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Acerca del Brasil y el fin de ciclo continental.

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Como sostenía Aristóteles, en este artículo Guillermo Caviasca recorre el espinel que va desde los elementos y actos políticos universales que definieron los populismos regionales a lo particular en cada uno de los procesos. Así, identifica las causas del grave retroceso de los gobiernos populistas y del feroz avance del neoliberalismo en nuestro continente.

Por: Guillermo Martín Caviasca / La Tecl@ Eñe

Es lamentable lo que sucede en Brasil, nos afecta a los pueblos latinoamericanos. Pero es solo parte de un giro a la derecha de la superestructura política y económica regional que se viene manifestando en los últimos tiempos, especialmente a partir de que la expansión económica se detuvo. Por diferentes caminos la “derecha” avanza sin cesar, deshaciéndose de gobiernos a los que descalifica como “populistas”, para revertir los cambios más o menos progresistas de la última década.

A la disconformidad del imperialismo (o resignación inicial), que debió reestructurar parte importante de su programa para la región, se sumó a la oposición, hacia la mitad de las gestiones, parte sustancial de la gran burguesía local, y lo que es mas sorprendente, el rechazo hacia estos “progresismos” de una parte importante de las clase media y aún de la clase trabajadora. En un proceso digno de un análisis exhaustivo se constituyó un “frente de hecho” entre clases y fuerzas antagónicas (aunque bajo la indiscutible conducción de la derecha pro monopólica y pro imperialista).

Sin embargo lo sorprendente en el caso brasileño es que la retroversión la realizan por mecanismos más o menos legales. Claro, es difícil encontrar que Dilma, haya cometido delitos que ameriten su destitución, o que haya generado una situación social y económica que pueda ser considerada terminal como para sacarla por inepta. No, eso no sucede. Por mecanismos que las instituciones prevén, un poder, el legislativo con aval del judicial y apoyo publicitario destituye a la cabeza del ejecutivo legal también. Es como la condena judicial por un crimen a alguien que a todas luces no debe ser juzgado. El grado de desparpajo, los argumentos de sus juzgadores despeja cualquier tipo de duda sobre la naturaleza política del juicio. Se destituye a Dilma para retomar el gobierno en forma directa por las elites, para retomar el camino del “consenso de Washington”. Es una resolución sobre los límites de un régimen político, sobre los límites de la democracia y la naturaleza republicana.

Primero deberíamos evaluar algunas cuestiones sobre los regimenes democráticos de las últimas décadas y las definiciones de “golpes de estado”.

Se considera golpe de estado cuando una institución interna que es parte del Estado toma el conjunto del gobierno desplazando a otras fracciones del Estado.

No necesariamente los golpes han sido reaccionarios. San Martín dio un golpe de estado contra el inepto triunvirato, de un golpe de estado nació el peronismo. También de golpes o relacionados con golpes estuvieron Velasco, Torrijos, Nasser, etc. Chávez dio su primer paso con un golpe de estado contra la degenerada y asesina “democracia” venezolana. Algunos de ellos fueron legitimados posteriormente por abrumadores resultados electorales, peor otros no. Y, para tomar ejemplos de signo ideológico indiscutiblemente socialista, en última instancia la toma del poder por los bolcheviques fue un golpe en medio de una revolución, cuando desplazaron al gobierno de Kerenski y dispersaron la constituyente, asumiendo el poder el Partido con los soviets.

No es aconsejable apegarnos a formalismos burgueses cuando hablamos de estabilidad de una forma de gobierno, sino deberíamos repudiar la caída de Fernando De la Rua porque un levantamiento popular interrumpió el legal devenir del sistema institucional. En este sentido el revolucionario peruano Ricardo Napuri advertía, en pleno desarrollo de los procesos populares latinoamericanos, que el acuerdo de defender la institucionalidad formal sin otras consideraciones podía ser un problema para cualquier proceso de cambio profundo, popular, que fuera por acciones de masas, e inclusive para los progresistas en el gobierno, si decidían avanzar, ya que esto requeriría cambios fundamentales en el sistema institucional.

Hoy, la amplia mayoría de las instituciones mundiales consideran a la destitución de Dilma legal y al gobierno de Maduro al borde de ser una “dictadura”. Lo importante que queremos señalar no es esto último, sino el tipo de conciencia y expectativa, de límites ideológicos, las actitudes combativas con que se organizan los sectores sociales movilizados en respaldo de los cambios. Los gobiernos progresistas latinoamericanos mantuvieron las condiciones que generaron su desplazamiento: una estructura económico social con fuerte (o absoluta en algunos casos) articulación al mercado mundial y a los comodities, mas una estructura política e ideológica que sobrevalora el sistema liberal.

Ante cualquier proceso político o movimiento de masas, un marxista, o simplemente una persona inteligente, debe analizar a quien beneficia con el golpe, insurrección, levantamiento, crisis etc.; que contenido de clase tiene; cual es su programa implícito o explícito; como opera en las relaciones de fuerza existentes en la sociedad nacional y en la evolución de estas; que medios utiliza o se propone utilizar para hacer efectivos sus objetivos; como opera en las relaciones internacionales, etc.

Sin embargo, suponemos con cierta certeza, que cuando se habla de golpes, en el campo popular en este momento latinoamericano, en el sentido común, remitimos a las dictaduras integralmente nefastas de las décadas pasadas recientes. Allí una parte del Estado, sus FFAA, respaldadas activamente por organizaciones de la sociedad civil que nucleaban a las clases propietarias y con el consenso de una parte importante de la población, suprimieron el funcionamiento del conjunto del sistema institucional legal, especialmente su poder legislativo y los partidos políticos, con el objeto de suprimir a otra parte de las organizaciones de la sociedad civil y una parte de las partido políticos portadores de ideas de cambio del sistema o diques de contención contra los programas de los grupos económicos y las transnacionales.

No es el caso de hacer una comparación entre las últimas dictaduras y estos procesos destituyentes, en lo institucional/legal son distintos. Para encontrar similitud hay que interrogarse con las preguntas planteadas antes. Ahí si, en lo estructural económico y en los contenidos de clase, encontramos paralelos.

Es quizás el caso Alberto Fujimori en el Perú de la década de 1990 el que formalmente tiene más similitudes con los movimientos destitutorios actuales. Allí el poder ejecutivo con el respaldo de las FFAA y los grupos de poder económico nacionales y extranjeros disolvió el congreso para aplicar el plan neoliberal y represivo sin trabas. Luego reformó la constitución electoralmente y consiguió acceder nuevamente al gobierno por el método electoral.

