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Necesitamos un sistema pensional universal, no sistema de ahorros.

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El régimen pensional que estableció la ley 100 de 1993 debe reformarse radicalmente por ser discriminatorio y excluyente. Hoy sólo uno de cada 4 adultos mayores tiene pensión, y a futuro las personas que van a tener pensión asegurada representan solo el 10% de la población activa. 

Por: Héctor Vásquez Fernández / Desde Abajo

En el régimen público de prima media, únicamente aquellas personas que puedan acceder a un empleo estable que les garantice cotizar por lo menos 25 años completos; y en los fondos privados de pensiones, sólo aquellos trabajadores que coticen sobre un ingreso superior a 3.5 salarios mínimos, que les permita, a pesos de hoy, un ahorro de $152 millones si son mujeres, o de $127 millones sin son hombres.

La ley 100 de 1993 estableció dos regímenes de pensión: el régimen público de Prima Media con Prestación Definida (RPM), manejado por COLPENSIONES, y el régimen de Ahorro Individual con Solidaridad (RAIS), manejado por el sector financiero. El régimen de prima media garantiza una pensión vitalicia que oscila entre el 65% y el 80% del ingreso base de liquidación, pero tiene como requisitos cotizar 1.300 semanas (25 años de trabajo continuos) y tener una edad de 57 años las mujeres y 62 los hombres. A esta pensión sólo accede el 10% de la población activa, es decir, personas que trabajen en el sector formal de la economía, que además tengan una alta estabilidad laboral, que posean altos niveles educativos y que trabajen preferiblemente en las zonas urbanas.[1]

En el régimen de ahorro individual, los afiliados pueden obtener dos modalidades de pensión: una de Retiro Programado, en la que el pensionado asume los riesgos de longevidad e inversiones, lo que quiere decir que su pensión dura hasta que se agote el capital ahorrado; y La Renta Vitalicia Inmediata, que se negocia con las compañías aseguradoras, que son las que asumen los riesgos de longevidad e inversiones, y que asegura una pensión muy cercana al nivel del salario mínimo. Adicionalmente, es posible una pensión de vejez anticipada, pero sólo cuando los ahorros del afiliado acumulados durante su vida laboral (aportes y rendimientos) alcancen a financiar una mesada inicial equivalente a por lo menos 110% del salario mínimo[2].

El diagnóstico de FASECOLDA sobre el impacto de este modelo en el aseguramiento de derechos es bastante elocuente: “la insuficiencia de los capitales acumulados por los afiliados es una de las principales razones de la baja emisión de rentas vitalicias en el país”, que no permiten “contar con niveles de ahorro inferiores a los necesarios para adquirir una renta donde se financie una mesada de por lo menos el 110% del salario mínimo. Lo anterior se debe a problemas del mercado laboral (...), principalmente relacionados con la intermitencia en la cotización, y porque las cotizaciones, en su gran mayoría, se llevan a cabo sobre ingresos muy cercanos al salario mínimo. (...) Dado que la inmensa mayoría de afiliados (83%) realiza aportes por ingresos inferiores a 2 smlmv, se puede esperar que la devolución de saldos siga en aumento”. [3]

La consecuencia social de este modelo, es la de que hoy en el país apenas 1 de cada 4 adultos mayores tiene pensión, una situación que será más grave con los años a medida que envejezca la población.

Este modelo además tiene enormes riesgos de sostenibilidad financiera, pues el gasto del Estado en pensiones es cada vez mayor. La razón está en que el 91% de los pensionados está en el régimen de prima media, pero el 70% de los afiliados al sistema cotizan a los fondos privados, lo que explica que los fondos privados concentren el 88% del valor total de los fondos (166 billones a marzo de este año).
En 2016, este modelo arrojó resultados contradictorios para los agentes que participaron en su administración: el Estado Colombiano destino 38 billones para el pago de las mesadas pensionales, y Porvenir y Protección, las compañías que monopolizan el negocio de los ahorros pensionales, obtuvieron 610 mil millones de utilidad neta.

Por estas razones no podemos dejar que la reforma pensional nos la vuelva a imponer el sector financiero, tal como lo hicieron en 1993. Ellos quieren quedarse con todo el negocio, liquidar COLPENSIONES, o dejarlo sólo para que administre los BEPS y asigne subsidios. Este es el riesgo que corremos si en la reforma no participa toda la sociedad y si esta no es el resultado de un amplio proceso de diálogo social.

En este sentido, cualquier reforma que se le haga al sistema pensional vigente hoy en Colombia tiene que ser coherente con la naturaleza del Estado que acordamos en la constitución de 1991, que hizo de Colombia un Estado social de derecho, modelo que impone “el deber de promover el florecimiento de condiciones en las cuales se materialice el principio de la dignidad humana y la primacía de los derechos fundamentales”, un deber que “resulta especialmente relevante en aquellos eventos en los cuales la salud o la capacidad económica de sus beneficiarios ha sufrido mella, en la medida en que estas contingencias constituyen barreras reales que se oponen a la realización plena de la sociedad y del individuo” (sentencia T-468 de 2007).

Ha sentenciado la Corte que, si bien la Constitución “no consagra la subsistencia como un derecho, éste puede colegirse de los derechos a la vida, a la salud, al trabajo y a la asistencia o seguridad social, ya que las personas requieren de un mínimo de elementos materiales para subsistir” (Sentencia T-297/98).

