Mostrando las entradas con la etiqueta Fernando Dorado. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Fernando Dorado. Mostrar todas las entradas

El espíritu cortesano y el poder

3:22:00 p.m. Add Comment

El siguiente texto tiene como objetivo reflexionar sobre un problema, el “espíritu cortesano”, que –de acuerdo a nuestra perspectiva– está en el trasfondo ideológico del reiterado fracaso de los esfuerzos revolucionarios y emancipadores de los trabajadores y pueblos oprimidos del mundo entero. 


Es evidente que, a pesar de nuestras buenas intenciones y de algunas conquistas temporales, nuestros procesos de lucha social y política se encuentran en una encrucijada.

Hoy, el gran capital financiero global ha vaciado de contenido las diversas formas de gobierno “democrático”, “representativo”, “participativo”, “socialista”, “comunista”, y puesto a todos los gobiernos al servicio de sus intereses, independientemente de su discurso, intencionalidad y “buenos” propósitos, y, por ello, son convertidos –con cierta facilidad– en eficientes administradores del Estado “heredado” y gestionadores de sus intereses corporativos.

El cortesano y el poder

El cortesano lo es, porque no reconoce su posición subordinada. Niega el antagonismo social, sueña con ser aceptado por la “corte”, desea el "poder", quiere dominar.

El cortesano, entonces, asume dos actitudes que no logran enfrentar el núcleo de la dominación:

Una, acomodarse, reptar y trepar, arrodillarse y humillarse, "subir" con base en la lisonja y el favor.

La otra, rebelarse en nombre de los intereses de "generales", ya sea para acceder al "poder" por medio de un golpe de mano (falsa revolución) o por medio de la negociación (claudicación).

En esa trampa han caído todas las "revoluciones" desde el siglo XVIII. Sólo hoy, después de muchos fracasos se empieza a comprender que "unos pocos" no pueden liberar a "todos" y que al querer hacerlo, terminan enredados en su propia trampa.

Terminan pareciéndose (+ o -) a quien querían derrotar y "derrocar". Estanislao Zuleta decía que el problema es "que no sabemos desear" [1].

El Estado heredado y las nuevas formas de gobierno (“auto-gobierno”)

El cortesano "sabe" que es subordinado pero no se reconoce, no se asume como tal. Un "síntoma" lo empuja hacia el "poder", hacia la dominación, hacia el control. Pueden haber muchas causas, sociales, culturales y psicológicas detrás de ese “síntoma” [2].

Esa falta de reconocimiento (núcleo duro del individualismo) se hace evidente cuando el cortesano accede al "poder". Entonces, se convierte en "reyezuelo", en “salvador supremo”. Ese es el peligro. Todo el mundo en el ámbito del "Estado heredado" (poder estatal delegado-constituido) es potencialmente corruptible.

Por ello, para poder superar ese obstáculo que ha llevado a que todos los movimientos y procesos de cambio terminen cooptados y absorbidos por el "Estado heredado" (colonial, capitalista, imperial), hay que construir nuevas formas de "auto-gobierno" que introduzcan diversas formas de organización que impidan la centralización e individualización del poder en pocas manos (base del fetichismo legalista, el burocratismo, la corrupción político-administrativa, el nepotismo, etc.).

Esas formas de auto-gobierno han sido inventadas por la humanidad a lo largo de la historia, pero los intereses creados (la propiedad privada, el capital, las oligarquías, los imperios), hacen todo lo posible porque las olvidemos o desechemos. Ellas, son herramientas para construir las bases materiales, económicas, sociales, políticas y culturales de una sociedad colaborativa ("postcapitalista").

Los griegos, los pueblos orientales, los indígenas americanos y otros, tenían diversas formas de gobierno que, adaptadas a nuestra realidad, son garantía y soporte institucional para que el bien común se imponga sobre el interés individual, sin anular la iniciativa del individuo que es un componente importante de la creatividad y el desarrollo colectivo.

Se requiere construir filtros o niveles de participación y de control social que tienen, como principal fundamento, el principio de la total desconfianza en los funcionarios (“gobernantes”), sean estos elegidos o nombrados. Esos funcionarios, deben ser tratados como lo que son: simples servidores públicos [3].

Entre las diversas formas de gobierno que deben combinarse para impedir que un individuo o un grupo de individuos ("partidos") se apoderen del "poder" y controlen a la sociedad, están:

1. La asamblea o "democracia directa";

2. Los consejos de sabios o "democracia ilustrada";

3. Los foros y debates o "democracia deliberativa";

4. Las consultas populares o "democracia plebiscitaria";

5. Las asambleas de delegados o "democracia representativa";

6. El pro-común colaborativo o "democracia asociativa".

Todas estas formas de gobierno (y otras) deben combinarse, usarse como contrapeso unas a las otras, utilizarse de acuerdo a las materias y tipos de decisión que hay que asumir, y los pueblos deberán aprender a hacerlo con base en las experiencias acumuladas por ellos mismos y por otros pueblos.

Además, deben contar con normas muy estrictas utilizadas para escoger y nombrar los funcionarios que deben ser seleccionados de entre la gente misma y deben ser cargos temporales y rotatorios, revocables, de servicio social obligatorio, con salario promedio, sin privilegios especiales, sometidos al control social, y sin grandes poderes.

Sólo así podremos superar los vicios y limitaciones impuestas por más de 2.500 años de economía crematística que han sido llevadas al extremo por el capitalismo actual.

