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La concepción de justicia

1:08:00 p.m. Add Comment

En estos días debatía en redes sociales con un amigo de ferviente gusto uribista. Estábamos de acuerdo en el asco que produce lo que Álvarez Gardeazabal bautizó “El Cartel de las Togas”.

Por: Eduardo Tito Gómez Cerón / Democracia en la Red

En medio del intercambio de ideas, mi contertulio expresó el siguiente argumento:

“Y cómo se indignaban porque les interceptaban las conversaciones. Claro, quedaba al descubierto sus fechorías. Siempre se supo que son un grupo de malhechores… Los seguimientos pudieron ser ilegales pero eran necesarios. Se trataba de desenmascarar a estos bandidos”

Pude entender inmediatamente que para un amplio (desafortunadamente) sector nacional, el valor de la justicia es un elemento retórico, subjetivo y que depende solamente de a quien se aplica. Cuando se “imparte” justicia a los opositores o a los “enemigos”, la majestad de esa justicia garantiza que se “haga cualquier cosa” para alcanzarla.

Inmediatamente vino a mi cabeza el discurso con el que se justificaba el paramilitarismo, tratando de validar su acción con un discurso contrainsurgente:

“Me están satanizando. No soy ningún monstruo. Lo único que acepto es que mato guerrilleros fuera de combate, que no son campesinos sino guerrilleros vestidos de civil”, aseguraba Carlos Castaño en una entrevista con la revista Cambio 16, por allá 1997, refiriéndose a las masacres en curso, ante la pregunta ¿Se arrepiente de haber cometido graves excesos en Mapiripán? Respondía: “-No, de Mapiripán no me arrepiento porque no cayó ni un solo inocente. ¡Por Dios! La clase de personas que cayó allí no es para que le produzca a uno preocupación de ninguna clase”, afirmaba con vehemencia.

Hoy, veinte años después, es evidente que las víctimas de esas masacres, no eran insurgentes sino campesinos y pobladores, población civil, como lo expresaron en Justicia y Paz, varios líderes de estas agrupaciones.

Me acordé de Romaña, justificando sus famosas “Pescas Milagrosas”:

“Nosotros hacíamos unos retenes para buscar finanzas y sostenernos, pero estaba sistematizado. En ese momento se estaba dando las masacres más horribles del paramilitarismo en los Llanos Orientales, se dio la masacre de Mapiripán, que tú la conoces, se presentaron falsos positivos, la cantidad de empresarios que pagaban a esas estructuras para desplazar la gente y quedarse con las tierras.

Entonces, así como para nosotros había un cordón vial muy importante, hacíamos los retenes ahí, pero sistematizados con placas y todo ¿Usted apoya paramilitares? ¿Usted ha hecho esto? ¿Ha cometido esto? Entonces paga lo que le corresponde. Nosotros lo llamamos retenes.” Le respondía a una periodista de la Silla Vacía.

Se justifica el Expresidente Uribe de “difamar” a Daniel Samper Ospina. Trata de explicar que sus probadas “calumnias” pretendían defender la honra de una pequeña, de la que Samper se había burlado (vale la pena recordar que días antes el mismo Uribe había hecho mofa de la niña ante la Convención del Centro Democrático). 

Y así, sucesivamente la idea es acreditar que cualquier “buen propósito” termina dándole vía libre a la gente “bien” para delinquir, pues están blindados por el buen propósito, en otras palabras: “¡Con tal de desenmascarar y perseguir a los delincuentes, puedo hacer cualquier cosa, incluso volverme delincuente, todo en nombre de la justicia!”.

Sobre ese principio se sustentan las nuevas “bases éticas” de la nación. El principio ya había sido descrito varios siglos antes “El fin justifica los medios”, mientras otros, tal vez ingenuamente pensamos que la justicia es un valor que debe medir a todos por igual y que nada justifica delinquir, ni siquiera perseguir a los delincuentes. Simple, sin tanta explicación.


https://www.scribd.com/document/342887705/La-Historia-de-Las-Auc-164-Paginas-1

http://lasillavacia.com/historia/dejenos-transformar-el-pais-en-un-pais-desarrollado-y-esa-es-mi-sancion-romana-58013

La Inspiración Nacional

4:37:00 p.m. Add Comment

Esa es Colombia, faltaba inspirarnos en Besaile, Musa de la Corruptela, el cohecho y el despilfarro, auténticamente colombiana. 

Por: Eduardo Tito Gómez / Ciudad Paz

Durante siglos las musas fueron relacionadas con la más exquisita y excelsa inspiración de las ciencias y de las artes. Estas hermosas ninfas que estimulaban la creación a artistas y científicos, hijas de Zeus y protegidas por Apolo (Patrón de las Artes), durante siglos fueron reconocidas como el punto de partida de grandes obras y descubrimientos.

La tradición legada por los griegos, describe nueve musas: Calíope (musa de la elocuencia, la belleza y la poesía épica), Clío (patrona de la historia y la epopeya), Erató (protectora de la poesía lírica-amorosa y la canción amatoria), Euterpe (inspiración de la música, especialmente del arte de tocar la flauta), Polimnia (diosa de los cantos sagrados y la poesía sacra), Terpsícore (bienhechora de la danza y poesía coral) y Urania (guardiana de la astronomía, poesía didáctica y las ciencias exactas), hasta ahí son las primeras siete deidades. Extrañamente los colombianos parecemos especialmente protegidos por las dos musas que no hemos enumerado.

Muchos le hacen barra a Talía, musa de los artes bufos, de la farsa y de la comedia. Por eso vemos en nuestro país las cosas más disparatadas: Candidatos Políticos con gran ascendiente en sus partidos recoger firmas reservadas a los que no tienen partidos; gente convencida que dos buses pegados hacen lo mismo que un metro; animalistas que defienden las corridas de toros; defensores del medio ambiente que argumentan que la única forma de proteger una reserva ecológica es rodeándola de cemento; políticos insultándose en redes sociales rechazando la impunidad para sus enemigos y justificando la impunidad de sus allegados alegando persecución; un fiscal anticorrupción que es experto en extorsión; un fiscal general 'independiente' al que todos los días se le nota que es amigo y compadre de todos; y así comedia, tras comedia, ópera bufa a cual más ridícula e increíble.

Otro combo menos optimista defiende el patronato de Melpómene, eterna protectora de las historias truculentas y el drama. Para ello invocan sin recato la realidad, esa realidad que se evidencia en cada esquina; en el desplazamiento campesino; en las muertes por desnutrición; en la violencia fratricida que cumplió más de medio siglo; en la tristeza de un país sentado sobre oro y piedras preciosas que clama por comida, salud y educación.

Pero hoy al escuchar la radio logré descubrir que los colombianos somos únicos y originales. Que no nos bastan las hermosas nueve musas para definir la inspiración de la realidad nacional. Por eso, a falta de lo clásico de esas nueve, inventamos otra deidad, la décima, para definir de un plumazo la verdadera estirpe de nuestra nación, en manos de tan particulares gobernantes y legisladores. Esa es Colombia, faltaba inspirarnos en Besaile, Musa de la Corruptela, el cohecho y el despilfarro, auténticamente colombiana.