Este mínimo vital es el que garantizaría el establecimiento de un pilar solidario, financiado con impuestos, recursos públicos y cotizaciones, que asegure a toda persona adulta mayor, independiente de su condición socioeconómica, de si ha cotizado o no al sistema, un ingreso mínimo equivalente a medio salario mínimo legal, inicialmente focalizado en la población adulta mayor más vulnerable, (piso de protección social). Este ingreso se podría incrementar mediante cotizaciones y/o un sistema de ahorros individuales como los que propone el sistema BEPS.

Esta propuesta, que ha sido promovida por Naciones Unidas y la OIT, entre otros, tiene su fundamento también en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC), del que hace parte el Estado colombiano, del que derivan obligaciones en materia de política pública, como lo ha reiterado la Corte Constitucional (Sentencias T-468/07 y T-658/08), al decir: “La exigencia de asegurar la existencia y el adecuado funcionamiento de un sistema de seguridad social que, con prescindencia del tipo de plan acogido -“contributivo o no contributivo- ha de garantizar la provisión de las prestaciones en las cuales se materializa el derecho a la seguridad social”. 

Lo que a su vez implica “el derecho a obtener y mantener prestaciones sociales, ya sea en efectivo o en especie, sin discriminación, con el fin de obtener protección, (entre otros riesgos a) la falta de ingresos procedentes del trabajo debido a enfermedad, invalidez, maternidad, accidente laboral, vejez o muerte de un familiar”.

El régimen privado de pensiones también tiene problemas

4:22:00 p.m. Add Comment

Las administradoras privadas se están quedando con el ahorro nacional y los ingresos del Estado, pero en cambio no pagan o apenas pagan pensiones reducidas. Las cifras frías son escandalosas, y sin embargo sus voceros piden acabar con el sistema público. 

Por: Flor Esther Salazar y César Giraldo / Razón Pública

Ahorro obligatorio y no pensión

El sistema público de pensiones está siendo seriamente criticado, hasta el punto de que algunos proponen eliminarlo. Con el ánimo de equilibrar el debate, queremos presentar los problemas que tiene su contraparte privada o sea el régimen de ahorro individual (RAIS).

Para empezar – y en el mejor de los casos- la tasa de reemplazo en el sector privado (es decir, el valor de la pensión comparado con el del salario que tenía la persona) no alcanza a ser el 25 por ciento. Y si la persona vive muchos años, al final recibirá, a través de una compañía de seguros, una renta vitalicia equivalente a un salario mínimo, aunque su cotización se hubiera hecho sobre ingresos elevados.

En segundo lugar, hoy hay más devoluciones que nuevos pensionados, lo cual implica que la mayoría de los cotizantes están perdiendo para siempre su derecho a la pensión: alrededor del 55 por ciento de las solicitudes de pensión fueron negadas con derecho a devolución de saldos.  Según información suministrada por la Superintendencia Financiera (por requerimiento ciudadano), entre marzo de 2011 y abril de 2016 las administradoras de privadas han devuelto los saldos a 90.814 afiliados; durante este periodo se concedieron apenas 84.970 pensiones de jubilación.

Sorprende que las administradoras privadas utilicen como lema de mercadeo el hecho de que los saldos se devuelvan con capitalización de intereses. Si esto es así, su sistema no debería llamarse de “pensiones” sino apenas de “ahorro con descuentos”. ¿Por qué vender un producto que acaba siendo de ahorro obligatorio en lugar de ser claros y permitir que la persona abra una cuenta de ahorro o inversión en cualquier entidad financiera con menores costos y reserve algunos recursos para su vejez?

Cargas mal repartidas

Mientras que la carga de los pensionados está en el sistema púbico, los activos financieros están en manos del sector privado: las obligaciones están en un lado y el ahorro financiero en el otro. A finales de 2016 las cifras fueron las siguientes:

El 92 por ciento de los pensionados estaban en el régimen público o de prima media (1.246.643), y el 8 por ciento (111.000 pensionados) estaban en los fondos privados.

Los privados manejaban ciento noventa billones de pesos (22 por ciento del PIB), y tenían afiliada a la población joven en etapa de cotización, mientras que el régimen público presentaba agotamiento de reservas y tenía afiliada a la población mayor de 40 años.

No es sostenible un sistema integrado por dos regímenes en competencia, donde uno de ellos recibe y gestiona la mayor parte de las contribuciones, mientras que el otro se hace cargo de pagar las pensiones.  

Mientras que la carga de los pensionados está en el sistema púbico, los activos financieros están en manos del sector privado.

Esto implica un costo fiscal inexorable. Pero hay quienes pretenden responsabilizar a Colpensiones (la administradora pública) por esta carga fiscal -sin mencionar, por ejemplo, el costo de los beneficios para los  militares o el desfinanciamiento de las cajas locales de previsión social ya liquidadas-.

Por cuenta del Estado

Los fondos privados de pensiones tienen un alto costo fiscal que se hará efectivo en los próximos años (pero de esto no se habla). Este costo resulta de, entre otros:

- La garantía de la pensión mínima,

- Las transferencias a las aseguradoras que proporcionan rentas vitalicias por el ajuste del salario mínimo que exceda la inflación,

- El valor de los bonos pensionales, 

El hecho que, en diciembre de 2016, 77 billones de pesos de los activos del sistema privado estuvieran colocados en bonos de deuda pública, que el fisco tendrá que redimir en el futuro para pagar las pensiones. Este sí se es un pasivo pensional exigible en su totalidad, mientras que el pasivo del sistema público está suponiendo que todos los afiliados se van a pensionar, lo cual no es cierto.

El Fondo de Garantía de Pensión Mínima debe cubrir el faltante de quienes cumplen el tiempo de cotización pero no alcanzan a reunir el capital suficiente para su pensión de salario mínimo. Pero cuando ese Fondo se agote es el Estado quien debe responder con recursos fiscales.