Ya hay pueblos en diversas regiones del mundo avanzando en esa dirección (Chiapas, México, y Rojava, Kurdistán-Siria) pero, con el surgimiento de las nuevas "economías colaborativas" por efecto del desarrollo de las tecnologías computacionales, digitales, informáticas, y la aparición de nuevas relaciones sociales de producción y de nuevos sujetos sociales ("prosumidores” colaborativos) en el mundo del software [4] , la ciencia, la cultura, el arte y la producción bio-ecológica, esas formas de auto-gobierno se pueden hacer asequibles al común de la gente.

Es necesario y urgente profundizar en este debate y hacerlo en función-relación con nuestras experiencias prácticas, tratando al máximo de superar nuestras falencias heredadas y sustentadas en el “espíritu cortesano”.

Notas

[1] Zuleta, Estanislao (1980). “Elogio de la dificultad”, Cali, Colombia.

[2] Síntoma: Concepto del psicoanálisis que consiste básicamente en una acción inconsciente fruto de un proceso represivo. Según Lacan “El síntoma, como formación del inconsciente debe ubicarse en relación al discurso del Amo porque el síntoma incluye el discurso del Otro en el secreto de su desciframiento: el inconsciente es el discurso del Otro, es el discurso Amo”.

[3] Carlos Marx planteó las bases iniciales de ese nuevo Estado con base en el balance de la Comuna de París (1871) en el texto conocido como “La guerra civil en Francia”.

[4] Ejemplo de las economías colaborativas los encontramos en la producción de software libre, y múltiples formas de producción de conocimiento, música, periodismo, turismo, energías limpias, basadas en la mutua colaboración y acceso gratuito. Ver: Rifkin, Jeremy (2014) “La sociedad de coste marginal cero”. 

En Colombia las mayorías no creen en la paz

4:14:00 a.m. Add Comment

Lo que se rechaza es la "demagogia pacifista", molesta que la "patota corrupta" sea la que se haya tomado la consigna de la paz para engañar. Pero, las gentes en general aceptan que las guerrillas se desmovilicen aunque sospechan que ello no garantizará la paz, menos cuando la desigualdad, injusticia e inequidad se mantienen, y al lado, la economía del narcotráfico y de la minería ilegal, seguirá siendo el combustible de todo tipo de violencias y delincuencias. 

Por: Fernando Dorado / Rebelión

Las mayorías en Colombia no creen en la paz. En la “paz” que ha vendido el gobierno y las FARC. Pero, tampoco les seduce la idea de “hacer trizas los acuerdos” que propone Uribe. Esas mayorías se expresaron el pasado 2 de octubre, y en general, de acuerdo a las consultas y encuestas hechas recientemente, no han cambiado su percepción. Por ello, muy pocos celebran los reiterados y promocionados “días históricos”.

Para algunos, incluidas las FARC y las izquierdas, como no se explican ese fenómeno, califican el escepticismo y la incredulidad como fruto de la ignorancia. Se dicen a sí mismos que es resultado de la manipulación de los enemigos de la paz y de los medios de información. Pero, si casi la totalidad de esos medios promovieron positivamente la propaganda del gobierno… ¿cómo se explica ese mentís? No lo pueden comprender.

No pueden aceptar que esas mayorías tienen la razón porque toda su construcción ideológica se derrumbaría. Portan un conjunto de ideas que no les permiten interpretar y comprender a la gente. No entienden el porqué la mayor parte de la población no identifica el desarme de las FARC con la paz. Y claro, la gente… ¡está en lo correcto! El sólo hecho de que no crea ni se entusiasme con esa “paz”, significa que es más “avispada”, menos ingenua, tiene más conciencia (así sea instintiva e intuitiva); sabe que es una farsa, sobre todo de parte del gobierno. Los incumplimientos a los acuerdos, los asesinatos de dirigentes sociales, los nuevos falsos positivos, la corrupción que carcome a las instituciones, se lo confirma a diario.

Es un engaño del gobierno porque solo le interesa despejar territorios para entregar los recursos naturales al gran capital, sin importarle nada más. Es un artificio de los imperios que utilizan la paz en Colombia pero hacen la guerra en todo el mundo. Es un delirio de las FARC que presentan su derrota política como un triunfo para mantener su “moral revolucionaria”, ocultando que –como dijo Timochenko en un arrebato de sinceridad el día de dejación de armas– fue el gobierno de EE.UU quien ordenó y autorizó todo.

Es una trampa porque la “lucha por la paz” le hace el juego a Uribe para que recupere el gobierno en 2018. Así, se eternizará el poder de los corruptos incluyendo los que utilizan la “paz” para engañar. Todos, o casi todos, hicieron parte del gobierno de Uribe, incluyendo los Santos, Samper, Serpas, Roys Barreras, Benedettis y demás. Es por ello que el mito de que la sociedad se movilizará por la paz no se será, menos teniendo como actores a las FARC o al ELN, y a nuestras izquierdas.

El problema está en la matriz del paradigma ideológico con el que vienen actuando las izquierdas (armadas y desarmadas) y que hizo crisis en las experiencias socialistas del siglo XX que el filósofo francés Alain Badiou llama a evaluar con profundidad y honestidad (http://bit.ly/2scFvmQ). La más sobresaliente y equivocada de esas ideas que se observa en Colombia y América Latina es la de creerse los “salvadores supremos”, que consiste en querer “hacerle la revolución al pueblo” ya sea por la vía armada o electoral.

