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Coronavirus o el elogio de la Política

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El autor del libro "El sueño de la especie. Siete ensayos al borde del abismo" (Devenir, 2019), Premio de ensayo “Miguel de Unamuno”, y su mirada a las implicaciones de la pandemia para la humanidad.

Por: Iván Olano Duque / El Espectador

Nunca estuvimos tan sincronizados. Ni las grandes guerras del siglo XX ni las catástrofes naturales han tenido esta fuerza para interpelar al planeta entero. Tampoco lo han logrado las crisis financieras o los eventos trágicos en la era de la interconexión digital, porque siempre hubo regiones que se quedaron al margen, personas que dieron media vuelta y siguieron con su vida. De repente, y a diferencia de la crisis climática que viene anunciándose desde hace décadas, algo ha irrumpido en nuestra realidad compartida y, para nuestro desconcierto, no se parece a lo que habíamos imaginado; es al mismo tiempo más sereno, más indiferente, más duradero. El baremo, las dimensiones que conocíamos han sido ampliamente rebasadas. Es normal que sintamos vértigo.

También es normal que, casi al borde del abismo, nos aferremos a los conceptos más amplios. Si este no es el momento para hablar de la especie como un todo, de lo humano en términos universales, ¿entonces cuándo? Miles de millones de seres humanos estamos temiendo, sintiendo, pensando en lo mismo, y no hay modo de prever las consecuencias culturales de esta sincronía. Algo es claro: la ficción del apocalipsis siempre ha sido un terreno fértil.

Y todas las disciplinas están en alerta. Como en la medicina y la biología (que han registrado un pico de investigaciones sobre el tema en un periodo récord de tiempo), la filosofía y la sociología, la economía y la literatura están enfrentando también el desafío. La amenaza —siempre estimulante— ha causado una “explosión creativa”, y desde luego llegará el momento en el que el arte y la poesía nos digan lo que en realidad sucedió. Pero creo que por encima de todos los enfoques —de la respuesta urgente de las humanidades y ciencias naturales—, esta pandemia ha demostrado el predominio de la Política, con mayúscula, en la suerte y destino de nuestra especie.

De igualdades y diferencias

Desde los primeros días se empezó a señalar que este virus nos igualaba a todos. El hecho de que fuera altamente contagioso, que nadie tuviera anticuerpos para enfrentarlo, por lo que podría infectarnos a todos, y que asustara incluso a los más poderosos nos entregaba a la ilusión de la fragilidad compartida, de la vulnerabilidad que nos iguala. “Al fin estamos juntos”, dijimos; “al fin algo nos toca a todos”. El virus era, pues, ese exterior constitutivo que formaba una nueva identidad y, por tanto, una nueva capacidad de acción: la humanidad en pie de lucha.

Pero, por más estimulante que sea, esta idea nos puede conducir a errores; o mejor: es un reflejo de la razón que puede ocultar más de lo que revela. El virus que nos iguala en realidad nos está diferenciando radicalmente. Como esa técnica radiológica en la que se inyecta un contraste en las venas para que sean visibles, la pandemia está mostrando en todo el planeta las debilidades, fortalezas y desequilibrios de las sociedades y, por tanto, las costuras de las relaciones de poder.

Vemos, primero, cuál es nuestra capacidad para identificar la amenaza, medir su impacto probable y comunicarla a una nación y a los demás Estados e instituciones supranacionales: esto depende del lugar que tiene la ciencia en el pacto social, del desarrollo y carácter de los organismos multilaterales, del interés de los gobiernos en defender el interés común o de su sumisión al gran capital. Estamos hablando de política.

Luego tratamos de identificar, con toda urgencia, a las víctimas más probables, las injusticias estructurales que se vuelven trampas mortales, y descubrimos que el virus no es sólo más riesgoso para la tercera edad, sino que será implacable con los más pobres y con los países con Estados débiles y sistemas de protección social deficientes. Cuestión de clases y nacionalidades. No es lo mismo, desde luego, la emergencia con una sanidad pública y gratuita que en medio de la estafa neoliberal de seguros privados. No es lo mismo ser un país industrializado que un país bloqueado por no alinearse. No es lo mismo el confinamiento en viviendas amplias, con la nevera llena y con ahorros en el banco, que en esa normalidad premoderna en la que millones de personas viven, como se dice en Colombia, del rebusque, al filo de la nada, donde ni siquiera se lucha para llegar a fin de mes —como la clase trabajadora en medio mundo—, sino para llegar al día siguiente, como si se trabajara a cambio de un puñado de lentejas. Seguimos hablando de política.

El virus no es la crisis, el virus manifiesta la crisis

De manera que la política no es un rincón de la realidad al que podamos darle la espalda; no es un vano ejercicio electoral o una lucha de vanidades; no son titulares de prensa ni profesionales de la burocracia, sino la materia de la que está hecha nuestra casa común. Y vivimos en ella, nos guste o no. De un modo muy sintético, política es el nombre que damos a las relaciones de poder y las condiciones de convivencia entre los seres humanos.

Y entonces empieza el debate sobre lo que nos trajo a este punto. Boaventura de Sousa Santos lo expresó con claridad: “La pandemia actual no es una situación de crisis claramente opuesta a una situación de normalidad”. Este es, hoy, el leitmotiv de casi todo análisis crítico: la crisis ya estaba ahí.

Porque el paradigma neoliberal se moviliza invocando la crisis. Es el pirómano que llega al pueblo gritando que debemos cuidarnos de los incendios del futuro. El progresivo recorte de derechos, instituciones y servicios públicos se ha hecho —desde hace treinta o cuarenta años, dependiendo del país— bajo el argumento de que son insostenibles, que son indeseables, y en la feria de las privatizaciones han logrado una concentración de la riqueza sin precedentes y han alimentado un vector antidemocrático: la pérdida de poder político de las mayorías sociales. La liberalización de los mercados de capitales, la dinámica sociópata de las bolsas de valores —frágiles, irresponsables, siempre al borde del colapso— y el aumento del poder político de la industria financiera significan un mundo más injusto, más desigual y mucho más vulnerable. Hoy vemos cómo la privatización, el desmantelamiento de los servicios sanitarios y los recortes del gasto público a partir de la crisis de 2008 están causando una masacre en el sur de Europa. La famosa frase de Margaret Thatcher —piloto político de este paradigma— era una condena a muerte: “la sociedad no existe. Sólo hay hombres y mujeres individuales”.

Y más allá del neoliberalismo la crisis es un sistema que no ha tenido ningún escrúpulo en sacrificar todas las vidas que sean necesarias —y que ya impulsaba y convivía con hambrunas y guerras y colapso medioambiental— a cambio de beneficios económicos a corto plazo. La crisis, ahora incluso más explícita, es sobre todo el último capítulo de la disputa globalizada entre capital y trabajo; la guerra entre la acumulación depredadora y la vida y dignidad de la gente de a pie.

