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¡Unidad, unidad, unidad!

7:17:00 a.m. Add Comment

El grito que resonó en Vistalegre, junto al de ¡Pablo Presidente!, fue el de ¡Unidad, unidad, unidad! La calle sabe cosas que las direcciones olvidan. Como, por ejemplo, que la falta de acuerdo entre las fuerzas progresistas ha permitido al PP gobernar con apenas el 30% de los votos. 
Por: Juan Carlos Monedero / Público.es
Los partidos son empresas que buscan maximizar sus votos y que saben que los acuerdos pueden pagarse caros en el mercado del voto. Eso les lleva a menudo a preferir ser cabeza de ratón que cola de león. Esto no significa que valga cualquier acuerdo ni cualquier coalición. De hecho, las grandes coaliciones son un fraude electoral que consuma la comprensión de la política como un acuerdo de élites elegidas por una ciudadanía que ha delegado la política como delegamos a los jardineros el cuidado de los parques. Hasta que se nos caen las ramas a la cabeza.
Este sábado Pablo Iglesias ha escuchado la voz de la calle y otro tanto ha hecho Íñigo Errejón y Miguel Urbán. Y con ellos, los representantes salidos de Vistalegre. Y los círculos, que por vez primera entran en la dirección. Porque Podemos no puede ser más un acuerdo entre números uno, dos, tres ni cinco. Podemos se la juega precisamente en su capacidad por mantener su capacidad de incidir en las instituciones -donde la eficacia tiene que ver con la experticia-, su capacidad de trasladar un mensaje fresco y contundente en los medios y las redes, y su apuesta por una organización más horizontal donde de verdad se empiece a discutir de política. Que ya toca.
La garantía para que eche a andar una nueva etapa de Podemos pasaba por terminar con las refriegas explícitas de los últimos meses y las implícitas del último año. Es verdad que el hecho de que la ciudadanía premie los congresos a la búlgara del PP y castigue las discusiones internas es un resíduo del franquismo y del “no te metas en política” del que no puedes ser radicalmente ajeno, pero no deja de ser cierto que para seguir haciendo pedagogía democrática contra el “sentido común conservador” -lo que inauguró el 15-M- la camaradería entre las caras visibles de Podemos es una ración extra de vitaminas para la gente con ganas de cambio. Eso se ha logrado esta mañana.
España empezó a cambiar. Eso empieza por cambios en la cultura política, donde lo que ayer era aceptable hoy se ve como intolerables, sea que Trillo siga siendo embajador, que se ensalce a una persona imputada por corrupción -aunque muera por problemas de hígado-, que la Infanta se hubiera ido aún más de rositas, que el Banco de España o los ricos de las tarjetas black tengan impunidad o que un Rey pueda aparecer en una cacería rodeado de delincuentes. Los cambios en la cultura política, de los que siempre son portadores las gentes más jóvenes, luego pasa a los periódicos digitales -no  los de papel-, a los partidos políticos y, de ahí, a las instituciones (incluida la judicatura, los periódicos de papel, las radios y las televisiones). Queda mucho por caminar, pero lo difícil, que es que la gente piense de otra manera y doble el brazo a los partidos, ya se ha puesto a andar. Por eso en Podemos no han tenido más remedio que escuchar el “¡Unidad, unidad, unidad!” que rugía desde las gradas de Vistalegre.
Ahora queda por ver si toda la emoción que produce saber que hay acuerdo en Podemos se traduce en una manera diferente de hacer las cosas. Porque hay cinco millones de votos queriendo saber que han votado lo correcto y otros cinco millones a los que hay que convencer de que cambia el gobierno o nos vacían la democracia. Como en 1931 para acabar con el Antiguo Régimen o en 1977 para acabar con el franquismo, hace falta un diálogo entre sectores populares y clases medias para salir del neoliberalismo. Un diálogo que se traduce en un juego de “ganar-ganar”, donde sólo pierde el 10%. Que son pocos pero muy poderosos. ¿Entendemos por qué esa insistencia en los grandes medios para que no se escuchara el grito de ¡Unidad, unidad, unidad!? Parece que esta vez no va a ser verdad eso de que la banca siempre gana.

Ser brecha o pared: Podemos y las terceras elecciones.

8:08:00 p.m. Add Comment

Párate o camina, pero no te tambalees. Así reza una propuesta milenaria. La confusión electoral, post electoral y preelectoral está afectando a lo nuevo. Y ahí no hay luz. La luz está en la calle. Dentro lo que hay son bombillas. Y estatuas. Y telarañas.

Por: Juan Carlos Monedero / Diario Público.

España entró muy tarde al estado social por culpa de la dictadura. Mientras en Europa se ponía en marcha un estado social, democrático y de derecho nacido de la derrota de Hitler y Mussolini, aquí se fusilaba al amanecer y se encarcelaba o exiliaba al pensamiento democrático. Algunos hoy, en el PP o en Ciudadanos, siguen mirando con simpatía a la dictadura y creen que Franco fue un gran estadista. Si entendiéramos que el franquismo fue una dictadura de clase entenderíamos que hay conexiones que no se comprenden con otras herramientas. Hay muchos políticos y periodistas a los que les sentaría excelente una vestimenta falangista.