Mientras no derrotemos esa idea no podremos reconocernos a nosotros mismos y, menos, seremos capaces de interpretar e interpelar a la gente. Así nunca acertaremos.

El acto histórico

La grandeza de un acto depende estrictamente del lugar desde el cual se lleve a cabo (Zizek). Nunca ese acto puede ser programado. Surge de la confluencia de situaciones acumuladas pero pocas veces prevista. Y siempre vendrá desde fuera del sostén simbólico.

La gran movilización popular por la paz se convirtió en Colombia en algo parecido al “paro cívico nacional”. La idealización y la búsqueda del “momento histórico”, el desenlace final, la largamente esperada culminación de nuestros esfuerzos, no se repitió ni ha ocurrido. Todos los actos realizados por el gobierno y las FARC, desde la entrega de secuestrados (o retenidos), la muerte (“bajas” o asesinato) de comandantes guerrilleros, los ceses de fuegos declarados, las firmas de acuerdos y, ahora, la dejación (entrega) de armas, tenían el mismo objetivo: generar júbilo por el fin del conflicto. Ahora viene el Papa Francisco a santificar la paz y a sus actores con la eucaristía y sus bendiciones. ¡Pero nada ha servido ni servirá!

El problema consiste en la incapacidad de reconocimiento. Frente a Uribe, a quien han terminado por identificar como el principal enemigo (limpiando en parte la imagen del imperio y de la oligarquía), las FARC (y las izquierdas) se ven como víctimas. Del otro lado, Uribe se muestra (aunque, él no lo crea ni lo sienta y de allí su ventaja) como una víctima de las FARC y se identifica con la “patria” que está en peligro por la amenaza castro-chavista. Ninguno se ve a sí mismo como victimario aunque la gente los percibe como víctimas-victimarios que no acaban de encontrarse para hacer la verdadera paz.

En Colombia vivimos una tragi-comedia que no genera risa porque no es resultado de la ceguera cruel de los espectadores (sociedad), ni produce lágrimas porque tampoco es fruto de la incomprensión de esa realidad que los rivales protagonizan, sino que es una comedia trágica porque son los actores mismos los que no se dan cuenta de lo ridículo de su papel y de que el teatro (o circo) ha empezado a quedar vacío, y que en las graderías van quedando solo los interesados en que la farsa continúe y se eternice.

El verdadero acto histórico ya ocurrió el 2 de octubre. Es la mancha que daña la pintura. Lo realizaron los abstencionistas, pero también muchos de los que votaron por el NO y por el SI, contra Santos o contra las FARC pero no por Uribe. Y también lo protagonizaron –días después–, los jóvenes de las grandes ciudades que salieron a las calles a tratar de forzar a los actores para que arreglaran ese entuerto entre ellos. Pero todos, gobierno-guerrilla-Uribe, leyeron ese acto como apoyo a sus propias causas y por ello la tragicomedia continuó.

Cada quien sigue jugando su papel en un espacio con cada vez menos público que, a su vez, espera que aparezcan otros actores y otras temáticas más cercanas a su realidad (algo parecido, pero con los personajes invertidos, ocurre en Venezuela).

El encuentro entre las FARC y la sociedad

De todas maneras hay un hecho positivo. Las FARC sin armas, paulatina e inexorablemente, se van a ir encontrando con la sociedad, y la gente tendrá que acostumbrarse a su presencia en el escenario político.

Surgen varias preguntas: ¿Será la sociedad capaz de ver a las FARC de otra manera? ¿Creerán los dirigentes de las FARC que la sociedad colombiana los va a aceptar plenamente y se va a “enamorar” de inmediato de sus ideas y actitudes? ¿La sociedad colombiana será capaz de acoger a los guerrilleros pero sin apoyar sus propuestas políticas? ¿Las FARC se “legalizarán” hasta el punto de renunciar a sus ideales revolucionarios? ¿La insurgencia cambiará y con su acción conseguirán que la sociedad se transforme? Y se pueden plantear muchas más preguntas y variantes en ese mismo sentido. Lo principal es entender que el “encuentro” nos permite “ver” de otra manera y descubrir lo que la idealización (los esquemas) no nos permitían ver antes.

La clave está en que estemos dispuestos a cambiar. Las mayorías no odian a las FARC pero si les temen. Si ellos siguen en la línea de querer mantener la imagen de poderío (no reconocer sus errores ni sus derrotas) no van a poder mostrar lo que la gente no conoce de ellos. Así se esfuercen en presentar otra imagen, con logos, palabras, publicidad y marketing político, mientras no derroten en su interior la idea de ser los “salvadores del pueblo”, no podrán compenetrarse con las mayorías sociales y continuarán por el camino ya recorrido por las izquierdas latinoamericanas: o quedarse en la marginalidad gritando consignas desde ínfimas sectas fundamentalistas o, ser instrumentalizados (domesticados) por el gran capital para que administren sus desprestigiados Estados, mientras ellos rehacen sus fuerzas imperiales y capitalistas para retomar su papel (como está ocurriendo en países vecinos).

En las primeras de cambio no se observa sino más de lo mismo. Y por ello, surgen preguntas como ésta: ¿Cómo es posible que una guerrilla tan poderosa que no reconoce su derrota (por eso no “entregó” las armas) de un momento a otro esté a merced del gobierno (Estado) recurriendo a huelgas de hambre para que les cumplan los acuerdos y compromisos firmados?

Hay algo que no cuadra… ¿o me perdí de algo?