Creo que a estas alturas ya somos todos conscientes, pero hay que repetirlo una y otra vez, con la esperanza de que nunca se olvide. En la urgencia de distinguir lo esencial de lo prescindible, lo que nos salva de lo que nos condena, aparecieron ellos en primer lugar —y tal consciencia ya es un hecho político fundamental—: profesionales de la salud, desde luego, pero también trabajadores de la limpieza, campesinos y agricultores, conductores de camiones y los que cargan bultos a las tres de la mañana, cajeras y reponedores de supermercado, los de la tienda del barrio y los que recogen la basura. Precisamente los más golpeados, los más olvidados, los más ninguneados. Sin ellos no habría ninguna esperanza. Cuando llega la hora de la verdad, no es el banquero ni el multimillonario ni el que sale en portadas de revista, sino el trabajo y los trabajadores lo que nos mantiene vivos.

Aplausos desde la ventana

Ya sabemos que la mortalidad inmediata del virus depende de la capacidad hospitalaria y de la capacidad de acción colectiva (Estado e instituciones) para impedir su propagación, y que la mortalidad diferida del virus —por sus consecuencias sociales y económicas— depende de quién esté en el poder y de la correlación de fuerzas en cada sociedad, como siempre. La pregunta no es técnica, sino ética y, por tanto, política: ¿sobre quién cargar el peso de la dificultad económica? ¿Quién pagará las facturas? ¿Lo harán los trabajadores empobrecidos, o lo hará esa astronómica riqueza acumulada y grotescamente concentrada?

De manera que, puesto que la mortalidad es un factor humano, cada país tendrá cifras y consecuencias radicalmente distintas. Y no hacía falta, pero estos días nos vuelven a demostrar en la práctica que el “sentido común” es otro nombre para la ideología. En otras palabras: los razonamientos no existen en abstracto sino dentro de un marco definido de ideas, convicciones e intereses. Y lo hemos visto del modo más cruel: en China paralizaron la producción, cerraron las ciudades, enviaron todos los mensajes de alarma, pero en Europa y Estados Unidos lo mostraron, condescendientes, como gestos pintorescos de un rincón autoritario del mundo. Luego, cuando en varios países de Europa se cerraban los negocios no esenciales y se decretaba el confinamiento, en Latinoamérica todavía se impulsaba un velo de incredulidad e impotencia política.

¿Qué habría pasado si el virus se hubiera iniciado en Latinoamérica? Si a pesar de todo el tiempo de ventaja y de la experiencia acumulada en varios países tenemos en Latinoamérica una colección de declaraciones incompetentes, tardanzas y negligencias, ¿dónde estaríamos si hubiéramos sido los primeros? Por esto el fortalecimiento de lo público y la defensa del interés colectivo es cuestión de supervivencia; porque si permitimos que los intereses económicos particulares construyan sin resistencia las políticas, nos acostaremos cada noche contando muertos.

Ese era el terror desde el principio. Se comentaba con insistencia. Ese ha sido, en mi caso personal y sin duda en el de muchos más, el motivo del insomnio y de la angustia de estos días. Veamos a Colombia: con un Estado débil (prácticamente inexistente en buena parte del territorio), con mucha menos inversión en salud que los países desarrollados, muchas menos camas hospitalarias en proporción a la población, servicios privatizados, menos profesionales y en condiciones más precarias... esta epidemia es como echarle gasolina a la candela. Y si a esto le sumamos tantas heridas sociales (las cárceles hacinadas, los adultos mayores abandonados, la población sin techo, los sistemas de transporte indignos, la violencia y las mafias que no entienden de cuarentenas) nos enfrentamos a una superposición de horrores.

Pero desde luego hay esperanza. Aunque la correlación de fuerzas en todos los países es distinta, en la era de la interconexión digital es posible impulsar medidas y horizontes de acción por encima de las fronteras nacionales. ¿Qué se está haciendo y se está pidiendo? Vemos que en distintos países se anuncia la congelación de pagos de hipotecas y de préstamos bancarios, la congelación del pago de alquileres (pues priman el derecho a la vivienda y la alimentación), el no cobro de los servicios públicos domiciliarios (cuyo suministro debe garantizarse), la prohibición de los despidos y el control de precios (para que nadie saque provecho del sufrimiento de los demás). Hay también dos propuestas crecientes y que darían un gran alivio: la condonación de la deuda externa de países subdesarrollados y —para sujetar al pirómano— el cierre provisional de las bolsas de valores.

¿Y qué no se está haciendo? Nadie está liberalizando la crisis. Nadie está proponiendo que el mercado haga su magia. Nadie espera que los bancos den un paso al frente para salvar vidas. Están en silencio, aguantando la respiración, esperando que ignoremos el crash estrepitoso del paradigma neoliberal. Y nadie, ni siquiera los adversarios del campo popular, pueden ignorar los aplausos desde las ventanas, en muchísimos países, a los trabajadores de la salud; un ritual fundamental que siembra un consenso y politiza la emoción.

Hay otra medida urgente que resuena cada vez con más fuerza. Sirve para enfrentar la crisis económica y social del coronavirus, y la crisis amplia —y no menos mortífera— del capitalismo. Sin ella, millones de personas en países como Colombia no podrán acatar la cuarentena —y por tanto aplanar la curva y salvar vidas—, pues cualquiera preferirá el riesgo de un virus a la certeza del hambre. El economista Guy Standing la ha defendido ahora incluso con más vehemencia: por lo menos mientras dure la crisis se necesita un sistema de renta básica garantizada para todos los habitantes. A diferencia de la habitual inyección neoliberal de liquidez al sector financiero, que sólo aumenta la desigualdad, un ingreso mínimo vital —“sin condiciones, como derecho”, dice Standing— permitiría mantener cierta demanda, algo de oxígeno en la economía real, y que la población más vulnerable se pueda aferrar al menos a una certidumbre: que pase lo que pase habrá comida en la mesa.

A quien diga que no hay cómo pagarlo, habrá que contestarle que nadie conserva el dinero bajo el colchón cuando no tiene qué comer, que hay una inmensa riqueza acumulada —creada por la sociedad, no por los individuos— y que en plena emergencia lo único aceptable es utilizar todos los recursos disponibles, estén en las manos de quien estén, para salvar vidas.

Cuanto peor, peor

No hay forma de saber a dónde nos conducirá esto, nadie tiene la bola de cristal, pero es seguro que no estamos en un simple paréntesis. Todavía hay quien clama, sobre todo en los altos círculos del poder y con gran eco mediático (con el presidente de Estados Unidos como caricatura principal), por el regreso urgente a la normalidad —es decir, sus grandes negocios— cueste lo que cueste. Pero no, de acá no volveremos a la normalidad; o mejor dicho, la nueva normalidad no se parecerá en nada a la normalidad del pasado.

