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El “centro”, útil al uribismo para impedir el avance de la izquierda

12:33:00 p.m. Add Comment

Las elites dominantes colombianas buscan impedir una eventual articulación del pueblo como sujeto político y, ante el declive del uribismo, parecen encontrar un nodo articulador en el “centro”, preocupadas por el resurgimiento de las demandas populares reprimidas por años por la guerra, y expresadas ahora en las protestas sociales y en el fenómeno electoral del centroizquierdista Gustavo Petro en 2018.
Por: Aram Aharonian* / Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico
Algunos analistas insisten en que se ha producido una coyuntura similar al establecimiento del Frente Nacional, tras la pacificación de Rojas Pinilla (1953-57), mientras el futuro del país, como el de todos, está sujeto a lo que sucede en épocas de pospandemia.
Rojas Pinilla, con diálogos entre conservadores y liberales para calmar los odios y diferencias, fue preparando el camino para lo que se llamaría el Frente Nacional. Primero fue el Pacto de Benidorm (de julio de 1956) donde reconocieron la responsabilidad compartida en la decadencia de la democracia. Luego, en la declaración de Sitges, donde confirman que los dos partidos compartirían el poder en partes iguales durante 16 años y la presidencia se alternaría cada cuatro años entre los dos partidos.
Para las elecciones presidenciales de 2018, el abanderado de muchas de las demandas populares fue Gustavo Petro, y no fue como corolario de una estrategia consciente.  sino por el hecho de que, ante la coalición del Polo Democrático con Sergio Fajardo y su fórmula, Claudia López, que se reclamaron como el centro, no hubo otra opción que las representara, señala el politólogo Edwin Cruz.
El bipartidismo fusionado en la última etapa desde el año 2002 ha tratado de ser el centro en el ejercicio de cuatro gobiernos, pero realmente fue el soporte en 16 años de dos hombres al mando del Estado; Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos y su descafeinada Tercera Vía seudo socialdemócrata. En el mandato santista, el uribismo pasó a ser la derecha desnudada, teniendo que crear un partido nuevo, el Centro Democrático, para ejercer la oposición.
Desde 2010 y hasta el 2018, el centro-centro lo materializó el Partido Verde que perdió la Presidencia dos veces ante Santos por la incapacidad de sus candidatos (Antanas Mockus y Enrique Peñalosa) para dar el debate y enfrentar la propaganda sucia del bipartidismo uribista-santista.
La izquierda fue en esos 16 años la guerrilla, una oposición extraparlamentaria, hasta que se logró la paz parcial con una de ellas, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, que dejaron las armas y entraron al Congreso. Pero el Ejército de Liberación Nacional continúa en esa línea, en medio de un proceso de paz boicoteado y confuso.
Desde hace muchos años, el partido Liberal ha renunciado a ser una coalición de matices de izquierda, cuando el expresidente César Gaviria, quien también supo ser secretario general de la OEA, se apoderó del aparato del partido en extinción.
Petro, coartífice de la Constitución, legislador y gobernante de Bogotá,  aparece como un líder pertinaz y coherente con su trayectoria de izquierda desde la guerrilla del M-19, pasando por una desmovilización que lo llevó a la Asamblea Constituyente, luego a la política electoral con la Alianza Democrática (AD- M-19), posteriormente al Polo Democrático y a varios intentos con el progresismo, hasta formar Colombia Humana, ¿la izquierda moderada?, ¿la izquierda posible?
El bipartidismo hegemónico disminuye a la izquierda combatiéndola o macartizándola, y crea el imaginario colectivo advero para los de centroizquierda, al sindicarlos como de izquierda radical. Los medios hacen su parte, acusándolos de chavistas, comunistas, guerrilleros.
Esta es la forma moderna, de las guerras de cuarta y quinta generación, para aniquilar a la izquiera. En otras etapas la forma de terminar con la izquierda fue con la eliminación del líder, con la sicarización de los directorios políticos, o evitando la oposición creando formas de connivencia parecidas a la del Frente Nacional.
La derecha –y sus pertinaces medios de comunicación e información- hicieron renacer la difusión del odio, llevando a la polarización. Los centristas son confusos porque no se definen y los conduce a ser reformistas light para poder demostrar acciones. Volátil, cambiante, camaleónico y situacionista, el centrismo cambia de posición para no hundirse.
No tienen definiciones –más allá de los remanidos discursos- sobre las cosas que no funcionan en Colombia, la justicia, la salud, la educación, la corrupción desbordada, los atentados permanentes al medio ambiente (minería ilegal, páramos, ríos, humedales, ecosistemas sin protección, la biodiversidad destruida, etc.); una fuerza pública desarticulada, la inseguridad en las ciudades, y la pérdida constante de soberanía.
El triunfo de Claudia López en Bogotá pone al exgobernador
de Antioquía, Sergio Fajardo a un paso adelante en la carrera presidencial de
2022 tomando en cuenta que tanto Gustavo Petro como el también exalcalde de
Medellín han dejado entrever sus intenciones de buscar la Casa de Nariño en ese
año. ​Petro no le perdona a Fajardo que no lo haya acompañado en la segunda vuelta
presidencial del año pa  ##ClaudiaLopez#SergioFajardo#CarreraPresidencial

