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En defensa de la esperanza

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El presente texto, realizado por Juan Carlos Lozano, hace parte de la serie "reflexiones sobre un Nuevo Proyecto Político en Colombia", artículos que recogen el espíritu y contenido de los debates desarrollados en el Encuentro realizado los días 14 y 15 de enero en la ciudad de Cali, con un grupo de jóvenes y algunos colaboradores veteranos.  

Por: Juan Carlos Lozano / Democracia en la Red

No son pocos los años ni los actores que han luchado por cambiar la realidad político –social de Colombia, en desarrollo de esta lucha nos sobran muertos, mutilados, desaparecidos, guerrillas y por qué no, movimientos. Hasta el momento, hemos llevado una lucha que no ha logrado unir nuestras fuerzas en pro del cambio.

La idea de cambio para el país tiene una nueva oportunidad ante los sucesos presentados a partir de la negociación con las guerrillas y la crisis profunda de los partidos políticos del establecimiento colombiano. La corrupción es el personaje central de la decadencia del sistema capitalista criollo que asfixia a través de impuestos y demás al grueso de colombianos de a pie, mientras, exonera los grandes capitales.

Los movimientos que luchan en pro del cambio pueden tener mayor impacto si es posible tejer lugares comunes. Estamos de acuerdo en las inequidades que favorecen a las élites, en la difícil situación de comunidades enteras que sufren a manos de multinacionales que vienen por nuestros recursos naturales. Asimismo, estamos de acuerdo en que la desigualdad cada vez amplía más la brecha entre unos y otros. Nos une el clamor de tantos de ruana que ven como la justicia se ensaña contra ellos. Nos unen motivos, indignaciones, luchas, clamores y el firme deseo de abogar por un cambio que tenga como protagonistas a los grupos de ciudadanos, ONG, movimientos, partidos y demás manifestaciones en pro de un cambio. Pero no un cambio a la manera de las élites donde todo cambia para que la realidad siga igual.

La tarea inmediata que tenemos ante nosotros sería entonces: buscar la unión de los dispersos. Lo anterior debe tomar muy en cuenta que las actuales fuerzas políticas que detentan el poder y las que aparecen firmes en sucederlo, representan la profundización de un modelo que afecta los intereses de las clases menos favorecidas y el medio ambiente en detrimento de pueblos ancestrales entre otros lastres.

Todos aquellos interesados en qué este país salga de la inequidad del statu quo, deberían proponerse un debate en torno a la construcción de un acuerdo que permita la coexistencia de todos los que abogan por el cambio; hasta el momento la lucha de los movimientos y partidos de izquierda y demás organizaciones, ha estado marcada por la no solución de las diferencias y la imposibilidad de articular visiones y propuestas. Tenemos con qué dar la lucha contra las maquinarias de los políticos profesionales en contubernio con contratistas que buscan el poder para continuar con la dinámica de 200 años de “democracia” a la colombiana.

En este momento clave para el futuro del país, es vital acercarnos, debatir, ponernos de acuerdo en lo mínimo y al mismo momento, en lo fundamental. La instrumentalización de la lucha social con fines electorales, debe ceder paso a la construcción conjunta de un proyecto que basado en unas propuestas claras y posibles, apunte en la dirección de un cambio de rumbo.

La construcción y puesta en marcha de un proyecto político que aglutine fuerzas, voluntades, indignaciones, proyectos y sueños está en nuestras manos. 


Para eso estamos aquí.

El bipartidismo al desnudo.

5:40:00 p.m. 1 Comment

No importa quien gane, la crisis asoma en una de las “democracias” más estables.Votar con las lógicas que lo hace su “patio trasero”, es decir, por el menos malo, pone a los gringos a la altura del resto de los mortales.

Por: Juan Carlos Lozano / Democracia en la Red

La elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos (cosa que pocos esperaban) remite nuevamente a lugares comunes como: la ignorancia del votante, que la democracia no sirve, que el sistema electoral esto o aquello, que el miedo, etc. Y puede que tengan razón, pero olvidan que el votante también castigó al actual gobierno y sus políticas. Obama tiene parte en todo esto. Al mismo momento, olvidan quienes son los Clinton. A Clinton esposo, la Cámara de Representantes de Estados Unidos decidió en su momento someterlo a juicio político por haber mentido bajo juramento y obstruir la justicia.