Hay muchas tensiones en movimiento. La ayuda que China, Rusia y Cuba están brindando a muchos países dejará huellas. La catástrofe social en Estados Unidos, también. El deseo racional pide un plan amplio de redistribución de la riqueza, pero el raciocinio probable ve los monstruos que nos acechan. Lo que en Europa es la posibilidad de revivir la estafa de 2008 (cuando el neoliberalismo redobló su avanzada para destruir los Estados de bienestar), el temor de una doctrina del shock (que aproveche la ocasión para aumentar los recortes del gasto público, la privatización de empresas, los regalos a la industria financiera) o el fantasma de una deriva autoritaria asociada al big data, en América Latina —y en particular en Colombia— parece un paso más hacia el abismo. El neoliberalismo y el autoritarismo avanzan cuando huelen sangre.

Desconfío en quien ve oportunidades en las crisis. No creo en la tesis de que cuanto peor, mejor. Las condiciones siempre son susceptibles de empeorar. Y, sin embargo, no es menos cierto que después de determinados traumas colectivos la humanidad ha logrado grandes conquistas. Hay un ejemplo icónico: la Declaración Universal de los Derechos Humanos sobre las cenizas de la Segunda Guerra Mundial.

Los desafíos se multiplican. Y lo señalan por todos lados porque es evidente; esta pandemia (cuya inminencia también había sido advertida) es un reflejo súbito, elocuente e implacable de todo lo que amenaza la vida en el planeta y el futuro de nuestra especie: el capitalismo —con su coda de financierización neoliberal—, el riesgo bélico y nuclear —ese apocalipsis al alcance de los dedos— y la emergencia climática.

Elogio de la Política

A veces lo dicen por descuido, para evitar entrar en discusiones; la mayoría de las veces, como expresión consciente o inconsciente de una ideología antidemocrática. Pero lo cierto es que en muy pocos lugares es posible decir impunemente la tontería de que este, el gran hecho político de nuestra época, no tiene “nada que ver con política”.

Un bicho diminuto, invisible, —casi fantástico, casi metafísico— nos expone a las virtudes y fragilidades de lo colectivo, al carácter y desarrollo de nuestras construcciones sociales y a nuestra capacidad de acción. Este virus nos interpela y revela que la política está ahí, en el primerísimo primer plano de nuestra especie. Es el SARS-CoV-2 versus el zoon politikon. Y nos obliga a decir: ¿A quién defendemos? ¿Cómo nos organizamos? ¿Dónde enfocamos nuestro esfuerzo? Y sobre todo: ¿De qué lado estamos? En el tejido de contradicciones que es toda sociedad, esta última es siempre la pregunta fundamental.

Y comprendemos: el Estado es el andamiaje que hace posible la acción colectiva y materializa, en un verdadero proyecto democrático, la soberanía popular. Y sin un Estado fuerte, con capacidad de protección y de acción, la sociedad está siempre al borde de una distopía cruel: la ley del más fuerte —del más rico—aplastando vidas.

Y comprendemos también que los servicios públicos y sociales son el reflejo práctico de los derechos fundamentales. Y esos servicios, por tanto, no pueden ser un negocio, no pueden estar en manos privadas, no pueden someterse al mercado, porque tal cosa significaría renunciar a hacer efectivos los derechos fundamentales. Y que en una situación de emergencia sólo la integridad de esos servicios puede salvarnos.

Así como Eric Hobsbawm hablaba de un siglo XX corto (entre el inicio de la Primera Guerra Mundial y la caída de la Unión Soviética), ya no suena excesivo ni apresurado plantear que la pandemia del coronavirus —con su sincronía planetaria y sus inmensas consecuencias económicas, geopolíticas y culturales— puede ser el momento fundacional del siglo XXI. Quizás sólo ahora, en estos meses difíciles, la humanidad contemporánea empiece a estar de cara al futuro.

Quiero creer que si esta pandemia muestra el predominio de la política en la suerte y destino de nuestra especie, acaso salgamos de ella incluso con más fuerza y determinación para fortalecer lo público, tanto en la gran escala institucional —el Estado y los organismos multilaterales— como en la pequeña y cotidiana: las redes de solidaridad y la acción comunitaria. Y que sentiremos y reivindicaremos la Política, con mayúscula, en la mejor definición que he leído, la del helenista Pedro Olalla:

“La voluntad de todos organizada para combatir el egoísmo”.

Observatorio de Género del Nororiente Colombiano - OGNOC

8:09:00 p.m. Add Comment

El OGNO nace del proyecto Nuevas Masculinidades: Una mirada a los discursos y prácticas de los colectivos y líderes Estudiantiles de la Universidad de Pamplona, mediante el lenguaje como herramienta de investigación-acción. 

Por: John A.  Rojas Cabrera.

Es un mecanismo de seguimiento desde la perspectiva de género al cumplimiento de normas regionales, nacionales e internacionales vigentes relacionadas con la equidad de la mujer, la equidad de género, y las políticas públicas, planes y programas en la Universidad de Pamplona y el departamento de Norte de Santander. 

Tiene como visión conocer el impacto diferenciado que tienen sobre hombres y mujeres, con el objeto de hacer recomendaciones que contribuyan a eliminar las discriminaciones y a superar las inequidades de género que aún se presentan en este territorio. 

Su principal arma es la pedagógica, con está busca generar estrategias efectivas para prevenir la violencia, así como lograr un panorama general de acciones, territoriales de grupos feministas, de jóvenes, de nuevas masculinidades y organizaciones sociales en su lucha por despatriarcalizar la sociedad.


Objetivos

Investigar, documentar, sistematizar, analizar, promover, evidenciar y generar información sobre las distintas discriminaciones que se dan por razón de sexo, identidad de género u orientación sexual al interior de la Universidad de Pamplona, su localidad y departamento. De acuerdo a los ejes temáticos escogidos, teniendo en cuenta los siguientes aspectos: Formativos, Estadístico, normativo, jurisprudencial, divulgativos y administrativo (políticas, planes y programas).

Ejes de acción

Divulgar a nivel local, regional y nacional la información recogida y generada por el OGNOC, contribuirá al fortalecimiento institucional de la equidad de género en la Universidad y el departamento de Norte de Santander. También permitirá formular recomendaciones en materia de políticas, planes, programas y normas, que contribuyan a cerrar las brechas de equidad de género en la región. 

Una de las funciones importante del observatorio es el seguimiento a las políticas públicas y sociales del Gobierno y asegurar de que se garantice la equidad social. Velar por el cumplimiento adquirido en el Acuerdo Nacional por la Equidad de las Mujeres, los procesos de género y la eliminación de la violencia contra la mujer y los hombres.