https://www.conlupa.net/2019/10/28/triunfo-de-claudia-lopez-en-bogota-pone-a-sergio-fajardo-a-un-paso-adelante-en-la-carrera-presidencial-de-2022/Si bien al inicio de la campaña de 2018 Fajardo y López marcaron sus diferencias con el urubismo, centrados en las denuncias de corrupción pero no en las políticas, poco a poco se dedicaron sólo a combatir a Petro y su Colombia Humana. Sus estrategas supusieron que allí estaban los votos en disputa para posibilitar a que Fajardo llegara a una segunda vuelta ante Duque. O quizá en esa estrategia encontraron los fondos para la campaña electoral.
Una de las tácticas de campaña comunicacional del centro consistió en hacer equivalente a Petro con la derecha uribista de Iván Duque: ambos representaban los males de la “polarización”, que no solo impedía avanzar al país sino que amenazaba con destruirlo.  Es más o menos el mismo discurso de los últimos 60 años
No escatimaron esfuerzos en sumarse a la etiqueta de “castrochavismo” que el uribismo le puso a Petro y tampoco en la lucha por impedir la “polarización”, dejando en el camino todas aquellas promesas de tomar las banderas de la agenda política de las demandas sociales, aplazadas durante décadas por la guerra y olvidados y traicionados los compromisos del gobierno en el Acuerdo de Paz con las FARC.
En lugar de que la estrategia de la polarización atrajera votos de Colombia Humana  hacia el centro, fue empujando a sus electores hacia el uribismo, experto en mano dura.
O sea, fueron chivos útiles al uribismo y a las elites, en el compromiso de no tocar mediante potenciales reformas los privilegios de las clases dominantes., y cómplices de la reedición de la doctrina del “enemigo interno” que ha devenido en el asesinato impune de más de un millar de dirigentes sociales, campesinos, indígenas y desmovilizados.
La construcción de una identidad política de centro pareció truncada, ya que en el cascarón sólo quedó  el antagonismo con Petro. En 2019, las elecciones regionales mostraron un renacer del centro, con la ayuda del Polo Democrático, cerrándole la puerta a una posibilidad de una coalición de centroizquierda.
Tampoco Colombia Humana ha podido, crearse una identidad como colectivo y organización política, que trascendiera el carácter de plataforma electoral de Petro, a pesar de haber trabajado en un completo y alternativo programa de gobierno.
El funcionamiento basado en personalidades y no en una nueva forma organizativa, no le permitió hacer frente a la campaña por la Alcaldía de Bogotá y terminó más fragmentada que al comienzo, comprometiendo así la posibilidad de articular una alternativa popular para las elecciones de 2022.
La victoria en Bogotá tuvo consecuencias insospechadas: el centro, en cabeza de la alcaldesa Claudia López. El apoyo irrestricto e interesado de los grandes medios de comunicación, se ha proyectado como el potencial nodo articulador de un bloque hegemónico favorable a los intereses de las clases dominantes tras el lento declive del uribismo.
La tonta propuesta de Claudia López » Al PonienteLópez se impuso a dos candidatos de la oligarquía (Carlos Fernando Galán y Miguel Uribe Turbay) pero no propuso un proyecto alternativo de ciudad. La retórica de centro, basada en el rechazo a la “polarización” se ofreció como una estrategia “apolítica” de hacer política enfatizando en los aspectos técnicos y de gestión sin tocar el modelo de ciudad neoliberal que se ha impuesto en las últimas décadas.
La posición de centro le permitió a López capitalizar el respaldo de una parte importante de la clase dominante. Para estos sectores, que manejan directa o indirectamente los grandes negocios en Bogotá, el liderazgo de López es fundamental porque les permite desarrollar sus negocios, su agenda y salvaguardar sus intereses. Al igual que cualquiera de los candidatos tradicionales.
A las elites, un gobernante de “centro” brinda una mayor gobernabilidad al haber cooptado y dividido parte de la izquierda y a los llamados sectores alternativos, es decir, a sus potenciales críticos. Obviamente, los distintos sectores que apoyaron a López han recibido su compensación en cargos y contratos, una estrategia característica del Frente Nacional de hace seis décadas para desactivar el descontento y el debate ideológico.
Los medios hegemónicos y los sectores cooptados han obviado cualquier crítica a la represión policial ordenada por la alcaldesa López. Pero la crisis ha sido el escenario para confirmar a Claudia López como la líder del centro, incluso llegando a postularla como eventual candidata presidencial.
Frente a un presidente que ha aprovechado la coyuntura para beneficiar hasta el descaro los grandes capitales financieros y privilegiado los intereses de los ricos, se ha erigido en una aparente –pero falsa- alternativa. Las políticas de la alcaldesa, en medio de la emergencia no se alejan del enfoque neoliberal del gobierno nacional.
Aniquilamiento de la izquierda
A la izquierda armada nunca le fue bien en sus acuerdos de paz con el establecimiento. En 1985 se fundó la Unión Patriótica (UP), como parte de una propuesta de paz de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP) a varios grupos a través de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar y al Estado colombiano, para pactar una tregua que permitiera la participación política de los combatientes en un nuevo partido.
La violencia contra la Unión Patriótica por parte de grupos paramilitares, narcotraficantes y fuerzas de seguridad del Estado dejó, por lo menos, 4.153 personas asesinadas, secuestradas o desaparecidas, entre ellos los  candidatos presidenciales Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo, cinco congresistas en ejercicio, 11 diputados, 109 concejales, ocho alcaldes y miles de militantes.
La Fiscalía General declaró a estos asesinatos como crímenes de lesa humanidad, por se parte de un plan de los sectores políticos tradicionales, agentes de seguridad, narcotraficantes y paramilitares, para impedir el ascenso de los movimientos de izquierda en la política colombiana. El plan de aniquilamiento, señalan algunos analistas, fue asesorado por Washington y asesorado por expertos israelíes.
A tres años y medio del inicio del proceso de implementación del Acuerdo  de Paz suscrito en 2016 entre la guerrilla de las FARC con el gobierno, parece consumada la perfidia y el incumplimiento por parte del Estado de un pacto para zanjar o regular por la vía pacífica asuntos que explican el origen y la persistencia de la rebelión armada: la cuestión agraria, la exclusión política, las drogas ilícitas o la materialización de los derechos de las víctimas del conflicto,
Inmediatamente afloraron las resistencias sistémicas que dejaron en claro que para el establishment la finalidad era la de lograr el desarme de la mayor guerrilla de la región y restringir el marco de actuación de la nueva fuerza política, desvirtuando el sentido histórico del alzamiento armado, y pretendiendo su disciplinamiento como otra organización más del variopinto paisaje político.
Al menos 77 exguerrilleros de las FARC fueron asesinados en 2019 ...Desde la firma del acuerdo, más de dos centenares de exguerrilleros fueron asesinados por fuerzas de seguridad y paramilitares, como si volviera a repetirse la historia de.1985. Súmele a esta cifra los centenares de líderes sociales, campesinos, afrodescendientes e indígenas,  y defensores de los derechos humanos asesinados: 130 solo durante el mandato de Duque en 112 municipios del país. El punto álgido se registró en 2003 con 1.912 homicidios
Sumidos a los intereses geopolíticos y económicos de Estados Unidos, el cálculo político del gobierno de Iván Duque y del uribismo reside en desvalorizar del Acuerdo de paz para mostrarlo como un hecho sin mayor trascendencia o impacto significativo. Para ellos, implementar el acuerdo sería fortalecer el proyecto “castrochavista” para la región y la persistencia de la violencia política demostraría la inutilidad del mismo.
¿Hacia una nueva hegemonía?
Al menos potencialmente, el fenómeno Petro en 2018 parece haber sido un llamado de atención: las demandas reprimidas de los sectores sociales excluídos que están en el origen de la violencia cíclica podrían articularse políticamente. Fue un llamado de atención para las clases dominantes, que no dudaron en rodear al candidato presidencial del uribismo.
Pero ante su declive no dudarán en apoyar cualquier otra alternativa, obviamente diferente a lo que representó Petro. Igual sude  para los sectores “alternativos” y para una parte de la izquierda renuente a emprender transformaciones políticas de algún calado, ya no digamos estructurales, que producirán “polarización”, o recelos del caudillismo y del personalismo que perciben –y difunden- en Petro.
El triunfo de Claudia López en Bogotá ha empezado a dotar la identidad política de “centro” de un contenido positivo, más allá del antipetrismo que definió sus fronteras discursivas en la campaña electoral de 2018. Por su parte, Petro continúa siendo la figura de la izquierda con mayor capital político, pero no con el suficiente para imponerse como alternativa. Así pues, pareciera existir una relación de suma cero entre la apuesta del centro y la de los sectores representados por Petro.Claudia López encabeza en Bogotá, la violencia contra la mujer ...
A menos de que éstos se vuelquen a movilizar la población tradicionalmente apática y abstencionista por distintas razones, se empeñen en construir un sujeto político popular, lo que haría necesaria la consolidación de una apuesta organizativa como Colombia Humana, tendrá que disputar con el centro una franja de apoyos y bases sociales con miras a los comicios de 2022.
El verso tiene patas cortas. Paradójicamente, los críticos del caudillismo de Petro no han tenido otra alternativa que construir otro liderazgo personalista para hacerle contrapeso: Claudia López se presenta hoy como la líder del centro, incluso relegando personalidades como Sergio Fajardo.
El problema radicará en resolver si el capital político acumulado por López es finalmente transferible hacia una identidad colectiva, el centro, o si es personal e intransferible. En éste último caso, no habría que descartar que López opte por un curso de acción igual al de uno de sus mentores, Antanas Mockus, quien renunció en 1997 a la Alcaldía para presentarse a las elecciones presidenciales… y perder.
Pero sea cual sea la opción del centro, tendría en su favor el interés de las clases dominantes de refrenar la tan mentada polarización: las demandas sociales que emergieron tras el Acuerdo de Paz, para alcanzar una paz minimalista que deje intactos sus privilegios, y que tiene –aparentemente- en la gestión de López en Bogotá una experiencia para replicar a nivel nacional.
De todas formas, Petro, desde abajo, sin partido y sin estructuras, aparece como la opción de los desencantados, ante la corrupción multiforme y multidimensional en las instituciones del Estado y la sensación –más cerca de la realidad- de la paz herida y traicionada.
Pero, ¿es Petro la izquierda? ¿Tiene un proyecto de trabajo conjunto con los movimientos sociales, campesinos, indígenas, que son los que siguen poniendo los muertos en la represión selectiva que han maquinando las elites, el gobierno ultraderechista de Iván Duque y los grupos paramilitares que siguen actuando en el país? 
*Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la) y susrysurtv.

