venganza en contra de los trabajadores, por más que Temer afirme que mantendría las políticas sociales actuales. Porque el tipo de ministro económico que Temer tiene en mente, impediría cualquiera continuidad de las políticas económicas. Ex-ministro de Cardoso, Arminio Fraga, declaró, en la campaña electoral, cuando hacía parte del equipo de Aecio Neves, que el problema de Brasil es que “el salario mínimo es muy alto” (sic). Se puede imaginar qué política económica advendría de ahí y qué lugar tendrían los recursos para políticas sociales.

Además de ese carácter antipopular, está presente en la plataforma de la oposición, un objetivo claramente entreguista, orientado a la privatización de Petrobras y a la presencia determinante de capitales externos en el Pré-sal.

Un programa con ese carácter antipopular y antinacional, chocaría con un proceso de movilización popular como Brasil no había conocido en treinta años y con el liderazgo popular revitalizado de Lula. Un gobierno nacido de un golpe blando y con un programa neoliberal tendría obligadamente que apelar a la represión, constituyéndose además en un gobierno anti-democrático, autoritario, dictatorial.

Un gobierno Temer, al contrario de lo que propaga, no significaría el final de la crisis brasileña, sino su profundización y prolongación. Se generaría la más grande crisis social y política que Brasil haya conocido, con impasses claros en la acción de un gobierno de derecha. Para enfrentar su ingobernabilidad, tendría que apelar a la represión en todos los planos, al mismo tiempo que tendría que tomar decisiones para liberar de los procesos de corrupción a sus principales dirigentes. Sería un gobierno que no tendría nada que ofrecer al país y que se enfrentaría a los movimientos populares, a los partidos de izquierda, a las entidades de la sociedad civil, al mismo poder Judicial y a la prensa alternativa, además del liderazgo renovado de Lula.

Buscando sobrevivir al consenso nacional actual de que “No va a haber golpe”, Brasil navegará en el caos, como desea la derecha y las fuerzas internacionales interesadas en inviabilizar al país, a la integración latinoamericana y a los Brics. Constituiría, con el gobierno de Argentina, un núcleo neoliberal que trataría de desarticular a los otros gobiernos progresistas de la región, y de recolocar la región en el circuito neoliberal, que tanto daño causó a nuestros países en los años 1990.

Teniendo a su lado a Lula, Dilma se propone organizar un nuevo gobierno, cambiando su política económica, condición para que Lula aceptara ingresar al gobierno, que es la única vía para terminar con la crisis. Proponer un pacto nacional de recuperar el crecimiento económico con distribución de renta, que comience un verdadero proceso de reconstrucción del país, víctima de las fuerzas que, de una u otra forma, han actuado para desarticular el potencial productivo que has sido acumulado a lo largo del tiempo. Una propuesta que puede, perfectamente, abrir un gran debate nacional sobre las propuestas de futuro para el país, que puede desembocar en una Asamblea Constituyente para 2018, que promueva las reformas no solamente del sistema político, sino también del mismo Estado, para ponerlo en condiciones de avanzar y no de obstaculizar el desarrollo económico, social, político y cultural de Brasil

Pero para evitar el caos que un gobierno Temer representaría, es necesario, antes, derrotar a la derecha. Es una disputa dura sobre la votación del domingo 17 en la Cámara de Diputados, respecto a la cual Lula presentó un documento firmado por 186 diputados en contra del golpe, lo cual impediría a la oposición obtener los 2/3 necesarios para el impeachment.

Es una votación que va a definir no solo el futuro inmediato de Brasil, sino también la fisionomía del país en la primera mitad del siglo, con todas sus consecuencias para la región.

* Emir Sader, sociólogo y científico político brasileño, es coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad Estadual de Rio de Janeiro (UERJ).

Las vías abiertas de América Latina.

6:46:00 p.m. Add Comment

Nunca como ahora el futuro de América Latina está tan abierto. Hemos pasado por un momento, especialmente en los años 1990, en que la historia del continente parecía congelada. 

Por: Emir Sader / Alainet.

Se imponía un modelo de forma avasalladora, que pretendía invertir y cerrar ciclos históricos que apuntaban en otra dirección. Ya no más desarrollo económico, sino equilibrio fiscal. Ya no más distribución de renta, sino concentración en manos de los más competentes. Ya no más derecho, sino concurrencia en el mercado. Nunca más Estado, sino empresas.