El modelo neoliberal, es decir, este momento del capitalismo en donde la patronal se atreve a decir que los trabajadores debieran pagar a los empresarios cuando son despedidos, necesita cambiar el contrato social democrático y social en nombre de la competitividad. La globalización se hace sobre las espaldas de las clases medias, las mujeres y los trabajadores del sur. Los derechos laborales son un impedimento para el beneficio empresarial. JP Morgan ha dicho que los derechos sociales eran importantes en España solo porque se estaba saliendo de la dictadura. Pero que ahora ya no hacen falta. Si debe valer más la vida digna de un ser humano o el beneficio de apenas el 10% de la población lo decidirá el conflicto social. Las luchas de ayer son los derechos de hoy, y las luchas de hoy son los derechos de mañana. Ir a votar no entra dentro de la idea de conflicto, si bien puede ser la palanca esencial para lograr cambios. Votar no es garantía de que logres cambiar las cosas, pero si no votas, te van a reventar y encima dirán que tú así lo has decidido. Toca votar y estar dispuesto a defender en la calle la soberanía democrática.

En España estamos en un empate esperpéntico (más que catastrófico): la ciudadanía no tiene la fuerza suficiente como para frenar la pérdida de derechos sociales y las élites no tienen la fuerza suficiente para formar un gobierno que complete los procesos de privatización, de desrregulación y de primacía de los intereses de la banca iniciados en los gobiernos de Felipe González, constitucionalizados por José Luis Rodríguez Zapatero y llevados a sus extremos por los gobiernos de Aznar y Rajoy.

El 15-M nació como respuesta a la expulsión creciente de sectores sociales por culpa de ese modelo económico depredador, acompañado de la impunidad de la corrupción, que afecta al tuétano del PP y del PSOE, y la caradura de los políticos corruptos que orinaban sobre el respetable pero le decían que llovía. No les hemos parado los pies. Sigue de Ministro en funciones el responsable de interior que ha inventado pruebas contra Podemos y CDC, pero el PP pide la inhabilitación política para Pablo Echenique porque en una fiesta privada cantaba una jota no de las más escabrosas. Algo que se hace público porque un medio pantuflo que tiene en su historial haber falsificado pruebas en connivencia con policías corruptos, saca en su medio-vertedero contenidos de un teléfono robado. Como diría Labordeta, vayánse a donde pertenecen. Ahí exactamente. Son cosas que pasan cuando tienes un Presidente de gobierno que no ha tenido que dimitir pese a escribirse amablemente con su tesorero preso en una cárcel de la democracia.

Cuando el hielo se resquebraja lo hace en direcciones que no son predecibles. Después de las elecciones de diciembre, Podemos invitó al PSOE a explorar un gobierno conjunto. Pero una semana después de los comicios, el 28 de diciembre, el Comité Federal del PSOE prohibía a Sánchez negociar con Iglesias. Eso echó al PSOE en manos de Ciudadanos. A los que, durante la campaña, les llamaba “cachorros de la derecha”. Ni Rajoy -que forzó a la Casa Real a caminar por la línea borbónica histórica- ni Sánchez, que sólo piensa en su supervivencia, lograron formar gobierno. Podemos insistió en que no se trataba de apoyar un gobierno de Rivera presidido por Sánchez, y que no se trataba de sacar a Rajoy para mantener las mismas políticas. Y nos fuimos a las segundas elecciones. Y las cosas quedaron, más o menos, en donde estaban. Rajoy recuperó parte del voto que se había ido a Ciudadanos, el PSOE tuvo el peor resultado de su historia -y como andan como pollo sin cabeza, lo celebraron como si fuera una medalla de oro-, y Unidos Podemos se quedó igual en escaños pero perdió un millón de votos, principalmente por creerse las encuestas, por hacer una campaña desdentada y por dedicar los seis meses posteriores a diciembre a hacer vida parlamentaria y olvidarse de la calle.

El “sistema” quiere una gran coalición en alguna de sus formas. Que el PSOE, el PP y Ciudadanos se pongan de acuerdo. Incluso, que pacten con la derecha catalana y con la vasca, dándoles alguna ventaja fiscal a las empresas para que desactiven las tensiones nacionales y se regrese al bipartidismo feliz en el que se desarrolló la Gürtel, los ERE, los casos Pujol, el desmantelamiento del estado social y la pérdida de soberanía. Como la piedra en el zapato es Unidos Podemos, se ha hecho todo lo posible para quebrarla: falsas acusaciones de financiación, cacareos sobre peleas internas, enjuiciamientos personales, anuncios apocalípticos acerca de su futuro (las encuestas ya son un arma de guerra electoral como cualquier otra). Pero sin éxito. El único enemigo de Unidos Podemos es Unidos Podemos y nadie sino esa misma formación puede hacerle un daño perceptible.