Ese Fondo se agotará rápidamente porque cerca del 60 por ciento de los afiliados al sistema cotizan sobre un salario mínimo, y una cotización sobre esa base no llega ni al 18 por ciento de lo requerido para pagar la pensión del salario mínimo. Además, las pensiones sobre el salario mínimo se ajustan por encima de la inflación, porque no puede haber pensiones por debajo dicho monto. Como el 70 por ciento de las pensiones otorgadas por el RAIS son de salario mínimo, y como las diferentes modalidades de pensión terminan en una renta vitalicia de salario mínimo, al final todas las pensiones van a aplicar ese ajuste cubierto con recurso del gobierno: esto es lo que se conoce como efecto deslizamiento.

También hay que tener en cuenta que el gobierno tuvo que crear un bono pensional para cubrir el ahorro teórico que hicieron quienes se trasladaron del sistema público al privado, bonos que se convierten del presupuesto público a medida que las personas se vayan pensionando.

Costosas e ineficientes

Los fondos cobran altos costos de administración, su rentabilidad para el cotizante no es tan elevada y, al igual que en el régimen de prima media, más de la mitad de los afiliados están inactivos y por tanto no están en camino de lograr la pensión.

Los fondos cobran el 10 por ciento por concepto de administración. Cuando el afiliado no puede hacer los aportes esa comisión se la sacan de lo que ya tiene ahorrado. A la cuenta de ahorro solo va entre el 63 y el 72 por ciento de los aportes que hace cada afiliado; el resto se va en una serie de descuentos.

Pero existen costos adicionales que no se mencionan, como los que se generan en el momento de pensionarse la persona, que incluyen la comisión para la compañía de seguros durante el tiempo que administrará una renta vitalicia. Una persona tiene dos formas de pensionarse:

La primera, llamada ahorro programado, consiste en que se va consumiendo su ahorro hasta llegar al monto mínimo requerido para financiar una renta vitalicia de salario mínimo, que la paga una compañía de seguros. 

La segunda es optar desde el comienzo por una renta vitalicia. Para el cálculo de la prima única de la renta vitalicia cada compañía aseguradora carga los gastos de expedición, administración y utilidad esperada, sin que esto sea objeto de revisión por parte de la Superintendencia.

La regulación y rendición de cuentas al obtener la pensión en el RAIS es una especie de caja negra. Poco se sabe sobre las condiciones bajo las cuales se están pensionando los cotizantes, no hay ningún tipo de supervisión sobre el manejo de los recursos ahorrados por los afiliados, como en el caso de las rentas vitalicias y los mercados de estas.

Y a todo lo anterior hay que sumar los costos ocultos, una serie de ítems que son cargados pero sobre los cuales no existe información pública, por concepto del manejo de los portafolios. Por ejemplo, en el año 2016 estos costos ascendieron aproximadamente a 340.000 millones de pesos.  

Malos negocios en el fondo

Uno de los beneficios que se atribuyen al régimen privado es la posibilidad de obtener rentabilidades de los fondos que son invertidos en el mercado de valores. Pero esto no parece verse en las tasas de reemplazo (menos del 25 por ciento), porque también están expuestos a pérdidas o porque parte de las rentabilidades se van en costos de administración.

Los fondos privados de pensiones tienen un alto costo fiscal que se hará efectivo en los próximos años (pero de esto no se habla). 

En la prensa se dice que los fondos tienen rentabilidades de entre el 8 y el 10 por ciento, pero según los datos emitidos por la Superintendencia Financiera, la rentabilidad promedio anual, sin descontar la inflación, fue de 5,01 por ciento (años 2012 a 2016); para el moderado fue de 8,37 por ciento (2013 a 2016); y para el de mayor riesgo fue de 8,21 por ciento (2011 a 2016).

En aras de la transparencia y la democracia necesitamos un debate equilibrado, que se haga con información pública y accesible para quienes estamos interesados en seguir analizando la situación del sistema pensional.

Este debate debe ordenarse en torno a los asuntos centrales, por ejemplo, si el problema es fiscal que se pongan en una balanza las implicaciones fiscales del régimen público, pero también las del régimen privado. Y que se debata si queremos un sistema con bajo costo fiscal pero sin pensionados o con equilibrio entre cobertura y costo fiscal.

Alemania: La degradación de las condiciones de trabajo

1:43:00 p.m. Add Comment

De hecho, investigaciones anteriores han demostrado que Alemania tiene el mayor porcentaje de trabajadores por debajo del 60% del salario medio, y que se ha producido un progresivo "vaciamiento" del mercado de trabajo alemán desde la década de 1990 - con una disminución de trabajos de nivel medio. 

