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Colectivo por la Protección de la Provincia de Sugamuxi - Fallo CE2020 Lago de Tota

1:45:00 p.m. Add Comment

Local y regionalmente están intentando contener a la opinión pública para seguirse lavando las manos con la protección especial que necesita el Lago de Tota. 

Por: Colectivo por la Protección de la Provincia de Sugamuxi 

Desde el 1 de junio de 2020 el Consejo de Estado se pronunció al respecto https://sites.google.com/site/colectivosugamuxi/petroleo-provincia-de-sugamuxi/fallo-ce2020-lago-de-tota pero sólo hasta ahora y gracias a las acciones de la Fiscalía y la Procuraduría se encendieron las alarmas. 

Grande responsabilidad tienen l@s gobernantes y funcionari@s públic@s en esta problemática, que durante décadas han sido cómplices del deterioro ambiental. Su nivel de inconsciencia es tal, que la multinacional petrolera Maurel & Prom perforó el pozo Bachué-1 en el páramo y la cuenca hidrogeológica que tributan al Lago con el beneplácito de la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales https://sites.google.com/site/colectivosugamuxi/petroleo-provincia-de-sugamuxi/petroleo-mayor-amenaza-del-lago-de-tota Sobre sus impactos ambientales y el efecto de los lodos de perforación que quedaron enterrados, casi nadie dice nada. Del hotel de varios pisos en jurisdicción de Cuítiva y a escasos metros de la ronda de protección del Lago, tampoco se volvió a hablar.

Gran responsabilidad también tenemos tod@s l@s ciudadan@s habitantes de la cuenca y usuari@s del Lago de Tota, por no apersonarnos de la problemática ni presionar a quienes constitucionalmente estamos obligados a detener este ecocidio. El ambiente sano no solo es un derecho, también debe ser un deber y un compromiso que debemos asumir con nuestra propia generación y con las generaciones futuras.

Colectivo por la Protección de la Provincia de Sugamuxi

12 de noviembre de 2020

Leer comunicado completo: https://sites.google.com/site/colectivosugamuxi/petroleo-provincia-de-sugamuxi/fallo-ce2020-lago-de-tota 

Sobre la Revocatoria al alcalde de Tasco (Boyacá)

7:37:00 a.m. 1 Comment

En Tasco, la revocatoria no fue fácil. Desde hace cerca de un año las organizaciones comunitarias y el comité de revocatoria inscrito por la ciudadanía, radicaron ante la Registraduría los formatos de la revocatoria luego de recoger las firmas exigidas por la ley. Sin embargo, desde el Estado, a través del Ministerio de Hacienda y Crédito y la Registraduría, se comenzó una campaña para impedir el ejercicio de la participación ciudadana…

Por: Equipo Instituto Latinoamericano de Servicios Legales Alternativos – ILSA / Semanario Caja de Herramientas

Por primera vez en Colombia, luego de 27 años de haberse consagrado en la Constitución la revocatoria del mandato para alcaldes y gobernadores y tras 287 intentos fallidos para hacerla efectiva, la gente de Tasco revocó el poder a su alcalde.

Situado a dos horas de Tunja, Tasco es parte de la provincia de Valderrama. Comparte con otros municipios el páramo de Pisba, escenario de la Ruta Libertadora. Los tasqueños son campesinos minifundistas en su mayoría, que combinan las labores agrícolas con la minería. De más está decir, que en su gran mayoría son pobres que tienen en alta estima su dignidad y sus derechos.

Esta revocatoria es un hecho histórico pues estrena la Constitución de 1991 en una de sus principales innovaciones. Además, se convierte en un punto de inflexión en el país, donde persiste la práctica de que los gobernantes, una vez elegidos, sólo se representan a sí mismos y si acaso a las exiguas minorías que los sostienen. Pues bien, el mérito de la gente campesina de Tasco, fue decir que, en adelante en Colombia, la ciudadanía va a sancionar sin vacilaciones a quienes defrauden los compromisos adquiridos con los derechos humanos, con las políticas públicas para el bienestar de las comunidades, con el interés colectivo, con la protección del medio ambiente, con la participación ciudadana, con los presupuestos participativos, con las obras de interés general y con lo que manda la constitución.

Revocar el mandato es asunto de dignidad. A través del voto se castiga políticamente al gobernante que incumple los compromisos adquiridos con la ciudadanía. Esa es la fuerza y la promesa de este mecanismo participativo: sanción del poder popular. En Tasco, la revocatoria del mandato expresa una potente sanción política y constitucional de la ciudadanía al alcalde, por incumplir lo que se comprometió a hacer y quedó establecido en el Plan de Desarrollo Municipal. Detrás de este castigo hay un proceso admirable de participación y empoderamiento ciudadano, del cual fuimos testigos quienes somos parte de ILSA:

Entre febrero y septiembre de 2015, la ciudadanía de Tasco realizó varias actividades. Este año, en las nueve veredas del municipio se adelantó una escuela itinerante sobre derechos humanos y participación ciudadana, sobre el tema de derechos humanos y extractivismo, sobre el derecho a un ambiente sano y sobre mecanismos constitucionales y legales para la protección de los derechos.