Sánchez quiere terceras elecciones porque gana tiempo. Sabe que su partido le odia -casi su única certeza- y están esperando que se abstenga para poder justificar despeñarle en el congreso del partido que se convocará inmediatamente después de que haya gobierno. Aunque los barones le prometieran no tumbarle en el congreso del partido, Sánchez no les cree. Después de que Rajoy fracase, se reunirá con Pablo Iglesias con el único objetivo de ir a las elecciones echándole la culpa a Podemos de que no haya gobierno. Así iríamos, en el deseo del establishment, a unas elecciones peculiares: se agota a la ciudadanía con tres elecciones, se busca una fecha imposible como son las Navidades y se pacta reducir la campaña electoral a ver si nadie se entera de que hay elecciones (Podemos se equivoca con una ingenuidad pusilánime al aceptar que los plazos busquen el ahorro en los tiempos de discusión ciudadana y no en otros lugares). En su marco ideal, Rajoy acabaría con Ciudadanos -el acuerdo con Ciudadanos es un teatro pactado desde la perspectiva del fracaso de la investidura- y el PSOE -así lo quieren creer- superaría la pesadilla de una fuerza política, Unidos Podemos, que representa lo que ya no se atreve a representar la socialdemocracia. Entonces, una vez que se regresara a la tranquilidad política anterior a 2011, estarían en disposición de pagar los 25.000 millones que reclama Bruselas y que aplicaría la puntilla al estado social español.

Unidos Podemos tiene que hacer un buen diagnóstico. Es mentira que le economía esté mejorando. Ningún avance macroeconómico mejora desde hace mucho tiempo la situación de las mayorías. Es un nuevo modelo al servicio de las élites. Nuestros niveles de endeudamiento ya cabalgan más allá del 100% del PIB, el desempleo baja menos de lo que necesitamos, y el empleo se está empezando a pensar como un ámbito donde ya no hay derechos. Pese al momento peculiar -que se cerrará muy pronto- de crecimiento, posible solamente por los bajos precios del petróleo, las políticas expansivas del Banco Central Europeo, los record de turismo motivados por las situaciones de violencia en otros destinos mediterráneos y europeos, y los plazos que la Troika ha concedido a Rajoy para que pudiera ganar las elecciones. Pero ni los salarios mejoran, ni los contratos mejoran, ni las horas extra no pagadas se reducen ni se va acumulando seguridad social para poder tener una pensión. La economía mejora pero no para los españoles.

El pueblo no ha elegido a Rajoy Presidente, pero tampoco lo ha echado a su casa. El PSOE ya no es capaz de convencer a la ciudadanía con ese juego de hacer un discurso de izquierdas sólo cuando está en la oposición. Pero Unidos Podemos no ha logrado pasarle en las urnas. El imitador invita a respetar al original. Es verdad que en unas terceras elecciones, si al final fueran convocadas -decir si las habrá o no es una mera especulación- todo puede clarificarse. No tiene sentido un resultado electoral y una formación de gobierno que no sea consistente con el pulso de la calle. Ahí debe encontrar su línea política Unidos Podemos. Haya o no haya elecciones.

El PSOE tendrá dificultades para explicar en unas terceras elecciones por qué Ciudadanos, con quien pactó gobierno en diciembre, es malo ahora cuando pacta cosas similares con el PP. A no ser que dé ya todo lo mismo (lo que creo que es el caso). El PSOE es una asociación de profesionales de la política que están viendo exclusivamente como sobreviven a su propia incapacidad. El PP, como siempre, solo tiene que esperar y jugar al aburrimiento, aprovechando el poco respeto que tiene a la separación de poderes para hacer que la Presidenta de las Cortes señale el 25 de diciembre como fecha de los nuevos comicios. Si hay terceras elecciones, recuperarán el discurso del miedo, Venezuela, la prima de riesgo y el apocalipsis. A sus votantes les gusta esa música aterradora, tan propia de la imaginería católica más vertical y autoritaria.

Ya va siendo hora de que Unidos Podemos recuerde que nació de la protesta contra la pérdida de los derechos sociales, de la intolerancia contra la corrupción, haciendo fuerza en la grieta abierta y no ayudando a sostener la pared que aún resiste. Y en esa pared también está el PSOE, aunque desde la oposición prometa lo que nunca cumple cuando gobierna. Es urgente trabajar en las líneas ideológicas de Podemos (por ejemplo, de cara a las elecciones gallegas y vascas, recordar que Podemos nace para construir un país de países donde España se construye también desde las naciones que la conforman). Septiembre tiene que ser un mes que complemente una tarea institucional irreverente con más calle, con más sensibilidad con las situaciones precarias que vive la gente, con una voluntad decidida de entender que el modelo que ha funcionado en los últimos cuarenta años está superado pese al discurso embellecedor de la derecha y sus voceros. También más allá del discurso incoherente del PSOE y de sus intereses desnudos pártidistas o individuales. Solamente en las prácticas pueden abrirse nuevos sentidos. Y en la mera discusión parlamentaria no hay sino juegos de sombras donde los partidos siguen devorando la política que la ciudadanía mira desde una distancia impotente y resignada.