El Observatorio de Asuntos de Género, tendrá como plus diferenciados a otros los el fortalecimiento que le puede brindar la académica, está servirá como herramienta para educar e impartir y erradicar los estereotipos sociales construidos desde nuestra cultura y por el sistema patriarcal. Otro propósito es que el Observatorio haga seguimiento jurisprudencial y examine los procesos en asuntos de género; ejerza un control de las políticas, planes y programas públicos, y revise la parte económica, para conocer los presupuestos que se ejecutan en los programas estatales.

Además de hacer visibles las inequidades que se dan en las relaciones sociales entre mujeres y hombres, el Observatorio presentará estadísticas e indicadores sobre el tema, publicará un boletín periódicamente y hará recomendaciones a Instituciones privadas y publicas del departamento. 

Espero que las dependencias encargadas del tema de la Universidad de Pamplona, las Instituciones municipales y departamentales y los procesos de género a nivel nacional, comprendan las necesidades  e importancia de institucionalizar y  contar con un observatorio de género en el departamento de Norte de Santander que trabaje y contribuya al desarrollo del territorio y aporte a la igualdad a nivel nacional. 

#OGNOC #NuevasMasculinidades #Pamplona


No hay quien continúe la peatonalización de la carrera séptima

5:42:00 a.m. Add Comment

Ningún socio estratégico del consorcio Peatones Go logró la cesión del contrato. Comercio cayó 34 %.

Por: Hugo Parra Gómez / El Tiempo


La II fase de la peatonalización de la carrera 7.ª de la avenida Jiménez a la calle 26 se volvió una papa caliente para el Distrito. 

Hasta el momento no se ha podido conseguir una firma constructora que cumpla con todas las exigencias legales para la cesión del contrato tras el fracaso del consorcio Peatones Go, que se declaró con líos financieros para terminar el proyecto.

Por lo menos cuatro firmas habrían presentado documentación técnica, legal y financiera, pero a última hora ninguna ha podido cumplir. Ni siquiera pudieron entrar los socios estratégicos que anunció Peatones Go para inyectarle capital a su empresa.
El tiempo va pasando, y, si no hay quien asuma la cesión de ese contrato –que hoy va en 47.000 millones de pesos, incluida la interventoría–, el camino que le quedaría al IDU es declarar la caducidad y volver a sacar la licitación. Si esto llega a pasar, antes de mitad del 2019 no estaría terminada.

La II fase de la peatonalización es un relicario de problemas. Según la directora del IDU, Yaneth Mantilla Barón, la obra se contrató en el 2015, “y cuando llegamos le faltaban nueve estudios para su construcción y fue necesario suspender este proceso”.

El plazo inicial en ese entonces fue de 24 meses, pero la obra en realidad arrancó el abril del 2017 con un nuevo plazo: 39 meses.
Después de adiciones y prórrogas, la realidad de hoy es que no hay ni un solo obrero en la vía. El estado actual es que la 7.ª tiene un atraso superior al 24 por ciento, el avance no es mayor del 61 por ciento y está por salir la sanción a Peatones Go por incumplir con el cronograma de obras y la entrega de informes.

Para este viernes está programada la audiencia de notificación de la multa a ese consorcio. Se estima que estaría entre los 2.000 y los 3.000 millones de pesos.

“Estamos trabajando incansablemente con la compañía aseguradora para encontrarle una solución a este problema.
 Entiendo perfectamente la indignación de todos los comerciantes y residentes, pero seguiremos trabajando y buscando la solución para que se siga construyendo la fase II de la peatonalización de la 7.ª”, dijo la funcionaria.

Entre tanto, la Federación Nacional de Comerciantes (Fenalco Bogotá) realizó un sondeo en los establecimientos y encontró que para el 84 por ciento de los comerciantes, las ventas en esa zona de la Jiménez a la 24 han disminuido en un 34 por ciento en promedio. 
“Los sectores más afectados son restaurantes, almacenes de vestuario, textiles o confecciones y accesorios; los días más críticos son viernes, sábados y domingos. El 71 por ciento de los encuestados perciben que el nivel de afluencia de personas en la zona ha disminuido”, señala el gremio.

Los comerciantes temen que llegue la temporada de fin de año y siga invadida, en obra gris y sin clientes.
A esto se suma la denuncia de los trabajadores de la obra, en especial de nivel técnico y profesional, por el no pago de sus salarios durante los últimos dos meses de trabajo, la liquidación y las indemnizaciones. Varios de ellos hablaron con este diario e informaron que fueron citados por Peatones Go a las 10 de la mañana de hoy para pagarles.

Por si fuera poco, la I fase de la peatonalización que se hizo en la pasada administración, desde la avenida Jiménez hasta la plaza de Bolívar, también tuvo problemas similares con el contratista PV Ingeniería. Y ya han pasado tres años de esta administración, y aún no se ha podido recibir por presunto incumplimiento.

El tal “Código de Policía” aún no se conoce en nuestro país.

7:32:00 a.m. Add Comment

“El Código de Policía ha llegado” así titulaban los principales medios de comunicación de nuestro país, a principios de 2017. 

Por John A. Rojas Cabrera / Democracia en la Red.

Cuando nuestro honorable Congreso de la República (Cámara y Senado) aprobó la ley 1801 de 2016 y nuestro presidente Juan Manuel Santos pasó su firma y sanción presidencial para que empezara a regir desde el treinta (30) de enero del 2017. Pero desde el inicio el proyecto fue complejo. La razón: más del cuarenta por ciento de los artículos que se aprobaron inicialmente fueron cambiados.

A eso anexémosle que incluso a los policías que tienen la misión de hacerlo cumplir, corren el riesgo de no conocerlo en detalle y caer en inconsistencias que puede ser juzgada por la opinión pública. Y lo más terrible, que los ciudadanos no lo conozcan, ni les importe saber de qué se trata (Los Zombis del Código).

Esta conducta se les atribuye a las personas que no lo conocen; ni se interesan en hacerlo. También a los que crean mitos negativos y no verdaderos sobre su función. Para saber más de esta epidemia, se realizamos una prueba piloto de investigación, intervención y analices en la cuidad de Pamplona en el Norte de Santander por estudiantes del programa de Comunicación Social de la Universidad de Pamplona. Y los resultados no fueron nada positivos. Reprobando con un 1.0 al Gobierno Nacional, que a través del Ministerio de Educación, tenía la tarea de implementar una cátedra de convivencia y cultura ciudadana en las Instituciones educativas que impartan educación básica y media en el país, con el fin de promover la enseñanza del Código y una cultura de respeto a las normas de convivencia y a las autoridades de Policía. Lo anterior está contemplado en el Artículo 235 del Código Nacional de Policía y Convivencia, para vivir en paz.