Por: Erika Mezger / Sin Permiso
La seguridad laboral y un entorno físico seguro son aspectos cruciales de la vida laboral, y estos son los pilares en los que se asienta la principal economía de Europa. Sin embargo, hay varios aspectos de la relación entre patronos y empleados que sitúan a los trabajadores alemanes muy por debajo y más allá de la situación de los trabajadores en otros países europeos. Esta es la conclusión de la Encuesta Europea de Condiciones de Trabajo tras comparar a los trabajadores alemanes con los del resto de Europa.
Las realidades del trabajo en Europa pueden ser muy diferentes de una región a otra y comparar las experiencias del día a día de un empleado de oficina en Trier y de un trabajador agrícola en la Toscana puede parecer una tarea imposible. No obstante, se pueden identificar tendencias generacionales, nacionales y regionales, y datos que a primera vista pueden parecer inocuos pueden revelar cuestiones significativas cuando se analizan detalladamente.
La sexta Encuesta Europea sobre las Condiciones de Trabajo (EWCS), realizada en 2015, incluía entrevistas a 43.850 trabajadores - empleados y trabajadores por cuenta propia - en 35 países europeos. No es un mero ejercicio académico, se interrogó a trabajadores en toda Europa acerca de sus condiciones de empleo, horas de trabajo, exposición a los riesgos, la organización del trabajo, capacitación y formación, conciliación de la vida laboral, la salud y el bienestar y otras cosas. Se obtiene una imagen de lo que es trabajar en Europa, y se detallan las preocupaciones y aspiraciones de los trabajadores europeos. Algunos de los resultados de la encuesta muestran tendencias bien establecidas, y reflejan el impacto desigual de la reciente crisis financiera. Por ejemplo, los hogares de Europa meridional y oriental exhiben las mayores dificultades para llegar a fin de mes, mientras que los países en el norte y oeste de Europa tienen menos dificultades. Las cuestiones relacionadas con la seguridad laboral también muestran tendencias conocidas, y los encuestados en Alemania y otros Estados miembros occidentales y septentrionales de la UE muestran una relativa seguridad laboral, mientras que en los países mediterráneos - y, en particular España – se recogen niveles muy altos de inseguridad.
Porcentaje de personas en la UE que creen que pueden perder su empleo en los próximos seis meses
Para acceder a los datos de la encuesta aquí
Hasta cierto punto es de esperar. La crisis económica puso de manifiesto fragilidades económicas en varios países del sur de Europa, mientras que Alemania es la economía nacional más grande de la UE - una tendencia que se vio reforzada por un crecimiento económico (PIB real) que aumento el 1,9% en 2016. En este contexto, ¿no es el concepto de "convergencia" un mero sinónimo educado para alcanzar a Alemania?
Los resultados de la sexta EWCS desmontan estas preconcepciones y muestran que, a pesar de que la seguridad del empleo y un entorno físico seguro son aspectos cruciales de la vida laboral en Alemania, hay otros factores que deben ser considerados. Por ejemplo, Alemania recibe una calificación promedio inferior en el índice sobre el entorno social que mide el grado en que los trabajadores experimentan relaciones sociales de apoyo, así como comportamientos sociales adversos como intimidación y acoso.
Alemania también registró el porcentaje más bajo de trabajadores que dicen que su jefe inmediato les alienta y apoya en sus tareas. Esta conclusión se ve agravada por el hecho de que Alemania tiene el segundo porcentaje más alto de trabajadores que señalan que necesitan más formación para hacer frente con éxito a sus tareas. Hay una serie de posibles explicaciones para estos resultados, por ejemplo, el índice de entorno social es muy sensible a la cultura y las relaciones sociales en el trabajo, y puede darse el caso de que, debido a su enfoque en la investigación y el desarrollo, en el mercado laboral alemán repercutan más los rápidos cambios que han sido provocados por la digitalización en los últimos años que en otros estados miembros de la UE.
Evidentemente, los buenos resultados económicos, sin duda, puede tener un impacto positivo en el mundo del trabajo, pero no garantizan automáticamente la calidad de trabajo y la satisfacción.
Aquí es interesante observar los diferentes perfiles de calidad del empleo en EWCS. El informe agrupa los trabajos que obtuvieron una evaluación similar en términos de las diferentes dimensiones de la calidad del empleo con el fin de crear cinco perfiles distintos: alta calidad del empleo, buenos, trabajo manual activo, con presión y baja calidad de empleo. Alemania alcanza los niveles promedio de la UE en empleos de alta calidad, que se caracterizan por mayores ingresos, formación y autonomía, entorno social y físico y perspectivas de carrera, aunque con un mayor riesgo de mayor intensidad de trabajo. También cuenta con una cuota media de puestos de trabajo buenos – que se suelen caracterizar por tener muchas de las características que se asocian con el bienestar.
Cabe señalar, sin embargo, que el 15% de los puestos de trabajo en Alemania se puede describir como de 'mala calidad': lo que significa que su puntuación es negativa en todos los índices de calidad del trabajo, con las puntuaciones más bajas para la utilización de capacidades, salario y perspectivas de carrera. Esta cifra es ligeramente inferior a la media de la UE, pero muestra que a pesar del fuerte crecimiento económico, Alemania, al igual que otros países de Europa, no es inmune a la segmentación del mercado de trabajo - un fenómeno con posibles consecuencias económicas y políticas de amplio alcance .
De hecho, investigaciones anteriores han demostrado que Alemania tiene el mayor porcentaje de trabajadores por debajo del 60% del salario medio, y que se ha producido un progresivo "vaciamiento" del mercado de trabajo alemán desde la década de 1990 - con una disminución de trabajos de nivel medio. Queda por ver cuál será el impacto de la introducción del salario mínimo en Alemania en este fenómeno a largo plazo.
No existe ni una economía ni un mercado de trabajo perfectos en Europa. La EWCS muestra que las condiciones de trabajo pueden variar de forma significativa al considerar diferentes aspectos de la vida laboral, y que las preconcepciones sobre las economías nacionales y la calidad del empleo pueden no corresponder a la realidad cuando esta se analiza en profundidad. Por eso la investigación empírica es tan importante para diseñar las políticas en Europa.

El trabajo decente es un buen negocio para todos.

10:30:00 a.m. Add Comment

Colombia escogió la ruta de los salarios bajos para crear empleo, pero tanto las cifras como la teoría económica demuestran que los buenos salarios mejoran la productividad y estimulan la demanda -vale decir, que crean más empleos-.