Monedero: “A Unidos Podemos le ha faltado calle y le ha sobrado mercadotecnia”

7:21:00 a.m. Add Comment

El cofundador de Podemos cree que Pablo Iglesias será presidente del Gobierno tras las próximas elecciones.

Por: Rafael de Miguel / El País de España.

El cofundador de Podemos Juan Carlos Monedero (Madrid, 1963) fue el primero en señalar públicamente varios errores de la coalición Unidos Podemos que explican un resultado electoral muy por debajo de sus expectativas. Sentado en una sala de el Ateneo de Madrid, el politólogo los desarrolla en una larga conversación, mientras defiende que ante la discusión interna la dirección del partido advierta de que “extirpará las malas hierbas”.

Pregunta. ¿Dónde está el más de un millón de votos que ha perdido Unidos Podemos?

Respuesta. Los análisis reclaman tiempo. Hay varios factores que han influido. La teoría de sistemas establece que todos los factores coevolucionan; buscar un único factor no es correcto. La gran coalición del miedo contra Unidos Podemos es un factor central, han sido dos años de ataques donde han estado al alimón PSOE, PP y Ciudadanos, y también los medios de comunicación han colaborado. El hecho de que las anteriores elecciones se viera como una posibilidad real un Gobierno del PSOE con Unidos Podemos generó muchas alarmas en gente que se ha socializado en el ‘más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer’. Además, llevamos dos años de seis procesos electorales, se intenta hablar a muchos sectores con demasiado poco tiempo donde prima más la brocha que el pincel. Eso hace que determinados discursos que reclaman más tiempo se hayan zanjado de una manera gruesa, y pueden haber generado confusión: diciendo soy socialdemócrata, vengo del 15-M, pero Zapatero es el mejor presidente… Reconociendo al viejo izquierdismo, pero al mismo tiempo diciendo que no funciona el eje derecha-izquierda… A Unidos Podemos le ha faltado calle y le ha sobrado mercadotecnia.

P. Ante esa “campaña del miedo” Unidos Podemos ha respondido con carteles de sonrisas, con Pablo Iglesias en un exceso de representación de humildad, con la apelación a la socialdemocracia… ¿Con esa estrategia no reconocían implícitamente que daban miedo?

R. Eso habría que demostrarlo. Sí es cierto que se ha buscado confrontar esa construcción del miedo en un plazo breve de tiempo, que es lo electoral; no es sencillo. Pero a la gente que era ya rehén del miedo no la convences ni con sonrisas ni con gestos melifluos, sino con buenos argumentos.

P.¿Se hizo algo mal en las negociaciones de gobierno?

R. No, contra la casta y la vieja política es adecuada la estrategia de Cinque Stelle [Cinco Estrellas] de confrontación. Porque clarifica. Si tu diagnóstico es correcto no puedes negociar con tu diagnóstico.

P. ¿Unidos Podemos no tiene ninguna responsabilidad en que vaya a gobernar de nuevo el PP, como parece probable?

R. La de no haber sacado mayoría para gobernar. La única que tiene. A mí me da igual que gobierne el PSOE si va a aplicar las políticas del PP.

P. Usted ha hablado de “infantilismo” en Unidos Podemos por haber creído las encuestas que apuntaban al sorpasso al PSOE. ¿A quién se refería?

R. Los medios están queriendo construir una lucha que parece que es la guerra de Troya por canales de Telegram.

P. El mensaje interno que se ha filtrado de Pablo Echenique avisando de “extirpar las malas hierbas” solo se explica en un clima bronco.

R. Es que a nosotros nos está prohibido expresarnos incluso en privado de cualquier manera porque cualquier tipo de expresión se magnifica. Una alcaldesa del PP puede proyectar a Franco y a Himmler y no pasa nada, Rafael Hernando puede decir que los que quieren buscar a sus asesinados después de la Guerra Civil se mueven por las subvenciones y no pasa nada. Todo lo que ha planteado Echenique es muy sensato. Que en un ciclo electoral vertiginoso se han tomado decisiones y hay que evaluarlas es tan de sentido común...

P. Las discusiones ocurren en todos los partidos. Es evidente que usted no está de acuerdo con las tesis de Errejón.

R. ¿Quién duda de que no asumimos que hay una discusión? Hemos dicho desde el comienzo que aquí hay discusiones, cómo no va a haberlas si yo dimití por una discusión profunda. Claro que hay sensibilidades diferentes entre Pablo, Íñigo, Teresa, Echenique… A ver si salimos en España de la teología política, de que, si dos personas no piensan igual, uno de los dos tiene que ser quemado en la plaza pública. A ver si os acostumbráis a que Unidos Podemos es un partido del siglo XXI y que no va a asumir esas concepciones propias del PP o del PSOE, donde quien discrepa está condenado al ostracismo. Hay una cosa de fondo. Nosotros tenemos un diseño de cómo van a ser los partidos del siglo XXI, que no van a ser iguales que los partidos del siglo XX. Los partidos políticos son estructuras del siglo XIX. Lo que nosotros estamos construyendo desde que nacemos es un frente amplio.