En ese mismo examen también reprobó con un 0.5 la Policía Nacional de Colombia, que es la Institución encargada de diseñar programas, actividades y campañas de promoción y divulgación en todo el territorio nacional (incluido en Pamplona). Así como las disposiciones más relevantes contenidas en el Código, especialmente los comportamientos contrarios a la convivencia y las consecuencias que se derivan de su realización, con el fin de que la ciudadanía conozca y se actualice en torno a los aspectos trascendentales de esta ley.

Pero la nota más baja la sacaron los ciudadanos y residentes de Pamplona con un 0.0, quienes tienen el deber de asistir y exigir jornadas de capacitación y formación del nuevo código de policía y convivencia a las autoridades de policía del municipio, a partir de su promulgación desde este año y en cualquier momento que lo requieran. Y no lo están haciendo.

En nuestro proceso de intervención piloto, preguntábamos algunas personas que habitan en Pamplona, si ¿conocía algunos artículos del Código Nacional de Policía? O ¿Sabía cuáles eran sus deberes y derechos que consagra la nueva norma para preservar los derechos colectivos sobre los individuales y generar un nuevo espacio para que las autoridades puedan cumplir su papel como garantes de la convivencia?

También ¿si conocían cuales eran las infracciones que más ocurrían en la cuidad o que ellos consideraban que podían pasar? La respuesta a esos interrogantes es bastante preocupante ya que la mayoría no lo conoce y si lo conoce no tiene clara su verdadera reglamentación. Esto también nos sirvió de ejemplo para conocer el concepto que tienen nuestros ciudadanos acerca del Código y las leyes que surgen, su vigencia y los resultados que deberían producir en la vida diaria de cada habitante.

Pero, como todo examen tiene una recuperación y toda epidemia - enferma un remidió. Se puede empezar hacer pedagogía del código. Como la que realizamos en el Marco de 100 en un día (el sábado siente (/) de octubre del 2017). Además se puede trabajar en unión con todas las Instituciones (Policía, Academia, Gobierno). Y sobre todo, nosotros los ciudadanos podemos tomar la iniciativa de empezar a aprender, conocer y difundir esta herramienta; que nos permitirá tener una convivencia con valores, respeto y responsabilidad con el entorno.

Para lograrlo debemos tener presente que el Código Nacional de Policía y Convivencia es de carácter preventivo (no es sancionatorio), y siempre busca establecer las condiciones para la convivencia en el territorio nacional al propiciar el cumplimiento de los deberes y obligaciones de las personas naturales y jurídicas, así como determinar el ejercicio del poder, la función y la actividad de policía, de conformidad con la Constitución Política y el ordenamiento legal vigente.

Asimismo apunta a corregir comportamientos que afectan las buenas relaciones humanas con su entorno. Correspondiéndoles a las autoridades de Policía el conocimiento y la solución de los conflictos de convivencia ciudadana.

En conclusión: al Código aún le falta camino por recorrer. Los recientes hechos ocurridos demuestran que si podemos lograrlo, adaptarlo y vivir bajos sus reglas. Es importante que todos nos comprometamos y exijamos a las Instituciones de nuestro país. Pasar el examen se puede, lo único que debemos hacer es tener el conocimiento, entrega y tiempo. Ahora ¿Estarías usted dispuesto aprobar el tema del Código de policía y a no ser más un Zombi?

#YoMeComprometo

#CódigoDePolicía



Hágame el bendito Favor: Busquemos la reforma a la Educación.

9:50:00 a.m. Add Comment

Cada vez que se quiere solucionar un problema sobre educación en este país se debe acudir a vías de hecho para que la cosa medio funcione.

Por: John A. Rojas Cabrera / Democracia en la Red

 Pero lo que ha demostrado la historia educativa en nuestro país es que, se necesita un cambio estructural en todo el sistema. Y para lograrlo, de una u otra manera, se debe hacer una reforma a la educación en Colombia.

Nuestra Constitución Política, en su visión educativa, siempre ha hablado de una formación en valores, de calidad e innovación. Si retrocedemos en el tiempo, durante el siglo XIX, cuando la iglesia Católica tenía todo el poder sobre la educación, se hablaba de una formación espiritual y del cuerpo. Pero ya el siglo XX con la Guerra de los Mil Días, el país se planteaba cómo resolver el problema, cómo tener una educación de calidad, gratis y para todos. Pero, esta es la fecha y aún no se han encontrado respuestas.

Simplemente porque le problema radica en el propio sistema. Por dos cosas: la Primera, porque la calidad es baja; de hecho, muy baja. Un claro ejemplo son las pruebas PISA sobre la calidad de la educación, Colombia ocupó el puesto 62 entre 72 países, entre los cuales estaban incluidos países de desarrollo económico medio y alto y otros países similares a Colombia. Y Segunda, porque la calidad es desigual. Una investigación de la Universidad Nacional de Colombia, muestra que “la educación que reciben pobres y ricos es muy desigual: a medida que el nivel socioeconómico del estudiante aumenta, también aumenta, y bastante, su desempeño académico (medido a partir de las pruebas Saber)”.

Estoy convencido, de que una mejor reforma educativa no sólo hace al país más competitivo económicamente, sino que además es un antídoto contra la desigualdad y los resultados en las pruebas: una educación de calidad para todos los niveles socioeconómicos, permite cambios radicales en todos los colombianos, mejor productiva y un país que le esta apostando al pos acuerdo.

Si analiza la idea no es tan descabellada, la misma Constitución Política del 91 que hizo del país un Estado Social de Derecho, nos permite hacerla. Al crearla seguro que habría mayor cobertura, mejor calidad y resultados muchos más altos. Sin duda se lograría un país con “Una paz estable y duradera” en estos tiempo de esperanza y cambios.

Oiga, ¿usted no cree que la educación necesite una reforma?

#HagameElBenditoFavor

Las universidades de provincia están desapareciendo en Colombia

7:07:00 a.m. Add Comment

Los estudiantes de la Universidad Pública de provincia se preguntan ¿Cuál es la  PROSPERIDAD  PARA TODOS que se gloria el gobierno?

Por: John A. Rojas / Democracia en la Red

#UnipamplonaAlzaLaVoz Por su miopía, nuestros dirigentes no entienden nuestra historia.

“El que no conoce la historia está condenado a repetirla”, viejo adagio atribuido a Napoleón Bonaparte y que bien viene para mostrarnos que, en el ámbito educativo, de este país seguimos repitiendo la historia, pero cada vez más frecuencia y  de forma descarada. Este trabajo lo hacen muy bien las locomotoras del gobierno que suben a los diferentes poderes (Nacionales, departamentales y municipales) cada cuatro años. 