Lo sorprendente en Brasil es que la misma Dilma concedió en el plano de los intereses económicos mucho de lo que los poderosos le reclamaban, mucho más que Cristina en Argentina por ejemplo. Pero igual la voltearon. Eso deberia dejar una lección

Varias preguntas caben ¿por que el PT no consiguió en estos años lograr una renovación aunque sea parcial de la clase política y es tan minoritario en el parlamento? ¿Por que la defensa del pueblo es más bien débil? ¿Los cambios durante el periodo del PT que nivel de profundidad tuvieron? ¿Afectaron la estructura del poder?

Antes los golpes necesitaban de un poder militar capaz de neutralizar e imponer. ¿Por que hoy los golpes son tan "suaves" casi "legales"?

No olvidemos que en Argentina, finalmente, Macri terminó ganando una elección. O sea acá no hubo golpe ni suave no duro, aunque si un discurso muy fuerte de la oposición, de considerar ilegítimo el gobierno K, de considerarlo ilegítimo, casi ilegal, “antirrepublicano”, de condena al “sistema populista”.

Desde hace mas de 2000 años se discutió el tema y es justamente la cuestión institucional y de clase, de “pobres y ricos” de “los mas y los menos”, que era la terminología que usaban los filósofos griegos para estos asuntos. Era la diferencia entre "democracia" y "república". En realidad Aristóteles, ese agudo pensador, en su análisis de la sociedad griega y ateniense específicamente, teorizó dos tipologías de regímenes políticos que expresaban diferentes valoraciones del asunto. Para él existía democracia y demagogia, monarquía y tiranía, aristocracia y oligarquía, siendo el segundo polo la degeneración del primero.

Para Platón, si embargo, la democracia era el gobierno de los inexpertos y en realidad implicaba el gobierno de los manipuladores y demagogos.Frente a él su discípulo pensaba en la “superioridad epistemológica de la mayoría” aunque también señalaba el riesgo del gobierno de los pobres (mayoría) pudiera degenerar en perdida de la virtud, ya que en general consideraba que esta podía encontrarse mas entre los ricos. Platón consideraba a la aristocracia como la mejor forma de gobierno, aunque ambos hablaban de la “república” como el concepto que refería a la forma institucional correcta. El riesgo de la democracia, era la degeneración en demagogia y hasta en tiranía. Por eso Aristóteles (que era menos aristocrático que Platón) consideraba algo así como una República democrática la mejor forma de gobierno legítima.

En realidad el pensamiento griego que mencionamos estaba originado en los problemas de la sociedad atenienses de la época que había evolucionado hacia formas de gobierno “democráticas” (con una base de trabajo esclavo, no esta demás recordarlo). Existía una preocupación por le hecho que la mayoría de los ciudadanos libres impusieran su voluntad en el reparto de fortunas y/o de recursos de la polis, además de las reticencias de las clases privilegiadas de ceder el poder político a esa mayoría de “pobres”. Esto nunca sucedió ya que para hacer política se requería recursos y por eso Aristóteles y Platón hablan de “demagogia” o “tiranía”.

El riesgo práctico que estas dos últimas formas de gobierno planteaban era que atentaban contra la propiedad y la estabilidad de la riqueza. Es interesante ver como en el presente los gobiernos más democráticos (o, al menos, más democráticos que todos los que los precedieron) son acusados de demagógicos (o su equivalente “populistas”) y hasta de “tiranías” o “dictaduras”.

Dejemos a la democracia y la tiranía, enfoquémoslos en el concepto de República. República: moderación, estabilidad, equilibrio de poderes, un armado institucional que dé a las minorías un lugar de poder que su numero no garantiza, pero si su “virtud”. Seria el régimen perfecto, estable, sobre el que se fundaría la convivencia, evitando los excesos. En el renacimiento y la modernidad reaparece esta discusión y se renueva el concepto de república, mas cercano a la república romana, con su separación de poderes, sus equilibrios, espacios institucionales moderadores y retardantes. Nuevamente aquí aparece el equilibrio de clases. Ya que, como el mismo Rousseau pensaba, la “democracia” era posible solo con “equivalencia de fortunas”.

Pero los filósofos griegos señalaban también los riesgos de que las minorías se excedieran, de dos formas. Una, que en realidad el “gobierno de los mejores (de la “virtud”) fuera un gobierno de los ricos, que no poseían necesariamente virtud, o sea que se degenerara en oligarquía. Y que oprimieran que la mayoría retrotrayendo las libertades de la polis a situaciones de exclusión de ciudadanía y libertad mediante la dependencia económica de los pobres.

En nuestro contexto ¿El PT se "excedía" en el reparto y/o cambio estructural? ¿Alguno de los `progresismos latinoamericano lo hizo como para desatar esta virulenta reacción? Creemos evidente que no, sin embargo la “acusación de “populismo”, que remite a demagogia y hasta tiranía, es discurso hacia las masas

El tema es que, aunque parezca de un marxismo ramplón, si no cambia la estructura, no cambia la superestructura. Las Clases Dominantes latinoamericanas son más conservadoras de los que imaginamos, y la "grieta" no existe, lo que existe son proyectos de país incompatibles, uno anclado en un pasado elitista y oligárquico, y otros que debe mirar hacia el futuro independiente, popular y democrático: una lucha que se debe resolver alguna vez.

Porque la estabilidad y moderación de un régimen político se originaba, según los propios clásicos, a partir de la intervención del “legislador”. Quién en realidad era la representación de un momento político en el que se abolían antiguos privilegios oligárquicos y serviles, y el régimen político que lo sustentaba. Hoy hablaríamos de “revolución”. O sea, la estabilidad se daba después de la fundación de un régimen político y económico que contuviera al conjunto de los ciudadanos.

Aun así, y dentro del régimen político existente, Aristóteles sentenciaba que la cuestión para evitar caer en demagogia era no repartir comida y monedas, sino propiedad de la tierra. O sea, hacer a los pobres propietarios rurales (que era la abrumadora fuente de riqueza de la época). Básicamente los pensadores griegos, que eran moderados, no dudaban que la mucha riqueza o la mucha pobreza debían dejar de existir en una sociedad para que fuera estable en una polis que conservara su autonomía, y se debía fundar un régimen político que las evitara.

Las claves de este reflujo latinoamericano podemos encontrarlas en: el sostenimiento de una institucionalidad que favorece al statu quo, así se asumen los regímenes políticos vigentes, con sus formas de estado y burocracia otorgándoles una naturaleza ahistórica; el abandono de la organización política de las masas como base de poder y de creación de formas de estado que las incluya institucionalmente; una ideología que sobrevalora el consumo y las instituciones liberales; una estructura económica que se apoyó y/o fue absorbida por los beneficios inmediatos de la exportación de productos primarios (comodities), esto freno el desarrollo de una estructura industrial integrada nacionalmente que disminuyera su “integración” al mercado mundial; priorizar la discusión de cómo repartir (la renta coyuntural) por sobre como y para que producir.