P. El mensaje de Echenique choca con esas tesis.

R. Echenique dice que cuando tenemos un trabajo de grupo tiene que haber reglas compartidas. Si vas a jugar al fútbol tú no puedes decir: ‘Pues yo aplicaré las del rugby’. Estamos jugando al fútbol, apliquemos las reglas. Lo que está diciendo Echenique es: ‘Cuidado con dar herramientas que tergiversen la conversación y la conviertan en una cosa que no es’. Nos está mirando el mundo y somos el partido político que tiene la posibilidad de pasar a otra pantalla en un mundo que se está pervirtiendo con el auge de la extrema derecha y con el auge de la austeridad, ya que parece que el PP está latinoamericanizando España con la colaboración del PSOE.

P. Ha hablado de frente amplio. ¿Está pensando en un espacio superador de Podemos?

R Sí. Ya las mareas nos dijeron que hay gente que está por la transformación pero no quiere meterse en Podemos. Los partidos están viejitos. Hace un año entendí que había que abrir el escenario y planteé Podemos-En Común.

P. ¿Es partidario de ir a una nueva asamblea, hacia un Vistalegre II?

R. Yo creo que tiene que haber un previo a Vistalegre. Como profesor de Ciencia Política diría que la política se juega más en la deliberación que en la decisión. ¿De qué te sirve votar si no hay podido pensar alternativas posibles? Antes de Vistalegre hay que abrir una conversación en la que regresamos otra vez a lo que yo pensé hace dos años. Esto es un proceso constituyente, España está en un proceso constituyente. Lo que estamos viendo con el toro de Tordesillas, que produce bochorno, o a Granados desde la cárcel regañando a la comisión de investigación. Esa España ya no existe. Está todavía ahí, pero ya no existe.

P. ¿Volvería a la primera línea de la política orgánica?

R. En este momento de crisis civilizatoria había que hacer énfasis en la idea de transformación, en la idea de construir un artefacto político para intentar frenar este deterioro del contrato social, pero donde me encuentro más a gusto es en aprender y en contarlo. Este mayor énfasis en la parte política-práctica lo veo como algo coyuntural, porque en este momento histórico no podría ponerme de lado sin abochornarme. Pero soy mucho más feliz, incluso más útil, pensando, escribiendo confrontando lo que existe. En mis planes de vida está dedícame más a esto. De mayor me gustaría ser Vázquez Montalbán. Es una forma estar en la política que a mí me gusta, no desde la organicidad sino haciendo el esfuerzo de leer, escribir, pensar.

P. ¿El liderazgo de Pablo Iglesias está en cuestión?

R. No creo que en 1977 ni en 1979 estuviera en cuestión la figura de Felipe González. Pese a perder esas dos primeras elecciones, ganaría en 1982. Le ocurrió lo mismo a Aznar tras su derrota de 1993 y a Rajoy en 2004 y 2008. Entiendo que haya gente a la que le gustaría que Pablo Iglesias estuviera fuera de la política porque es muy probable que, vista la tendencia, en las próximas elecciones sea presidente del Gobierno.

Al final de la entrevista, Monedero lanza un reproche porque no se le ha preguntado por Venezuela. ¿Nos va a decir algo nuevo? El cofundador del partido se limita a insistir: “Quizá porque ya han pasado las elecciones”.

Las debilidades de la hipótesis populista y la construcción de un pueblo en marcha.

8:53:00 a.m. Add Comment

En la confluencia faltan todavía muchos socialistas honestos. No quedan muchas excusas. El 26 de junio España, y con ella Europa, puede caminar de nuevo erguida.

Por: Juan Carlos Monedero / Comiendo Tierra

Táctica y estrategia de Podemos

Cuando Podemos nació como formación política en 2014 se marcó como horizonte lograr la unidad popular. Si la crisis/estafa afectaba a las mayorías, era necesario apelar a las mayorías de manera que te escucharán y te entendieran. No bastaba tener razón y acertar en el diagnóstico. No bastaba decirle a la gente que sus males eran de derechas y su indignación de izquierdas. El neoliberalismo se había convertido en un “sentido común”, en un deseo, y para combatirlo era importante asumir que había peleas que se habían perdido. La idea del “voto útil” era la gangrena de ese pensamiento podrido que no dejaba ni pensar ni hacer. Pero de nada servía seguir anclados en la nostalgia. Había que cambiar el camino para llegar a la meta de una sociedad más libre y más justa. Hacía falta una estrategia de cambio y se buscó para alcanzarla una táctica adecuada a esa meta.