Se arriesgaron, en medio a consensos que creían fatales, a anunciar el fin de la Historia, que reposaría eternamente en los brazos de la democracia liberal y de la economía capitalista de mercado. Enterradas las alternativas, el capitalismo y el imperialismo podrían rediseñar el poder en el mundo.

América Latina era protagonizada por personajes como Carlos Menem, Alberto Fujimori, Fernando Henrique Cardoso, Carlos Andrés Pérez, Sánchez de Losada, Salinas de Gortari, Lucio Gutiérrez, entre otros, consagrados entonces por la prensa internacional como los “modernizadores”, los “liberalizadores”, los “globalizadores” de nuestras sociedades, al fin salvadas del “populismo”, del “estatismo”, del “nacionalismo”.

Víctima privilegiada de las grandes trasformaciones regresivas ocurridas en el mundo y, en particular, del neoliberalismo, donde ocurrieron más gobiernos y los más radicales, América Latina reaccionó como ya pocos creían posible. Y se ha vuelto la única región del mundo con gobiernos antineoliberales, con procesos de integración regional, con capacidad para revertir las fuertes tendencias a la desigualdad social y al aumento de la pobreza y la miseria en el mundo.

América Latina ganó el derecho de definir su historia a partir de la su capacidad para reaccionar frente al modelo neoliberal y a la globalización. Gracias al liderazgo de dirigentes como Hugo Chávez, Lula, Néstor y Cristina Kirchner, Pepe Mujica, Evo Morales, Rafael Correa, entre otros. Ahora América Latina se enfrenta a los efectores duraderos de la recesión internacional y a articulaciones derechistas internas, generando crisis en varios de nuestros países.

En este momento, en medio de la segunda década del siglo XXI, se puede decir que el futuro del continente está abierto. Nadie puede garantizar que los gobiernos antineoliberales se van a consolidar definitivamente, menos tampoco que los intentos de restauración conservadora se van a imponer.

Las dos vías están abiertas. Lo que se puede decir es que el escenario político latinoamericano será nuevo a partir de ahora. Ya no se contará con precios altos de los productos de exportación, al contrario, la recesión internacional tiende a extenderse. Tampoco será posible que cada país reaccione aisladamente frente a la recesión internacional.

La vía de la restauración está siendo puesta en práctica en Argentina y rápidamente demuestra cómo sus planteamientos profundizan la recesión, el desempleo, el endeudamiento y hasta la misma inflación. Es una vía que recorta los derechos sociales, concentra renta, subordina los intereses del país a los grandes capitales internacionales y a Estados Unidos. Conocemos hacia donde podría conducir esta vía a nuestros países, hemos vivido el auge del neoliberalismo en los años 1990, sabemos que es una vía trágica para nuestros países y para nuestros pueblos.

La otra es la vía de consolidar los extraordinarios avances logrados y avanzar hacia una América Latina todavía más integrada, por el Mercosur, por Unasur, por Celac, más vinculada al destino del Sur del mundo, de los Brics, de su Banco de Desarrollo. Con gobiernos antineoliberales articulando y poniendo en práctica un modelo integrado de desarrollo con distribución de renta, profundizando incesantemente sus mercados internos de consumo de masas, fortaleciendo y democratizando más a sus Estados, con procesos de formación democrática de sus opiniones públicas, contrayendo modelos de superación del neoliberalismo y de construcción de sociedades basadas en el derecho de todos.

Cuál de las dos vías va a triunfar, es lo que se está decidiendo en este momento en el continente. Las fuerzas democráticas y populares ya no tienen derecho de volver o seguir cometiendo los errores que han cometido y que se siguen cometiendo. Es el destino de nuestros países en toda la primera mitad del siglo XXI lo que se está decidiendo. Conciencia real de los problemas que estamos enfrentando, de las fuerzas con que contamos y con las que podemos contar, de los errores cometidos, capacidad de renovación hacia las nuevas generaciones, hacia las mujeres, hacia las capas populares todavía postergadas, espíritu democrático y capacidad teórica creativa, nos pueden llevar, por la vía democrática y popular de superación de la crisis actual.

Las dos vías están abiertas. Las duras peleas actuales es para decidir cuál de las dos se va a imponer.

¿Líderes fuertes hacen mal a la democracia?

6:59:00 p.m. Add Comment

La derecha tiene la obsesión de buscar destruir las imágenes de los grandes líderes populares de nuestro tiempo. Argentina y Brasil, entre otros, conocen bien como esa obsesión se ha volcado hacia las imágenes de Perón y de Vargas, como si su liderazgo dañara a la democracia, en lugar de fortalecerla y legitimarla.