Sin embargo, a pesar de estos posibles déficits, los gobiernos progresistas afectaron intereses al intentar (y lograr) equilibrar desigualdades aberrantes, sin transformar el sistema, y condicionar el saqueo a ese equilibrio. Mientras el sistema mantuvo un crecimiento económico bajo estos parámetros, la mayoría de las capas sociales disfrutaron o se beneficiaron relativamente. Cuando esto se acabó, al no haber afectado la estructura institucional, ni la estructura económica de fondo, el consenso y la estabilidad se deterioró.

Es de destacar que no todos los gobiernos progresistas se comportaron de la misma. Esto condiciona el balance de cada uno de ellos, no partieron de condiciones iniciales similares, ni gobernaron sociedades de similar nivel de desarrollo, ni se propusieron los mismos objetivos estratégicos. Entre Venezuela y Uruguay hay un abismo en objetivos y discurso. Entre los que tuvieron levantamiento populares y los que no, entre los que tienen una estructura de desarrollo industrial y los que no la tienen, etc. Sin embargo a todos (quizás no al FA uruguayo, el menos ambicioso de todos estos procesos) les adjudican el sambenito de “populistas”.

El populismo, en el discurso actual masivo: destruye la república, transforma la democracia en demagogia, tiene ambiciones tiránicas, dilapida la riqueza demagógicamente, etc. Por ello quieren volver a “la república”. Es un ataque ideológico en toda la línea, con “populismos” ellos atacan no solo ni principalmente a los procesos políticos de esta última década, sino la experiencia histórica popular del siglo XX.

Sin embargo los “populismos” de mediados del siglo XX se acercaron mucho mas a “revoluciones nacionales” que a “demagogias”. Basaron sus programas en nacionalizaciones, industrialización integrada, planificación, geopolítica nacional y latinoamericana, participación y organización de la clase trabajadora y demás clases subalternas. O sea desarrollaron o intentaron tareas de independencia y justicia. Buscaron crear un Estado nación, un régimen político de nuevo tipo para nuestra región. Quizás fracasaron en eliminar a las clases más reaccionarias y en romper en forma definitiva los lazos con el imperialismo.

Falta mucho más “populismo”. O quizás mucho más que populismo..

Los vicios y delitos impunes de los senadores que juzgan a Rousseff.

5:28:00 a.m. Add Comment

El 60% de los miembros del Senado de Brasil que tienen en su mano apartar de forma definitiva a la mandataria tienen procesos abiertos con la Justicia. Crímenes de corrupción, de orden financiero, electorales, son algunos de los supuestos delitos.

Por: Agnese Marra / CTXT

El juicio político al que se enfrenta Dilma Rousseff en el Senado comenzó el pasado jueves con los ánimos encendidos. La presidenta apartada no es acusada de corrupción, malversación de fondos, o algún tipo de crimen penal. La mandataria es acusada de haber firmado tres decretos presupuestarios donde maquilló las cuentas del Gobierno para poder solicitar nuevos créditos a los bancos sin haber devuelto los préstamos anteriores. Amparar este delito bajo la fórmula de “crimen de responsabilidad”, la única acusación por la que un presidente puede sufrir un impeachment, ha sido el debate principal de los últimos cuatro días.

Pero si Dilma no está formalmente acusada de corrupción, no se puede decir lo mismo del 60% de los senadores que la juzgan estos días. Por eso la senadora del PT Gleissi Hoffman dijo el jueves que el Senado brasileño “no tiene ninguna autoridad moral” para juzgar a Rousseff. La frase cayó como una bomba, especialmente en un Senado al que se le acusa de “golpista” por aceptar un delito de maquillaje de cuentas como crimen de responsabilidad, algo nunca visto hasta ahora.

Tras la provocación de Hoffmann comenzaron los primeros gritos y cruces de acusaciones. El senador Ronaldo Caiado (DEM) le respondió que al menos él y otros senadores no eran “asaltantes de jubilados” para referirse al marido de la senadora, el exministro Paulo Bernardo, al que se llevaron preso por un entramado de corrupción en el que habría desviado 100 millones de reales (algo más de 27 millones de euros) de los funcionarios públicos federales.

La propia senadora Hoffmann que también es investigada por haber recibido un millón de reales de mordidas de Petrobras para su campaña electoral, le dijo de nuevo: “No, usted es asaltante de trabajador esclavo”, en relación a los trabajadores esclavos que encontraron trabajando en las tierras del senador Caiado en Goiais.

Según una investigación del proyecto Atlas Político, al menos 49 senadores de los 81 que juzgan a la presidenta (un 60% del total) tienen procesos con la Justicia. La corrupción afecta tanto a parlamentarios a favor del impeachment como en contra. Los delitos van desde lavado de dinero, crímenes contra el orden financiero, corrupción y crímenes electorales.

El presidente del Senado, Renan Calheiros, que durante el segundo día de juicio dijo que el Plenario parecía “un psiquiátrico” por las “provocaciones” de Hoffmann, es uno de los que acumula más investigaciones: un total de 11. Todas ellas están relacionadas con el escándalo de corrupción de Petrobrás. Algunas se refieren al cobro de mordidas por favorecer contratos con empresas, y otras por lavado de dinero.

El senador Antonio Anastásia (PSDB), encargado de presidir la comisión del impeachment en el Senado, ha sido acusado de los mismos delitos por los que se acusa a Rousseff (maquillaje de cuentas), cuando trabajaba en el Gobierno de Minas Gerais, pero nunca ha sido juzgado. El senador Aécio Neves (PSDB), excandidato a la presidencia en 2014, y su mano derecha, el senador Aloysio Nunes (PSDB) uno de los principales instigadores del proceso contra Rousseff, están acusados en la Operación Lava Jato por recibo de mordidas de Petrobrás. Sus casos están parados en el Tribunal Supremo de Justicia. Neves además es acusado de tener cuentas sin declarar en paraísos fiscales.

Control 'antidopping' en el Senado

Los insultos entre senadores el primer día de juicio trajeron a colación un tema que se suele hablar en los bastidores del Congreso: el supuesto uso de cocaína entre los parlamentarios. El senador Lindenberg Farias, uno de los mayores defensores de la presidenta Dilma, acusó al senador Caiado de estar “relacionado con Carlinhos Cachoeira”, cabecilla de una pandilla que se dedicaba a los juegos de azar en Goias. Caiado muy ofendido le dijo a Farias, quien también es investigado por recibir mordidas de Petrobrás: “Hay que hacerte un análisis antidopping, te quedas ahí esnifando y te pones muy nervioso”.