Por: Jorge Iván González / Razón Pública

Baja remuneración e informalidad 

De acuerdo con el último informe de la Red Latinoamericana de Investigaciones sobre Compañías Multinacionales (RedLat) acerca del trabajo decente en América Latina, la situación laboral en Colombia deja mucho que desear.

Siguiendo las directrices de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la RedLat define el trabajo decente como “un trabajo productivo adecuadamente remunerado, ejercido en condiciones de libertad, equidad y seguridad, sin ninguna forma de discriminación, y que asegure a trabajadores y trabajadoras condiciones dignas de vida”. La RedLat propone medir el trabajo decente a través de cinco indicadores:

* Oportunidades de empleo,

* Remuneraciones,

* Protección social,

* Libertad sindical, y

* Negociación colectiva.

Analicemos estas cifras haciendo énfasis sobre algunos aspectos relacionados con la remuneración.



Uno de los indicadores más negativos para Colombia es la muy elevada proporción de los trabajadores (48,3 por ciento) que ganan menos del salario mínimo. En Perú este porcentaje es de 50,1, pero las diferencias con los demás países son significativas. Por ejemplo en Uruguay -que tiene un salario mínimo más alto que el de Colombia- solamente el 8,5 por ciento de los trabajadores ganan menos del mínimo, y el 61,1 por ciento ganan más de dos salarios mínimos. De acuerdo con estos resultados, no es correcto afirmar que el salario en Colombia es elevado.

El gobierno y los empresarios colombianos han pensado de manera equivocada que cuando los salarios son bajos, se crean condiciones propicias para aumentar las ganancias y el empleo. Esta mirada está equivocada ya que los bajos salarios tienen un impacto negativo sobre la productividad y sobre la demanda agregada de la economía.

El informe de la RedLat debería llevar a repensar la política salarial colombiana, teniendo en menta no apenas la equidad, sino la oferta (productividad) y la demanda (consumo). Los salarios bajos no contribuyen a mejorar la distribución del ingreso, y tampoco favorecen el crecimiento de la economía.

El lado de la demanda

Si los salarios aumentan crece el consumo de bienes básicos. En la literatura económica, autores como John Keynes y Michal Kalecki le dan importancia a la demanda masiva como motor de crecimiento. Esto se conoce como la vía keynesiana de demanda.

Para Keynes la pobreza es censurable porque si el ingreso es bajo no hay demanda. Esta política de ingresos está basada en un principio relativamente claro: el aumento de la demanda favorece el bienestar de los hogares pero, sobre todo, estimula la ganancia, la inversión y el empleo.

Este fue el espíritu de la Misión Chenery, que publicó su informe a mediados de los ochenta. La depresión salarial, según esta Misión, no favorece el aumento del empleo en Colombia. Pero el enfoque keynesiano fue abandonado completamente por la Ley 789 de 2002, que en lugar de estimular el aumento del salario, buscó deprimir las remuneraciones, argumentando que cuando los salarios caen los empresarios contratan más trabajadores. En realidad, no sucede así porque los menores ingresos reducen la demanda y las empresas no encuentran compradores. La Ley 789 agudizó la informalidad, incentivando los empleos de mala calidad.



La informalidad tiene una incidencia directa sobre la pobreza, y esta relación se capta bien en el índice de pobreza multidimensional (IPM). En el anterior cuadro se incluyen todas las variables que componen el IPM. En 2015 el 74,5 por ciento de los hogares tienen relaciones laborales informales porque no cotizan a pensiones. Aunque la informalidad presenta una leve caída (del 76,8 al 74,5 por ciento), persisten los problemas estructurales, como el desempleo de larga duración, que no se resuelven con la presión salarial.

La política económica cambió radicalmente entre la Misión Chenery y la Ley 789. El énfasis sobre la demanda agregada se dejó de lado y todo el peso se puso en la disminución de los salarios.

La aceptación de la vía keynesiana de demanda obligaría a aumentar el salario mínimo. Y desde una mirada más global se deberían crear condiciones propicias para un buen desempeño del mercado laboral. Una de ellas es continuar el desarrollo de infraestructura.

Es importante, además, incentivar el mercado interno. El país ha confiado excesivamente en los tratados de comercio internacional, olvidando que la economía colombiana sigue siendo muy cerrada. Desde la perspectiva laboral es importante crear estímulos para que se consolide la “nueva economía” de la que habla el gobierno. Mejores salarios favorecen la industria, la agricultura y el turismo, que son los sectores principales de la nueva economía.

El lado de la oferta

La buena remuneración de los trabajadores también incide sobre la oferta, ya que lleva a mejorías en su productividad. Cuando el salario sube el empresario se preocupa por realizar innovaciones tecnológicas y aumentar la eficiencia del trabajador. La relación entre salarios y productividad sería la vía “marshalliana de productividad” (por las teorías del economista Alfred Marshall). Este enfoque permite pensar en los aspectos micro, asociados con tres elementos:

* La productividad,

* Los rendimientos crecientes, y

* La aglomeración.

La constatación básica consiste en que la unidad productiva se encuentra en un espacio y la aglomeración contribuye a mejorar sus rendimientos. Las relaciones laborales deben pensarse desde la perspectiva de las aglomerac­iones urbanas. Los procesos regionales, como plantea el Sistema de Ciudades, se deben entender en consonancia con los procesos urbanos.

Tanto Keynes como Marshall aceptaron que hay relación entre la productividad marginal y el salario. Si este aumenta, la productividad de la firma tiene que mejorar. El reconocimiento de la vía marshalliana de productividad es compatible con la micro-eficiencia. Siguiendo esta lógica, el aumento salarial no solo favorece la demanda agregada sino que estimula la productividad de la firma.