Guy Standing: “La renta básica universal sería maravillosamente liberadora”.

2:37:00 p.m. 2 Comments

El economista Guy Standing* (1948), doctorado en Cambridge, es uno de los padres teóricos de la renta básica universal, un sueldo para todo el mundo, tanto si tiene empleo como si no. Standing también ha teorizado mucho sobre el precariado, la nueva clase social que tan pronto tiene empleo como deja de tenerlo, sin coberturas ni vacaciones pagadas. 

Por: Andreu Barnils / Sin Permiso

Estos días, su idea de sueldo para todo el mundo ha tomado más empuje que nunca, y se ve como una posible solución a la crisis económica causada por la COVID-19. El último que se ha mostrado partidario de ella ha sido el papa de Roma. En Cataluña, es favorable el gobierno de Torra. Vilaweb entrevista telefónicamente al señor Guy Standing para hablar de la renta básica universal. Suave en las formas y radical en el fondo, Standing es contundente en las críticas a Gobiernos, sindicatos y políticos.

Usted es uno de los ideólogos de la renta básica universal. Dar un sueldo a todo el mundo, tanto si se tiene empleo como si no. Una idea radical que últimamente ha cogido mucha fuerza.

Estas últimas dos semanas se han puesto en contacto conmigo centenares de personas de todo el mundo. He visto a políticos de todo tipo. ¡Incluso hasta el papa se ha mostrado favorable! Es un cambio de posición radical el que se vea a la renta básica como respuesta a la pandemia. Existe un interés enorme. Finalmente, mucha gente normal y corriente se ha percatado de que debe aplicarse algo semejante a la renta básica. Y se ve como una necesidad. No se había hablado tanto de ella como ahora.

La gente puede preguntarse cómo se las pueden arreglar los Estados para pagar un sueldo a todo el mundo, tanto si se tiene empleo como si no.

Tenemos que verlo en tres fases: la del rescate, la de la resistencia y la del resurgimiento. Ahora estamos en la fase del rescate. Debemos dar una renta básica universal a todo el mundo. Es una emergencia. Y las autoridades pueden utilizar las políticas monetarias.

¿Políticas como las del Banco de Inglaterra, dinero creado por los Bancos Centrales que no habría que devolver?

Exacto. En la fase de rescate se podría pagar así. Pero sólo en la fase de rescate. No me gusta la idea de arrojar dinero desde un helicóptero, como modo de actuar. Por ello, deberíamos tener un fondo nacional de capital. Sacaríamos el dinero de ahí. Este fondo se nutriría de impuestos a la riqueza e impuestos a los daños ecológicos, a las actividades nocivas para la ecología. Empezaríamos con un impuesto al carbono y otros combustibles. Este impuesto, que, por definición, es regresivo (los pobres, en proporción, pagan más que los ricos), puede convertirse en progresivo y popular si reciclas el dinero que recaudas con él depositándolo en un fondo de capital nacional. Hace años que lo propongo. Con este dinero, das dividendos y rentas básicas. De hecho, este sistema se basaría en el modelo del sistema de pensiones noruego. Pero no sería necesario que los países tuvieran el petróleo que tienen los noruegos; se podría financiar estableciendo impuestos a actividades digitales, a los cruceros y a todas las demás actividades nocivas ecológicamente. Con este dinero, se podría financiar el fondo de capital. Ésta es la base de mi libro El saqueo de los bienes comunes. Sé que eso requiere tiempo. Pero si hemos de tener una renta básica universal, empecemos con políticas monetarias, sigamos con políticas fiscales y, a largo plazo, construyamos el fondo de capital nacional que nos permitirá financiarla. Todo lo que digo es perfectamente factible.

¿Cómo se explica que esta idea suya tenga ahora tantos partidarios?

Porque el sistema económico ya se encontraba en un embrollo terrible. Un sistema que yo llamo capitalismo rentista. Y los ocho gigantes de este sistema son cada vez mayores y más amenazadores: la desigualdad, la inseguridad, la deuda, el estrés, la precariedad, la automatización, el riesgo de extinción y el populismo neofascista debilitan al sistema enormemente. Y sólo ha hecho falta un desencadenante como esta pandemia para desatar una crisis económica de terribles dimensiones. La situación es muy frágil. Y, si los políticos no responden con firmeza, tendremos una crisis enorme, mucho peor que la de 2008 en Grecia o España. Podríamos llegar a un desempleo del 30%. No debemos pensárnoslo dos veces. Debo decir que me impresionaron las declaraciones del vicepresidente catalán, Pere Aragonès; parece entender que es necesaria una renta básica universal. En cambio, me preocupan los cautos políticos de Madrid, capaces de salir ahora con ayudas destinadas a los llamados pobres, en lugar de proponer una renta básica universal. Si actúan así, España tendrá muchos más problemas. Espero que tengan el coraje suficiente para implantar la renta básica universal.

¿Sabe de algún país que haya implantado el sueldo para todo el mundo durante la pandemia?

De momento, tenemos gestos de algunos Gobiernos. El de Hong Kong fue el primero, dando diez mil dólares hongkoneses a los ciudadanos. Los Estados Unidos, también. Pero sólo pagan una vez, y a la parte de la población que ha pagado unos determinados impuestos. Por lo tanto, son sólo gestos. Y necesitamos cambios estructurales. Tenemos que percatarnos de que debemos dar a todo el mundo una renta básica como derecho universal. Por ejemplo, todos los residentes legales en España deberían tener cada mes un modesto ingreso. Así sabrían que, si todo lo demás les va mal, al menos tienen ese dinero para pagar comida y alquiler. Para mí, este principio es obvio. Y veo que cada vez más gente lo cree. Por ello, creo que, después de esta pandemia, ya no querremos recular hacia un capitalismo de mercado, que hace que millones de personas se hallen inseguras económicamente. Querremos reconstruir las sociedades sobre unas bases más sólidas. Diría que, de entrada, los políticos no serán lo suficientemente valientes como para implantar la renta básica, pero, tarde o temprano, se verán empujados a hacerlo.

Italia y el Estado español son dos de los peores lugares en esta pandemia. ¿Por qué? ¿Cómo ve las acciones del Gobierno español?