En relación al uso de esta droga este martes apareció un vídeo difundido por las redes sociales donde se veía la mano de un senador con una pequeña bolsa de plástico en la que se veía un polvo blanco. La imagen llamó la atención porque se grabó en uno de los momentos más calurosos de la defensa del lunes de la presidenta Dilma, que fue cuando el senador Aloysio Nunes defendía que el juicio político no era un golpe. En las imágenes, mientras Dilma responde a Nunes, detrás del senador se ve a otro parlamentario (del que no aparece la cara, sólo el brazo) sentado sujetando con su mano derecha esa pequeña bolsa, con la que juega como si fueran unas maracas.

A partir de la difusión del vídeo también comenzaron a hacerse virales diversos memes como uno en el que aparecen maquillando a la presidenta Dilma y ella dice: “No me pongas muchos polvos porque sino Aécio Neves me va a esnifar”, en referencia a una serie de rumores sobre Neves y sus supuestos vicios.


Pero más allá de los rumores sobre el uso privado de la droga, todavía está en la memoria de muchos el escándalo de 2013 del que todo el mundo salió absuelto y que envuelve al senador Zeze Perrella (PTB) e indirectamente al senador Aécio Neves. En noviembre de ese año la Policía Federal detuvo un helicóptero con 445 kilos de cocaína. La aeronave pertenecía a la familia del senador Perrella y aterrizó durante media hora para abastecer combustible en una pista de aterrizaje construida por la familia del senador Aécio Neves. Los abogados del senador Perrella echaron la culpa al piloto y aseguraron que éste había usado el helicóptero sin el permiso de los Perrella. Ni los medios, ni la Policía Federal continuaron con las investigaciones. El lunes, durante los interrogatorios a Dilma, el senador Perrella también habló, y la profesora de Relaciones Internacionales de la UNIFESP, Esther Solano, comentó en las redes: “Ahí está el senador del helicóptero de cocaína juzgando a Dilma, ese es el símbolo de la legitimidad del Senado en este proceso”.

Juego de escena

A pesar de las peleas y los cruces de acusaciones de los primeros días, diversos medios señalan que entre bastidores los 81 senadores se llevan mucho mejor de lo que parece. Este juicio político, del que irónicamente ya se da por sentada su sentencia (apartar a la presidenta Dilma definitivamente), ha sido de algún modo un juego de escena tanto de los defensores como los detractores de Dilma Rousseff para sacar algún tipo de beneficio electoral, aunque sea por haber gritado más alto.

El diario Folha de São Paulo decía que todas las noches senadores a favor y en contra se sentaban en mesas “regadas de vino” y reían y conversaban amigablemente. También hacían sus negocios y sus apuestas para hacerse un hueco en el futuro equipo de Temer. El presidente del Tribunal Supremo Federal, Ricardo Lewandowski, aprovechó los primeros días para convencer a los parlamentarios de aprobar un aumento de salario para los jueces del Supremo. En vez de cobrar 33.700 reales (10.200 euros), querrían llegar a fin de mes con 39.200 (11.900 euros), cifras absolutamente escandalosas para una sociedad donde el 40% de la gente cobra 780 reales (230 euros).

Entre hoy y mañana los senadores darán su votación final. Tendrán que responder a la pregunta de si Dilma Rousseff cometió o no un crimen de responsabilidad. Curiosamente muchos de estos jueces no asistieron a las primeras sesiones del juicio donde hablaron testigos de la defensa y de la acusación. El sábado apenas había 31 parlamentarios para escuchar la defensa que hizo el ex ministro Nelson Barbosa. Se necesita el voto a favor de 54 senadores para que Rousseff pierda su cargo definitivamente. Los delitos por los que investigan a sus jueces por ahora siguen impunes.

Golpe de Estado: La tragedia brasileña

7:04:00 a.m. Add Comment

Una banda de “malandros”, como canta el incisivo y premonitorio poema de Chico Buarque -“malandro oficial, malandro candidato a malandro federal, malandro con contrato, con corbata y capital”- acaba de consumar, desde su madriguera en el Palacio Legislativo de Brasil, un golpe de estado (mal llamado “blando”) en contra de la legítima y legal presidenta de Brasil Dilma Rousseff.

Por: Atilio Boron* / Alainet

Y decimos “mal llamado blando” porque como enseña la experiencia de este tipo de crímenes en países como Paraguay y Honduras, lo que invariablemente viene luego de esos derrocamientos es una salvaje represión para erradicar de la faz de la tierra cualquier tentativa de reconstrucción democrática.

El tridente de la reacción: jueces, parlamentarios y medios de comunicación, todos corruptos hasta la médula, puso en marcha un proceso pseudo legal y claramente ilegítimo mediante el cual la democracia en Brasil, con sus deficiencias como cualquier otra, fue reemplazada por una descarada plutocracia animada por el sólo propósito de revertir el proceso iniciado en el 2002 con la elección de Luiz Inacio “Lula” da Silva a la presidencia.

La voz de orden es retornar a la normalidad brasileña y poner a cada cual en su sitio: el “povao” admitiendo sin chistar su opresión y exclusión, y los ricos disfrutando de sus riquezas y privilegios sin temores a un desborde “populista” desde el Planalto.

Por supuesto que esta conspiración contó con el apoyo y la bendición de Washington, que desde hacía años venía espiando, con aviesos propósitos, la correspondencia electrónica de Dilma y de distintos funcionarios del estado, además de Petrobras. No sólo eso: este triste episodio brasileño es un capítulo más de la contraofensiva estadounidense para acabar con los procesos progresistas y de izquierda que caracterizaron a varios países de la región desde finales del siglo pasado.

Al inesperado triunfo de la derecha en la Argentina se le agrega ahora el manotazo propinado a la democracia en Brasil y la supresión de cualquier alternativa política en el Perú, donde el electorado tuvo que optar entre dos variantes de la derecha radical.

No está demás recordar que al capitalismo jamás le interesó la democracia: uno de sus principales teóricos, Friedrich von Hayek, decía que aquella era una simple “conveniencia”, admisible en la medida en que no interfiriese con el “libre mercado”, que es la no-negociable necesidad del sistema. Por eso era (y es) ingenuo esperar una “oposición leal” de los capitalistas y sus voceros políticos o intelectuales a un gobierno aún tan moderado como el de Dilma.

De la tragedia brasileña se desprenden muchas lecciones, que deberán ser aprendidas y grabadas a fuego en nuestros países. Menciono apenas unas pocas.