Se realizaron diagnósticos participativos comunitarios para evaluar la situación de los derechos sociales y colectivos de las comunidades campesinas, de las mujeres rurales, de la niñez, de la juventud, de la población mayor adulta, de los discapacitados y de los pequeños productores agrarios en el municipio.

Después de realizar con las comunidades metodologías de investigación social participativa (árboles de problemas, cartografías sociales, círculos de la palabra, etc.), colectivamente se lograron identificar y priorizar problemáticas sociales y la falta de garantía de los derechos de las comunidades campesinas. Estas problemáticas fueron priorizadas y frente a cada una de ellas, participativamente se elaboraron propuestas comunitarias de políticas públicas para ser presentadas a las distintas campañas para la elección de alcalde para el período 2016 – 2019.

Entre las propuestas comunitarias formuladas se encontraban: la prohibición de hacer minería en el Páramo de Pisba y de realizar una política municipal de recuperación y protección de los ecosistemas del páramo; el fortalecimiento y no empresarización de los acueductos comunitarios del municipio; el apoyo a iniciativas de la economía campesina; un programa de huertas familiares y comunitarias para la garantía de la soberanía y autonomía alimentaria en el municipio; la realización de presupuestos participativos; un plan de becas para el acceso a educación superior a los y las jóvenes bachilleres; la recuperación, dotación y funcionamiento de algunos centros de salud; el mejoramiento de la infraestructura escolar, entre otros.

Luego las comunidades campesinas y organizaciones sociales de Tasco prepararon y realizaron un Foro Público con Candidatos/as a la Alcaldía, que se llevó a cabo el día 26 de septiembre de 2016. A este Foro asistieron tres de los cinco candidatos inscritos, entre ellos el candidato elegido y hoy alcalde revocado. En el Foro los candidatos presentaron sus propuestas de gobierno, resolvieron preguntas sobre variados aspectos de interés, en especial, sobre su posición frente a la minería en el páramo de Pisba, en relación con la salud de la población, el apoyo y fortalecimiento a la economía campesina, a los acueductos comunitarios, a obras de interés social, a la educación y a los derechos de diversos sectores poblacionales.

En el marco del Foro, los candidatos asistentes se comprometieron con la ciudadanía de Tasco, en caso de ser elegidos, a incluir las propuestas comunitarias presentadas por las comunidades y organizaciones campesinas en su Plan de Desarrollo. Este compromiso se realizó mediante la firma de un Acuerdo de Buena Voluntad con los candidatos asistentes al Foro. Este acuerdo quedó consagrado de dos formas: primero, mediante un documento que contenía las propuestas comunitarias para el plan de desarrollo que firmaron públicamente los candidatos y, segundo, mediante una pancarta en la que los candidatos plasmaron en pintura la huella de su mano, y alrededor la ciudadanía de Tasco plasmó también sus huellas mano, como signo de refrendación del compromiso.

El 25 de octubre de 2015 fue elegido alcalde de Tasco, el candidato del Partido Verde, Nelson Javier García Castellanos con 1.133 votos, de los 3.455 votos válidos. El señor García Castellanos había suscrito el acuerdo de buena voluntad.

Pese a que las organizaciones comunitarias participaron en el proceso de elaboración del Plan de Desarrollo Municipal “Tasco Revive” del alcalde elegido y habían exigido la inclusión de las propuestas comunitarias suscritas por el alcalde en el acuerdo de buena voluntad, la administración no las recogió integralmente dentro del Plan de Tasco para el periodo 201 – 2019. Pero, además, el alcalde ya en funciones jamás facilitó la interlocución con la ciudadanía, ni propició consensos para cumplir con lo acordado y, por el contrario, asumió actitudes autocráticas de desconocimiento e irrespeto a las organizaciones comunitarias.

Los programas de gobierno de quienes aspiran a las alcaldías y gobernaciones obligan desde el punto de vista político y jurídico, desde el punto de vista político y ético, los acuerdos sobre el proyecto de vida colectivo que se establecen con el constituyente primario son compromisos que no se pueden escamotear. Esos acuerdos son vinculantes y su incumplimiento merece la sanción ciudadana. Esto fue lo que ocurrió en Tasco, el pasado domingo 29 de julio de 2018.

En Tasco, la revocatoria no fue fácil. Desde hace cerca de un año las organizaciones comunitarias y el comité de revocatoria inscrito por la ciudadanía, radicaron ante la Registraduría los formatos de la revocatoria luego de recoger las firmas exigidas por la ley. Sin embargo, desde el Estado, a través del Ministerio de Hacienda y Crédito y la Registraduría, se comenzó una campaña para impedir el ejercicio de la participación ciudadana, especialmente de las consultas populares y las revocatorias, usando estrategias como la falta de financiación de estos mecanismos o estrategias dilatorias de tipo jurídico como la revisión e invalidación de firmas, o la no aprobación de las cuentas de los comités de impulso, entre otras prácticas violatorias del derecho fundamental a la participación política.