Durante la presidencia de Clinton esposo, lo sucedido con el Plan Colombia dejó en blanco y negro sus redes clientelares. Siendo la firma de Vernon Jordan, de un amigo de Clinton, la beneficiada al ser contratada por el gobierno colombiano gracias al lobby realizado con dos temas puntales: 1) aprobación del Plan y 2) direccionar cómo y en qué gastar el dinero. En esos días, Lockheed Martin, pagó una encuesta según la cual el 56% de los votantes aprobaría un Plan de unos 2.000 millones de dólares.

Mientras, Clinton esposa, que pese a pertenecer al Partido Demócrata y posar de aquello, no le tembló para votar positivamente la resolución de Bush Jr. para la guerra en Irak. Como Secretaria de Estado, Clinton cerró la mayor exportación de armas de la historia de EE.UU, gran parte destinada al Golfo Pérsico, más concretamente para Arabia Saudí. Cabe señalar, que en un cable difundido por Wikileaks fechado en 2009, Clinton tildaba a Arabia Saudí de ser “la fuente más significativa de financiación a los grupos terroristas suníes en todo el mundo", pero bueno, negocios son negocios. Luego de cerrar el trato, Clinton justificaría la venta de armas con el argumento de contribuir con la seguridad mundial. Asimismo, defendió el golpe en Honduras, impulsó la invasión a Libia, la guerra de Siria y de paso, tensó la cuerda con los rusos, esto sin hablar de sus estrechos vínculos con Wall Street.

Habrá que manifestar con claridad que pertenecer al Partido Demócrata no te hace demócrata. Normalmente los partidos políticos recurren al uso de nombres que sugieren todo aquello que no son. Ahora bien, el lamento por el voto en favor de Trump en una “democracia” estable como la gringa, olvida que muchos votaron a Bush padre y Bush hijo. El actual ambiente de sorpresa parece sugerir que el voto por aquellos hubiese correspondido a un acto de raciocinio electoral depurado. Y qué decir de Obama, Premio Nobel de Paz y con Guantánamo abierta 24/7 pese a la promesa de hace unos 6 años de cerrarla, aunque, a favor del Presidente Demócrata habrá reconocer que ha liberado muchos reclusos.

Aquí no se pretende abordar la explicación del por qué Trump es Presidente. Por el contrario, sugiere que ambos candidatos tenían serios cuestionamientos para alcanzar tan importante cargo, por ende, queda el sabor de haber despachado la poca moral pública gringa al convertir el debate por la presidencia en un lodazal, donde cada candidato se esforzó por presentar a su oponente como lo peor, es decir, igualando por abajo. Ante tal atmósfera, la aparición del voto castigo pasó cuenta de cobro a una clase política elitista y en contubernio con los lobistas. Aquella clase política tan generosa en el discurso políticamente correcto pero que tan lejana de aquel en sus prácticas.

La clase política elitista está vez no logró convencer. La gente promedio se cansó de eso. Los Clinton querían pasar a la historia como los esposos presidentes, como si esto fuera cuestión de familia; imaginemos que en Colombia doña Lina Moreno de Uribe, esposa del ex–presidente Álvaro Uribe Vélez fuera candidata a la Presidencia. De haber ganado, los Clinton no tendrían nada que envidiar al también “demócrata” centroamericano Daniel Ortega quien fue reelegido por segunda vez en la Presidencia de Nicaragua está vez al lado de su esposa Rosario Murillo como Vicepresidente.

Por otra parte, debemos tomar en cuenta el daño colateral del modelo económico sobre las vidas de las personas para entender ciertos apoyos a Trump. Si observamos la difícil situación de muchos y la creciente competencia por puestos de trabajo, podemos concluir que algunas decisiones en la esfera pública gringa se toman con el estómago. Si tenemos en cuenta que el sistema actual ha arrasado con los empleos en sectores como el manufacturero llevándolos a países como China, México o Vietnam, podemos empezar a comprender en parte el triunfo del pelirrojo. Dicho de otra manera, para muchos la llegada de nueva mano de obra los perjudica, lo que profundiza el darwinismo social donde cada quien busca asegurar su bienestar en medio de la competencia, de ahí que, algunos paisanos apoyen a Trump.