Primero, cualquier concesión a la derecha por parte de gobiernos de izquierda o progresistas sólo sirve para precipitar su ruina. Y el PT desde el mismo gobierno de Lula no cesó de incurrir en este error favoreciendo hasta lo indecible al capital financiero, a ciertos sectores industriales, al agronegocios y a los medios de comunicación más reaccionarios.

Segundo, no olvidar que el proceso político no sólo transcurre por los canales institucionales del estado sino también por “la calle”, el turbulento mundo plebeyo. Y el PT, desde sus primeros años de gobierno, desmovilizó a sus militantes y simpatizantes y los redujo a la simple e inerme condición de base electoral. Cuando la derecha se lanzó a tomar el poder por asalto y Dilma se asomó al balcón del Palacio de Planalto esperando encontrar una multitud en su apoyo apenas si vio un pequeño puñado de descorazonados militantes, incapaces de resistir la violenta ofensiva “institucional” de la derecha.

Tercero, las fuerzas progresistas y de izquierda no pueden caer otra vez en el error de apostar todas sus cartas exclusivamente en el juego democrático. No olvidar que para la derecha la democracia es sólo una opción táctica, fácilmente descartable. Por eso las fuerzas del cambio y la transformación social, ni hablar los sectores radicalmente reformistas o revolucionarios, tienen siempre que tener a mano “un plan B”, para enfrentar a las maniobras de la burguesía y el imperialismo que manejan a su antojo la institucionalidad y las normas del estado capitalista. Y esto supone la organización, movilización y educación política del vasto y heterogéneo conglomerado popular, cosa que el PT no hizo.

Conclusión: cuando se hable de la crisis de la democracia, una obviedad a esta altura de los acontecimientos, hay que señalar a los causantes de esta crisis. A la izquierda siempre se la acusó, con argumentos amañados, de no creer en la democracia. La evidencia histórica demuestra, en cambio, que quien ha cometido una serie de fríos asesinatos a la democracia, en todo el mundo, ha sido la derecha, que siempre se opondrá con todas la armas que estén a su alcance a cualquier proyecto encaminado a crear una buena sociedad y que no se arredrará si para lograrlo tiene que destruir un régimen democrático. Para los que tengan dudas allí están, en fechas recientes, los casos de Honduras, Paraguay, Brasil y, en Europa, Grecia. ¿Quién mató a la democracia en esos países? ¿Quiénes quieren matarla en Venezuela, Bolivia y Ecuador? ¿Quién la mató en Chile en 1973, en Indonesia en 1965, en el Congo Belga en 1961, en Irán en 1953 y en Guatemala en 1954?

* Dr. Atilio A. Boron, director del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini (PLED), Buenos Aires, Argentina. Premio Libertador al Pensamiento Crítico 2013. www.atilioboron.com.ar Twitter: http://twitter.com/atilioboron Facebook: http://www.facebook.com/profile.php?id=596730002

Y hubo golpe en Brasil.

6:58:00 a.m. Add Comment

El sueño de la derecha brasileña, desde 2002, se ha realizado. No bajo las formas anteriores que ha intentado. No cuando intentó tumbar a Lula en 2005, con un impeachment, que no prosperó.

Por: Emir Sader / Alainet

No con los intentos electorales, en 2006, 2010, 2014, cuando fue derrotada. Ahora encontraron el atajo, para interrumpir los gobiernos del PT, aún más cuando seguirían perdiendo elecciones, con Lula como próximo candidato.

Fue mediante un golpe blanco, para el cual los golpes de Honduras y Paraguay han servido como laboratorios. Derrotada en 4 elecciones sucesivas, y con el riesgo enorme de seguir siéndolo, la derecha buscó el atajo de un impeachment sin ninguna fundamento, contando con la traición del vicepresidente, elegido dos veces con un programa, pero dispuesto a aplicar el programa derrotado 4 veces en las urnas.

Valiéndose de la mayoría parlamentaria elegida, en gran medida, con los recursos financieros recaudados por Eduardo Cunha, el unánimemente reconocido como el más corrupto entre todos los corruptos de la política brasileña, la derecha tumbó a una presidenta reelegida por 54 millones de brasileños, sin que se configurara ninguna razón para el impeachment.

Es la nueva forma que el golpe de la derecha asume en América Latina.

Es cierto que la democracia no tiene una larga tradición en Brasil. En las últimas nueve décadas, hubo solamente tres presidentes civiles, elegidos por el voto popular, que han concluido sus mandatos. A lo largo de casi tres décadas no hubo presidentes escogidos en elecciones democráticas. Cuatro presidentes civiles elegidos por voto popular no concluyeron sus mandatos.

No queda claro si la democracia o la dictadura son paréntesis en Brasil. Desde 1930, lo que es considerado el Brasil contemporáneo, con la revolución de Vargas, hubo prácticamente la mitad del tiempo con presidentes elegidos por el voto popular y la otra mitad, no. Mas recientemente, Brasil tuvo 21 años de dictadura militar, mas 5 años de gobierno de José Sarney no elegido por el voto directo, sino por un Colegio Electoral nombrado por la dictadura – esto es, 26 años seguidos sin presidente elegido democráticamente -, seguidos por 26 años de elecciones presidenciales.

Pero en este siglo, Brasil estaba viviendo una democracia con contenido social, aprobada por la mayoría de la población en cuatro elecciones sucesivas. Justamente cuando la democracia empezó a ganar consistencia social, la derecha demostró que no la puede soportar.

Fue lo que pasó con el golpe blanco o institucional o parlamentario, pero golpe al fin y al cabo. En primer lugar porque no se ha configurado ninguna razón para terminar con el mandato de Dilma. En segundo, porque el vicepresidente, todavía como interino, empezó a poner en práctica no el programa con el cual había sido y elegido como vicepresidente, sino el programa derrotad 4 veces, 2 de ellas teniéndole a él como candidato a vicepresidente.

Es un verdadero asalto al poder por el bando de políticos corruptos más descalificados que Brasil ya ha conocido. Políticos derrotados sucesivamente, se vuelven ministros, presidente de la Cámara de Diputados, lo cual no sería posible por el voto popular, solo por un golpe.

¿Qué es lo que espera a Brasil ahora?

En primer lugar, una inmensa crisis social. La economía, que ya venía en recesión hace por lo menos tres años, sufrirá los efectos durísimos del peor ajuste fiscal que el país ha conocido. El fantasma de la estanflación se vuelve realidad. Un gobierno sin legitimidad popular, aplicando un duro ajuste en una economía en recesión, va a producir la más grande crisis económica, social y política que el país ha conocido. El golpe no es el final de la crisis, sino su profundización.