Pese a esas prácticas para atajar el poder ciudadano, la gente de Tasco insistió y persistió en su exigencia colectiva de defender el derecho a decidir quién la gobierne. Este es quizá el mayor aprendizaje de la experiencia de Tasco: la participación ciudadana se exige y se hace cumplir.

El 29 de julio de 2018 el poder ciudadano se hizo sentir. Semanas y días antes, la campaña ciudadana por el “SI” desplegó todas su imaginación: la difusión de información a través de redes sociales, el volanteo, el perifoneo, las visitas a la gente de las veredas para explicar el mecanismo de la revocatoria, la gestión de recursos para organizar la logística del transporte de las ciudadanas y ciudadanos desde las nueve veredas del municipio, la organización para votar y la vigilancia ciudadana para contar a los votantes que salían de las urnas y determinar cómo se iba consiguiendo el umbral exigido por la ley. Este esfuerzo colectivo garantizó el triunfo de la primera revocatoria del mandato lograda en Colombia.

El resultado es contundente y refleja la voluntad de la ciudadanía empoderada. El potencial de sufragantes en el municipio es de 4.816; los votos válidos en la elección del alcalde en octubre de 2015 fueron 3.455, por lo que el umbral de ley para hacer válida la revocatoria se ubicó en el 40% de esta última cifra, esto es, 1.382 votos. El total de sufragantes en las elecciones de la revocatoria fue de 1.658 por lo cual se superó ampliamente el umbral. El “SI” obtuvo 1.609 votos (97,04%) y el “NO”, 21 votos (1,27%).

Hay nubarrones en el horizonte de la democracia participativa en nuestro país. Hay un designio en las élites para acabar la consulta previa, las consultas municipales y la revocatoria del mandato. Poderosos intereses están detrás de estos intentos de contrarreforma. Está por ver si la ciudadanía se deja quitar estos instrumentos democráticos.

Lo que China puede enseñarle a Estados Unidos sobre el aire limpio

7:52:00 a.m. Add Comment

Cada año, en todo el mundo más de cuatro millones de personas mueren en forma prematura por respirar aire impuro. Sólo en China, la cantidad de muertes atribuibles a la contaminación del aire supera un millón al año; una cifra que tal vez parezca previsible, ya que los medios nos muestran todo el tiempo imágenes de Beijing, Shanghai y otras ciudades chinas envueltas en denso, fuliginoso esmog. Pero aunque se hable mucho menos de él, el aire de Estados Unidos también mata.

Por: Daniel K. Gardner / Project Syndicate

Según un estudio publicado en 2013 por el MIT, se calcula que la mala calidad del aire provoca unas 200 000 muertes prematuras al año en Estados Unidos, es decir, más que los accidentes de tránsito y la diabetes (otros estudios ponen un número menor, más cerca de 100 000). Pero mientras China le está haciendo frente al problema de la contaminación, Estados Unidos ha comenzado a revertir medidas de protección de la calidad del aire, en nombre del crecimiento económico: una estrategia errada que tendrá un efecto devastador sobre la salud de las personas.
Desde que en 1993 Harvard publicó un famoso estudio de seis ciudades estadounidenses, la comunidad científica y los funcionarios del área de salud pública conocen el efecto mortal de la materia particulada fina, también llamada PM 2,5 (partículas de diámetro inferior a 2,5 micrones presentes en el aire). Al inhalar PM 2,5, una mezcla de polvo, suciedad, sustancias químicas orgánicas y metales en forma de microscópicos cuerpos sólidos y líquidos pulverizados penetra profundamente en los pulmones, pudiendo llegar incluso al torrente sanguíneo. Investigaciones realizadas los últimos veinte años vincularon la PM 2,5 con una variedad de trastornos sanitarios, entre ellos asma, bronquitis aguda, cáncer de pulmón, infarto y enfermedades cardiorrespiratorias.

El origen de la mayor parte de la PM 2,5 es conocido: las centrales de energía, la industria pesada y los vehículos automotores. La quema de combustibles fósiles libera en el aire dióxido de carbono (el más común de los gases de efecto invernadero), junto con partículas sólidas de sustancias de combustión incompleta y gases (sobre todo dióxido de azufre y óxidos de nitrógeno) que reaccionan químicamente en la atmósfera y generan materia particulada fina.