Creo que han sido débiles. A menudo digo que los políticos tienen huesos de espagueti. No lideran nada, si no les obligas. Los Gobiernos que tenemos en Italia, en los Estados Unidos, en Gran Bretaña son muy débiles y populistas. Y, en parte, al menos en parte, es culpa nuestra, de los progresistas, porque no hemos articulado ningún discurso para definir la situación. Y, por lo tanto, hemos perdido el apoyo del precariado. Y parte del precariado ha votado a populistas como Salvini, Trump o Johnson, que han adoptado una vía plutocrática, y ahora los millonarios ganan mucho más dinero que antes y recortan en ayudas para los pobres. En el caso italiano, el Movimiento Cinco Estrellas habría podido ser un movimiento progresista. En España, Podemos habría podido ser el movimiento progresista del precariado. Pero ambos han perdido fuelle, han querido ser burgueses y respetables. Han dejado de ser la vanguardia de la transformación. Ahora podemos decir que o son un movimiento transformador o, por favor, que abandonen el escenario. Que se vayan y dejen que lideren otros.

Recuerdo una frase de su última entrevista en Vilaweb: el precariado ve a los sindicatos como parte del sistema.

Se han acomodado. Y no me gusta decirlo, pero son parte del problema. Y no me gusta decirlo porque creo en la acción colectiva. Soy de izquierdas, de la izquierda verde. Mire a Gran Bretaña: los sindicatos encabezaron las presiones para introducir subvenciones regresivas a los salarios, en lugar de la renta básica. Y en esto se han alineado con el Gobierno de Johnson. Y se felicitan por ello. ¡Es un desastre! No han cambiado ni parece que sean capaces de hacerlo. Y es una pena, porque necesitamos entidades colectivas. El precariado necesita organizaciones con programas transformadores. Pero creo que los jóvenes y el precariado se fortalecerán, como resultado de esta pandemia. De entrada, se enfadarán. La rabia es necesaria. Y se transformará en un movimiento progresista, y en una protesta progresista que tomará las calles y que se manifestará. Y que se traducirá en un movimiento político que entrará en el Gobierno y actuará desde él. Y si Podemos y otros grupos no contribuyen a ello, que se vayan.

¿Qué señales ve en el establishment estos días que le den esperanza?

Creo que el establishment está asustado. Y eso me da esperanza. Tienen que estarlo. Me gusta. Hace dos semanas, un hombre llamado Jim O’Neill, Lord Jim O’Neill, que había sido presidente de Goldman Sachs, muy hostil a la renta básica y demás ideas, de repente escribió un artículo en que decía que había cambiado su forma de pensar y que ahora apoyaba la renta básica. ¿Por qué un hombre como él hace una cosa así? Pues porque no ve claro que el sistema económico pueda subsistir. Y quiere que subsista. Creo que, cuando tengamos legitimada la renta básica, la gente normal y corriente se empoderará económicamente. Y no se detendrá ahí. Hará más reivindicaciones. Y será muy interesante ver cómo el establishment entra en pánico. Y tiene que entrar, porque no pueden volver a las medidas de austeridad de 2008. Hemos visto sus resultados en España, en Grecia. Ellos saben que fracasaron. Nosotros sabemos que fracasaron. La gente normal, quienes no son economistas ni sociólogos, lo sabe: el resultado fueron diez años de miseria. Diez años de debilitamiento de los sistemas sanitarios. Y eso ha hecho que la pandemia sea aun peor. La gente ahora no se conformará.

Personalmente, ¿cómo vive el confinamiento?

Hace cuatro semanas que estoy en Suiza. Normalmente, estaría en Italia, donde vivo, en un molino de agua. Pero el confinamiento me cogió aquí, y aquí me he quedado. Veo claramente su efecto en la conciencia de la gente. Somos más conscientes de la necesidad de pensar en la familia, en la comunidad y en los pequeños detalles. Nuestra conciencia tendrá un cambio profundo. Y nuestra valoración del hecho local, también. Si sobrevivimos, a la larga habrá sido potencialmente beneficioso. Pero la experiencia actual es dolorosa, porque sabemos que la crisis es sistémica. Y los políticos y financieros son tan responsable de ella como cualquier otro. Creo que todo ello nos llevará a dedicar más tiempo a cuidar a los seres queridos y a nuestras comunidades. Y que la renta básica lo facilitará. Este instrumento construiría otro tipo de sociedad. La renta básica universal sería maravillosamente liberadora.

* Guy Standing es profesor titular e investigador en la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de la Universidad de Londres. Uno de sus últimos libros es "La renta básica" (Pasado y Presente). El epílogo de este libro, escrito por David Casassas y Daniel Raventós, puede descargarse aquí: http://www.sinpermiso.info/textos/la-viabilidad-de-la-renta-basica-en-el-reino-de-espana

Franco Berardi - Crónica de la psicodeflación

6:11:00 p.m. Add Comment

Lo inesperado transforma lo que la voluntad no ha podido transformar. Pero ahora se trata de reactivar la energía renovable de la imaginación.

Por: Franco Berardi / Neroeditions

21 de febrero

Al regresar de Lisboa, una escena inesperada en el aeropuerto de Bolonia. En la entrada hay dos humanos completamente cubiertos con un traje blanco, con un casco luminiscente y una herramienta extraña en sus manos. La herramienta es una pistola termómetro de muy alta precisión que envía luces violetas por todas partes.

Se acercan a cada pasajero, lo detienen, señalan la luz violeta en su frente, controlan la temperatura y luego lo dejan ir.

Un presentimiento: ¿estamos cruzando un nuevo umbral en el proceso de mutación tecnopsicótica?

28 de febrero

Desde que regresé de Lisboa no he podido hacer nada más: he comprado veinte lienzos pequeños y los pinto con colores de pintura, fragmentos fotográficos, lápiz, carbón. No soy pintor, pero cuando estoy nervioso, cuando siento que algo está sucediendo que hace que mi cuerpo vibre dolorosamente, al relajarme empiezo a garabatear.

La ciudad está en silencio como si fuera a mediados de agosto. Las escuelas están cerradas, los cines cerrados. No hay estudiantes alrededor, no hay turistas. Las agencias de viajes eliminan regiones enteras del mapa. Las convulsiones recientes del cuerpo planetario quizás estén causando un colapso que obligue al organismo a detenerse, a frenar sus movimientos, a abandonar los lugares abarrotados y la frenética negociación diaria. ¿Qué pasaría si esta fuera la salida que no pudiéramos encontrar, y ahora se presenta en forma de una epidemia psíquica, un virus lingüístico generado por un biovirus?

La Tierra ha alcanzado un grado de irritación extrema, y ​​el cuerpo colectivo de la sociedad ha estado durante mucho tiempo en un estado de estrés intolerable: la enfermedad se manifiesta en este punto, modestamente letal, pero devastadora a nivel social y psíquico, como reacción de autodefensa de la Tierra y el cuerpo planetario. Para las personas más jóvenes es solo una gripe molesta.

Lo que causa el pánico es que el virus escapa a nuestro conocimiento: la medicina no lo sabe, ni el sistema inmune lo sabe. Y lo desconocido de repente detiene el auto. Un virus semiótico en la psicosfera bloquea el funcionamiento abstracto de la economía porque le quita cuerpos. ¿Quieres ver?

2 de marzo

Un virus semiótico en la psicosfera bloquea el funcionamiento abstracto de la máquina, porque los cuerpos ralentizan sus movimientos, finalmente abandonan la acción, detienen el reclamo del gobierno al mundo y dejan que el tiempo reanude su flujo en el que nadamos pasivamente de acuerdo a la técnica de natación llamada "hacerse el muerto". Nada se traga una cosa tras otra, pero mientras tanto, la ansiedad de mantener el mundo que mantuvo unido al mundo se ha disuelto.