Es una derrota, la conclusión del período político abierto con la primera victoria de Lula, en 2002. Pero, aun recuperando el Estado y la iniciativa que ello le propicia, la derecha brasileña tiene muy poca fuerza para consolidar a su gobierno.

Se enfrenta no solo a la crisis económica y social, sino también a un movimiento popular revigorizado y al liderazgo de Lula. Brasil se vuelve un escenario de grandes disputas de masas y políticas. El gobierno golpista intentará llegar al 2018 con el país deshecho, buscando impedir que Lula sea candidato y con mucha represión en contra de las movilizaciones populares. El movimiento popular tiene que reformular su estrategia y su plataforma, desarrollar formas de movilización amplias y combativas, para que el gobierno golpista sea un paréntesis mas en la historia del país.

Brasil: un golpe anunciado

6:20:00 a.m. Add Comment

La sanción contra Dilma Rousseff fue como aplicar la pena de muerte a quien se pasó un semáforo en rojo.


La votación del Senado brasileño destituyendo a la presidenta Dilma Rousseff pasará a la historia de América Latina como un hecho vergonzoso para la democracia regional. Brasil, una potencia regional que daba ejemplo de estabilidad institucional, queda en manos de Michel Temer, un presidente poco popular que tiene, él sí, serias acusaciones en su contra. El golpe parlamentario contra Rousseff más que resolver los graves problemas existentes los ahonda y fragmenta aún más al país.

En una declaraciones públicas la defenestrada presidenta manifestó que “Es el segundo golpe al que me enfrento en mi vida (…) se está robando el proyecto nacional progresista, inclusivo y democrático que represento (…) son unas elecciones indirectas inequívocas. La decisión de los senadores sustituye la voluntad de más de 54 millones de electores (…) acaban de derribar al primer presidente electo sin motivo constitucional”. No se puede estar más de acuerdo.

Es lamentable que las graves acusaciones de corrupción que han salpicado a todos los partidos políticos, llevado también a la cárcel a reconocidos empresarios, se salde con un cuestionable procedimiento con tinte jurídico, pero con más que evidente finalidad política: sacar a la presidenta a como diera lugar. Y lo lograron. Si la cadena se rompe por el eslabón más débil la estrategia de quienes se confabularon para actuar en el Congreso fue milimétricamente ejecutada. El mecanismo está previsto en la Constitución brasileña para ser usado en ocasiones excepcionales cuando existe una grave acusación penal ante un delito cometido por la cabeza del gobierno. Dado que a Dilma no le pudieron comprobar ningún caso de corrupción se la acusó de “maquillar” el presupuesto antes de las últimas elecciones. Fue como aplicar la pena de muerte a quien se pasó un semáforo en rojo. Ni más ni menos.

El escándalo que se destapó con la investigación del “Lava Jato” desnudó los niveles de corrupción e impunidad a los que había llegado el país. Cómo se entretejió una red de favorecimientos para la aprobación de millonarias licitaciones públicas y las muy jugosas retribuciones que recibieron sus intermediarios. Como el hecho ocurrió en un gobierno de izquierda, y que muy importantes figuras del oficialismo terminaron en la cárcel, era inevitable que el rechazo popular se volcara contra el gobierno. Hasta ahí existe una razón válida para entender cómo los niveles de popularidad de Rousseff cayeron en picada en medio, además, de una grave crisis económica. Aprovechando la coyuntura sus socios del PMDB en la coalición de gobierno, con el vicepresidente Temer a la cabeza, le asestaron la puñalada por la espalda al quitarle su apoyo en el parlamento. Lo demás es historia conocida.

¿Qué sigue en adelante? Los conocedores de la realidad brasileña no están muy claros sobre lo que viene. Al menos en lo económico se espera que haya una estabilidad en los mercados que permita llevar a cabo las reformas urgentes y aplicar las medidas que el gobierno considera como esenciales para sacar el país adelante. Muchas de ellas, como es de prever, estarán dirigidas a desmontar los programas sociales adelantados por los gobiernos del PT. En materia política el panorama es más incierto. A pesar de que a corto plazo se presume una cierta tranquilidad, mientras se decanta lo sucedido, las cosas no van a ser sencillas para el presidente Michel Temer.

Lo cierto es que las medidas económicas que se adopten generarán mayor descontento social y le corresponderá a este poner la cara. Con su mínima popularidad, las acusaciones que aún penden sobre él y figuras de su partido, vendrá con seguridad una mayor conflictividad a mediano y largo plazo. El PT, por su parte, deberá hacer una profunda reflexión sobre su futuro. En medio de este complejo panorama les corresponde a todos encontrar una salida viable para el Brasil.

Dilma Rousseff: "Apuestas golpistas causarán explosiones sociales en América Latina"

4:32:00 a.m. Add Comment

La mandataria afirma que los golpes son procesos ilegítimos que tendrán consecuencias impredecibles.

Por: Darío Pignotti / La Jornada

Atrincherada, la ex guerrillera y primera mujer presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, se apresta a librar su mayor batalla para defender el gobierno elegido democráticamente, cercado por la amenaza golpista, la cual parece incontenible.

Promete luchar con todas las fuerzas y todos los días contra este golpe de Estado en curso, que probablemente se definirá a fines de agosto, luego de los Juegos Olímpicos, cuando el Senado, dominado por la oposición, vote por la continuidad o el fin de su mandato.

Dilma acaba de llegar a un amplio salón de paredes de cristal del Palacio de Alvorada, la residencia oficial que ocupa en su condición de Jefa de Estado, pese a estar suspendida del cargo mientras se lleva adelante el impeachment y el gobierno está en manos del mandatario interino Michel Temer, responsable junto al poderoso diputado Eduardo Cunha del putch parlamentario iniciado en abril.

A espaldas de la anfitriona sobresale un cuadro de trazos modernistas, Recogiendo café, de la pintora Djanira, donde tres campesinas trabajan, una junto a la otra, en una finca.

Rousseff saluda sin protocolos y se arremanga el blazer de lino gris claro con el gesto de quien dice manos a la obra. Antes de comenzar la grabación de la entrevista exclusiva de 72 minutos recuerda su viaje a México en mayo del año pasado y comenta: “Me gustaría volver con más tiempo para visitar museos y ver el cuadro sobre Emiliano Zapata que, según ahora sé, está en la sala de juntas de La Jornada”.

Deja el tono afable cuando se refiere a la traición del ahora gobernante interino Michel Temer, cuya gestión está dominada por ese corrupto llamado Eduardo Cunha, de quien sospecha, aunque no lo denuncia formalmente, que haya sobornado a decenas de parlamentarios para que votaran por la apertura del impeachment.

