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Colombia necesita un gobierno plebeyo

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“Es un hecho que Colombia, salvo contadas excepciones, ha sido gobernado por patricios: hombres blancos de clase alta aliados de las élites bogotanas o regionales”

Por: Carlos A. Duque / Las 2 Orillas

Por diversas razones culturales, incluyendo el prolongado conflicto interno y el papel de los medios de comunicación aliados del statu quo, palabras como “izquierda” y “populismo” generan un rechazo visceral en amplios sectores de la población colombiana. En otra oportunidad, habíamos señalado el agotamiento de estos significantes políticos en el “sentido común” nacional (1). Hoy la tarea sigue siendo la misma: encontrar nuevos significantes, nuevos términos para nombrar la complejidad de nuestra polarizada esfera política. Se trata de instalar en la discusión pública nacional palabras frescas, ideas-fuerza, que nos permitan visibilizar lo fundamental: ¡Colombia necesita una transformación política, social, económica!

Teóricos del populismo como Ernesto Laclau y Chantal Mouffe nos explicaron su lógica: el líder populista a través de la apelación a ciertos significantes, divide discursivamente el espectro político en dos facciones antagónicas: “el pueblo”, “la gente” (lo de abajo) vs. “la élite”, “la casta” (los de arriba), desde la izquierda; o, como “la patria” vs. “el terrorismo”, desde la derecha. Esta “lógica del populismo” sirvió para dar cuenta de los procesos sociopolíticos que vivieron la mayoría de países suramericanos desde finales de los años 90. Hoy, después de dos décadas, está lógica que en su momento fue útil para explicar los fenómenos contrahegemónicos que lideró la izquierda populista, ha empezado a ser revisada. Por ejemplo, desde una perspectiva ecológica hoy existen interesantes cuestionamientos a los gobiernos progresistas de la región. Sin embargo, nuestro país no ha sido protagonista de estos procesos ni de estas discusiones, pues la hegemonía de la derecha en Colombia sigue siendo, desde siempre, sólida y estable. Por tanto, debemos pensar en otras estrategias discursivas que nos permitan visibilizar lo fundamental: ¡Colombia necesita una transformación política, social, económica!

Propongo entonces volver a la distinción que nos viene de la Antigua Roma entre “patricios”, nobles descendientes de los “primeros padres” y “plebeyos”, quienes no hacían parte de las primeras familias privilegiadas. En la actualidad, el diccionario virtual de la Real Academia Española define “plebeyo” como “perteneciente o relativo al pueblo, que no es noble ni hidalgo”; respecto a uno de sus antónimos, “patricio”, afirma que se trata de quien “pertenece a la clase social alta, que por su nacimiento y riqueza forma parte de la clase social privilegiada”. Plebeyos fueron, entre otros, Jorge Eliecer Gaitán, Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo Ossa, Jaime Batemán, Carlos Pizarro Leongómez en Colombia; plebeyos en Suramérica: Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa, José Mujica, Lula Da Silva, Dilma Roussef, entre otros. Es un hecho que Colombia, salvo contadas excepciones, ha sido gobernado por patricios: hombres blancos de clase alta aliados de las élites bogotanas o regionales. Es hora de darle una oportunidad a los plebeyos, a los de abajo, a la gente de a pie.

En el escenario de las próximas elecciones, las dos caras patricias de la derecha nacional que representan Santos y Uribe volverán a enfrentarse. Según las encuestas, es muy probable que el nieto de un ex-presidente, hijo de la oligarquía bogotana y apoyado por la maquinaria politiquera regional sea el próximo mandatario de los colombianos. Nada nuevo: un representante de la élite política colombiana, un poderoso hombre blanco (como sus dos antecesores), sin carisma, alejado de los sectores populares, mantendrá la tradición. Posiblemente, un nuevo patricio llegará a la Casa de Nariño. Uno más en la larga lista.

Sin las FARC en el camino, sin la disculpa de la guerra, ¿permitirá nuevamente Colombia, nuestra gente, que un representante de unas pocas familias poderosas bogotanas continúe detentando el poder ejecutivo a favor de sus intereses sectoriales? O, ¿permitirá Colombia, que el otro candidato, aliado de las élites terratenientes regionales y de los sectores ultraconservadores llegue a la presidencia? Es tiempo de intentar un camino diferente. Colombia, uno de los países más desiguales, violentos y corruptos del mundo, necesita una transformación política, social y económica que no vendrá de la mano de un patricio. ¡Colombia necesita un gobierno plebeyo!