La actual situación de las FARC se acerca al momento en que “perdemos algo que nunca poseímos”. Es el instante en donde se comprende que la única fuerza real (más allá de armas o de palabras) es el apoyo efectivo del pueblo que hasta el momento, en su caso, solo ha sido una ilusión. Es la misma ilusión que tiene al ELN contra la pared de sus fantasías. Pero, deben estar aprendiendo mucho en las últimas semanas.

Posdata: Lo que se rechaza es la "demagogia pacifista", molesta que la "patota corrupta" sea la que se haya tomado la consigna de la paz para engañar. Pero, las gentes en general aceptan que las guerrillas se desmovilicen aunque sospechan que ello no garantizará la paz, menos cuando la desigualdad, injusticia e inequidad se mantienen, y al lado, la economía del narcotráfico y de la minería ilegal, seguirá siendo el combustible de todo tipo de violencias y delincuencias. Y si no se derrotan los corruptos, vamos por la vía de México o de Brasil donde no hay guerrillas fuertes pero si unas mafias asesinas que dan miedo. Y así, en 20 años posiblemente estemos peor.

¿Cómo derrotar las mentiras de Uribe?

12:17:00 p.m. Add Comment

Un movimiento ciudadano con un programa y una estrategia “no polarizante”, es el único capaz de derrotar a Uribe y a Vargas Lleras en las elecciones de 2018.


De cara a las elecciones de 2018, el principal objetivo de Uribe es hacer creer que las FARC se van a tomar el poder en Colombia; ya sea en forma directa o indirecta, con sus aliados “santistas”, liberales, de izquierda u otros. Dentro de esa lógica, tratará de convencer a la gente que las FARC no han desmovilizado ni la cuarta parte del total de sus integrantes, y que no van a entregar todas las armas ni los capitales que han acumulado del narcotráfico y de la minería ilegal. Cuenta con la ayuda del Fiscal para generar serias dudas, como ya lo hace (http://bit.ly/2s7WHwI). Además, viene posicionando la idea de que el gobierno y la ONU son cómplices y alcahuetas, y que la insurgencia tienen un fuerte apoyo de los gobiernos de Venezuela, Ecuador y Bolivia.

Así mismo, Uribe plantea que los 120 billones de pesos que el gobierno ha comprometido para los próximos 15 años de postconflicto, son para “mantener a los bandidos”, que según él y su partido, son “zánganos” que no saben trabajar. Que todo ello hace parte de la estrategia del “castro-chavismo” para tomarse el poder y traerá graves consecuencias para la nación. Que si no hay recursos para la educación y la salud es porque se les está entregando todo a los guerrilleros y a sus milicianos “infiltrados” en campos y ciudades. Y, asegura que la guerrilla y sus aliados van a convertir a Colombia en lo que hoy es Venezuela. Por eso, desde su punto de vista hay que elegir un presidente en 2018 que “haga trizas los acuerdos” e impida esa catástrofe.

Para hacer creíbles esas mentiras, Uribe tiene un poderoso aparato de propaganda y múltiples redes sociales que maneja con eficacia comprobada. Pero también tiene a su favor, como se demostró el pasado 2 de octubre de 2016, la desconfianza e incredulidad de un gobierno que utiliza el tema de la paz para intentar tapar una realidad de corrupción e ineficiencia, de entrega de nuestras riquezas al gran capital, de debilidad e inconsecuencia frente a Uribe, de incumplimiento de acuerdos a las comunidades movilizadas, y un manejo torpe y demagógico del mismo proceso de paz. Además, la guerrilla –a pesar de los serios esfuerzos que hace por mostrar su decisión de dejar las armas y cumplir los acuerdos– mantiene una matriz “triunfalista” que refuerza, sin querer, la campaña de mentiras uribistas. Se llama “retroalimentación funcional”.

Esa situación es –en sí misma– una paradoja. Es evidente que entre más promesas haga Santos con el tema de la paz, más refuerza la posición de Uribe. En esa dinámica, entre más fuerza política muestren las FARC, entre más exijan y más se quejen de los incumplimientos del gobierno, más temor generan entre quienes le creen a Uribe. Le ayudan a convencer a más gente que hay que derrotar ese tipo de paz y los acuerdos que la sustentan. Fue lo que ocurrió en la campaña del Plebiscito. Y todo indica que pueden repetir su “triunfo”. Además, Uribe utilizará, otra vez, falsedades relacionadas con la religión, la defensa de la familia, la propiedad privada y las buenas costumbres. El desprestigio del gobierno refuerza el engaño y hace que enfrentar esa paradoja sea una tarea muy difícil para quienes son conscientes de la “trampa”.

De tal manera que para derrotar a Uribe (y a Vargas Lleras, que ya tiene una estrategia apropiada para el momento, que se basa en la promesa de autoridad y “mano dura”, eficiencia e inversión en infraestructura; carreteras y vivienda), hay que salirse de ese núcleo “Real” que está implantado en el inconsciente de una parte de los colombianos que buscan, por un lado, un Mal (la causa de todos sus desgracias) y, por el otro, un Bien (un supremo salvador que los “libre del diablo”). Caer en el juego de pretender derrotar la fantasía con la Razón, lo único que logra es reforzar la mentira. Es precisamente la característica particular de las paradojas.

Se hace necesario y urgente, que las fuerzas políticas que se han planteado construir una “alianza anti-corrupción” y un amplio e independiente “movimiento ciudadano”, aceleren su proceso de unificación y se tracen una estrategia diferente, inteligente y creativa, dirigida a disputar el voto de opinión entre las clases medias de ciudades grandes e intermedias, que son los sectores que pueden entender con facilidad la necesidad de superar la polarización entre Uribe y Santos, entre “la guerra y la paz”.