Estamos en tiempos de posconflicto y se están abriendo oportunidades regionales para llegar a lugares impensables, donde hoy se podría desarrollar una educación de calidad, con garantías e innovación. Habría que darse, por ejemplo, una pasadita por la Universidad de Pamplona, para ver  una universidad que lucha por auto sostenerse en un contexto donde el presupuesto cada vez es más reducido. Destinándose a otros programas (Ser Pilo Paga) e instituciones (ICETEX), que según el cuento que nos hecha; son innovadores, mejora la calidad de vida y permiten el desarrollo educativo de la región y el país.

Si hacemos memoria, en 2011, el presidente Juan Manuel Santos emprendió un proceso de reforma de la Ley 30 de 1992 que reglamenta la Educación Superior en nuestro país. Para muchos padres de la patria era la gran salida heroica de la reforma y uno de los tantos  actos salvavidas que ha realizado este personaje desde que asumiera en 2010 la presidencia por primera vez. Ha eso sumémosle las numerosas inversiones al ICETEX  cada año y la última y más reciente muestra de que la educación de este país no importa: el famoso  programa SER PILO PAGA. 

Un programa que le ha arrebatado y reducido a las Universidades Publicas de provincia como la Universidad de Pamplona grandes cantidades de presupuesto, para enviarlos a  las Universidades Privada, dejando así como única salida de que las universidades tengan que recurrir a endeudarse, autofinanciarse y encima de eso cumplirles al gobiernos con estándares de Alta Calidad, porque de lo contrario tiende a desaparecer y se ven obligadas a privatizarse. Cuando reciben algo, son migajas por parte del gobierno nacional,  departamental eso si es un país en PAZ. 

Para lograr esta migajas de presupuesto e inversión los estudiantes deben hacer paro por más de 27 días, dejar sus clases, encapucharse, exigir la presencia de representante del gobierno nacional y departamental, sentar a los integrantes del Consejo Académico y Superior de la Unipamplona para discutir las problemáticas y darles a entender que se unan para mejorar la calidad educativa, solicitar informes reales financieros,  congelaciones de préstamos que se están realizando, tomar los campus - sedes para que estos entes públicos les pongan cuidado y la clase política de este país se compadezca. 

Pero eso no es todo, también deben exigir unas garantías, como el derechos que se tiene a la protesta, para que  no tomen represarías jurídica y de control. Hacer firmar para que no validen los trabajos durante el cese de actividades, porque hay profesores que van en contra de estos procesos y pedir que se recupere las clases. Todo esto cada semestre se está volviendo costumbre en la Unipamplona para que pongan cuidad a la situación e inviertan 20 pesos más, al presupuesto que cada año pareciera que fue una limosna. 

Los estudiantes de la Universidad Pública de provincia se preguntan ¿Cuál es la  PROSPERIDAD  PARA TODOS que se gloria el gobierno? cuando cada semestre se deben pagamos matriculas cercanas a cualquier universidad privada del país, cada semestre debe existir un paro, la duración de estudio se reduce más y los docentes ocasionales de la universidad se ven obligados a estar tres (4) meses desempleados al año. 

A toda esta problemática, hay que sumarle que la administración de Santos en los últimos meses de ejercicio camina sobre el filo de la navaja. Los problemas que enfrentará el nuevo gobierno a partir de agosto del 2018 serán muy grandes en todos los ámbitos especialmente en el EDUCATIVO. Esperamos que realicen las modificaciones correctas y recuperen el rumbo que algún día se tuvo de la educación y universidades públicas de este país. 

#UnipamplonaAlzaLaVoz

¿Por qué hay tanta corrupción en Colombia? Una explicación histórica

7:45:00 a.m. Add Comment

El desarrollo moral del colombiano medio se quedó en la fase egocéntrica o etno-céntrica, y esto se debe a la historia truncada de las luchas por la igualdad y la inclusión, que deslegitiman las normas formales y propician la ilegalidad.

Por: Eduardo Lindarte / Razón Pública

La conciencia moral

En un artículo anterior de Razón Publica sugerí una explicación sociológica del fenómeno extendido de corrupción a partir de la conciencia moral del pueblo colombiano.

Comencé por señalar que el desarrollo moral de una persona o de un pueblo debe llevarlo desde la fase “egocéntrica” (el bien del individuo) al estadio “etno-céntrico” (lo que conviene al grupo) y finalmente a la etapa “mundo-céntrica” (el bien de la humanidad).

Expliqué cómo la estructura jerárquica de la sociedad colombiana desde la Conquista favoreció las orientaciones etno-céntricas y limitó la ampliación del sentido de responsabilidad moral. La superposición del capitalismo a dicha sociedad reforzó las tendencias egocéntricas.

En este nuevo artículo me propongo ahondar sobre los aspectos sociales de la historia colombiana que obstruyeron la formación de esta conciencia moral más amplia y propiciaron la ilegalidad.

Una historia de división

Todo el siglo XIX estuvo marcado por la disputa entre dos visiones distintas sobre el orden normativo deseable.

Por un lado estaban las élites liberales inspiradas por la Revolución Francesa, así como por el reconocimiento de las nuevas oportunidades económicas provenientes de la consolidación del capitalismo internacional. A estas élites se sumaron los sectores populares que exigían mayor reconocimiento e inclusión para acceder a nuevas oportunidades. Este fue el caso de la alianza con los afrodescendientes del antiguo Cauca que hizo posible abolir los restos de la esclavitud legal.
Por otro lado estaba la visión conservadora y religiosa, más aferrada a la hacienda como arreglo social, a las jerarquías, privilegios y seguridades de la Colonia y al anhelo de un gobierno fuerte y centralizado.
Cada una de estas dos visiones explicaba según su propia perspectiva la naturaleza de la solidaridad, el orden natural y la justicia.

La intensa polarización que produjo este conflicto pone en duda el valor de los triunfos de ambas partes. Por un lado están los triunfos de los liberales que fueron opacados por la parálisis política subsiguiente a la Independencia. Por otro lado, en la última parte del siglo, cuando llegaron al poder, los conservadores no lograron facilitar los cambios culturales necesarios para la nación. El éxito conservador hizo que se pospusieran por más de cuarenta y cinco años las demandas de inclusión social y cultural, aunque también se tradujo en una paz tensa que permitió el florecimiento de la industria.

Esa acumulación de procesos sociales no resueltos impidió el desarrollo de una conciencia moral más amplia. 

Con el regreso de los liberales al poder en la década de 1930 se renovaron las demandas de inclusión social, pero tuvieron poco éxito. Aunque los gobiernos liberales introdujeron la legislación laboral para un orden industrial emergente y echaron los cimientos para un sistema educativo amplio, no lograron democratizar sustancialmente las oportunidades de acceso a la tierra y al capital. La consecuencia de estas tensiones no resueltas fue el período de La Violencia.