Colombia necesita un gobierno plebeyo, es decir, un gobierno de un verdadero representante de las clases populares, de alguien que venga de abajo, sin casta, sin poder económico, sin abolengo, sin apellido. Una plebeya o un plebeyo no un populista o un radical: alguien que comprenda los desafíos que tiene el país por delante y no se enrede en disputas verbales polarizantes, ni se dedique a pronunciar fórmulas altisonantes, pero que sus intereses no sean los de las élites hegemónicas. Una plebeya o un plebeyo que seguramente no hará la transformación profunda que desde la izquierda se anhela, pero que iniciará el camino progresivo hacia mejores condiciones de justicia y equidad. Porque Colombia necesita una transformación política, social, económica, hoy queremos levantar la voz para decir: ¡Colombia necesita un gobierno plebeyo!

(1) “¿Es la “izquierda” un significante agotado en el “sentido común” colombiano?. Texto disponible en: http://palabrasalmargen.com/index.php/articulos/nacional/item/es-la-izquierda-un-significante-agotado-en-el-sentido-comun-colombiano

El modesto camino de la democracia. Respuesta al maestro Enrique Dussel

7:15:00 a.m. Add Comment

En síntesis, no le podemos pedir a la Derecha que no se comporte como Derecha; no le podemos pedir al Imperio que no se comporte como Imperio; no le podemos pedir a nuestro adversario que se convierta en aliado (salvo si lo persuades, algo contradictorio), pero está en nuestras manos, como propuesta alternativa desde la izquierda democrática, lo que hacemos y cómo lo hacemos. De esto depende también el futuro y las luchas que vienen.

Por: Carlos A. Duque* / Democracia en la Red

En un reciente vídeo publicado inicialmente en su página de Facebook (https://www.youtube.com/watch?v=0OM2z-F9YCk) el maestro de la Filosofía Latinoamericana, Enrique Dussel, expresa su postura respecto a la carta-petición firmada por académicos, intelectuales y activistas sociales de varios lugares del mundo, titulada "Llamado internacional urgente a detener la escalada de violencia en Venezuela" (http://llamadointernacionalvenezuela.blogspot.com.br/2017/05/llamado-internacional-urgente-detener_30.html). En este breve artículo quisiera compartir, como uno de los firmantes de esta declaración colectiva, mi respuesta al apreciado filósofo.

De entrada, Dussel afirma que criticar en esta coyuntura al gobierno venezolano "supone inevitablemente un apoyo a los grupos opositores". Esta es una forma de negar la función crítica del intelectual (al menos, del no-orgánico). Pero, no me interesa seguir esa línea del argumento porque, a mi juicio, el punto central de la declaración es más sencillo e incluso no es como tal una crítica sino una modesta petición: retomar el curso democrático. ¿Qué significa esto?, además de solicitarle respetuosamente al gobierno venezolano que no continúe concentrando el poder público desconociendo otras instancias del Estado, principalmente: realizar las dos elecciones aplazadas y no intentar a la fuerza vía una ilegítima asamblea constitucional corporativista, "cubanizar" Venezuela. Aclaro la última frase: respeto el proceso cubano y lo comprendo desde su complejo contexto explicativo que inicia en 1959 (o antes), pero creo que avanzar artificialmente hacia alguna variación de aquel modelo (vía un "Estado comunal", como se ha planteado) es en este momento de crisis un grave error estratégico, que podría abrir la puerta a una guerra civil (o incluso, a la intervención militar extranjera).

Enfatizo mi lugar de enunciación: retomar el curso democrático tiene que ver con empoderar al pueblo no con empoderar al poder. Precisamente, el maestro Dussel, ha olvidado esta vez que detrás de las manifestaciones en Venezuela, que ya superan los dos meses, hay también pueblo, "bloque social oprimido". Usando otra idea dusseliana, podemos afirmar que hoy el "poder obediencial" no se ejerce en el hermano-país. El "pueblo mandante" ha sido interpelado. El maestro desatiende en su alocución la gente-de-abajo que hoy se expresa en las calles de Venezuela. Siguiendo el llamado zapatista, exaltado en su obra filosófico-política, hoy podemos afirmar que en lugar del "mandar obedeciendo" y "andar preguntando", hoy asistimos al "mandar mandando" y "andar predicando".

No obstante, se nos pregunta, al retomar el curso democrático, ¿tendría que aceptar el oficialismo su previsible derrota y realizar las elecciones aplazadas? Es posible. La modesta idea de la alternancia democrática, que hoy queremos recordar, funciona desde la lógica del no-todo: en democracia puedes perder y, muchas veces, lo que necesitas es, precisamente, perder, de manera temporal. Perder, replegarte, analizar errores, afinar las estrategias y volver: es lo que tendrá que ocurrir a mediano plazo, antes o después, en la Argentina y en Brasil. La democracia, como método perfectible de convivencia entre desiguales, además de ser antídoto contra la violencia lo es también contra la concentración corruptora del poder.