Conocidos los contaminantes asesinos y su fuente, en 1990 la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA) instituyó (mediante la Ley de Aire Limpio) normas para la reducción de los niveles de PM 2,5. La EPA estima que entre 1990 y 2015, la concentración de materia particulada en la atmósfera de los Estados Unidos se redujo un 37%, y que en 2010, las regulaciones evitaron unas 160 000 muertes prematuras. En síntesis, pese a que la mortandad vinculada con la contaminación del aire en Estados Unidos todavía es considerable, el país venía en la dirección correcta; pero eso fue hasta este año.
Ahora, el presidente Donald Trump prometió crear una “prosperidad increíble” mediante la anulación de normas que buscan reducir las emisiones tóxicas de las centrales termoeléctricas a carbón, la reducción o eliminación de normas sobre la eficiencia energética de los motores y el desmantelamiento de la EPA. También juró derogar los límites al fracking, liberar más terrenos públicos para la extracción de carbón y expandir la producción gaspetrolera en los océanos Ártico y Atlántico.
Supongamos por un momento que esas medidas realmente trajeran prosperidad a todo el país, y no sólo a la industria de los combustibles fósiles. ¿Qué precio está dispuesto a pagar Estados Unidos, como país? ¿Cuántas muertes prematuras al año serían demasiadas?

Hay alternativas que no demandan un cálculo de suma cero entre el crecimiento económico y la salud de las personas. Y lo irónico es que una posible fuente de inspiración es China.

Tal vez parezca absurdo proponer como modelo para imitar a China, donde los niveles de PM 2,5 son considerablemente superiores a los de Estados Unidos, y el consumo de combustibles fósiles (sobre todo carbón) es mucho mayor. Pero las autoridades chinas están tomando medidas decididas para cambiar de rumbo, liberar al país de la dependencia de los combustibles fósiles y crear una economía del futuro, impulsada por energías limpias y tecnologías verdes, que coloca a China en la vanguardia de la economía mundial.

Hoy China es el mayor inversor del mundo en energías renovables, para las que en 2015 destinó 103 000 millones de dólares (más del doble de los 44 000 millones de Estados Unidos). De los 8,1 millones de puestos de trabajo relacionados con la energía renovable que hay en el planeta, 3,5 millones están en China, contra menos de un millón en Estados Unidos. Con la convicción de que la energía limpia es buena para el medioambiente y al mismo tiempo para la economía, China comprometió 367 000 millones de dólares de aquí a 2020 para el desarrollo de fuentes de energía renovables, un nivel de inversión que, se espera, generará 13 millones de puestos de trabajo.

Además, China piensa más allá de sus fronteras, ya que está exportando la experiencia que desarrolló en fuentes de energía renovables y sus tecnologías de soporte. Es así que en 2016 invirtió cifras astronómicas en proyectos de energía renovable en Australia, Alemania, Brasil, Chile, Egipto, Pakistán, Vietnam, Indonesia y otros países.

Asimismo, para reducir la contaminación generada por los autos, el gobierno de China dio alta prioridad a la adopción de vehículos eléctricos, con la meta de tener cinco millones circulando por las rutas y calles del país en 2020. Para promover su venta, exime a los compradores de pagar varios impuestos que ascienden a entre 6000 y 10 000 dólares por vehículo. Y anticipándose al futuro reemplazo global de los motores convencionales, las autoridades subsidian generosamente la fabricación local de vehículos alternativos.

Mientras China hace esto, el gobierno de Trump está tratando de retrasar el reloj con su apuesta a la resurrección de una industria de los combustibles fósiles moribunda (y mortal). Trump describió la transición al vehículo eléctrico como destructora de trabajos, y defendió la eliminación de subsidios federales que alientan su desarrollo, fabricación y venta en Estados Unidos, por ejemplo el crédito fiscal federal de 7500 dólares para los compradores.

La dependencia de los combustibles fósiles hundió a China en un profundo pozo medioambiental, pero su dirigencia está decidida a salir de él. Estados Unidos, en cambio, está literalmente cavando su propia tumba. Cuando cada año no menos de 200 000 estadounidenses hallan una muerte prematura, no podemos permitir que una hybris económica como la que promueve Trump prevalezca sobre la búsqueda de soluciones, dondequiera que se las pueda encontrar.

Posextractivismos en Colombia: Entre la violencia y la paz

9:21:00 a.m. Add Comment

Los extractivismos conservadores se implantaron bajo la guerra, y como esa era una problemática apremiante, comprensiblemente muchos sostenían que la prioridad era buscar la paz y se debía dejar para después temas como el ambiente o el ordenamiento territorial. El proceso de paz ofrece las condiciones para adentrarse en toda esta problemática con más energía, libertad y pluralidad, y esto abre oportunidades para transiciones postextractivistas.

Por: Eduardo Gudynas / Palabras al Márgen 

En Colombia, al igual que en otros países latinoamericanos, se han expandido los llamados extractivismos, tales como la explotación de minerales o hidrocarburos. Con ellos se desencadenaron todo tipo de impactos sociales y ambientales, y la conflictividad ciudadana se disparó. Es bajo esas circunstancias que se han planteado alternativas que buscan ir más allá de los extractivismos, para no seguir repitiendo la historia de alimentar los mercados internacionales con materias primas mientras quedan en nuestras tierras todos sus efectos negativos.
Ese tipo de exploraciones recibe la denominación de posextractivismos. Es un conjunto de propuestas que por un lado cuestionan a los extractivismos, sea en sus impactos locales como en los efectos en otros ámbitos, como la política o la cultura, y por el otro lado postulan abandonar ese tipo de desarrollo, presentando medidas que sean concretas, efectivas y replicables. Esto permite una transición hacia una verdadera erradicación de la pobreza, la calidad de vida y la conservación de la naturaleza.