El objetivo estratégico pasaba por reinventar el espacio antaño representado por la izquierda, que se había convertido en apenas un aire de familia cada vez más difícil de interpretar. De izquierdas eran Olof Palme y el Mariscal Tito, Felipe González y el padre Ellacuría, Pol Pot y Bujarin, Tony Blair y Ken Loach, Evo Morales, Hugo Chávez, Bernie Sanders y Strauss-Kahn. Un espacio finalmente malbaratado por un socialismo que podía hacer los mismos ajustes que la derecha, por un comunismo que no se liberaba de los fardos de la historia y por un anarquismo que se había resignado a ser testimonial. El espacio de la izquierda, que tomó el nombre de los diputados de la Asamblea francesa que se sentaron a la izquierda del Rey en 1789 -y que no le reconocían ningún privilegio-, se fue construyendo como respuesta a las promesas incumplidas de la Revolución Francesa de libertad, igualdad y fraternidad. Preguntas que aún están esperando ser respondidas, en especial la idea de fraternidad, pero que exigen en el siglo XXI otros intentos de solución.

La reinvención de ese espacio no podía pasar por sumar a todos los partidos que se reclamaban herederos de la izquierda (no entendían lo nuevo, existían precisamente insistiendo en las pequeñas diferencias y hacían de la identidad del partido una suerte de filiación religiosa). Había que entender igualmente que había más gente comprometida con las transformaciones que conciencias dispuestas a asumir las etiquetas clásicas. La táctica, por tanto, debía adecuarse a las transformaciones.

¿Quién iba a ser el nuevo sujeto del cambio? Podemos nacía de la certeza de que la clase obrera existe pero ya no se deja representar de manera simplista. El 15M juntó a clases medias proletarizadas, a sectores populares, a precarios y a parados de larga duración, a jóvenes emigrados, a damnificados del último ERE, a adolescentes enfadados con una clase política en la que no se veían representados, a yayoflautas convencidos de que les estaban robando todo lo construido en tres décadas. Todos comprometidos por el igual con el cambio. Las tesis marxistas que otorgan a la clase obrera un significado esencialista, como si bastará ser obrero para tener conciencia revolucionaria y marcar la senda de la historia, ya no tiene fuerza explicativa. Otras realidades han nacido con mucha fuerza -el feminismo, el ecologismo, el pacifismo, la defensa de la democracia directa, la lucha contra el capitalismo financiero, el precariado, la economía colaborativa, un nuevo internacionalismo apegado a la nación, el desarrollo tecnológico como herramienta esencial de la superación del capitalismo, la defensa de un individualismo comprometido socialmente o la asunción de las migraciones como una realidad nueva que no puede soslayarse-.

Un mundo diferente necesita hipótesis diferentes. Con las armas melladas de la vieja teoría no se podía salir del resistencialismo en el que se había instalado la izquierda tradicional, cada vez más acosada y debilitada e incapaz de encontrar soluciones. En España, el marco para cambiar las cosas lo había brindado el 15M impugnando la democracia representativa -que no nos representa- y la economía neoliberal -que nos convierte en mercancías-.

La enseñanza del 15M y la hipótesis populista

¿Qué había que hacer con el 15M? ¿Representarlo? ¿reconducirlo? ¿Dejarlo como estaba? Seguir en el movimiento tal cual se rechazó desde el momento en el que se decidió fundar Podemos. Lo honesto era decir -como así ocurrió- “Podemos no es el 15M”. Se venía del 15M pero no se era ni se es el 15M. Aclarado esto, surgían nuevas dudas. Si simplemente se representaba el movimiento, se ignoraba que una parte del 15M no tenía problemas de fondo con el sistema, sino simplemente con los “excesos del sistema”. Y era muy probable que, de no hacer que emergiera la raíz de los problemas, surgiera una respuesta desde la derecha que, reclamando solventar los “excesos”, lo que lograría sería desactivar la capacidad transformadora del movimiento. Es lo que explica el auge de la extrema derecha europea ante una izquierda a la defensiva y ocupada en defender la corrección política. Es lo que explica el nacimiento de Ciudadanos en España.

La solución pasaba, pues, por reconducir el enfado. Esa reconducción tenía dos momentos. Uno destituyente, que atacaba a los responsables del empobrecimiento y señalaba la crisis del régimen del 78 (el construido sobre la Constitución de 1978), y otro constituyente, que señalaba la necesidad de un nuevo marco político y constitucional con un programa acorde con el siglo XXI. En la fase destituyente es donde aparece con fuerza la virtud de la “hipótesis populista”: la construcción de un “ellos” -la casta- y un “nosotros” -un pueblo en construcción- situado al otro lado de la línea, unido a los demás por las demandas insatisfechas diluidas hasta ser simplemente un malestar difuso, un “nosotros” enfadado, con ganas de encontrar un culpable, dispuesto a simplificar las cosas para facilitar que se moviera ficha. “Mover ficha”. Así se llamaba el manifiesto con el que arrancó Podemos.