Lo sucedido en Estados Unidos abre la puerta a tiempos interesantes y no por ello mejores. Que un millonario (outside) derrote al establecimiento, los medios, gran número de políticos, artistas y demás, no es cualquier cosa. Podrán tildarlo de loco, sin embargo, les ganó gracias a las redes sociales y al agotamiento de la puesta en escena de la matrix neoliberal. Sucesos como este tiene que llevarnos a reflexiones más profundas de aquellas que simplemente le achacan la culpa al FBI, a la ignorancia de la gente y demás.

Pero más allá de quien era mejor o peor entre Clinton y Trump, tenemos que la crisis de la democracia representativa le llegó a los gringos. La gente del común se cansó de las promesas de políticos profesionales empacadas en la delicada envoltura de lo políticamente correcto, por tanto, habrá que evitar tildar de brutos a los votantes de Trump, máxime, teniendo en cuenta que gracias al bipartidismo no había más candidatos para elegir.

Ante el limbo gringo cabe preguntarnos: ¿Qué pasa con las instituciones? ¿Qué pasó con los partidos políticos? ¿Qué les sucedió a las castas y su ejército de lobistas que merodean el gobierno? ¿Cómo será el comportamiento de los poderes fácticos? Aún es temprano para predicciones, pero el imperio debe continuar no importa quien gobierne. Igualmente, se pasa por alto que muchos vociferantes en campaña terminan acercándose al gobierno de turno arreglándoselas para cumplirle a los poderes fácticos.

De Bojayá pasando por el Cauca, llegando a New York, siguiendo a Londres, los une la decisión de una mayoría que impacta y deja sumidos en la preocupación a cientos de personas. El Brexit de los ingleses, el voto por el No en el plebiscito y ahora la presidencia de Trump, ponen sobre la mesa los resultados de una democracia representativa que se alaba y se ataca según el resultado. Aquí el lugar común es el limbo, sin embargo, la situación fáctica de unos y otros no preocupa a todos por igual.

Queda la sensación en el caso de los EE.UU y Colombia, que ambos son países de papel madurados a la brava. Y es que resulta difícil aceptar la existencia del racismo; la homofobia; la xenofobia; la misoginia y en nuestro caso, parte de lo anterior, sumado a que muchos celebran la muerte de algunos y lloran la de otros y al mismo momento, siguen y defienden políticos con un pasado delictivo, pero ¿qué hacemos? eso es lo que hay. Y más difícil aun, aceptar que mientras determinadas decisiones políticas nos afectan, seguimos quejándonos sin pasar a la acción concreta. Donald Trump es el reflejo de buena parte de los gringos (al igual que Uribe y Ordoñez de buena parte de los colombianos) a los cuales interpretó y les dio voz, y que gracias a su discurso enarbolan sus banderas saliendo del closet de lo políticamente correcto.

No todo es fruto de la ignorancia, la señora Clinton era una muy mala candidata y la casta detrás de ella, también. Prefirió el votante gringo algo “nuevo” aunque desconocido que más de lo mismo. Casos como este deben servir para entender que la democracia está sobrevalorada, de ahí que, el principio de mayorías (como algunos entienden la democracia) no es infalible.

Avanzamos tanto como Podemos.

9:44:00 a.m. Add Comment

En una “democracia” de gamonales que a través del bolígrafo bendicen el porvenir de aquellos políticamente correctos, capaces de repartir pequeñas misericordias y al mismo momento, ser guardianes de lo acumulado, el cambio es un imperativo.

Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros.

Groucho Marx

Por: Juan Carlos Lozano* / Democracia en la Red

Después del 2 de octubre Colombia entró en un período enrarecido, para lo que algunos es un limbo; donde la clase política parece querer remasterizar tiempos pasados donde caían parados al solucionar graves acontecimientos político–sociales a través de pactos, acuerdos o algo parecido. Acostumbrados a pactar en medio de condiciones adversas, ven en estas últimas el momento propicio para su reinversión, es decir, nos llevan al límite para luego posar de haber estado a la altura del momento histórico. Adviértase que, a pesar de todo, existe una tensión entre el centro y la extrema derecha, que alcanza su clímax en la disputa por la justicia transicional, dicho de otra manera, el centro quiere una sociedad sin conflicto, mientras, la extrema se opone a una solución política al conflicto que afecte el latifundio, “buen nombre” y su libertad.