Los debates sobre los extractivismos surgieron en los países andinos, a inicios de la década de 2010, especialmente en Perú. Estaba claro que emprendimientos como la minería o el fracking, no se podían resolver por meros ajustes tecnológicos. Son necesarios cambios más profundos en cómo se entiende la economía, la política y hasta la cultura.

No sorprende que como en Colombia se repite toda la problemática de los extractivismo, en ciertos momentos asomaron debates sobre alternativas para poder superarlos (1). Pero los antecedentes del país, y su actual coyuntura, hace que se enfrenten particularidades distintas a lo observado en el resto de América del Sur.

En este breve artículo se comparten algunas ideas sobre postextractivismos, intentando considerar esas particularidades, y que por cierto no pretende agotar la cuestión sino llamar la atención sobre la importancia avanzar en ese esfuerzo.

El empuje extractivista colombiano

En Colombia se promueven los extractivismos, tanto sobre minerales como hidrocarburos, pero también en la agricultura. Recordemos que los extractivismos son un tipo de apropiación de recursos naturales, caracterizado por grandes volúmenes o intensidad, y por destinarse sobre todo a exportarlos como materias primas (2).

En efecto, las materias primas han representado más de la mitad de las exportaciones colombianas, alcanzando máximos en el orden del 85% del total en los años 2012 a 2014. Esta es una condición muy similar a la de otros países andinos, como Perú o Bolivia.

Esa canasta de materias primas exportadas está concentrada en unos pocos productos; por ejemplo en 2015, el 37% de las exportaciones fueron petróleos, y le siguen el carbón con el 12%. Esto genera mucha dependencia, aunque la situación colombiana es menos grave que la de otras naciones, como Ecuador o Venezuela, donde es todavía más concentrada y por ello son más vulnerables a la globalización.

Estos extractivismos generan una enorme variedad de “impactos directos” que se expresan localmente. Incluyen contaminaciones de todo tipo, con los casos icónicos del mercurio en la minería ilegal o el carbón de El Cerrejón, deforestación, afectación del agua, reconfiguración de territorios, etc. A ellos se suman impactos sociales, como pérdida de medios de vida tradicionales, desplazamientos, y por supuesto distintos tipos de violencias (3).

Si bien estos impactos son bien conocidos en América Latina, el caso colombiano es particular porque cuenta con una de las mejores sistematizaciones, que además fue producida por una agencia estatal independiente, la Contraloría General de la República (4). Sus cuatro volúmenes cubren prácticamente toda la problemática, y por lo tanto no tiene ninguna seriedad insistir en que los extractivismos no tienen impactos o que la denuncia de sus efectos es una exageración de activistas sociales o ambientales.

En paralelo se encuentran los llamados “efectos derrame” de los extractivismos. Estos responden a cambios en las políticas públicas para favorecer algún proyecto pero con efectos que se “derraman” a todo los sectores y en todo el territorio. El instrumento de licencias ambientales “express” se ha vuelto un ejemplo internacional de un efecto derrame extractivista, ya que para atraer a algunos inversores se termina reduciendo y debilitando el control y gestión ambiental en todo el país y en todos los sectores.

Una presentación mínima del postextractivismo para Colombia

Los postextractivismos buscan enfrentar estas situaciones. Se los puede concebir como un cuestionamiento a los extractivismos que nutre la exploración de alternativas a ellos. La particularidad es que esas alternativas se expresan en medidas concretas, efectivas, replicables y entendibles por la opinión pública. Su meta es una erradicación real de la pobreza, asegurar la calidad de vida de las personas y conservar la naturaleza (5).

Por un lado se presentan medidas de urgencia ante aquellos emprendimientos que producen los impactos más graves en el ambiente, la salud y la calidad de vida en las comunidades, y para los cuales no existen soluciones tecnológicas disponibles. Estos deben ser clausurados, más allá de cualquier beneficio económico o comercial.

En este frente se dispone de un amplio abanico de instrumentos, muchos de los cuales se inician con un efectivo cumplimiento de las exigencias y normas actualmente vigentes. Es que muchos extractivismos son posibles por no cumplir esos requerimientos, sea por controles inadecuados, faltas de sanciones, redes de corrupción, etc.

Por otro lado se proponen cambios sustanciales en las dimensiones económicas y productivas. En una etapa inmediata se apunta a reducir los extractivismos en las exportaciones, los que no deberían superar el 50% del comercio exterior total, y tampoco pueden estar concentrados en uno o dos productos. Dicho de otro modo, debe disminuir el volumen de recursos naturales extraído.