Las ciudades y las aglomeraciones son los espacios privilegiados para la generación de empleo. Desde esta perspectiva, deben impulsarse cuatro tipos de acciones:

1- Grandes planes de renovación urbana y desarrollo de infraestructura.

2- Tomar en serio las potencialidades del ordenamiento urbano (Ley 388 de 1997), con el fin de crear las condiciones (servicios, movilidad, etc.) que favorezcan la inversión privada.

3- Proyectos agropecuarios que reconozcan de manera explícita la fuerza gravitacional de las ciudades. Como dice Paul Krugman: si antes las ciudades estaban al servicio del campo, hoy en día el campo está al servicio de las ciudades.

4- Estimular los procesos endógenos de producción y distribución.

Costo de vida, salarios y mínimo vital

11:11:00 a.m. Add Comment

En el último año los trabajadores de ingresos bajos, que son la mayoría de la población asalariada, han sido los más castigados por el costo de vida, pues han sido los alimentos los productos que más inflación han tenido.

Por: Hector Vásquez Fernández / Escuela Nacional Sindical.

Seis meses después de que el Gobierno Nacional decretara el incremento del salario mínimo, la población trabajadora de ingresos bajos, según datos del DANE, ha acumulado una pérdida/disminución de su ingreso de 5.84 puntos porcentuales, lo que la hace más pobre y vulnerable. 

Recordemos que en diciembre pasado el Gobierno decretó un incremento del salario mínimo del 7%, porcentaje que fue inferior al IPC causado de la población trabajadora de ingresos bajos, que para ese año fue del 7.28%.

Tal decisión, que tenía el propósito de favorecer los intereses de una patronal que durante el proceso de concertación del salario mínimo había ofrecido hasta un 6.8% de incremento1, no sólo se situó muy lejos de lo que reivindicaban las centrales sindicales y de lo que aspiraban los trabajadores de ingresos bajos, sino que fue completamente contraria al artículo 53 de la Constitución Nacional, que establece como principio el aseguramiento de una “remuneración mínima vital y móvil”. La Corte Constitucional por su parte ha determinado que los incrementos salariales deben proteger como mínimo el poder adquisitivo de los salarios2.

El IPC, o costo de vida, no es igual para toda la población colombiana, como lo ilustra la siguiente información del DANE correspondiente al IPC del mes de junio del presenta año:


Obsérvese que el IPC es siempre distinto según la ciudad donde se viva y según la clase social a la que se pertenezca, por lo que el incremento del salario mínimo no puede hacerse con base en el promedio nacional, sino por lo menos con base al IPC de la población trabajadora de ingresos bajos, que es la que devenga el salario mínimo (o menos) y constituye la mayoría de la población asalariada del país.

En la tabla también se observa que el IPC causado para la población trabajadora de ingresos bajos en el último año, está 0.75 puntos porcentuales por encima del IPC promedio nacional, y 1.05 y 1.35 puntos por encima del IPC de las poblaciones de ingresos medios y altos, respectivamente. En este mismo período (12 meses) el IPC de los productores (técnicamente su denominación es IPP) fue de 6.95% promedio nacional3, 1.23 puntos por debajo del IPC promedio nacional.

Como puede verse, de las 24 ciudades en las que el DANE aplica su estadística, 11 presentaron incrementos por encima del IPC promedio de la población de ingresos bajos, con los resultados más malos para los trabajadores de Cúcuta (11.72%), Pasto (11.14%) y Florencia (10.75%), los que más han sufrido en el deterioro de su calidad de vida.

Estas diferencias se sustentan en patrones de consumo completamente distintos, como lo ilustra el siguiente cuadro4:


Según estos cálculos, los trabajadores de ingresos bajos destinarían al mes el 41.42% de éstos a comprar alimentos ($285.572 o $9.391 día); el 28.31% ($195.185) a pagar vivienda cuando es arrendada, o en todo caso a los gastos que esta genera, aunque resulta bastante difícil conseguir vivienda digna de menos de $300.000 en barrios de estratos 1 y 2; destinan $50.261 al mes a vestuario, y la misma suma al pago de transporte (los trabajadores formalizados de salario mínimo tienen derecho a subsidio de transporte); a salud destinan 4.26% (se supone que al menos están cubiertos por una EPS aunque sea en el régimen subsidiado); 3.57% para educación (si bien los trabajadores de ingresos bajos no matriculan sus hijos en la universidad de los Andes y su opción es la educación pública, este porcentaje supone gastos en educación de $24.614 al mes, o $295.363 al año); a diversión destinan el 2.25% y el 5.6% para otros gastos.

Aunque los anteriores cálculos nos parezcan de ficción, como no contamos con datos alternativos que nos permitan discutirlos, no nos queda más remedio que tomarlos e incorporarlos a nuestro análisis.

En el último año los trabajadores de ingresos bajos, que son la mayoría de la población asalariada, han sido los más castigados por el costo de vida, pues han sido los alimentos los productos que más inflación han tenido, como lo ilustra la siguiente tabla:


Esta inflación, que se mantendrá todavía por un buen tiempo, ha superado las expectativas y metas que se había fijado el Banco de la República, que para 2016 y 2017 definió una meta de inflación entre 2% y 4%, con centro en 3%.

Entre las razones que la explican están, por un lado, los mayores precios de las importaciones, que los productores trasladan automáticamente a los consumidores (mayores precios son resultado a su vez de un peso cada vez más devaluado). Y por otro lado, la confluencia de fenómenos como el del “niño”, que afectó la producción de alimentos, y el paro camionero, que afectó el abastecimiento. A estos factores hay que agregar la política que ha estado implementando el Banco de la República de subir las tasas de interés, que incrementan el valor de los créditos que por necesidad asumen los hogares de los trabajadores de ingresos bajos, sobre todo para comprar ropa, mediante sistemas como el pago por cuotas, o el uso de las tarjetas de crédito.