Debo empezar por advertir dos cuestiones: 1) Pafraseando al ex–presidente López Michelsen, en Colombia la “democracia” es la competencia de dos caballos, ambos del mismo dueño y 2) La realidad nos derrota. Muchos seguimos analizando el país a través del querer, llegando incluso a madurarlo a punta de construcciones teóricas en un ejercicio de autosatisfacción que engrosa el amplio mercado de las teorías. Esto me recuerda un pasaje de una columna de Juan Esteban Constaín titulada “País de papel”: “Nos instalamos en el plano ideal de una sociedad que no existe. Un país de papel que es moderno, tolerante, secular, respetuoso, abierto, superpuesto a una sociedad que puede llegar a ser todo lo contrario”.

Habrá que tratar de evitar caer en abstracciones radicales, en construcciones mentales que valen como tales y pasar a lo fáctico. Para decirlo breve y pronto, en Colombia la democracia está por estrenarse, es decir, la democracia no es una operación de sumas y restas como la entienden muchos por aquí. De ahí que, no todo sea susceptible de resolverse vía principio de mayorías; lo que existe entonces es un modelo institucional formal dotado de mecanismos de participación ciudadana donde se concluye que mientras se cumplan los designios de las mayorías ha hablado la democracia. En resumen: en nuestro país tenemos unas mayorías sin democracia.

Si la hegemonía del principio de mayorías fuera cierta, el debate planteado por la abstención nos conduciría a un escenario problemático, lo anterior, por haber ganado la mayoría de aquellos inmunes al debate público. Por otra parte, ya metidos en este problema algunos apelan a la vieja práctica de la activación del ingenio jurídico en un país plagado de normas. Al mismo tiempo, tenemos un Presidente en caída libre con una reforma tributaria regresiva debajo del brazo, enmarcada en las lógicas del proyecto neoliberal, mientras, sostiene la paloma de la “paz” en su mano; de ahí que, como bien lo advierte Antonio Caballero en una columna titulada “Neoliberalismo”: “Juan Manuel Santos con toda su retórica no pretendía cambiar el sistema, sino simplemente hacer la paz”.

El plebiscito del 2 de octubre dejó un balance precario para nuestra “democracia”, debido a la abstención que superó el 60%. Ante este panorama debemos preguntarnos sí es plausible seguir hablando que la mayoría dispuso esto o aquello, incluso, evitar expresiones que hablen de los colombianos en general. Por otra parte, la brecha entre el país urbano y el rural, deja como saldo que en muchas zonas golpeadas por la guerra, ganará el Sí, mientras, en el país urbano, muchos estaban más preocupados por el futuro del victimario y no por las víctimas.

Durante las discusiones del plebiscito sobraron políticos y faltó “pueblo”. Ver de nuevo en escena a personajes como César Gaviria (aquel que nos dio la bienvenida al futuro), Ernesto Samper, Andrés Pastrana quien le apostaba al No, y el mismo Uribe, hace parecer el fin de la guerra a una pelea por una herencia. Con esto en mente, muchos habíamos advertido que uno de los grandes retos era tratar de sacar adelante el Acuerdo con la clase política responsable de haber defendido y sostenido a través de sus decisiones el conflicto armado, por consiguiente, las pésimas decisiones en política pública permite que persistan y agraven problemáticas del orden social donde se privilegia como solución: el plomo y la cárcel.

Retornamos así a una vieja frase: en Colombia todo cambia para que siga igual. Apelamos a la vía institucional en un desmedido interés por lo formal, priorizando las soluciones a través de la vía jurídica, lo que se conoce como el síndrome de la codificación en palabras de Mauricio García Villegas. Siguiendo la costumbre casi irremovible entre nosotros, como decía Carlos Gaviria Díaz (1937–2015), de producir textos impecables para decir en escenarios internacionales lo mucho que hemos avanzado, pero ay de aquel que se atreva a sacar conclusiones con el fin de modificar la realidad social.

Por otra parte, algunos aprovechan la victoria del No en el plebiscito para tomar un nuevo aire, y de paso tratar de ubicarse en primera fila en la foto de aquellos que hicieron posible que el conflicto terminara. Concuerdo con muchos en que la disputa Uribe–Santos no es un tema de egos simplemente, sin embargo, algo de ello debe haber. Quedamos entonces a merced de los designios de una clase política responsable de la situación del país y que en este momento se metamorfosea en busca de pasar de un lado al otro reinventándose para seguir en el poder.