Esa unión por encima de siglas y partidos, es el verdadero “acto de magia”, la “sinrazón” que rompe la paradoja y desata lo nuevo y transformador.

De acuerdo a las circunstancias descritas, ese movimiento debe estar encabezado por personas que no tengan la más mínima cercanía al gobierno de Santos o a la insurgencia. Igual, se hace necesario posicionar otros temas diferentes al cumplimiento de los acuerdos (sin negarlos pero haciendo una verdadera pedagogía sobre sus alcances, sin demagogia ni politiquería). A la lucha contra la corrupción política-administrativa hay que agregarle propuestas como la generación de empleo digno y formal, la recuperación y desarrollo del aparato productivo, la defensa integral del medio ambiente, el cambio estructural de los sistemas de salud y educación sin caer en fórmulas paternalistas y/o asistencialistas, y otras iniciativas de ese tenor.

Un movimiento ciudadano con un programa y una estrategia “no polarizante”, es el único capaz de derrotar a Uribe y a Vargas Lleras en las elecciones de 2018.

Colofón: La “coalición por la paz ‘santista’” no tiene ninguna posibilidad de competir por la presidencia de la República. Los liberales, conservadores y la “U”, están divididos y la mayoría de sus parlamentarios –presionados por el “partido de los contratistas”–, serán forzados a apoyar a Vargas Lleras. Hay muchas señales de ello.

No habrá apertura democrática en Colombia

1:54:00 p.m. Add Comment

Hay que pensar en algo diferente, que unifique a las “fuerzas sanas” de la nación para constituir una fuerte “tercería” política que nos permita superar la polarización entre Uribe y Santos, que es el instrumento de las castas dominantes para monopolizar el Estado y evitar el surgimiento de alternativas efectivamente democráticas.

Por: Fernando Dorado / Arañando el cielo y arando la tierra

El colmo de los colmos. Lo ocurrido en Colombia es para escandalizarse. Se impulsa una reforma política antidemocrática usando el “fast track” del proceso de paz que afecta negativamente a los partidos minoritarios; el Fiscal General no acude al Congreso de la República para afrontar los cuestionamientos planteados por senador Robledo en el caso de Odebrecht pero –cínica y arteramente– ataca al citante del debate; y el partido de la Alianza Verde es sancionado por el Consejo Nacional Electoral lo que le impedirá postular candidatos a concejos en 64 municipios, incluyendo el Distrito Capital, en próximas elecciones.

Esa es la respuesta del establecimiento dominante en Colombia –corrupto hasta los tuétanos– que no está dispuesto a democratizar el país. Está visto que van a tratar de tapar los escándalos de corrupción o minimizarlos al máximo. El Fiscal ahora utiliza los “presuntos” actos de corrupción en Reficar, todavía en investigación, para desviar la atención de los graves hechos de sobornos y corrupción comprobada en el caso de Odebrecht. Ver para creer.

Acabar con el voto preferente, no implementar el voto electrónico, mantener la financiación privada en las campañas electorales, conservar umbrales y demás trampas que afectan a los partidos minoritarios, son señales de que las castas dominantes no están dispuestas a abrir los más mínimos espacios de participación política en el país.

Pero lo más escandaloso es que las fuerzas insurgentes que están en proceso de sumarse a la política legal y demás fuerzas políticas aliadas o cercanas a ellas, que siempre han afirmado que el principal objetivo del proceso de paz es democratizar el país, no se dan por afectados. Está visto que a las FARC lo que les interesa es participar en una especie de co-gobierno “de transición” y que están dispuestos a hacerlo con toda clase de políticos corruptos.

Además, parece que no desechan aliarse con Vargas Lleras –como acaba de decir Roy Barreras– cuando éste se comprometa a darle continuidad al “proceso de paz”. Muy pronto le harán un “lavado de cara” al ex-vicepresidente para que haga parte del “bloque gobiernista” para defender el legado de Santos. Éste no es otro que darle continuidad al programa neoliberal usando de cobertura de la “paz”. Las numerosas ONGs y contratistas que durante años se han preparado para administrar el “post-conflicto” son las que verdaderamente los unifican para defender con uñas y garras su permanencia en el gobierno. 

Pero también, hemos observado cómo la gran prensa trata ocultar la profunda crisis moral del establecimiento dominante. Utilizan noticias varias como la crisis de Venezuela, las violaciones y asesinatos de niños y mujeres, los desastres naturales, el “proceso de paz”, etc., para tratar de tapar los escándalos de corrupción o de generar una matriz de opinión enlodando a todos los actores políticos. “La corrupción es generalizada, ningún partido político se salva” dicen los titulares. La descomposición de la clase política tradicional se intenta legitimar como un fenómeno que involucra a todos. Es una forma de invisibilizar a los verdaderos corruptos. 

La crisis de legitimidad de la “falsa democracia” colombiana y el marasmo existente dentro de la población que no cree en nada ni en nadie que haga parte de “la política tradicional”, nos obliga a realizar los máximos esfuerzos por reaccionar, diseñar e impulsar una estrategia realmente nueva. Con “más de lo mismo” llegaremos en 2018 a un escenario semejante al del pasado 2 de octubre. Igual a lo que acaba de ocurrir en Francia, y que se viene repitiendo en el mundo (Perú, EE.UU., etc.), o sea, que en las segundas vueltas electorales hay que escoger entre lo “malo” y lo “peor”. En Colombia, entre el candidato de Uribe y el candidato de Santos (Vargas Lleras-De la Calle). 