Sin embargo, no son estas las únicas razones que explican este fenómeno, pues en el fondo subsisten problemas estructurales que les permite a los sectores dominantes en el agro, en la industria y en el comercio, capturar rentas a través de un modelo de desarrollo ineficiente y excluyente.

Como puede verse, es completamente razonable y justa la posición de las centrales sindicales CGT, CUT y CTC, que a principios de este año demandaron ante el Concejo de Estado la nulidad del decreto sobre salario mínimo, por ser contraria a los mandatos constitucionales y a los fundamentos del Estado Social; demandas con las que, además, reclamaron una medida cautelar para que de manera transitoria, mientras el Consejo de Estado decide, se decrete un incremento del salario mínimo en armonía con las normas constitucionales, de tal manera que se restablezca el poder adquisitivo del salario y se repare la afectación del mínimo vital.

Notas

1 6.79% fue finalmente el incremento que tuvieron el salario mínimo más el subsidio de transporte.

2 Sentencia C-815/99: Los aumentos salariales deben corresponder, por lo menos al monto de la inflación del año anterior, porque sólo de esta manera se cumple a cabalidad con los mandatos constitucionales que exigen conservar el poder real de los salarios de los trabajadores.

3 De junio de 2015 a junio de 2016, la variación acumulada del IPP fue 6,95%. En los últimos 12 meses los sectores de agricultura y pesca 24,52% e industria 7,20% presentaron variaciones superiores al total nacional para este periodo (6,95%). El sector de minería -7,59% fue el único que registró una variación inferior al total. (DANE: http://www.dane.gov.co/index.php/indices-de-precios-y-costos/indice-de-precios-al-productor-ipp).

4 DANE. Metodología índice de precios al consumidor. Colección documentos. Actualización 2009, No. 62.

¿Por qué aumentó el desempleo? Un análisis macroeconómico

6:42:00 a.m. Add Comment

Estamos en la peor parte del ciclo económico: se acabó la bonanza minero-energética y las demás exportaciones no han aumentado en respuesta a la devaluación. Por eso el desempleo está aumentando – y seguirá aumentando en los próximos semestres-.

Por: Francisco Azuero Zúñiga / Razón Pública.

Más trabajadores que puestos de trabajo 

Entre junio de 2015 y junio de 2016 la tasa de desempleo en Colombia aumentó del 8,2 al 8,9 por ciento.

Esto fue consecuencia de que mientras la población económicamente activa (total de personas en el mercado laboral) aumentó en 382.000 individuos, los empleos creados fueron solo 194.000. Es decir, de cada 100 personas que entraron a hacer parte de la oferta laboral solo 51 encontraron trabajo.

En las 13 principales ciudades del país también subió la tasa de desempleo de 9,7 a 10,2 por ciento, y en este cado de cada 100 personas nuevas que buscaron trabajo tan solo 57 lo encontraron.

La explicación

Vale la pena recordar los fundamentos macroeconómicos que inciden sobre el nivel de empleo.

Normalmente es de esperar que el empleo se mueva en paralelo con el ritmo de actividad económica, pero a su vez la actividad económica responde al comportamiento de la demanda interna y externa por los bienes producidos en el país.

Colombia, como se sabe, ha pasado de una bonanza exportadora al deterioro marcado de sus cuentas externas. El déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos pasó del 3,2 por ciento del PIB en 2013, al 5,1 por ciento en 2014 y al 6,4 por ciento en 2015. Y el gobierno, en su Marco Fiscal de Mediano Plazo, estima que ese déficit será del 6 por ciento en el 2016.

Esto ha llevado a que las agencias calificadoras de riesgo rebajen de “estable” a “negativa” la perspectiva para los títulos de deuda externa del gobierno colombiano, argumentando que esos déficits están bastante por encima de los de los países que tienen la calificación que hoy tiene Colombia (BBB). Es decir que se trata de un déficit no sostenible.

Un déficit en la cuenta corriente es la diferencia entre el ingreso total de los agentes económicos de un país (sean empresas, hogares o gobierno) y el gasto total de todos ellos. Si los gastos son mayores que los ingresos, hay un déficit. Este déficit debe ser financiado por agentes externos que estén dispuestos a traer dinero a Colombia, bajo las formas de:

* Inversión extranjera directa,

* Inversión de portafolio,

* Compra de títulos emitidos por el gobierno o por empresas colombianas, o Aprobación de créditos bancarios.

El problema para Colombia se complica cuando vemos que la inversión extranjera que financió el déficit entre 2011 y 2014 estuvo dirigida principalmente al sector minero-energético; pero al caer el precio del petróleo y de otros minerales, desapareció el atractivo para invertir y no contamos ahora con esa fuente de financiación.

Debo añadir que la caída del petróleo produjo otro efecto: afectó negativamente los términos de intercambio de Colombia (o relación de precios entre nuestras exportaciones y nuestras importaciones), y por eso disminuyó el ingreso nacional real disponible, que mide la capacidad de compra de los residentes en Colombia. Mientras el PIB creció 3 por ciento en 2015, el ingreso nacional real disponible es decir, la capacidad de gasto de los colombianos, cayó en 1 por ciento.

Por lo tanto es necesario disminuir el déficit en la cuenta corriente. Y la solución sería aumentar los ingresos de los colombianos o disminuir su gasto.