Pero no debemos desfallecer. La política es el vehículo de cambio por excelencia, por tanto, es urgente entender que los cambios del orden social no siempre se dan como uno quisiera, por ende, en este momento es vital tener paciencia. No podemos esperar modificar el marco societal de la noche a la mañana, como tampoco podemos pensar que la construcción del enemigo se ha de superar así no más, sin embargo, es importante hacer una relectura de lo sucedido e intentar la construcción de una intimidad colectiva que ubique el lugar común de las injusticias estructurales históricas y permita la elaboración del pronunciamiento social en condiciones simétricas en medio de un movimiento que apueste por la transversalidad.

Hablar de transversalidad no es renunciar a nuestra frontera ético–política ni mucho menos, por el contrario, es ponerla en juego con otras en busca armonizarlas tejiendo un lugar común que derive en un acuerdo parcial. No estamos abogando por la desideologización o cosa parecida. Sin embargo, tenemos que construir sobre las bases, no sin antes hacer un análisis juicioso de lo sucedido. En este orden, habrá que repensar la izquierda (para expresarme en los términos de la vieja caja resonante al decir de Bobbio) que se enfrenta a un problema que no parece entender, o, en el peor de los casos aun no se entera que tiene. Para decirlo breve y pronto: a la izquierda le quitaron el discurso. Hoy todos hablan de lo mismo. Huérfana como está, recurre a lugares comunes en busca de sentido para su accionar político. Estimo que la derecha y la izquierda son metáforas agotadas que no logran captar el giro y las necesidades de lo político en el contexto histórico actual.

Por otra parte, debemos hacer referencia a la crisis de la democracia representativa que hoy no representa a nadie. Habrá que preguntar entonces: ¿Sin democracia es posible hablar de representación? La idea de una propuesta alternativa (de izquierda sí se quiere) es atacar el modelo desde adentro y no adaptarse a este. La capacidad que tienen las élites de metamorfosearse es una de sus virtudes, pues dividen el país para luego posar alegres en fotografías. Esto de dividir nos tiene votando con lógicas ajenas al cambio, sin embargo, deja ver que incluso no existe conceso en los sectores que representan la alternativa.

El estado actual de la política convertida en la principal generadora de riqueza para una minoría organizada que controla la mayoría dispersa, ha profundizado el ya engendrado pesimismo antropológico tan dañino para cualquier alternativa del cambio, por esta razón, se escucha por parte de muchos que “esto jamás cambiará” y demás frases que ahuyentan a los honestos de la política. Siendo esto último altamente beneficioso para los corruptos y al mismo momento perjudicial para lograr los cambios tan urgentes del orden social.

Estamos ante un régimen hibrido donde coexisten entre otras, medidas autoritarias y tímidos desarrollos sociales, y el persistente intercambio de derechos por subsidios lo que se traduce en la práctica en la administración de pequeñas misericordias, ante aquello la pregunta podría ser: ¿Qué hacer? Max Weber (1864–1920) decía en una famosa conferencia dictada en Múnich titulada “La política como vocación”, que la cátedra no es para los demagogos ni para profetas. Sin hacer futurología o caer en la revolución de los académicos (que es bastante peligrosa), pensaría que debemos replantear el discurso, los significantes y el quehacer político.

Es urgente construir la transversalidad dotada de un discurso incluyente, en otras palabras, volver a lo básico. Recordemos que ni Kant (1724–1804) ni Hegel (1770–1831) movieron las masas como lo haría en su momento Jorge Eliecer Gaitán (1903–1948) como bien lo recuerda el profesor Libardo Orejuela Díaz, asimismo, habrá que pasar por el crisol de la crítica alguna parte de la academia por haberse quedado instalada en la cómoda torre de marfil, donde se elaboran delicadas y profundas teorías de un puñado de ilustres para ilustres, mientras, la calle y la realidad siguen igual o incluso peor. Esta academia resulta incluyente en la teoría, pero al mismo momento deja fuera a todos aquellos que defiende.

A esta altura habrá que reconocer que no hemos sido capaces de conectar con el de a pie. Precisamente por eso la búsqueda del lugar común es el siguiente paso. Para resumir: 1) Es urgente la construcción de un nuevo lenguaje, un nuevo imaginario, una nueva praxis. 2) La construcción del sujeto de la democracia pasa por la horizontalidad y no, por la verticalidad y 3) En una “democracia” de gamonales que a través del bolígrafo bendicen el porvenir de aquellos políticamente correctos, capaces de repartir pequeñas misericordias y al mismo momento, ser guardianes de lo acumulado, el cambio es un imperativo.