Hasta ahora, los esfuerzos individuales que hacen algunas personalidades políticas como Claudia López o Jorge Enrique Robledo no logran romper la dinámica de escepticismo e incredulidad de la gente. Hay que pensar en algo diferente, que unifique a las “fuerzas sanas” de la nación para constituir una fuerte “tercería” política que nos permita superar la polarización entre Uribe y Santos, que es el instrumento de las castas dominantes para monopolizar el Estado y evitar el surgimiento de alternativas efectivamente democráticas.

Santos, Uribe y las Farc al desnudo

6:37:00 a.m. Add Comment

El mensaje ciudadano del 2 de octubre de 2016 enviado por el pueblo colombiano fue absolutamente claro: “¡Arreglen ese entuerto entre ustedes!


Todos nos conocemos a nosotros mismos y a los demás pero hacemos como si no lo supiéramos. Soportamos la mentira para poder vivir juntos. Inventamos un “goce” (justificación o “camuflaje” a manera de disimulo) para no enfrentar la Realidad que nos podría enloquecer, llevar al suicidio o arriesgarnos a actuar con contundencia transformadora.

Un “goce” es una aceptación cínica de la falsedad que nos permite gozar de la vida pero que siempre estará allí, como cuestionamiento y martirio. En sí, es un antídoto adictivo que usamos para poder sobrellevar nuestro “trauma fundante”, nuestra “anomalía original”. Ese “goce” es el verdadero sustento y soporte de la ideología dominante, su esencia[1].

Unos ejemplos basados en la política colombiana nos pueden servir para entender el concepto:

Todos sabemos que Santos es un jugador, que es calculador y mentiroso. Pero, se la jugó por la paz, así haya conseguido sólo el desarme de las FARC que era lo que pretendía. Le abonan ese hecho. Sin embargo, él mismo y todos los que se han apegado a su gestión, tienen que mentirse a sí mismos, vender la idea de que Santos es bien intencionado, que es un progresista y demócrata. Además, como no pueden “desnudarlo” en sus esencias íntimas (posa de ser un “gentleman” que impulsa la “tercera vía” y un “buen gobierno” pero pertenece a una estirpe oligárquica retrógrada y conservadora), intentan construir otra mentira para darle continuidad a lo que han conseguido al lado de él en los últimos 8 años, y por tanto, ya organizan e impulsan la “Unión de la Paz”, liderados por el ex-presidente Ernesto Samper y De la Calle Lombana.

En el mismo sentido, todos sabemos que Uribe es un dirigente frentero pero mañoso. Que se la jugó para debilitar a las FARC usando armas legales e ilegales, alianzas con mafias y todo tipo de delitos. Le reconocen esa acción. No obstante, él y todos los que lo siguen, tienen que mentirse a sí mismos, promover la idea de que Uribe nunca ha estado al tanto de los crímenes, que es una víctima del conflicto y que tiene buen corazón. Igual, como no pueden “desnudarlo” en su complejidad (es hijo de un campesino paisa que se enriqueció al lado de Pablo Escobar y no soporta a la oligarquía bogotana pero quiere parecerse a ella), intentan mantener la mentira para acceder al gobierno, y por tanto, ya construyen la “Unión de la Guerra” contra el “castro-chavismo” con Pastrana, Ordóñez, la Ramírez, Jaime Castro y los numerosos “popeyes” que están reclutando. 

Así mismo, todos sabemos que las FARC surgieron de un verdadero conflicto social y político pero que por erradas decisiones estratégicas su proyecto político-militar se enlodó en medio de una guerra extremadamente degradada. Pero, ellos y todos los que los siguen, tienen que mentirse a sí mismos y hacer creer que las FARC fueron obligadas a degradarse, que no tienen ninguna responsabilidad, y que con sólo dejar las armas se convierten en blancas palomas. Y, como no pueden “desnudarlas” en su incoherencia interna (es una guerrilla nacida de la resistencia campesina-indígena ‘liberal-gaitanista’ que mutó hacia la ortodoxia marxista), intentan elaborar una mentira para construir su proyecto político sin pagar el costo de sus errores pero sabiendo que deben “lavarlos” en forma callada. Por ello, inevitablemente, harán parte de la “Unión por la Paz” al lado de la burguesía burocrática. Ya lo hacen.         

No obstante, la dinámica de los acontecimientos ha obligado a que esos actores se vayan desnudando solos. Al hacerlo contribuyen con la exposición del “síntoma” que no es otro que el “espíritu cortesano” presente en nuestra formación social y cultural. Esa anomalía original nos llevó a creer que necesitábamos de un amo, un patrón, un burgués “progresista” u otro “nacionalista” para poder sobrevivir. Todos han quedado expuestos en su debilidad estructural.

La verdad es que ese síntoma está siendo demolido poco a poco. El mensaje ciudadano del 2 de octubre de 2016 enviado por el pueblo colombiano fue absolutamente claro: “¡Arreglen ese entuerto entre ustedes! ¡No nos representan!”. Es una original expresión de “cinismo plebeyo” (kinismo[2]), que es un instrumento irónico, sarcástico, mordaz y cáustico de los subalternos.

Eso significa que los Ciudadanos del Común han aprendido a “ver” más allá de los ropajes. Están empezando a empoderarse y no temen “desnudar” al que sea. Eso es muy bueno.