Un problema no pequeño está en mantener esa hipótesis en la fase constituyente. El desperdicio de la experiencia termina por aflorar como un error que debilita el cambio. Para que las luchas tengan más recorrido, es más útil traducir tus demandas para que los demás te entiendan, antes que rebajar tu lucha para que se sume, una vez descafeinada, a otras. Construir la política pretendiendo que los discursos pueden inventarse la realidad de una manera cuasi absoluta es tan desafortunado como quienes niegan la capacidad del lenguaje de inventar la realidad. El cartel “Cuidado con el perro” claro que funciona, pero no siempre, no durante mucho tiempo ni en todas las ocasiones. Basar la política en teorías desancladas de lo real, vacía los contextos, construye sectas de creyentes que no rezan otra cosa que sus mandamientos y termina armando ejércitos de soldados que ya no ven ni sienten sino que evalúan si has “entendido” o no sus presupuestos teóricos y si, por tanto, eres “de los nuestros”. Y se desperdician todas las luchas que anticiparon nuestra rabia. La alternativa está en beber de una realidad alumbrada por la teoría o de una teoría desanclada de la realidad. La segunda es un frío ejercicio académico al que le termina molestando la gente, esa que suda, no ha leído a Zizek, es real, contradictoria, ordinaria y extraordinaria. Al final, Boaventura de Sousa Santos vence a Laclau. Porque Santos se mancha los manos con los movimientos (es fundador del Foro Social Mundial) mientras Laclau escribía a 7000 kilómetros de lo que explicaba. No es extraño que a los grandes grupos mediáticos les guste más el heideggeriano Laclau, precisamente porque al tiempo que llena el ruido de trazas de avellana y pompa, quiere convertir el cambio social en un discurso y, con bastante probabilidad, lo desactiva. Nada nuevo con cierta interpretación lacaniana que corre el riesgo de radicalizar el enunciado y abandonar lo material. Lo escribió José María Valverde hace décadas hablando de Martin Heideger: “Cascando las palabras como nueces/ construye don Martín perogrulleces”.

La maquinaria de guerra electoral ¿y después?

En la hipótesis populista todo se zanjaba en una acción relámpago (la Blitzkrieg que se justificaba por las urgencias de un ciclo electoral continuado). Pero la hipótesis populista empezó a hacer agua en tres frentes. Primero en las elecciones andaluzas, donde Ciudadanos empezó a pisar los talones a Podemos con su promesa perezosa y cobarde de mantener la delegación de la política, justificado con su apelación telegénica y sin complejos a una cosa y la contraria.

En segundo lugar, en las generales, porque faltaron 300.000 votos para superar al PSOE y porque el PP volvió a ser la fuerza más votada. También porque IU aguantó con casi un millón de votos, lo que demostraba que la transversalidad primaba una dirección y abandonaba otro flanco. Cuando falla la acción relámpago toca replantear la estrategia. Has hecho un excelente primer tiempo. Pero has salido a ganar el partido, no a empatarlo. Y esa es la situación en la que estamos ahora: de empate. Por eso Podemos tiene que regresar a lo que se planteó al comienzo: lograr la unidad popular. Sin miedos. Y no es menor un reproche a esa transversalidad descafeinada: ¿de dónde se van a nutrir ideológicamente las nuevas generaciones que se formen en este discurso hueco de la transversalidad light?

La segunda vuelta se convierte en el escenario perfecto. Buscar la transversalidad es correcto. Pero un cura no puede dejar de creer en dios porque sus feligreses tengan una crisis de fe. La desideologización de la hipótesis populista se invalidó de hecho en las andaluzas, y por eso Podemos regresó a un discurso más cargado que pasaba por no regalarle el gobierno al PSOE de Susana Díaz (quien terminaría gobernando con Ciudadanos). La hipótesis populista perdía fuelle, aunque eso no invalida la búsqueda de la transversalidad que debe buscar una fuerza política transformadora en tiempos de hegemonía neoliberal. Es indudable que no hay cambio posible sin ayudar a que la gente vaya más allá de lo que actualmente piensa. Pero la hipótesis populista solo quiere marcos ganadores. Un error de esta hipótesis (que, recordemos, nace en el caso de Laclau como una impugnación del marxismo mecanicista) es que sólo deja fuera marcos ganadores relacionados con los conflictos dentro del mundo del trabajo.

De hecho, mientras se han oído voces dentro de Podemos cuestionando los riesgos del “obrerismo”, no se ha dudado en defender la plurinacionalidad de España (en modo alguno un marco ganador en el conjunto del Estado). En la defensa de la plurinacionalidad, Podemos ha ayudado a la gente a ir más allá de lo que pensaba. Y eso va en contra de lo hipótesis populista. Pero es lo correcto, tanto en términos de honradez política como de resultados. Podemos es la primera fuerza política en Euskadi o en Cataluña. Se trata, pues, de hacer lo mismo en otros asuntos que afectan a las mayorías.