Ante estas ideas postextractivistas surgen inmediatamente todo tipo de cuestionamientos. Unos insisten en que esas medidas son incompatibles con la vida moderna, y otras alertan que provocaría gravosas pérdidas económicas. Por ejemplo, es común escuchar que la minería es indispensable para la vida actual, proveyendo los metales que se encuentran en todo tipo de productos. Se da un paso más, y se afirma que cualquier alternativa postextractivista nos obligaría a regresar a la edad de piedra.

La respuesta ante esos cuestionamientos es que confunden “minería” con “extractivismo”. El postextractivismo no está en contra de la minería ni de otros usos de los recursos naturales, no postula una naturaleza intocada. Su objetivo está en una apropiación que sea indispensable y no dispendiosa, y por ello debe estar específicamente enfocada en asegurar la calidad de vida de las personas y terminar con la pobreza, y no en el mero consumismo. Es por esta razón que la definición de extractivismo es clave, y no cualquier uso de los recursos naturales, ni siquiera aquellas con impactos ambientales, cumplen esa condición. Pero además, los mayores sectores extractivos de Colombia no están enfocados en la calidad de vida de los colombianos sino en nutrir una demanda global, que esencialmente satisface las necesidades del consumismo del norte.

Lo que es presentado como un éxito exportador en verdad es una pérdida neta de patrimonio. En efecto, usando los nuevos indicadores físicos de la balanza comercial (exportaciones de materia medidas en toneladas contra las importaciones), se observa que Colombia registra un déficit desde 1990. Hacia 2011, el país tenía una pérdida neta de unos 100 millones de toneladas por año, lo que implica un gravoso comercio desigual: el país debe exportar 5 toneladas de materias primas para importar una tonelada de manufacturas u otros bienes con valor agregado (6).

Las medidas económicas y productivas para el postextractivismo se dividen en varios grupos. Unas buscan hacer visibles para la economía los costos de los extractivismos en las dimensiones sociales y ambientales, los que usualmente termina pagando toda la sociedad. Esto tiene varias consecuencias, tales como una corrección de los precios de los commodites que se exportan, que serán muchos más caros.

Se asume que ese aumento hará caer las exportaciones, con menores ingresos económicos. El postextractivismo responde que esto se compensa desde varios frentes. Por un lado, los commodities que se sigan exportando serán mucho más caros. Por otro lado, la reducción de la extracción también supone menores gastos (del Estado y la sociedad) en cubrir los costos de los impactos, como el daño a la salud o la pérdida de suelos. Además, es necesaria una reforma tributaria. En la actualidad, el Estado captura una proporción muy baja de la renta minera y petrolera, las empresas gozan de muchos beneficios (como las deducciones por inversiones, por depreciación de activos, etc.), y son conocidos los casos de subfacturación para evadir varios tributos como se ha mostrado para el carbón (7). Esto hace que otro componente sea una reforma tributaria que apunte a impuestos justos y efectivos.

Otras medidas que operan en el mismo sentido atacan los subsidios que el Estado otorga a los extractivismos. Es que casi siempre se olvida que los extractivismos gozan de asistencias financieras directas, reducciones o devoluciones de impuestos, energía o agua barata, etc. La información que se acumula en varios países muestra que el Estado termina financiando a mineras y petroleras. Ante esto, el postextractivismo plantea desmontar esos subsidios, y utilizar buena parte de esos fondos en sostener una diversificación en otros sectores productivos.

En el caso de Colombia, como en otros países, existen enormes oportunidades para diversificaciones en la agricultura, pero enfocadas en prácticas orgánicas o ecológicas. Con ello se consume menos energía y agua, se producen alimentos más sanos, y a la vez requiere mano de obra adicional (lo que servirá para tomar a trabajadores que deban dejar emprendimientos extractivistas). Una reformulación de la agropecuaria de este tipo además permitiría romper con la creciente problemática colombiana de tener que hacer exportaciones extractivistas para poder importar alimentos, cumpliendo así otra meta del postextractivismo (asegurar la calidad de vida).

Estas medidas se deben complementar con otras, especialmente en el terreno de la integración regional y la globalización. No pueden ser descritas en detalle aquí, pero al menos queda asentado que son parte esencial de los postextractivismos.

Insistencia conservadora y el papel de las empresas

El postextractivismo en Colombia debe abordar al menos dos aspectos clave que le son propios: por un lado, están insertados en políticas conservadoras desde hace mucho tiempo, y por otro, han proliferado bajo la violencia armada, y ahora bajo el proceso de paz. Cualquier alternativa debe atender esas particularidades.

Comenzando por la primera de esas cuestiones, el gobierno de Álvaro Uribe sentó bases para extractivismos de inspiración neoliberal, mientras que las administraciones de Juan Manuel Santos, si bien introdujeron algunos cambios instrumentales, representan a los llamados “extractivismos conservadores reajustados”. En estos pueden haber cambios, como incorporar ciertas formas de responsabilidad empresarial y un discurso verde, pero no se abandona el protagonismo del mercado.