No hay pánico, no hay miedo, sino silencio. La rebelión ha resultado inútil, así que detengámonos.

¿Cuánto durará el efecto de esta fijación psicótica llamada coronavirus? Dicen que la primavera matará al virus, pero por el contrario puede mejorarlo. No sabemos nada al respecto, ¿cómo podemos saber qué temperatura prefiere? No importa cuán letal sea la enfermedad: parece ser modestamente y esperamos que se disuelva pronto.

Pero el efecto del virus no es tanto el número de personas que debilitan o el número muy pequeño de personas que matan. El efecto del virus radica en la parálisis relacional que se propaga. La economía mundial ha terminado hace tiempo su parábola expansiva, pero no pudimos aceptar la idea del estancamiento como un nuevo régimen a largo plazo. Ahora el virus semiótico nos está ayudando a la transición a la inmovilidad. ¿Quieres ver?

3 de marzo

Cómo reacciona el organismo colectivo, el cuerpo planetario, la mente hiperconectada sometida durante tres décadas a la tensión ininterrumpida de la competencia y la hiperestimulación nerviosa, la guerra por la supervivencia, la soledad metropolitana y la tristeza, incapaz de liberarse del mono que roba la vida y la transforma en estrés permanente, como un drogadicto que nunca logra alcanzar a la heroína que también baila ante sus ojos, sometida a la humillación de la desigualdad y la impotencia.

En la segunda mitad de 2019, el cuerpo planetario entró en convulsión. De Santiago a Barcelona, ​​de París a Hong Kong, de Quito a Beirut, multitudes de jóvenes acudieron a la calle, millones, furiosos. La revuelta no tenía objetivos específicos, o más bien tenía objetivos contradictorios. El cuerpo planetario se apoderó de espasmos que la mente no pudo guiar. La fiebre creció hasta el final del año diecinueve.

Entonces Trump mata a Soleimani, en el incendio de su pueblo. Millones de iraníes desesperados salen a las calles, lloran, prometen una venganza asombrosa. No pasa nada, bombardean un patio. En pánico, derriban un avión civil. Y entonces Trump gana todo, aumenta el gusto por él: los estadounidenses se emocionan cuando ven sangre, los asesinos siempre han sido sus favoritos. Mientras tanto, los demócratas comienzan las elecciones primarias en un estado de tal división que solo un milagro podría conducir a la nominación de los buenos y viejos Sanders, la única esperanza de una victoria poco probable.

Entonces, los nazis Trumpistas y la miseria para todos y la creciente sobreestimulación del sistema nervioso planetario. ¿Es esta la moraleja de la historia?

Pero aquí está la sorpresa, la inversión, lo inesperado que frustra cualquier discurso sobre lo inevitable. Lo inesperado que hemos estado esperando: la implosión. El organismo sobreexcitado de la humanidad, después de décadas de aceleración y frenesí, después de unos meses de convulsiones sin perspectivas, encerrado en un túnel lleno de furia de gritos y humo, finalmente se ve afectado por el colapso: una gerontomática que mata principalmente en sus ochenta, pero bloquea, pieza por pieza, la máquina global de emoción, frenesí, crecimiento, economía...

El capitalismo es un axiomático, es decir, funciona sobre la base de una premisa no comprobada (necesidad de crecimiento ilimitado que hace posible la acumulación de capital). Todas las concatenaciones lógicas y económicas son consistentes con ese axioma, y ​​nada puede concebirse o intentarse fuera de ese axioma. No hay salida política de la axiomática del Capital, no hay lenguaje capaz de hablar fuera del lenguaje, no hay posibilidad de destruir el sistema, porque cada proceso lingüístico tiene lugar dentro de ese axiomático que no hace posibles afirmaciones extrasistémicas efectivas. La única salida es la muerte, como aprendimos de Baudrillard.

Solo después de la muerte se puede comenzar a vivir. Después de la muerte del sistema, los organismos extrasistémicos podrán comenzar a vivir. Suponiendo que sobrevivan, por supuesto, y de esto no hay certeza.

La recesión económica que se está preparando puede matarnos, puede provocar conflictos violentos, puede desencadenar epidemias de racismo y guerra. Es bueno saberlo No estamos preparados culturalmente para pensar en el estancamiento como una condición a largo plazo, no estamos preparados para pensar en la frugalidad, compartir. No estamos preparados para disociar el placer del consumo.

4 de marzo

¿Es este el momento adecuado? No sabíamos cómo deshacernos del pulpo, no sabíamos cómo salir del cadáver; vivir en ese cadáver suavizó la existencia de todos, pero ahora el shock es el preludio de la deflación psíquica definitiva. En el cadáver del capital nos vimos obligados a una sobreestimulación, una aceleración constante, una competencia generalizada y una sobreexplotación con salarios decrecientes. Ahora el virus desinfla la burbuja de aceleración.

El capitalismo había estado durante mucho tiempo en un estado de estancamiento irremediable. Pero siguió presionando a los animales de carga que somos, para obligarnos a seguir corriendo, incluso si el crecimiento se había convertido en un espejismo triste e imposible.

La revolución ya no era concebible, porque la subjetividad es confusa, deprimida, convulsiva, y el cerebro político ya no tiene ningún control sobre la realidad. Así que aquí hay una revolución sin subjetividad, puramente implosiva, una revuelta de pasividad, de resignación. Renunciar. De repente, esto parece un eslogan ultra subversivo. Basta con la agitación innecesaria que debería mejorar y, en cambio, solo produce un deterioro de la calidad de vida. Literalmente: no hay nada más que hacer. Entonces no lo hagamos.

Es poco probable que el organismo colectivo se recupere de este shock psicótico-viral y que la economía capitalista ahora reducida a un estancamiento irremediable reanude su glorioso viaje. Podemos hundirnos en el infierno de una detención tecno-militar que solo Amazon y el Pentágono tienen las llaves, o podemos olvidarnos de la deuda, el crédito, el dinero y la acumulación.

Lo que la voluntad política no ha podido hacer podría hacerse por el poder mutagénico del virus. Pero este derrame debe prepararse imaginando lo posible, ahora que lo impredecible ha desgarrado el lienzo de lo inevitable.

5 de marzo

Los primeros signos del sistema bursátil y la economía que aparecen, los expertos económicos señalan que esta vez, a diferencia de 2008, las intervenciones de los bancos centrales u otras instituciones financieras no serán de mucha utilidad.

Por primera vez, la crisis no proviene de factores financieros, ni de factores estrictamente económicos, del juego de la oferta y la demanda. La crisis proviene del cuerpo.

Es el cuerpo el que ha decidido bajar el ritmo. La desmovilización general del coronavirus es un síntoma de estancamiento, incluso antes de que sea una causa.

Cuando hablo del cuerpo me refiero a la función biológica en su conjunto, me refiero al cuerpo físico que se enferma, aunque de una manera bastante leve, pero también y sobre todo me refiero a la mente, que por razones que no tienen nada que ver con el razonamiento, con la crítica, con la voluntad, con la decisión política, ha entrado en una fase de pasividad profunda.

Cansada de procesar señales demasiado complejas, deprimida después de una sobreexcitación excesiva, humillada por la impotencia de sus decisiones frente a la omnipotencia del autómata tecno-financiero, la mente ha reducido la tensión. No es que la mente haya decidido algo: es la caída repentina de la tensión la que decide por todos. Psicodeflación.