Podemos nació del impulso del 15M donde al tiempo que se respiraba el “aire de familia” de la izquierda se asumía, como hemos dicho, que el eje “derecha-izquierda” se había convertido en algo con tantos significados que ya no se entendía. La izquierda había dejado de explicar y de explicarse. Por eso nació reclamando la unidad de la gente, no la unidad de las izquierdas. En el discurso de la emancipación en el siglo XXI aprendemos más de un liberal como Thomas Paine que de un marxista como Stalin, defendemos la lucha de los trabajadores sin tener por ello que defender a la URSS, nos vemos más reflejados en Allende o Pepe Mujica que en Honecker o Felipe González. Pero tampoco olvidamos que lo mejor que tiene Europa -la educación y la sanidad universales, el derecho al voto, la igualdad de las mujeres, el respeto a los derechos humanos, los derechos laborales- son una construcción de la izquierda durante el siglo XX.

¿Por qué ahora la confluencia?

Si vas un paso por delante de las masas, vas iluminando. Si vas cien pasos por delante, es bastante probable que te hayas perdido. Desde las calles se empezó a imaginar un marco teórico que no permitía negar respuestas que parecen intuitivas. ¿Cómo es posible no reaccionar al hecho de que con el 30% de los votos Rajoy haya podido desmantelar la democracia con mayoría absoluta? Las calles empezaron a expresarlo con claridad: no poner freno a eso es de idiotas. No hay siglas ni puestos en las listas ni mochilas ni hipótesis que puedan frenar ese clamor. Porque, además, Europa está mirando. Podemos, es cierto, ha roto el bipartidismo. Ahora se trata de ampliar la base para comenzar algo nuevo. Se necesita algo que se parezca a un frente amplio claramente referenciado por Podemos, pero que no es ni mucho menos solamente Podemos. Y ese es el desafío que tienen que traducir en una realidad que ilusione Pablo Iglesias, Alberto Garzón y todos los demás. Decir ahora si se trata de un mero encuentro instrumental o de algo que puede generar un acercamiento es adelantar resultados. Cuando compartes la cocina y el comedor, igual terminas viendo que tienes muchas cosas en común. El PSOE unificó en su día a los múltiples partidos socialistas. El PP hizo otro tanto con los partidos de derecha. No vamos a reinventar la democracia si no construimos un partido diferente en una España diferente para una Europa diferente.

Como dice el refrán, a la fuerza ahorcan. Antes de las elecciones del 20- D Alberto Garzón no había dado algunos pasos que posteriormente decidió caminar. Por otro lado, la Blitzkrieg se mostraba como una quimera después de haberse contrastado con la práctica. Nunca puedes ponerte de lado mucho tiempo, tal y como manda la vulgata de la hipótesis populista. Tocaba discutir con lo existente buscando una traducción entre los que se oponen al estado de cosas que permitiera reinventar el lugar antaño llamado izquierda. No es reinventar la izquierda clásica, sino una nueva forma política que hace política de otra forma y que viene a ocupar el lugar de la antigua izquierda. Porque esa antigua izquierda ya no vale.

En la posibilidad de salir de las políticas de austeridad, se juntan al final tres hambres y un hambreador: el hambre del pueblo de salir del bipartidismo y de las política que condenan al paro, a la precariedad, a la emigración, a los desahucios, al copago, a la feminización de la pobreza. El hambre de IU de salir de su condena al 5% de los votos y a la inutilidad política por culpa del sistema electoral; y la de Podemos de romper sus propias costuras y seguir construyendo un espacio que vaya más allá de su condición de nave nodriza. Asumir su obligación de abrir caminos para todos los que quieren hacer las cosas de manera diferente. El hambreador bipartidista, ese que lee el Marca o es un joven viejo, se referencia, agotado, solo en una España que muere y que bosteza. Aunque empecemos a oír voces desesperadas que quieran sumar lo viejo en una gran coalición de reliquias.

La democracia es ahora

Nadie tiene derecho en democracia a permitir que las minorías gobiernen en contra de las mayorías. La posibilidad de que la invitación a la resignación bipartidista se rompiera es lo que ha generado una emoción popular que no podían desoír ni IU ni Podemos ni las demás confluencias, a riesgo de invitar a gritos a la abstención. Algo nuevo ha sucedido en la política española: la presión popular sobre Podemos e IU ha forzado un encuentro que estaba muy lejos hace cinco meses. Una ciudadanía consciente exigiendo a los partidos cómo deben comportarse. Y partidos escuchando esa exigencia.

Esa fuerza es precisamente la que asusta al PSOE y al PP y a su muleta naranja. Ya no se trata solamente de una formación electoral, sino de un impulso popular con traducción en la posibilidad más evidente de gobierno de cambio real que ha tenido la España reciente. La negativa del PSOE a romper la maldición electoral y conseguir que el Senado se parezca a España construyendo listas conjuntas con Podemos y demás partidos del cambio, está a la altura del vídeo de Felipe González adulando a un broker iraní con sus activos en paraísos fiscales o del matrimonio de connivencia de Sánchez con Rivera. En la confluencia faltan todavía muchos socialistas honestos. No quedan muchas excusas. El 26 de junio España, y con ella Europa, puede caminar de nuevo erguida.