Bajo políticas conservadoras y con extractivismos en manos de empresas privadas, es comprensible que muchos postularan que la mejor alternativa era recuperar el papel del Estado apostando, por ejemplo, a mineras o petroleras estatales. Se miraba empresas estatales como PDVSA de Venezuela o Petrobras de Brasil, todas ellas bajo gobiernos progresistas (las administraciones Chávez y Lula respectivamente).

Esa es una opción que permitiría lidiar con algunos problemas, como contener la subordinación del Estado a los intereses de las corporaciones transnacionales, o lograr que queden en el país las ganancias del extractivismo. Sin duda es una idea que sigue teniendo muchas adhesiones políticas.

Pero el problema es que bajo ese esquema no se detienen los extractivismos ni sus consecuencias. Esta es una de las advertencias claves de la reflexión sobre postextractivismo. Es que allí donde se ensayó un extractivismo progresista, con mayor presencia estatal, podría haber habido algunas ventajas económicas (lo que es discutible), pero se mantuvieron buena parte de los impactos locales ambientales, sociales y territoriales propios de los extractivismos. Las empresas estatales petroleras no tuvieron mejor desempeño ambiental y de todas maneras para operar se asociaron a corporaciones extranjeras. Desde el punto de vista de las comunidades locales, los impactos son los mismos, más allá de si el responsable es una compañía estatal, nacional o extranjera. La propia esencia del extractivismo, por el tipo de apropiación que hace de los recursos naturales, impone todas esas consecuencias.

Lo mismo ocurre con los efectos derrame, ya que las empresas estatales de todos modos deben vender los recursos naturales extraídos en el mercado global, lo que les obliga a competir bajo las reglas y dinámicas del capitalismo. Entonces, ellas también buscan medidas como las licencias ambientales express o recibir subsidios desde el gobierno.

El análisis comparado internacional muestra que ese extractivismo estatista repitió problemas análogos a los observados en Colombia. Por ejemplo, en Bolivia, la administración de Evo Morales ha rebajado las exigencias ambientales y sociales, y subsidia la exploración y explotación de hidrocarburos dentro de áreas protegidas y territorios indígenas.

Los extractivismos se pueden instrumentalizar bajo dos estilos, unos más conservadores y otros más progresistas, y no se niegan esas diferencias, ni que el balance de costos y beneficios sea distinto. Pero lo que se subraya que todo ellos siguen siendo extractivismos, desencadenando impactos similares. Existe un núcleo central de ideas, conceptos y políticas que permanece incambiado, en elementos tales como la apropiación masiva de la naturaleza y la subordinación como exportadores de materias primas.

Es importante agregar aquí una nota de precaución. Es que el mal desempeño de los progresismos en varios terrenos no debe anular sus aciertos en otros, ni ser convertido en una excusa para regresar a un extractivismo todavía más conservador. Esas tensiones están presentes en Colombia donde ante la debacle del régimen de Nicolás Maduro en Venezuela, no falta quienes la aprovechan para criticar las intervenciones estatales y reclamar más libre mercado. Eso abre las puertas a reforzar todavía más los extractivismos conservadores.

Considerando todo esto, el horizonte de los postextractivismos no está en elegir entre distintos tipos de extractivismos, sino en ir más allá de esas ideas compartidas por todos ellos. Dicho de otro modo, es una alternativa a cualquier tipo de extractivismo, sea conservador o progresista.

Esto hace que los postextractivismos promuevan una regulación social tanto del mercado como del Estado. Esta posición no siempre es fácil de entender, especialmente en los países donde prevalecieron por décadas perspectivas conservadoras y neoliberales. Sin duda es importante recuperar las regulaciones de la sociedad sobre el mercado, colocándole límites, transparentando las reales transferencias de dinero, señalando las externalidades, etc. En esa tarea hay roles importantes para el Estado, e incluso para empresas estatales. Pero también hay que reconocer que los ensayos de empresas estatales al estilo progresista escapaban a la regulación social, abusaban de pagos a las comunidades locales para ganar sus favores, o bien se enfrentaban a ellas. Los postextractivismos también defenderán empresas estatales, pero bajo una estructura y dinámica distinta, y siempre bajo regulación ciudadana.

Alternativas bajo la violencia y la paz

El otro componente clave para el caso colombiano es su larga historia de guerra interna, con todas sus consecuencias en la vida política nacional, y el proceso de paz que ahora ofrece todo tipo de oportunidades.

Los extractivismos conservadores se implantaron bajo la guerra, y como esa era una problemática apremiante, comprensiblemente muchos sostenían que la prioridad era buscar la paz y se debía dejar para después temas como el ambiente o el ordenamiento territorial. El proceso de paz ofrece las condiciones para adentrarse en toda esta problemática con más energía, libertad y pluralidad, y esto abre oportunidades para transiciones postextractivistas.

Si bien las consecuencias del conflicto armado no se han perdido, e inevitablemente afectarán los debates postextractivistas, es posible compartir algunas ideas. En primer lugar, debe apuntarse que la cuestión ambiental no ha sido plenamente incorporada en los planes de paz, como ha sido señalado por varios analistas. Los postextractivismos deben remontar esto ya que cualquier alternativa debe atender las cuestiones ecológicas.