Repasa alguna anécdotas diplomáticas y cuestiona al actual gobierno por su disposición a alinearse con Washington, enterrando la política con énfasis latinoamericano de los gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT) iniciados en 2003 con Luiz Inácio Lula da Silva y continuados por Rousseff en 2011.

Ya es casi mediodía, el sol domina por completo la Sala del Estado, sobre el ala oeste del palacio, avivando los rojos y amarillos de las flores y tucanes esparcidos en un tapiz del artista chileno Kennedy Bahía.

¿Podemos empezar a grabar presidenta?. Sí, adelante, responde y autoriza que ingrese el equipo de documentalistas que la sigue a sol y sombra para registrar este momento histórico en que el gigante latinoamericano enfrenta su crisis más grave desde el fin de la dictadura militar en 1985.

Rousseff habla sobre la conspiración de la cual es víctima y la sitúa en el arenero de un subcontinente en el que vislumbra estallidos sociales y democracias cada vez más degradadas.

“Considero importante estudiar las raíces de esta nueva forma de golpe que ocurren en América Latina. Lo primero que vemos es el comportamiento de las élites formando alianzas amplias para derrocar a los gobiernos populares a fin de impedir que continúen con sus programas sociales y de impulso al desarrollo.

“Vemos también que cambió el patrón del golpe. En los años 60 y 70 era el paradigma del golpe militar, con las oligarquías utilizando a las fuerzas armadas para separar del poder a los gobiernos legítimos.

Lo que resulta muy extraño es que este nuevo paradigma golpista procura mantener una apariencia institucional. Estoy hablando de esa modalidad iniciada en Honduras cuando derrocaron al presidente Manuel Zelaya (2009); después Paraguay con la caída de Fernando Lugo (2012) y ahora llegó a Brasil. Sin olvidar los intentos de desestabilización contra Evo Morales y Rafael Correa.

–¿En 2012 usted repudió la caída de Fernando Lugo, imaginó que sería la próxima víctima?

–Sinceramente jamás lo imaginé, no creía que en Brasil se iba a llegar a violar la cláusula democrática establecida dentro del Mercosur y la Unasur para preservar los gobiernos constitucionales. Jamás pensé que se iba a orquestar un ataque contra mí que fui elegida por 54 millones de ciudadanos, una conspiración a cargo de alguien que no tiene ni un solo voto (Michel Temer).

“Además de lastimar seriamente a la democracia que tanto nos costó recuperar, este golpe nos desprestigia ante el mundo.

“Y desde el punto de vista estrictamente jurídico, este impea-chment contra mí existe sin que haya ningún delito que se me pueda imputar. Y ésto no lo afirmó yo, lo dijo un grupo de peritos convocados por el Senado, y después lo confirmó la Procuraduría General de la República”.

México 1968, Río 2016

Igual que en la víspera de los Juegos Olímpicos de México en 1968, Brasil enfrenta un clima político enrarecido una semana y media antes del comienzo de la cita deportiva con la ceremonia en el legendario estadio Maracaná.

En Brasil, y especialmente en Río, se respira un aire político contaminado. Con un presidente en ejercicio, Michel Temer, cuestionado por su falta de legitimidad y rechazado por 87 por ciento de los brasileños, según una encuesta del mes pasado.

Las favelas en pie de guerra contra la policía y decenas de miles de efectivos militares convocados para ocupar los morros e impedir cualquier revuelta popular.

Algunos ministros avisan que habrá mano dura contra los inconformes a los que compara con guerrilleros urbanos, una forma de advertir a los activistas del PT y los campesinos sin tierra que convocaron a movilizaciones en defensa de la democracia.

–¿Espera que los Juegos estén marcados por la represión?

–En primer lugar quiero decir que no hay ninguna hipótesis de que haya una masacre, como la que hubo en Tlatelolco en 1968, pero lamentablemente sí hay una fuerte tendencia a una mayor presencia policial y militar en las calles (…) durante los Juegos.

“No creo que Brasil sea objeto de un ataque terrorista, pero es necesario tener cautela, no podemos descartar las amenazas, entonces es necesario que haya controles porque vimos lo que ocurrió en París y en Niza, por ejemplo.

“En Brasil hay una preocupación, en ese sentido entiendo a las autoridades, pero hay que ver si después de las olimpiadas se mantiene el mismo aparato, allí sería algo inadmisible.

Represión política

“No creo que las fuerzas armadas se presten. Ellas tienen un rol disuasorio y no entran en confrontación directa. El que actúa es el aparato policial.

Manifestación no es terrorismo. Es un derecho legítimo.

–CUT y MST, ¿convocados?

–Nosotros no controlamos esos movimientos desde aquí, del Palacio de Alvorada. Ahora, creo que es lógico que haya manifestaciones durante las olimpiadas.

–El presidente del CUT está acusado de incitar a la violencia.

–Eso es un error grave, porque la defensa de la democracia jamás puede ser confundida con incitar a la violencia. Nosotros jamás permitimos que se reprimieran las manifestaciones en favor del impeachment.

–¿Teme represión contra las movilizaciones convocadas durante las olimpiadas?

–Sería grave si el Ministerio de Justicia o cualquier otro quisiera criminalizar las movilizaciones. Lamento inmensamente que el ministro de Justicia interino (Alexandre de Moraes) equipare las manifestaciones con una forma de guerrilla urbana. Eso compromete a la democracia.

“Es típico que los procesos golpistas quieren callar las manifestaciones, que los gobiernos que no tienen votos sean intolerantes. Los golpistas siempre quieren silencio.

“En cambio, nosotros jamás criminalizamos las movilizaciones por el impeachment, porque la legitimidad que tiene un gobierno electo permite escuchar todas las voces y permitir manifestaciones.

Democracias devaluadas

–¿Imagina explosiones sociales en cadena en América Latina?

–Creo que quienes están apostando por estos golpes en América Latina corren el riesgo de causar una desestabilización profunda.

“Estos procesos golpistas pueden traer consecuencias imprevisibles. Es probable que haya. Me parece que ni los propios golpistas saben lo que podrá desencadenarse en el futuro. Lamentablemente, el precio a pagar será muy alto.

Usted puede esconder las cosas, pero al final un golpe es un golpe. Nadie puede creer que alguien da un golpe y todo queda como estaba. Nadie puede suponer que estos procesos ilegítimos no dejarán marcas.

–Un paisaje regional sombrío en un mapa global incierto.