E-mail: ferdorado@gmail.com / Twitter: @ferdorado

La estrategia del “policía bueno” y el “policía malo": Tiran la piedra y esconden la mano

11:12:00 a.m. Add Comment

En Colombia enfrentamos una trampa ancestral, una paradoja (Badiou), un síntoma (Lacan- Zizek), un trauma fundacional, que se repite y reitera por siglos, fruto de una singularidad histórica que se acumuló a lo largo del tiempo. 

Por: Fernando Dorado / Democracia en la Red

Hoy, que estamos intentando superar el conflicto armado vuelve a aparecer esaanomalía que nos frena y no nos permite avanzar. Y, es por ello, que es muy importante detectar, sacar a la luz, reconocer y caracterizar ese fenómeno para finalmente superarlo en nuestro ser colectivo. Es indispensable hacerlo. 

Dos temas concretos del actual proceso de paz son expresión de esa trampa. Uno, las castas dominantes se niegan a reconocer las atrocidades cometidas por fuerzas estatales y/o para-estatales, como lo denuncia con mucho detalle el analista Michael Reed en Razón Pública (http://bit.ly/2oydirR). El otro, la permanencia de grupos paramilitares que sistemáticamente continúan asesinando dirigentes sociales y populares en diversos territorios de nuestro país, especialmente en áreas impactadas por megaproyectos mineros y energéticos como de manera precisa lo describe José Antonio Gutiérrez en Rebelion.org (http://bit.ly/2nYfoQQ). 

Como a continuación lo reseñamos y recordamos, estos dos tipos de comportamiento de las clases dominantes han sido reiterados desde tiempos de la conquista y la colonización española. Desde aquellas épocas no solo utilizaron la fuerza armada de sus Estados para acabar, mermar o neutralizar la resistencia indígena, negra y mestiza, sino que también utilizaron todo tipo de fuerzas “irregulares” (mercenarios, caza-recompensas, asesinos a sueldo, “chulavitas”, paramilitares, “Bacrim”, etc.), para cometer toda clase de crímenes que las élites oligárquicas siempre han negado. “Tiran la piedra y esconden la mano” dice el sencillo parroquiano. Por eso, en el pasado todos los procesos de paz fracasaron: las fuerzas rebeldes o insurgentes fueron traicionadas y masacradas o asimiladas y copiadas. 

Así, la estrategia que le permitió a la oligarquía instrumentalizar la guerra interna en los últimos 35 años no es algo casual. Es una práctica ladina y mañosa que en la actualidad usan para manipular el proceso de paz e impedir verdaderos cambios y transformaciones. Esa capacidad la han desarrollado “los de arriba” con la colaboración inconsciente de “los de abajo”. Desde el mismo momento de la conquista se inició ese proceso y es parte del legado colonial. No es “algo” que apareció por obra de una inteligenciamaligna ni es un invento perversode alguien en especial. Fue un proceso impuesto por las diversas condiciones de existencia de los pueblos originarios que habitaban el territorio de lo que hoy es Colombia y la forma diferenciada como respondieron a la invasión y dominación. Surgió así, casi “naturalmente”, una dualidad tácticaque ha sido perfeccionada a lo largo del tiempo y convertida en “costumbre criminal”. 

En la mayoría de los territorios que en la actualidad son los países latinoamericanos, la conquista y la colonización europea se realizó con base en la “hibridación cortesana” (dixit, Miguel Ángel Herrera) entre las elites cortesanas españolas y las familias de los caciques que eran los nobles cortesanos de los imperios amerindios (inca, azteca, muisca). En sus capitales, Lima, México y Bogotá, los españoles y sus aliados subordinados, constituyeron los tres centros coloniales dominantes (reales audiencias y/o virreinatos) que hoy siguen controlando la región y siempre han sido la cabeza de playa de los imperios (español, inglés y estadounidense), hoy agrupados en la “Alianza del Pacífico”. Ese aspecto determinó que frente a los pueblos que hacían parte de los imperios, la actitud dominante de esa “alianza cortesana” fuera relativamente “suave”, condescendiente, conciliadora y “pacífica”. Actuaba el “policía bueno”. 

Pero frente a los pueblos que resistieron, que no se dejaron aculturizar, que defendieron las esencias de su identidad (territorios, cosmovisión, lenguas, usos y costumbres, autoridades propias, etc.), el bloque cortesano dominante (europeo-indígena-mestizo-criollo), desarrolló otra actitud muy diferente. Esos pueblos en Colombia fueron relativamente numerosos dado que el imperio muisca era muy pequeño y no controlaba el extenso territorio. 

Además, el otro centro de poder “cortesano” construido en Popayán con pueblos “yanaconas” traídos de Perú y Ecuador, no abarcaba amplias regiones de la entonces Nueva Granada. Las campañas de exterminio contra nasas, pijaos, sindaguas, wayuús, zenúes, arahuacos, motilones, timilas, etc., y negros cimarrones rebeldes, fueron aterradoras, bárbaras y salvajes. No se ahorraban nada. Desde el engaño hasta la emboscada y la tierra arrasada fueron utilizadas. Se procuraba dividirlos, infiltrarlos, desaparecer sus cabecillas, acusarlos de diabólicos, brujos, oscuros, vagabundos y peligrosos para toda la sociedad. Actuaba, entonces, el “policía malo”. 