Por: Emir Sader / Alainet.

La derecha cree que la izquierda solo puede imponerse mediante liderazgos carismáticos, “populistas” en su lenguaje, que se erigirían como líderes mediante engaños, políticas de concesiones irresponsables del punto de vista macroeconómico, según ellos, sacrificando los intereses de la economía en función de su afirmación como líderes políticos. Hay teorías tan absurdas como las que buscan afirmar que Argentina habría entrado en un período histórico de decadencia con Perón, en lugar de exaltar la formidable democratización social del período histórico del peronismo en el poder.

Ahora, cuando América Latina ha vuelto a desarrollar procesos de democratización social, a contramano de la hegemonía neoliberal en escala mundial, la derecha se empecina en atacar a los líderes de esos procesos, como si fuera un proceso que dependiera del liderazgo personal de ellos. La destrucción de las imágenes de Lula, de Evo Morales, de Rafael Correa, de Cristina, según la derecha, frenaría la capacidad de esos países para seguir el camino de la democratización social.

Hay que preguntarse si ¿Argentina era más democrática con la dictadura militar o con los gobiernos neoliberales o con los Kirchner? ¿El Estado tenía más legitimidad y prestigio con los militares o con la dictadura del mercado o cuando los derechos de la gente fueron reafirmados?

¿Bolivia era un país mejor, más estable, más democrático, con los gobiernos neoliberales de las dinastías blancas que dominaban un país mayoritariamente indígena o el prestigio del país, el apoyo popular, nunca fueron tan grandes como con Evo Morales?

Brasil, que era el país más desigual del continente, ¿es un país mejor, menos injusto, más integrado, que permite que la gente viva mucho mejor ahora o cuando los mercados y las grandes corporaciones privadas mandaban sin contrapeso en el país?

¿Ecuador vive el mejor momento de su historia bajo el gobierno de Rafael Correa o cuando era gobernado por las oligarquías representantes de las minorías?

Esos líderes populares han fortalecido las democracias en esos países, porque han integrado a las grandes mayorías, afirmando sus derechos, legitimando los Estados porque esas mayorías se sienten representadas en esos gobiernos, porque se han producido los períodos de más grande estabilidad y continuidad política bajo el liderazgo de esos dirigentes políticos.

¿Qué carácter tienen esos liderazgos populares? El de representar, de forma directa, a los anhelos de la gran mayoría de la población, postergada por la política tradicional y sus formas corrompidas de elegir representantes, por el poder del dinero y de los medios de comunicación privados.

La derecha solo logra dirigentes fuertes, basados en la fuerza y en la represión, como en los tiempos de las dictaduras. O presidentes con prestigio efímero, basados en planes económicos de corto plazo, promovidos por el marketing de los medios, hasta que caen inevitablemente en desgracia y sus nombres quedan asociados a lo peor que tiene la política.

Mientras tanto, los líderes populares logran contornar los mecanismos corporativos en que la derecha basa su poder –congresos electos sobre la base de campanas financiadas con mucha plata, medios de comunicación monopólicos, grandes empresas privadas, entre otros-, para expresar, de forma directa, las necesidades de la masa de la población marginalizada por aquellos mecanismos de poder de la derecha. Por eso ganan tanta proyección, legitimidad, por ello gozan del apoyo popular que ningún líder de la derecha posee.

Líderes fuertes por el apoyo popular, por la legitimidad de sus gobiernos, hacen más solidas las democracias y no las dañan. La derecha se empecina en campañas que buscan empañar el imagen de líderes como Evo Morales, Cristina, Lula, Rafael Correa, porque no tiene argumentos de fondo en contra de ellos. Saben que un pueblo sin líderes, sin auto estima, sin sentimiento nacional, es más fácilmente víctima del derrotismo que la derecha quiere imponer a nuestros pueblos y países, para dar paso al retroceso de las conquistas logradas bajo el liderazgo de esos dirigentes en los últimos anos.

El striptease del liberalismo.

4:08:00 a.m. Add Comment

El liberalismo promete el mejor de los mundos posibles: libertad, democracia, progreso, todo junto. Estado, pero no tanto. Mercado, que viabiliza la libertad de cada uno y la felicidad de todos. Cada uno busca lo suyo, pero el resultado es que todo queda mejor para todos.

Por: Emir Sader* / Alainet.

Después del fin del socialismo soviético, tantos han buscado abrigo en el liberalismo, social demócrata para algunos, derechamente neoliberal para otros. No tener más que defender el Estado, ni los derechos. Basta promover la “sociedad civil”, contra el Estado, contra los partidos, contra la política, más allá de la superada división derecha/izquierda.