–Vea lo que está ocurriendo en el mundo con esta globalización, que benefició a las grandes empresas oligopólicas mientras originó un retroceso para el conjunto de la población que está padeciendo las consecuencias sin que nadie le ofrezca ninguna compensación.

“En Estados Unidos tenemos ciudades inmensas que están hundidas en la decadencia y la pobreza.

“Es un cuadro tan grave, que hasta la prensa neoliberal reconoce que es un problema grave que haya desigualdad creciente y la concentración llegue al punto en que 0.01 por ciento de la población detenta casi 40 por ciento de la renta.

“Si las ganancias aumentan por encima de 300 por ciento y el salario crece 10 o 12 por ciento durante un periodo muy largo, es algo que nos llevará a conflictos. Es inexorable que haya consecuencias graves en un sistema en el que la mayoría pierde sus derechos básicos.

Estos procesos, que se prestan al surgimiento de soluciones raras, permiten que aparezcan fenómenos como el de Donald Trump.

–Los salvadores de la patria.

–Lo que ya sabemos es que en todas partes los salvadores de la patria en realidad no hacen más que comprometer la suerte del salvado.

No tengo duda de que si todo este proceso de exclusión causa semejante impacto en la economía más desarrollada del mundo, que es la de Estados Unidos, estamos frente a un fenómeno que también repercutirá en Brasil. Esa repercusión económica se verá agravada por la crisis política e institucional que tenemos por el golpe.

–¿Estados Unidos avaló el golpe?

–Creo que en estos golpes no existen esas interferencias externas tan claras como en los golpes militares. Ahora son las propias fuerzas internas las grandes responsables. Las elites de nuestros países no requieren de Estados Unidos.

–¿No hubo ninguna interferencia externa?

–Ahora, si usted me pregunta quiénes se benefician del golpe, le digo que hay varios en diversos grados.

“Entonces, se podría decir que en favor del golpe están aquellos grupos interesados en acceder al control de Petrobras con sus inmensas reservas en el área de pre-sal (aguas ultraprofundas).

“En favor del golpe pueden estar aquellos que no quieren tener la competencia en el mercado internacional de las grandes empresas constructoras brasileñas.

“Tenemos que recordar que en los últimos años tuvimos empresas brasileñas que estaban internacionalizándose a un ritmo muy significativo y conquistando espacios.

“Estoy refiriéndome a la constructora Odebrecht, que participó en la obra de (en el puerto cubano de) Mariel, pero también la empresa ha actuando en Miami, en México. Hay otras compañías con presencia internacional fuerte, como podría ser el caso de Andrade Gutiérrez. Podemos mencionar firmas brasileñas actuando en Ecuador.

“En fin, son varias participando en áreas con éxito y ello afecta intereses.

Uno puede suponer que algunas competidoras de esas empresas brasileñas que cité tienen peso político en nuestro país, y podría ser (que tengan participación en el golpe).

Banalidad del mal

Pasaron 13 años desde que Luiz Inacio Lula da Silva llegó al Palacio de Alvorada, la residencia oficial, el primero de enero de 2003, donde permaneció, relección mediante, hasta el 31 de diciembre de 2010, cuando fue sucedido por su compañera.

Al Poder, el que se escribe con mayúsculas y sobrevive a las administraciones presidenciales, siempre le resultó inaceptable tener que soportar la presencia del PT al frente del Estado.

El 12 de mayo pasado, poco después de llegar al Palacio Planalto, sede de la presidencia, el mandatario interino, Michel Temer, suprimió las imágenes publicitarias y los eslóganes de la era petista para establecer como nuevo lema oficial, el antiguo Brasil, orden y progreso, que evoca la simbología militar.

Paulatinamente fue desalojando toda la iconografía de la era petista. Incluso, despidió al mozo que durante años sirvió café a Dilma y a Lula.

Tal vez Temer todavía no haya quitado los cuadros de mujeres laboriosas del pintor modernista Emiliano di Cavalcanti, que Rousseff hizo colocar cerca de su despacho, en el tercer piso del Planalto, pero posiblemente lo hará si finalmente es confirmado en el cargo para el que no fue electo.

En su última trinchera, la residencia de Alvorada, Rousseff habla de seguir peleando todos los días con el mismo optimismo y de su admiración por la pintora surrealista española Remedios Varo, una luchadora.

Enciende su tableta para mostrarme pinturas de Varo.

Adoro sus obras. Fue una artista ma-ra-vi-llo-sa, que peleó por la república en España y después tuvo que asilarse en México. Cuando vuelva a México quiero ir alguna de sus exposiciones.

La conversación retoma lo político, y el impeachment que se tramita en el Senado, integrado por 81 legisladores mayoritariamente opositores a la presidenta electa y el PT. Para ser absuelta y volver a su cargo, Rousseff necesita contar con el apoyo de 27 congresistas, número que parece improbable.

–¿Aún es posible vencer en el Senado?

–Creo que cabe citar a Antonio Gramsci, quien nos decía que tenemos que ser pesimistas desde la razón y optimistas desde la voluntad. Soy muy optimista en mi voluntad, porque creo que esta lucha es fundamental para Brasil y América Latina, y al mismo tiempo hago un análisis realista sobre los pros y contra de la realidad de cada día.

–¿Está hablando con senadores?

–Sin duda. Platico con ellos habitualmente, pero no voy a decirle el número de los legisladores que hoy por hoy nos apoyan (ríe).

–Políticos y medios de comunicación intentan imponer la idea de que todo ocurre dentro de la ley. ¿Brasil vive una cotidianidad anómala?

–Voy a tomar prestada su definición para describir el momento que vivimos en Brasil. En verdad estamos ante una cotidianidad anómala, en la cual los que dieron el golpe quieren esconderlo atrás del proceso de impeachment, de la tramitación formal en el Senado y del aparato institucional, con todo su ritual.

“Lo que estamos viviendo es un cuadro de tranquilidad aparente, que tarde o temprano acabará por estallar, porque no se puede sostener indefinidamente ese ocultamiento de lo real, y lo real es el golpe.

“Quien mejor trató este tipo de fenómenos fue la filósofa Hanna Arendt a través de la idea de la banalidad del mal.

No quiero ser exagerada en las comparaciones, pero cuando uno ve cómo se está encubriendo la realidad con tanta alevosía, esto me recuerda otras situaciones más extremas, como las que trata Arendt cuando escribe sobre el proceso contra el criminal de guerra nazi Adolf Eichmann. Ahí ella nos enseñó cómo es posible que el mal conviva tranquilamente con lo cotidiano, cómo el mal se esconde debajo del aspecto neutro de un burócrata de la muerte. Como Eichmann, era capaz de llegar a su casa y besar a sus hijos como si no pasara nada en los campos de concentración".