6 de marzo

Por supuesto, se puede argumentar exactamente lo contrario de lo que dije: el neoliberalismo, en su matrimonio con el etnonacionalismo, debe dar un salto en el proceso de abstracción total de la vida. Aquí, entonces, está el virus que obliga a todos a regresar a casa, pero no bloquea el movimiento de mercancías. Aquí estamos en el umbral de una forma tecnototalitaria en la que los cuerpos serán entregados para siempre, controlados a distancia.

En Internazionale se publica un artículo de Srecko Horvat (traducción de New Statesman).

Según Horvat, «el coronavirus no es una amenaza para la economía neoliberal, sino que crea el ambiente perfecto para esa ideología. Pero desde un punto de vista político el virus es un peligro, porque una crisis sanitaria podría favorecer el objetivo etnonacionalista de reforzar las fornteras y esgrimir la exclusividad racial, de interrumpir la libre circulación de personas (especialmente si provienen de países en vías de desarrollo) pero asegurando una circulación incontrolada de bienes y capitales.

«El miedo a una pandemia es más peligroso que el propio virus. Las imágenes apocalípticas de los medios de comunicación ocultan un vínculo profundo entre la extrema derecha y la economía capitalista. Como un virus que necesita una célula viva para reproducirse, el capitalismo también se adaptará a la nueva biopolítica del siglo XXI.

«El nuevo coronavirus ya ha afectado a la economía global, pero no detendrá la circulación y la acumulación de capital. En todo caso, pronto nacerá una forma más peligrosa de capitalismo, que contará con un mayor control y una mayor purificación de las poblaciones».

Naturalmente, la hipótesis formulada por Horvat es realista.

Pero creo que esta hipótesis más realista no sería realista, porque subestima la dimensión subjetiva del colapso y los efectos a largo plazo de la deflación psíquica sobre el estancamiento económico.

El capitalismo pudo sobrevivir al colapso financiero de 2008 porque las condiciones del colapso eran todas internas a la dimensión abstracta de la relación entre lenguaje, finanzas y economía. No podrá sobrevivir al colapso de la epidemia porque aquí entra en juego un factor extrasistémico.

7 de marzo

Mi amigo matemático Alex me escribe: «Todos los recursos de supercomputación están comprometidos a encontrar el antídoto para la corona. Esta noche soñé con la batalla final entre biovirus y virus simulados. En cualquier caso, el humano ya está fuera, me parece ».

La red informática mundial está persiguiendo la fórmula capaz de enfrentar el infovirus contra el biovirus. Es necesario decodificar, simular matemáticamente, construir técnicamente la corona asesina y luego extenderla.

Mientras tanto, la energía se retira del cuerpo social y la política muestra su impotencia constitutiva. La política es cada vez más el lugar del no poder, porque la voluntad no tiene control sobre el virus de la información.

El biovirus prolifera en el cuerpo estresado de la humanidad global.

Los pulmones son el punto más débil, al parecer. Las enfermedades respiratorias se han propagado durante años en proporción a la propagación de sustancias no respirables a la atmósfera. Pero el colapso ocurre cuando, al encontrarse con el sistema de medios, entrelazándose con la red semiótica, el biovirus ha transferido su poder debilitante al sistema nervioso, al cerebro colectivo, forzado a desacelerar sus ritmos.

 8 de marzo

Durante la noche, el Primer Ministro Conte comunicó la decisión de poner en cuarentena a una cuarta parte de la población italiana. Piacenza, Parma, Reggio y Modena están en cuarentena. Bolonia no. Por el momento.

En los últimos días he escuchado a Fabio, he escuchado a Lucía, y habíamos decidido reunirnos para cenar esta noche. Lo hacemos de vez en cuando, nos vemos en algún restaurante o en la casa de Fabio. Estas cenas son un poco tristes incluso si no nos contamos, porque los tres sabemos que este es el residuo artificial de lo que una vez sucedió de una manera completamente natural varias veces a la semana, cuando nos reuníamos con mamá.

Ese hábito de vernos en el almuerzo (o, más raramente, en la cena) de la madre había permanecido, a pesar de todos los eventos, los cambios, los cambios, habían permanecido después de la muerte del padre: nos reuníamos en el almuerzo con la madre cada vez que ella estaba posible.

Cuando mi madre se encontró incapaz de preparar el almuerzo, ese hábito había terminado. Y poco a poco, la relación entre nosotros tres ha cambiado. Hasta entonces, a pesar de que teníamos sesenta años, nos habíamos seguido viendo de una manera completamente natural, habíamos ocupado el mismo lugar en la mesa que ocupamos cuando teníamos diez años. Los mismos rituales tuvieron lugar alrededor de la mesa. Mamá estaba sentada cerca de la estufa porque esto le permitía seguir cuidando la comida mientras comía. Lucía y yo hablamos de política, más o menos hace cincuenta años, cuando ella era maoísta y yo era obrerista.

Este hábito terminó cuando mi madre entró en su larga agonía.

Desde entonces tenemos que reunirnos para cenar, a veces vamos a un restaurante asiático ubicado debajo de las colinas, cerca del teleférico en la carretera que conduce a Casalecchio, a veces vamos al departamento de Fabio, en el séptimo piso de un edificio popular sobre el largo puente, entre Casteldebole y Borgo Panigale. Desde la ventana se pueden ver los prados que bordean el río, y a lo lejos se ve el cerro de San Luca y a la izquierda se ve la ciudad.

Bueno, en los últimos días habíamos decidido verte esta noche para cenar. Tenía que traer el queso y el helado, Cristina, la esposa de Fabio, había preparado la lasaña.

Todo ha cambiado esta mañana, y por primera vez, ahora me doy cuenta, el coronavirus ha entrado en nuestra vida, ya no como un objeto de reflexión filosófica, política, médica o psicoanalítica, sino como un peligro personal.

Primero vino una llamada de Tania, la hija de Lucía que ha estado viviendo en Sasso Marconi con Rita por algún tiempo.

Tania me telefoneó para decirme: escuché que tú, mamá y Fabio quieren cenar juntos, no lo hagas. Estoy en cuarentena porque una de mis alumnas (Tania enseña yoga) es doctora en Sant'Orsola y hace unos días dio positivo por el hisopo. Tengo un poco de bronquitis, por lo que decidieron tomarme un hisopo también, a la espera del informe, no puedo mudarme de casa. Respondí con escepticismo, pero ella era implacable y dijo algo bastante impresionante, que aún no había pensado.

Me dijo que la tasa de transmisibilidad de una gripe común es cero punto veintiuno, mientras que la tasa de transmisibilidad del coronavirus es cero punto ochenta. Para ser claros: en el caso de una gripe normal, hay que reunirse con quinientas personas para contraer el virus, en el caso de la corona solo con ciento veinte. Interesante.

Luego, ella, que parece estar muy bien informada porque fue a buscar el hisopo y luego habló con los que están en la primera línea de la infección, me dice que la edad promedio de los muertos es de ochenta y un años.

Aquí, sospechaba esto, pero ahora lo sé. El coronavirus mata a las personas mayores y, en particular, mata a los viejos asmáticos (como yo).

En su última comunicación, Giuseppe Conte, quien me parece una buena persona, un presidente por casualidad que nunca ha dejado de parecerse a alguien que tiene poco que ver con la política, dijo: "pensemos en salud de nuestros abuelos”. Conmovedor, dado que estoy en el vergonzoso papel del abuelo a proteger.

Dejando la ropa del escéptico,le dije a Tania que le agradecía y que seguiría sus recomendaciones. Llamé a Lucia, hablamos un poco y decidimos posponer la cena.