Pero llega un momento en que el liberalismo accede al gobierno, sea mediante golpes, sea por elecciones. Llega su hora de la verdad, de mostrar en la práctica como combina, de manera tan fantástica, tantas cosas buenas. Ahí comienza el striptease del liberalismo.

Porque fue en nombre del liberalismo que se han cometido y se siguen cometiendo las peores barbaridades, en la economía, con las acciones políticas correspondientes. Porque el mercado no se revela ser tan mágico, porque la libertad pregonada no es de las personas, sino del capital, porque lo que viene no es el poder de los individuos, sino del dinero.

Los golpes militares en América Latina se han hecho en nombre de los valores del liberalismo: defender la democracia en contra de los riesgos del totalitarismo, defender el individuo en contra del Estado, proteger al mercado, a las empresas, a los empresarios, la libertad de prensa respecto al autoritarismo de los gobiernos. Más reciente, el liberalismo sería la tabla de salvación contra el bolivarianismo, el chavismo, el lulismo, el kirchnerismo, el evismo, el correismo y otras variantes que amenazarían nuestros países.

Pero cuando empiezan a gobernar, los discursos liberales cambian de tono, las promesas tranquilizadoras dan lugar a los llamados al sacrificio, a los planteamientos de que solo pueden quedar con empleos los más capacitados, que hay que pasar por un período de sufrimientos para purgar las herencias populistas recibidas hasta llegar al paraíso prometido por el liberalismo. Vienen: desempleo, recortes de salarios, poder transferido del Estado a las grandes corporaciones privadas. Y, como corolario inevitable, represión, para contener a los que se movilizan para defender sus intereses corporativos a expensas de los gastos del Estado.

En América Latina en particular, el liberalismo ha resultado en fracasos sucesivos. En el período más reciente, orientó a los gobiernos neoliberales, ninguno de ellos resultó, ni en lo económico, ni en lo político. México y Perú son países que han dado continuidad a modelos neoliberales y son los países donde la situación social de la población ha mejorado menos o incluso ha empeorado entre las sociedades latinoamericanas.

Los candidatos liberales proponen combinar duros ajustes fiscales con políticas sociales, porque en las campañas electorales es fácil decirlo. Pero cuando ganan, tienen que enfrentarse con los dilemas concretos de la realidad y ahí tienen que demostrar si eso es compatible.

El gobierno de Mauricio Macri en Argentina tiene la responsabilidad de intentar probar lo que los liberales pregonan en sus campañas electorales. Pareciera ser que efectivamente Macri y sus ministros creen en lo que planteaban en la campana electoral y ponen en práctica un duro ajuste fiscal, conforme los preceptos que siempre han pregonado.

Se ve que en la Argentina de hoy, no es la libertad de la gente, sin las trabas del kirchnerismo, lo que se impone, sino la libertad de los capitales, de los grandes empresarios, de las grandes corporaciones, hasta de los fondos buitres. Sin el contrapeso del Estado, no son los individuos los que ganan poder y libertad, sino los grandes pulpos económicos y sus representantes, en los medios y en los economistas, que hablan por el capital.

Las promesas del liberalismo quedaron en la campaña. A los que sobrevivan, se les ofrece un largo camino de espinas para llegar al jardín de rosas del liberalismo. Todo el sufrimiento es imputado a los largos 12 años de engaño, en que los argentinos tenían la ilusión de que comían mejor, de que vivían mejor, de que la sociedad era menos injusta, de que tenían posición externa soberana, de que eran hermanos de los latinoamericanos, de que los retratos en la Casa Rosada eran de sus líderes, de que Argentina había superado la peor crisis de su historia.

Definitivamente no se puede hacer la historia del liberalismo, porque desnudaría en lo que han resultado sus promesas. Europa tuvo el momento más generoso de su historia con los Estados de bienestar social. Europa fue menos desigual, cuando fue menos liberal. Hoy se vuelve brutalmente injusta de nuevo, bajo las ilusiones liberales.

Eso es lo que el liberalismo promete para Venezuela, que es lo que les gustaría hacer de Brasil, de Ecuador, de Bolivia, de Uruguay. La historia del liberalismo es la historia de los peores fracasos en que se trasforman sus promesas de libertad y democracia, que desembocan en injusticias, exclusiones sociales, represión.

* Emir Sader, sociólogo y científico político brasileño, es coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad Estadual de Rio de Janeiro (UERJ).