El principal logro de esas clases dominantes, como lo intentahacer ahora Juan Manuel Santos, fue conseguir que amplios sectores de las clases y sectores dominados confiaran en el “policía bueno”. Ese mismo resultado lo consiguieron en diversas épocas los agentes del colonialismo interno: los curas doctrineros que supuestamente abogaban por la defensa de los indígenas; los encomenderos que amagaban amistad y hasta caridad para acercarse a los resguardos indígenas para apoderarse de sus tierras; los criollos patriotas que prometían igualdad y libertad para indios y negros pero en la práctica aspiraban a liquidar los resguardos o utilizar a su población como carne de cañón en las guerras de independencia para mermarlos y debilitarlos ya que el fondo les temían; la débil burguesía de principios del siglo XX que le hicieron creer a obreros y labriegos que iban a hacer una “revolución en marcha” para garantizarles derechos laborales a los trabajadores y acceso a la tierra a los campesinos; y la burguesía transnacional que en 1991 convenció a amplios sectores sociales que con el sólo cambio de la Constitución Política se iba a democratizar el país y el grueso del pueblo iba a disfrutar de una serie de derechos fundamentales, sociales, económicos, políticos y culturales. 

Y siempre lo lograron porque utilizaban el “policía malo” como señuelo. Desde aquellos tiempos buscaron la forma de hacer aparecer una figura que “metiera miedo”. Los “policías malos” de la conquista, la colonia y la república fueron reconocidos por su crueldad, fueron llamados “pacificadores” y frente a ellos estaba el “policía bueno” que mantenía la mano tendida. En el siglo XX el más conocido fue Laureano Gómez y en el siglo XXI es Álvaro Uribe Vélez. 

Ambos fueron utilizados para domesticar a las dirigencias populares, asustándolas con el “coco” reaccionario y conservador, para que confiaran en el “policía bueno”, o sea, López Pumarejo, los Lleras, López Michelsen, Samper y, ahora, Santos. Y a fe, por lo que estamos observando, pretenden repetir la fórmula con la colaboración de un sector de la izquierda con un“nuevo” policía bueno: Humberto de La Calle Lombana. 

Pero en esta ocasión pareciera que la receta no funciona. El policía bueno (Santos) no logró diferenciarse totalmente del malo (Uribe). El “malo” ya no asusta tanto y por ello utiliza como amenaza un castro-chavismo que –si existiera realmente– se desmoronó el 2 de octubre pasado. El “bueno” se fue desgastando con sus mentiras y demagogia. Bueno y malo han empezado a ser identificados como corruptos por igual. La polarización entre ambos, en vez de potenciarlos, los muestra como compadres “peliaos” que se enfrentan por el botín de contratos y puestos. 

Lo nuevo de la situación consiste en que los dirigentes de izquierda que han sido cooptados por el “policía bueno” (Santos) no tienen el ascenso e influencia necesaria para evitar que otros líderes y lideresas encabecen una rebelión pacífica que se está acumulando en el alma colombiana. Los resultados del 2 de octubre así lo indican. Existe una reserva de inconformidad con la clase política colombiana que va a ser desencadenada en 2018 por una “amplia coalición ciudadana independiente” (ni de derecha, ni de izquierda) que va a aprovechar el desenmascaramiento yla identificación entre el policía bueno y el malo para derrotar a todos los corruptos.

Además, ese movimiento ciudadano en ciernes, esa tercería anti-política en formación, cuenta con unas mayorías del país que en los grandes centros urbanos han empezado a reaccionar. Además, desde hace varios años ha aparecidouna juventud más consciente que se está vinculando con cierta decisión a la política. Es más, importantes sectores de empresarios medios y pequeños (y uno que otro “grande”), tanto del campo como de la ciudad, a los que calificamos como “burguesía decente”, están decididos a romper con la “burguesía burocrática”que se ha mostrado profundamente descompuesta por la corrupción político-administrativa. Dichos sectores no están dispuestos a seguir pagando impuestos para que unos avivatos incrustados en el Estado se los roben. 

La única condición para que se desencadene esa oleada democrática es que los principales dirigentes de los partidos alternativos (Polo “robledista”, Alianza Verde, Progresistas, y otros más pequeños como MAIS, ASI, Compromiso Ciudadano, etc.), además de unificar su pensamiento, elaborar un programa acorde al momento y diseñar una estrategia inteligente, convoquen en las regiones y en Bogotá a cientos de miles de personas independientes, “ciudadanos del común”, activistas sin partido, que si observan un verdadero espíritu de unidad, generosidad, amplitud, capacidad de riesgo y decisión valiente para enfrentar a todos los politiqueros corruptos, van a desarrollar un movimiento de tal envergadura que hará explotar por los aires la vieja estrategia engañosa del policía bueno y el policía malo. 

En dicha tarea podría contribuir la aparición de un candidato “outsider” que ayude a dinamizar la acción política de esa “amplia coalición ciudadana independiente”. Hay que abrir el ojo e identificar a una o a varias personas que –venidas de afuera de la política– puedan aportar nuevas ideas, incidir con narrativas creativas y propuestas llamativas para que los escépticos, los incrédulos, los pesimistas y los abstencionistas, se sumen a esa oleada de cambio y de transformación. 

Estamos en un momento decisivo de nuestro país. Colombia puede dar un paso trascendental que –incluso– puede ser cualitativamente superior a los que han dado los pueblos de los países vecinos.Un “policía honesto”,que actúe con espíritu colectivo profundamente democrático y civilista, debe aparecer desde laentraña colombiana para ponerle fin a ese trauma fundacional. 
Es el momento del Común.