Lo anterior provocó tres reacciones:

La fuga continua de la población hacia la periferia, migración que dio origen a un orden sociopolítico precario porque estaba basado en la arbitrariedad y donde el aislamiento y los obstáculos geográficos impidieron que el Estado supuestamente democrático garantizara  los derechos de la población.

La rebeldía activa de los campesinos, que se expresó en la creación de las distintas guerrillas cuyos efectos se sienten hasta el día de hoy.

El aumento de las actividades ilegales y en especial del narcotráfico, cuyo acceso –aunque riesgoso– estaba abierto a los emprendedores.

La falta de oportunidades no solo aumentó el atractivo económico de las actividades ilegales, sino que posiblemente brindó un incentivo psicológico. El ingreso a la ilegalidad implicaba liberarse del sometimiento a una autoridad percibida como opresiva, lo cual pudo ser un impulso para iniciar dichas actividades.

La experiencia inicial con la marihuana en la Costa en los años sesenta sirvió como aprendizaje sobre las posibilidades e intríngulis del narcotráfico y facilitó el desarrollo posterior del mercado de la coca en otras regiones. El aumento del interés en la tierra como depósito de valor y de estatus que resultó de este negocio debilitó aún más la eficacia de las leyes formales del Estado y acentuó las desigualdades agrarias.

Causas profundas

Esa acumulación de procesos sociales no resueltos impidió el desarrollo de una conciencia moral más amplia. Y además impidió que avanzara el proceso de extensión de la ciudadanía social o de las oportunidades para una vida mejor, puesto que no existían ni el interés ni la capacidad reales para hacer frente al atraso, la discriminación y la desigualdad que ayudaron a prolongar las jerarquías coloniales.

La situación anterior resultó en condiciones favorables e incentivos para el florecimiento de los negocios ilegales, la corrupción y el deterioro de la moralidad que están presentes en diversos ámbitos:

En lo político se manifiestan en un orden sustentado no en la autoridad clara y establecida de un Estado central sino en la gobernanza basada en reciprocidades entre élites nacionales, regionales y locales. En ella la excepcionalidad, oculta bajo el manto de una legalidad formal, es la norma dominante. Frente a esta realidad las instituciones que controlan el cumplimiento de las leyes tienen una responsabilidad muy difícil de cumplir.

En lo social se manifiestan en la escasez o ausencia de oportunidades para que los estratos inferiores accedan a recursos tan importantes como tierra, educación, capital y crédito.

En lo subjetivo y psicológico se manifiestan en la persistencia del estigma colonial para las razas “inferiores”. Todavía en 1928 Laureano Gómez podía hablar de la inferioridad de indígenas, afrodescendientes y mestizos como un hecho natural y congénito, sin poder o querer entender la situación de estos grupos como resultado de su sometimiento y marginación. En esas condiciones difícilmente podían desarrollar su autoestima e independencia.

Todo lo anterior inhibió mucha de la capacidad de agencia independiente de los estratos populares –para la iniciativa, el emprendimiento y la innovación–. De los grupos mencionados el menos inhibido fue el mestizo, pues era más aceptado por su cercanía con el blanco, así como por su importancia numérica, aunque logró mejorar su estatus solo después de un largo tiempo.

Trabajar para el futuro

Los cambios sociales actuales están creando las condiciones para la emergencia, desarrollo y consolidación de una conciencia moral más amplia. Entre estos cambios están:

La creciente interacción producida por la urbanización;

Los escenarios laborales:

Las tecnologías de la información y la comunicación; La educación, y La ampliación de la clase media.

Todos estos factores contribuyen a crear empatía, a mejorar en el conocimiento del otro y a demandar un orden moral. El trabajo en este sentido tendrá que incluir múltiples esfuerzos.

La ampliación de la clase media será fundamental para fortalecer la conciencia moral y reducirá el atractivo de la ilegalidad. 

Uno de ellos será el de hacer más equitativo el acceso a las oportunidades –educación, salud, tierras, capital, emprendimientos económicos–. La ampliación de la clase media será fundamental para fortalecer la conciencia moral y reducirá el atractivo de la ilegalidad. Otro será el fortalecimiento de las infraestructuras de comunicación –como internet– que facilitan las relaciones y propician el reconocimiento del otro. También debe hacerse todo lo posible en materia de resolución de conflictos, y en ese sentido es muy relevante el desmonte de las guerrillas.

Desde luego también es importante fortalecer el Estado central con la presencia efectiva de instituciones que neutralicen a las élites regionales y locales pero que permitan el fortalecimiento de la voz ciudadana, y particularmente de la clase media. Solo si es de esta manera sería útil la descentralización, pues de otro modo simplemente serviría para favorecer a dichas élites. En relación con esto también son importantes las reformas legales e institucionales que contribuyan a combatir la corrupción.

Finalmente, hace falta una promoción más amplia y efectiva de la cultura ciudadana, que incluye temas como la convivencia, la legalidad, la democracia y la solidaridad. Este esfuerzo debe tener su base en el sistema educativo, pero debe ir mucho más allá, hacia el trabajo con las comunidades. Deberá tener didácticas apropiadas dirigidas a transformar conductas y prácticas arraigadas.

Es importante reconocer que las competencias cognitivas y el manejo del discurso de la ciudadanía no producirán por sí solos una ampliación de la conciencia moral. Para que esto ocurra, además de lo cognitivo, es necesario movilizar emociones y valores y promover un sentido moral a través del cultivo de la empatía, para lo cual será necesario educar la inteligencia emocional, un área en la cual valdría la pena profundizar mucho más.

En Segovia y Remedios, 15 días de lucha por el derecho al trabajo

7:26:00 a.m. Add Comment

Una disputa por el derecho al trabajo lideran desde hace dos semanas –con un paro general– los mineros tradicionales de Segovia y Remedios, arrinconados por la multinacional Gran Colombia Gold que pretende monopolizar toda la minería de la región; con el apoyo del gobierno nacional y departamental han militarizado estos territorios y atacado con gases y mucho más a los manifestantes y población en general.

Por: Daniel Vargas / Desde Abajo

Una lucha que rompe el silencio oficial y las manipulaciones de todo orden. El pasado 31 de julio de 2017 el ESMAD atacó a la población del municipio de Segovia en Antioquia y se tomó las instalaciones del Hospital San Juan de Dios. Además, agentes de la fuerza pública atacaron la misión de la Cruz Roja en el municipio, esto como respuesta a las manifestaciones pacíficas que se realizan en los municipios de Segovia y Remedios por el derecho al trabajo desde el 21 de julio de 2017.