El sistema cambiario colombiano, de tasa de mercado libre, permite contribuir a ese ajuste. Al hacerse los dólares más escasos, sube su precio. Esta alza desalienta la adquisición de bienes importados y de productos que tengan algún componente importado, lo cual aumenta transitoriamente la inflación interna, como la Junta del Banco de la República lo ha repetido en sus comunicados.

Por otro lado se espera que la devaluación mejore la competitividad de los productos colombianos tanto en el mercado nacional como en los internacionales. El problema consiste en que la recuperación de las exportaciones toma tiempo y en que depende de que se recuperen las economías de los países clientes, de abrir nuevos mercados, de adecuar las líneas de producción de las empresas, de resolver los problemas logísticos asociados con la exportación y de otros varios esfuerzos.

Por lo tanto (y al menos en el corto plazo) no queda alternativa distinta de la de disminuir el gasto, tanto privado como público.

La devaluación ayuda, a través de los precios, a disminuir el gasto privado, pero el gobierno también debe hacer su parte aumentando los impuestos (para ello es la reforma tributaria) o disminuyendo gastos. Y por su parte el Banco de la República ha tenido que aumentar la tasa de interés, buscando disminuir el gasto total en inversión o en bienes de consumo.

Como resultado de todo esto: menor gasto público, mayores impuestos y mayores tasas de interés, deben disminuir las ventas y, por lo tanto, la producción de las empresas.

Estamos entrando en esa fase del ciclo donde ya empiezan a sentirse los efectos de la caída en la demanda interna, pero todavía no opera el mecanismo compensador de recuperación de las exportaciones distintas de las minero-energéticas:

El total de las exportaciones cayó en un 26 por ciento en el primer semestre de 2016 con relación al mismo período de 2015.

Y a pesar de la devaluación, las exportaciones diferentes de los combustibles e industrias extractivas también cayeron en un 10 por ciento.

Consecuencias sobre el empleo

Es de esperarse que la desaceleración de la economía, consecuencia inevitable del proceso de ajuste, se traduzca en un aumento en el desempleo, aun cuando no con la misma velocidad.

El siguiente gráfico registra el comportamiento trimestral en el número de personas ocupadas y el crecimiento del PIB, en ambos casos en comparación con el mismo período del año anterior. Como se aprecia, no existe una causalidad directa entre las dos variables, pero sí existe una relación rezagada: primero aumenta o disminuye el producto, y después aumenta o disminuye el número de ocupados.


Crecimiento trimestral

Fuente: Calculado a partir de datos del DANE. Cuentas nacionales y Gran Encuesta Integrada de Hogares



Esto tiene que ver con las decisiones de los empresarios con relación con el empleo. En las fases ascendentes del ciclo económico, solo contratan más trabajadores cuando se ha consolidado el aumento en la demanda por el bien que producen. Lo mismo pasa en la fase recesiva: despiden cuando se convencen de las perspectivas negativas para su mercado.

La caída en la tasa de crecimiento de la economía en los próximos semestres (algo inevitable como consecuencia del ajuste necesario en la demanda interna) debe aumentar las tasas de desempleo. Y ya se está comenzando a apreciar este fenómeno: en el primer semestre de 2016 se produjo una destrucción neta de 117.000 empleos, mientras que en el mismo período del año anterior se habían creado 233 mil.


Crecimiento en el empleo
Fuente: Calculado a partir de datos del DANE. Cuentas nacionales y Gran Encuesta Integrada de Hogares
Análisis por sectores

Es interesante mirar el comportamiento del empleo en las distintas ramas industriales, tomando un período un poco más largo. El gráfico anterior compara las tasas de variación en el empleo (líneas azules) con las de variación en el producto (líneas rojas) para el período comprendido entre marzo de 2013 (cuando estábamos en plena bonanza petrolera) y marzo de 2016.

Podemos clasificar las actividades económicas en tres categorías, según hayan aumentado o disminuido su intensidad en la utilización de mano de obra:

* Las ramas donde el producto aumentó más que el empleo. Este es el caso de la agricultura, la industria manufacturera, el comercio (que incluye hoteles y restaurantes), y transporte, almacenamiento y comunicaciones. Todas estas actividades son ahora menos intensivas en empleo. En la medida en que la devaluación surta efectos aumentando sus exportaciones y su participación en el mercado interno, puede presentarse un crecimiento del producto, pero su reflejo en las cifras de empleo será menor.

* La explotación de minas y canteras (incluido el petróleo) mostró una caída del 6 por ciento en el producto y de 23 por ciento en el empleo; desaparecieron 45 mil empleos en el sector, que afortunadamente representaba apenas un 1,2 por ciento del total del empleo nacional en 2013.

* Pero hay sectores donde el empleo aumentó más que el producto. Es el caso de la construcción; electricidad, agua y gas; intermediación financiera, y los llamados “servicios sociales, comunales y personales”, dentro de los cuales el principal componente es el sector oficial. Claramente, el sector público es hoy el más intensivo en empleo. El ajuste en el gasto ha recaído más sobre el gasto en inversión que en el de funcionamiento.

¿Qué nos espera?

En la medida en que se prolonguen, como es lo más probable, los bajos precios internacionales del petróleo y de otros minerales, Colombia tendrá que seguir ajustando su nivel de gasto, empujada por la devaluación del peso, por las altas tasas de interés, y por el necesario aumento de los impuestos.

Esto incidirá sobre el volumen de empleo y por lo tanto sobre las tasas de desempleo. Mientras las exportaciones no comiencen a recuperarse (lo cual depende del comportamiento de la economía mundial, en especial la de nuestros socios comerciales), no saldremos de la fase recesiva del ciclo ni empezaran a recuperarse la producción y el empleo de manera sostenible.