Me doy cuenta de que me metí en un clásico doble vínculo batesoniano. Si no llamo por teléfono para cancelar la cena, me pongo en posición de ser un engrasador físico, de ser capaz de transportar un virus que podría matar a mi hermano. Si, por otro lado, llamo por teléfono, como estoy haciendo, para cancelar la cena, me pongo en la posición de ser un engrasador psíquico, es decir, de propagar el virus del miedo, el virus del aislamiento.

¿Qué pasa si esta historia dura mucho tiempo?

9 de marzo

El problema más grave es el de la sobrecarga a la que está sometido el sistema de salud: las unidades de cuidados intensivos están al borde del colapso. Existe el peligro de no poder curar a todos aquellos que necesitan una intervención urgente, se habla de la posibilidad de elegir entre pacientes que pueden ser tratados y pacientes que no pueden ser tratados.

En los últimos diez años, 37 mil millones se han reducido al sistema de salud pública, se han reducido las unidades de cuidados intensivos y el número de médicos generales ha disminuido drásticamente.

Según el periódico Giornalosanità.it, «en 2007 el Servicio Sanitario Nacional público podía contar con 334 Departamentos de emergencia-urgencia (Dea) y 530 de primeros auxilios. Pues bien, diez años después la dieta ha sido drástica: 49 Dea fueron cerrados (-14%) y 116 primeros auxilios ya no existen (-22%). Pero el recorte más evidente está en las ambulancias, tanto las del Tipo A (emergencia) como las del Tipo B (transporte sanitario). En 2017 tenemos que las Tipo A fueron reducidas un 4% en comparación con diez años antes, mientras que las de Tipo B fueron reducidas a la mitad (-52%). También es para tener en cuenta cómo han disminuido drásticamente las ambulancias con médico a bordo: en 2007, el médico estaba presente en el 22% de los vehículos, mientras que en 2017 solo en el 14,7%. Las unidades móviles de reanimación también se redujeron en un 37% (eran 329 en 2007,  son 205 en 2017). El ajuste también ha afectado a los hogares de ancianos privados que, en cualquier caso, tienen muchas menos estructuras y ambulancias que los hospitales públicos.

«A partir de los datos se puede ver cómo ha habido una contracción progresiva de las camas a escala nacional, mucho más evidente y relevante en el número de camas públicas en comparación con la proporción de camas administradas de forma privada: el recorte de 32.717 camas totales en siete años remite principalmente al servicio público, con 28.832 camas menos que en 2010 (-16,2%), en comparación con 4.335 camas menos que el servicio privado (-6,3%)».

10 de marzo

"Somos olas del mismo mar, hojas del mismo árbol, flores del mismo jardín".

Esto está escrito en docenas de cajas que contienen máscaras que llegan de China. Esas mismas máscaras que Europa nos ha rechazado.

 11 de marzo

No fui a Mascarella, como hago generalmente el 11 de marzo de cada año. Nos encontramos frente a la placa que recuerda la muerte de Francesco Lorusso, alguien pronuncia un discurso, deposita una corona de flores o una bandera de Lotta Continua que alguien ha guardado en el sótano, y nos abrazamos, nos besamos abrazados.

Esta vez no tenía ganas de ir, porque no me gustaría decirle a ninguno de mis viejos camaradas que no podemos abrazarnos.

Fotos de personas que celebran llegan de Wuhan, todos rigurosamente vestidos con máscaras verdes. El último paciente con coronavirus fue dado de alta de hospitales construidos rápidamente para contener la afluencia.

En el hospital Huoshenshan, la primera parada de su visita, Xi elogió a los médicos y enfermeras llamándolos "los ángeles más bellos" y "los mensajeros de la luz y la esperanza". Los trabajadores de salud de primera línea han asumido las misiones más difíciles, dijo Xi, llamándolos "las personas más admirables de la nueva era, que merecen el mayor elogio".

Hemos entrado oficialmente en la era biopolítica, en la que los presidentes no pueden hacer nada, y solo los médicos pueden hacer algo, pero no todo.

 12 de marzo

Italia. Todo el país está en cuarentena. El virus corre más rápido que las medidas de contención.

Billi y yo nos ponemos la máscara, tomamos la bicicleta y vamos de compras. Solo las farmacias y los mercados de alimentos pueden permanecer abiertos. Y quioscos también, compramos periódicos. Y estancos. Compro papeles para hacer cañas, pero el hachís escasea en su caja de madera. Pronto estaré sin drogas, y en Piazza Verdi ya no hay ninguno de los niños africanos vendiendo a los estudiantes.

Trump usó la expresión " virus extraño". Todos los virus son extraños por definición, pero el presidente no ha leído a William Burroughs.

13 de marzo

En Facebook hay un tipo ingenioso que publicó la frase en mi perfil: Hola Bifo, abolieron el trabajo.

En realidad, el trabajo solo queda abolido para unos pocos. Los trabajadores industriales están en rebelión porque tienen que ir a la fábrica como siempre, sin máscaras u otras protecciones, a medio metro de distancia.

El colapso, luego las largas vacaciones. Nadie puede decir cómo saldremos de eso.

Podríamos salir de él, como alguien prevé, bajo las condiciones de un estado tecno-totalitario perfecto. En el libro Black Earth, Timothy Snyder explica que no hay mejor condición para la formación de regímenes totalitarios que las situaciones de emergencia extrema, donde la supervivencia de todos está en juego.

El SIDA creó la condición para un adelgazamiento del contacto físico y para el lanzamiento de plataformas de comunicación sin contacto: Internet fue preparada por la mutación psíquica llamada SIDA.

Ahora bien podríamos pasar a una condición de aislamiento permanente de individuos, y la nueva generación podría internalizar el terror del cuerpo de los demás.

¿Pero qué es el terror?

El terror es una condición donde el imaginario domina completamente la imaginación. Lo imaginario es la energía fósil de la mente colectiva, las imágenes que la experiencia ha depositado allí, la limitación de lo imaginable. La imaginación es energía renovable y sin prejuicios. No utopía sino recombinación de lo posible.

Hay una brecha en el tiempo que viene: podríamos salir de ella imaginando una posibilidad que hasta ayer parecía impensable: redistribución del ingreso, reducción del tiempo de trabajo. Igualdad, frugalidad, abandono del paradigma de crecimiento, inversión de energías sociales en investigación, educación, salud.

No podemos saber cómo saldremos de la pandemia cuyas condiciones fueron creadas por el neoliberalismo, los recortes en la salud pública, la sobreexplotación nerviosa. Podremos emerger definitivamente solos, agresivos, competitivos.

Pero podríamos salir de él con un gran deseo de abrazar: solidaridad social, contacto, igualdad.

El virus es la condición de un salto mental que ninguna predicación política podría haber producido. La igualdad ha vuelto al centro del escenario. Imagínelo como el punto de partida para el tiempo que viene.

Luigi Ferrajoli: “Los países de la UE van cada uno por su lado defendiendo una soberanía insensata”

6:00:00 p.m. Add Comment

El jurista italiano defiende una Constitución de la Tierra como la única manera realista de afrontar los problemas que, como las pandemias o el cambio climático, desbordan las fronteras.