Completados 10 días desde que la Mesa minera convocara a paro con carácter indefinido y pacífico, los escuadrones del Esmad arremetieron contra la población que se encontraba concentrada en el corregimiento La Cruzada del municipio de Remedios; la reacción de los manifestantes no se hizo esperar.

Con armas de fuego los uniformados ocuparon arbitrariamente el Hospital San Juan de Dios en Segovia, desde allí lanzaron gases lacrimógenos y dispararon a los manifestantes. Entre las víctimas se reportaron niños que quedaron atrapados en el colegio Ignacio Yepes Yepes de Remedios, quienes resultaron afectados por los gases.
La organización defensora de derechos humanos Cahucopana (Corporación Acción Humanitaria por la Convivencia y la Paz del Nordeste Antioqueño), informa en su comunicado del 2 de agosto:

“Hasta el momento el reporte parcial de heridos y lesionados es: en el municipio de Remedios 17 heridos, de los cuales 8 tiene heridas de gravedad y fueron remitidos a la ciudad de Medellín, y en el municipio de Segovia se reportan 7 personas heridas por arma de fuego y 11 con heridas leves, dentro de estas se encuentra el caso de una persona con amputación de una de sus manos a causa de un disparo y herida por proyectil en el abdomen”.

La gobernación departamental fomenta la criminalización de la protesta. El 1 de agosto Luis Pérez, gobernador de Antioquia, informó de la movilización hacia la zona de más de 500 hombres entre policías y Ejército, cuatro unidades del Escuadrón Móvil Anti Disturbios, 240 uniformados de prevención, además del toque de queda decretado a partir de las 6 pm de ese martes hasta las 6 am del miércoles 2 de agosto. Agregado a esto, relacionó a los líderes mineros con grupos armados ilegales.

Por su parte, Eliober Castañeda, presidente de la Mesa minera, en medio de la reunión con la administración municipal de Segovia, celebrada el 3 de agosto, invitó a los segovianos y remedianos a que desarrollen las protestas manteniendo la consigna pacífica y velando por la seguridad y el bienestar de ambos pueblos y de sus habitantes. También solicitó a las autoridades el retiro del Esmad del territorio pues son ellos quienes incitan a la ciudadanía, afirmó.

Por último desmintió las declaraciones del vicepresidente de la multinacional Gran Colombia gold, José Ignacio Noguera, quien afirmó que cientos de manifestantes atacaron con piedras y bombas incendiarias algunos buses y la sede de la empresa.

En lo que respecta al paro que lleva 12 días, el señor Eliober emitió un comunicado a través de la página de Facebook de la Mesa Minera. Se dirigió a los comerciantes –fervientes acompañantes del paro minero– y les informó de la tentativa de acordar con ellos una fecha próxima para abrir los establecimientos comerciales y así facilitar el reabastecimiento de víveres y productos de primera necesidad al resto de la población.

12 días de paro

El 21 de julio la Mesa minera convocó a paro indefinido para exigir el derecho al trabajo de los pequeños mineros pues la multinacional Gran Colombia gold, mediante amparos administrativos, ha ordenado el cierre de las minas y entables de los dos municipios que no tengan los permisos para explotar las entrañas de las montañas en busca de oro. Sumado a esto, los mineros de Remedios y Segovia piden al gobierno nacional que detenga el proyecto de ley que busca criminalizar la minería informal que durante un siglo ha sido la fuente de ingresos de sus habitantes.

Cese al fuego, aún estamos a tiempo

6:02:00 p.m. Add Comment

Quedan tres semanas para la llegada del Papa a Colombia, y el Diálogo en Quito aún no arroja un acuerdo respecto al Cese al fuego bilateral temporal, propuesta que ha hecho el ELN y que recoge la más amplia adhesión social. Ratificamos nuestro compromiso y planteamos propuestas para su posible implementación.


Las ideas de cada Parte se han venido abordando, profusamente, en las submesas y comisiones específicas dispuestas en Quito, desde que ambas Delegaciones manifestamos intención de pactar un acuerdo de cese bilateral.

En su discurso mediático, el jefe negociador del Gobierno, Juan Camilo Restrepo, ha buscado instalar la idea de que el cese al fuego estaría condicionado a la suspensión de varias modalidades, que -supuestamente- el ELN no tiene disposición de cesar temporalmente y por esto no se avanza. Pero no es esa la dificultad real en la Mesa.

El gobierno conoce la voluntad que mantiene el ELN de acompañar el cese al fuego, con alivios humanitarios, durante la temporada que dure el cese.

En cambio, cuando el ELN manifiesta lo que el Gobierno debería garantizar para que la población también se vea aliviada de las afecciones humanitarias, que causa la acción u omisión estatal, ahí la escasa voluntad política de la delegación gubernamental se convierte en la verdadera traba.

Tal como lo expresamos en el Comunicado del 2 de julio, son 5 puntos los que el ELN ha propuesto al gobierno y a la sociedad como complemento del Cese bilateral, cuya garantía de cumplimiento está en manos del Gobierno:

Combate al paramilitarismo, con el fin de neutralizar el genocidio en curso contra las fuerzas alternativas de cambio;

Acabar con la judicialización y persecución de líderes y lideresas sociales;
Honrar los acuerdos de garantías en DDHH pactados con las organizaciones sociales, que reclaman ante el sistemático incumplimiento del gobierno;
Levantar los bloqueos y confinamientos de zonas y comunidades, donde la Fuerza Pública se muestra cómplice del accionar paramilitar;

Resolución de la crisis humanitaria que afecta a todas las cárceles del país.
Al respecto, nuestra Delegación de Diálogos presenta propuestas bien concretas como, por ejemplo, un Sistema de Alerta y Ataque (SAA) ante el accionar paramilitar, que consta de 4 fases:

Las comunidades alertan y denuncianla agresión o amenaza;
La Fuerza Pública confronta la amenaza, esto incluye la separación del cargo de militares y policías, cómplices en la agresión;
Verificaciónpor parte de las comunidades de la eficacia de la confrontación de la agresión;
Difusión pública de los resultadosque arroja el proceso, para que la sociedad evalúe el real compromiso en el deslinde estatal con el accionar paramilitar.
Como ejemplifica este caso, cada propuesta del ELN está acompañada de los mecanismos concretos que permitirían su implementación; se trata de medidas de garantías básicas, elementales; ante las que la Delegación del gobierno esquiva hacer compromisos.

Con base en ese compromiso que asumimos, y en vistas de que los tiempos de la venida del Papa se acortan, nos permitimos interpelar al gobierno, en busca de un acuerdo de Cese bilateral. Esta posibilidad sigue al alcance de las Partes, si hay verdadera voluntad de crear hechos de confianza hacia la paz.