Ya para terminar, advierto que esto de la transversalidad es tal vez, a mi juicio, lo más complejo de la construcción de nuevos imaginarios políticos. Sí algo caracterizó la vieja izquierda fue su imposibilidad de tejer acuerdos con vocación de poder con el fin de unificar un proyecto político que interpretara las necesidades del colectivo deponiendo egos y modulando visiones y estrategias. Mientras, la falta de una plataforma política plural e incluyente más allá del discurso y la disputa interna en torno al objetivo, estrategia y acción, los tiene de Ministros del Trabajo de un proyecto neoliberal, apostando a la “paz” (en lugar de del fin de la guerra) en medio de un modelo económico que explota, divide y acaba con el medio ambiente. Tal vez estamos lidiando con los efectos y no con la causa: el proyecto económico neoliberal.

En este momento debemos centrar la reflexión en entender que estamos en medio del fin de una guerra y no de un sistema, que esto último debe ser el resultado de aquello que vendrá, que de nosotros depende impulsar la construcción de una democracia donde se rescate al Estado y sus instituciones de la cooptación realizada por una minoría organizada, para ello es vital la búsqueda de un proyecto colectivo, por tanto, debemos tomar en serio las palabras de John Rawls: “No dejen la política a los políticos” y más cuando aquellos se caracterizan por tener el interés particular tan desarrollado y que a manera de efecto teflón los aísla del reclamo social. Aquello nos recuerda la frase de Groucho Marx “Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros”.

La democracia no es un remedio milagroso ni mucho menos, por el contrario, es un proyecto inacabado. No obstante, la tarea pendiente consiste en seducir a ese país invisible de unos 20 millones de ciudadanos que resultaron inmunes a la esperanza como advierte William Ospina. Esos 20 millones son fundamentales en la tarea de construir un nuevo proyecto de país donde se logre una democracia como gobierno por discusión, en tal sentido, Amartya Sen en una de sus obras recientes titulada “La idea de justicia” (2010) hablando de la democracia advierte: “Uno de los logros de la democracia es la capacidad de hacer que la gente se interese, a través de la discusión pública, en las peripecias de los demás y comprenda mejor las vidas ajenas”, a esto considero debemos apuntar.

Nota: Persisten las siguientes preocupaciones: 

1. Preocupa que las Farc como “partido político” empiecen por adaptarse a las prácticas de la política a la colombiana. 

2. Hasta cuándo serán instrumentalizadas las fuerzas democráticas instaladas en el binomio polarizante Uribe–Santos presente en los últimos años. 

3. Al tomar en cuenta a Uribe en la negociación no debemos llamarnos a engaños. Él buscará la defensa de los intereses del victimario lo que afectará la construcción de la memoria histórica y continuará oxigenando su causa. 

4. El problema de la “paz” radica en qué aun no podemos estar de acuerdo en su alcance y límite, es decir, estamos en presencia de una paz neoliberal que se traduce como una paz formal o abstracta sin justicia social. 

5. A pesar de las preocupaciones aquí expuestas, es importante destacar que antaño solían decir: “Fuerzas oscuras mataron a Bernardo Jaramillo Ossa” (1955–1990). Hoy dichas fuerzas están visibles (Centro Democrático) y resulta más comprensible entender sus propósitos.

* Juan Carlos Lozano Cuervo es abogado de la Universidad Libre seccional Cali, Magíster en Filosofía de la Universidad del Valle, Investigador del Centro de Pensamiento Estratégico Democracia y Posconflicto, profesor universitario.

Referencias

Constaín, J. (2016, octubre 27) País de papel. Periódico el Tiempo. Recuperado de http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/pais-de-papel/16735842

Caballero, A. (2016, enero 16) Neoliberalismo. Revista Semana. Recuperado de http://palabrasalmargen.com/index.php/articulos/nacional/item/es-la-izquierda-un-significante-agotado-en-el-sentido-comun-colombiano

García, M. (2014). La eficacia simbólica del derecho. Universidad Nacional, Bogotá.

Gaviria Díaz, C. (2014, marzo 13) el sueño inconcluso de la Constitución parte I. [Archivo de Video]. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=hPg4nhQgUeA

Ospina, W. (2016, octubre 7) El país invisible. Periódico el Espectador. Recuperado de http://www.elespectador.com/opinion/el-pais-invisible

Sen, A. (2010). La idea de la justicia. Taurus, Bogotá.