Al final de la alocución, Dussel llama de manera sorprendente a sus colegas a no seguir el libreto de una definición de "democracia" que "están proponiendo los medios de comunicación". Más allá del paternalismo, esta es una de las objeciones que nos exponen a quienes insistimos en el camino de la democracia (radical); en una de sus variaciones ─usualmente luego de llamarnos inocentes o formalistas─ la crítica afirma la fetichización del concepto "democracia" pero, por ejemplo, en ningún momento se interroga por la posibilidad de que también se haya fetichizado desde la otra orilla el concepto de "imperialismo". En muchos discursos radicales, podríamos intercambiar la palabra "imperialismo" por "el demonio" y el sentido sigue siendo el mismo.

Respecto a la terminología que usamos en el debate, ¿por qué "democracia" es fetichización pero "imperialismo" expresión de objetividad? En este caso, Dussel, apelando al "juicio de la historia", se deslinda de posiciones más moderadas que llaman al cese de la polarización, y toma el camino del "expediente-Imperialista", que sin ser inexacto (¿cómo pedirle al Imperio que no lo sea?), invisibiliza las tensiones que este proceso hoy afronta, en especial, la ruptura hegemónica, la perdida de gubernamentalidad, el debilitamiento del tejido social y la aguda crisis de desabastecimiento.

En síntesis, no le podemos pedir a la Derecha que no se comporte como Derecha; no le podemos pedir al Imperio que no se comporte como Imperio; no le podemos pedir a nuestro adversario que se convierta en aliado (salvo si lo persuades, algo contradictorio), pero está en nuestras manos, como propuesta alternativa desde la izquierda democrática, lo que hacemos y cómo lo hacemos. De esto depende también el futuro y las luchas que vienen. En medio de tanta violencia, en medio de tanta polarización, recordando que el garante constitucional de la seguridad y el orden institucional es el Estado, hoy insistimos, más allá de todos sus abismos y contradicciones, en el camino de la democracia.

* (Profesor universitario, doctorando en filosofía política, Unicamp, Brasil)

Navarro Wolff como alternativa para liderar tercería

5:53:00 p.m. Add Comment

En medio de la polarización y el personalismo en la política alternativa colombiana que nos ha llevado a preguntarnos por fórmulas que unifiquen a las/los líderes más visibles de la oposición a la derecha colombiana, quisiera proponer como opción para liderar una tercería, al actual senador Antonio Navarro Wolff.

Por: Carlos Andrés Duque* / Democracia en la Red

Por su historia, sensatez y pragmatismo en los cargos públicos que ha ocupado, es probable que su experiencia y liderazgo sereno lleguen a ser claves para la unión de la izquierda, el centro y los independientes en la gesta de enfrentar a los históricos dueños del poder, a los de siempre. En medio de tantos egos, protagonismos y caciques, Navarro Wolff, alejado de toda soberbia y crispación, además, podría encarnar la propuesta de “gobierno de transición” sugerida por las FARC, manteniendo al tiempo su independencia. Navarro podría ser el eje aglutinador para dar forma a la continuidad del proceso de paz, para liderar la lucha contra la corrupción y la lucha contra la inequidad. 

Desde luego, Navarro Wolff no está hoy en la cima de su popularidad ─rubro tan importante en la “sociedad del espectáculo”─, por esto mismo, esta tendría que ser una decisión colectiva racional que necesitaría de la madurez y generosidad de quienes hoy tienen mayor visibilidad pública o se han considerado desde el inicio de la campaña como primera opción; me refiero a Claudia López, Fajardo, Petro, Robledo, Piedad, Iván Cepeda, Clara López, incluso podríamos agregar a Humberto de la Calle. 

Obviamente, más allá de toda ingenuidad, habría que preguntarse si realmente los políticos nombrados en la frase anterior, estarían en condiciones de pasar a un plano menos protagónico en la conformación de una tercería. Podríamos pensar que, si su interés real es disputar el poder al uribismo y en especial, a Vargas Lleras, que parece ser el delfín oligárquico que sigue en la lista de presidentes, tendrían que aceptar una concertación donde todos puedan estar más allá de sus ambiciones personales de figuración.


Sin ningún interés subrepticio, creo firmemente que Navarro Wolff, por las razones señaladas, podría ser el líder que permita la convergencia de tantas disimiles tendencias y personalidades. La propuesta está sobre la mesa para ser discutida.

* Carlos Andrés Duque Acosta. Docente universitario, Doctorando en filosofía política, Unicamp-Brasil.