Por: Braulio García Jaén / El País

Confinado en su casa de Roma, el filósofo y jurista italiano Luigi Ferrajoli piensa en la forma que tendrá el mundo cuando pase la pandemia. El cambio climático, las armas nucleares, el hambre, la falta de medicamentos, el drama de los migrantes y, ahora, la crisis del coronavirus evidencian un desajuste entre la realidad del mundo y la forma jurídica y política con la que tratamos de gobernarnos. Los problemas globales no están en las agendas nacionales. Pero de su solución “depende la supervivencia de la humanidad”, afirma Ferrajoli (Florencia, 79 años), exmagistrado y uno de los referentes de la Filosofía del Derecho del último medio siglo europeo.

El 21 de febrero, víspera del primer contagio local contabilizado en Italia, el autor de Constitucionalismo más allá del estado (Trotta, 2018) y Manifiesto por la igualdad (Trotta, 2019) defendió en la histórica biblioteca Vallicelliana de la capital una Constitución de la Tierra ante unas 200 personas. La pandemia –con su “terrible balance diario de muertos”— hace aún más visible y urgente la carencia de instituciones globales adecuadas, dice en esta entrevista por correo electrónico. Respecto a la Unión Europea, su optimismo estratégico no excluye la crítica frontal: “Si la UE se respetara a sí misma podría haber hecho mucho más”, dice. Sus respuestas las ha traducido, como casi toda su obra en español, el exmagistrado del Tribunal Supremo Perfecto Andrés Ibáñez.

PREGUNTA: Usted reclamó recientemente un “constitucionalismo planetario”. ¿En qué consiste y cómo se articula?

RESPUESTA. Son problemas globales que no forman parte de la agenda política de los Gobiernos nacionales y de cuya solución, solo posible a escala global, depende la supervivencia de la humanidad: el salvamento del planeta del cambio climático, los peligros de conflictos nucleares, el crecimiento de la pobreza y la muerte de millones de personas cada año por la falta de alimentación básica y de fármacos esenciales, el drama de los centenares de miles de migrantes y, ahora, la tragedia de esta pandemia. 

De esta banal constatación, nació hace un año la idea de dar vida a un movimiento político —cuya primera asamblea tuvo lugar en Roma el 21 de febrero— dirigida a promover una Constitución de la Tierra, que instituya una esfera pública internacional a la altura de los desafíos globales y, en particular, funciones e instituciones supranacionales de garantía de los derechos humanos y de la paz.

P. ¿Y por qué es oportuno reclamar ese constitucionalismo planetario en una situación de emergencia como la del coronavirus?

R. Porque espero que, precisamente, esta emergencia del coronavirus provoque un despertar de la razón, generando la plena consciencia de nuestra fragilidad y de nuestra interdependencia global. Esta emergencia tiene un rasgo que la diferencia de las demás. A causa de su terrible balance diario de muertos en todo el mundo, hace aún más visible e intolerable que cualquier otra emergencia la falta de adecuadas instituciones globales de garantía, que tendrían que haberse introducido en actuación de esa embrionaria constitución mundial formada por las diversas cartas internacionales de los derechos humanos. 

Por eso, hace más urgente y más compartida que cualquier otra catástrofe la necesidad de un constitucionalismo planetario que colme semejante laguna, mediante la creación, no tanto de instituciones de gobierno, que está bien que sigan confiadas sobre todo a los Estados, sino de funciones e instituciones globales de garantía de los derechos humanos.

P. ¿Qué papel puede jugar Europa, desde el punto de vista jurídico, en esta crisis?

R. La Unión Europea debería haberse hecho cargo de la crisis desde el principio. El propio Tratado sobre el Funcionamiento de la Unión lo prevé: su artículo 168, tras afirmar que “la Unión garantizará un alto nivel de salud humana”, establece que “los Estados miembros, en colaboración con la Comisión, coordinarán entre sí sus políticas” y que “el Parlamento Europeo y el Consejo podrán adoptar medidas de fomento destinadas a proteger y mejorar la salud humana y, en particular, a luchar contra las pandemias transfronterizas”. 

El artículo 222, titulado Cláusula de solidaridad, establece que “la Unión y los Estados miembros actuarán conjuntamente y con espíritu de solidaridad cuando un Estado miembro sea víctima de una catástrofe natural”.

P. Y, desde el punto de vista político, ¿estamos asistiendo a un retorno a la soberanía nacional en Europa?

R. Francamente, espero que no. Como ya he dicho, emergencias globales como la del coronavirus deben afrontarse en la medida de lo posible a escala supranacional, no solo en garantía de la igualdad en derechos de todos los ciudadanos europeos, sino también de su eficacia, que depende en buena parte de la coherencia y homogeneidad de las medidas. 

Pero sucede que los 27 países miembros van cada uno por su lado, con diferentes estrategias, en la demagógica defensa de una insensata soberanía nacional. El resultado es que bastará que uno de ellos adopte en uso de su “soberanía” medidas inadecuadas, para generar el riesgo de contagio en los demás.

P. ¿Qué consecuencias puede tener eso para el futuro de la Unión Europea?

R. Depende de las respuestas que sean capaces de dar las instituciones europeas. La Comisión Europea —que tiene, entre sus componentes, un comisario para la salud, otro para la cohesión y otro más para la gestión de las crisis— todavía está a tiempo de coordinar las estrategias de los distintos países de la Unión, en actuación de los artículos del Tratado a los que me he referido. Si no lo hace, dará otra prueba de su ineptitud, como institución capaz de imponer sacrificios solo en garantía de la estabilidad presupuestaria, pero no de la salud y la vida de los ciudadanos.

P. Las diferentes versiones del estado de alarma, de emergencia o —más densamente— estado de excepción, ¿en qué medida son compatibles con la democracia?

R. La democracia no admite excepciones. Es por lo que considero un mérito de la Constitución italiana que no prevea estados de alarma, de emergencia o de excepción lo que, sin embargo, no le ha impedido disponer igualmente las limitaciones a la libertad de circulación y de reunión necesarias para frenar el contagio. En Europa tenemos disciplinas heterogéneas, compatibles con la democracia si no se cometen abusos. En España, el artículo 116 de la Constitución prevé «los estados de alarma, de excepción y de sitio» bajo el control parlamentario y conforme a la Ley Orgánica 4/1981.

P. ¿Y cómo debe o puede responder la UE, políticamente, ante este desafío?

R. Desempeñando el papel de coordinación y adoptando las medidas homogéneas de las que he hablado. Pero una Unión Europea que se respetase a sí misma podría hacer mucho más. Podría tomar, a escala global, la iniciativa de proponer la transformación de la actual Organización Mundial de la Salud en una efectiva institución global de garantía de esta, dotada de los medios y poderes necesarios para tal fin. 

No solo para gestionar de manera racional las pandemias, sino también para llevar a los países pobres los 460 fármacos esenciales que, desde la Conferencia de Alma Ata de 1978, ella misma estableció que deberían ser accesibles a todos, y cuya falta provoca cada año ocho millones de muertos. 

No solo. Junto a este fragmento de constitucionalismo planetario, la Unión Europea, a partir de la terrible lección del coronavirus, podría promover la creación de otras instituciones globales de garantía. Por ejemplo, un demanio [dominio público] planetario para la tutela de bienes comunes como el agua, el aire, los grandes glaciares y las grandes forestas; la prohibición de las armas convencionales a cuya difusión se deben, cada año, centenares de miles de homicidios y, más aún, de las armas nucleares; el monopolio de la fuerza militar en manos de la ONU; un fisco global capaz de financiar los derechos sociales a la educación, la salud y la alimentación básica, proclamados en tantas cartas internacionales. Parecen hipótesis utópicas. En cambio, son las únicas respuestas racionales y realistas a los grandes desafíos de los que depende el futuro de la humanidad.