En segundo lugar, el conflicto armado generó muchos daños ambientales pero a la vez impidió el avance de la apropiación de los recursos naturales en distintas áreas. Hoy existe un riesgo real, también señalado por varios analistas; que el acceso del Estado a territorios, que antes estaban en manos de las FARC, desencadene un aumento de la presión extractiva. Hay muchas razones para esto, destacándose que el gobierno necesitará fondos para sostener la desmovilización y puede buscarlos en rubros como minería o petróleo. A su vez, las empresas ahora estarían dispuestas a ingresar en esos sitios en la medida que se consolide la paz. De la misma manera, no debería sorprender que grupos desmovilizados busquen en la minería aluvial u otros extractivismos una vía para sostenerse económicamente.

Es más, si se toman en cuenta las experiencias de otros países, no sería raro que alguna autoridad estatal comience a justificar los extractivismos como necesarios para la paz bajo la conocida excusa de sus supuestos réditos económicos. Entonces, los debates sobre postextractivismos deberán ser muy afinados para no quedar atrapados bajo etiquetas como las de impedir la pacificación.

Todo esto abre opciones para exploraciones, concesiones o emprendimientos mineros y petroleros, o por el avance agropecuario, sobre los páramos y otras zonas andinas, en la Amazonia, el Chocó y otras regiones. En muchas de esas zonas están ubicadas reservas forestales, áreas protegidas o tierras en manos de comunidades indígenas. Se ha advertido que más del 90% de los municipios con prioridad en el posacuerdo, tienen alguna figura de protección o de regulación, y que en los municipios más afectados por el conflicto, en el 80% ya hay títulos mineros otorgados (8). Esto explica enormes riesgos sobre la biodiversidad y las comunidades locales (especialmente indígenas y campesinos), y mayores efectos derrames como la desterritorialización.

Pero más allá de esas cuestiones, hay otra todavía más compleja. Las herencias políticas y culturales del conflicto y la propia tónica de los gobiernos conservadores han hecho que varios sectores sociales aceptaran como natural un alto nivel de violencia y repetidos incumplimientos de los derechos humanos. El Estado ha ejercido controles militarizados y persisten hostigamientos a líderes locales.La cifra de asesinatos es escandalosa (26 homicidios de líderes defensores de la tierra en 2015; la tercer cifra más alta del mundo; 9).

Los extractivismos no sólo avanzan bajo estas condiciones de violencia, sino que las aprovechan para implantarse en contra de la resistencia local. Hay extractivismos como la megaminería a cielo abierto o el fracking, donde la violación de derechos no es una consecuencia sino una condición previa y necesaria para poder implantarlos.

Bajo condiciones de violencia se vuelve muy dificultoso, riesgoso, y hasta imposible plantear opciones alternativas. Este es un enorme escollo para las alternativas, ya que presentarlas y discutirlas necesita de un marco democrático y de la salvaguarda de los derechos de las personas que las postulan. Cualquier avance en una agenda postextractivista requiere desmontar esa naturalización de la violencia, y desde allí surgen sus medidas de emergencia que protejan a los grupos locales y sus líderes, y el apoyo a la democratización de las decisiones.

Las oportunidades para los postextractivismos

Frente a esas severas restricciones también hay muchas oportunidades. Comencemos por señalar que la movilización ciudadana frente a los extractivismos se ha potenciado en todo el país, y existe un creciente consenso sobre sus impactos negativos. Todo esto alimenta la necesidad de buscar alternativas.

Las iniciativas ciudadanas de promover consultas locales son otro aporte sustantivo. Ellas contribuyen a democratizar el debate y las decisiones, y a su vez ejemplifican una de las medidas propias del postextractivismo. El papel de la Corte Constitucional también debe ser valorado, demostrando las consecuencias positivas que tiene un ejercicio independiente y concreto de la justicia. Estos componentes pueden potenciar transiciones basadas en las justicias ambiental y ecológica.

A su vez, en el país hay innumerables iniciativas ambientales y sociales locales que han florecido incluso bajo el conflicto, y que en condiciones de paz no sólo representan ejemplos de alternativas posibles sino que se podrían ampliar y replicar (10).

Finalmente, asoman desde distintos sitios otros componentes propios de los postextractivismos incluso más radicales. Por ejemplo, la demanda de moratorias mineras o petroleras se ha debatido en países vecinos como Ecuador y Perú, pero parecería alejada al estado del debate actual en Colombia. Pero es interesante observar cómo diferentes analistas llegan casi a esa conclusión en el país. Por ejemplo en un reciente intercambio sobre las consultas ante la minería (11), M. Hofstetter (Uniandes) hace en parte una defensa de la minería (confundiendo extractivismo con minería) pero admite una moratoria en la minería de oro, una extracción innecesaria. Juan Camilo Cárdenas (también de la Uniandes) le replica, y lo interesante es que afirma que “mientras no hagamos una contabilidad correcta” de todos los costos, “es mejor esperar”. Esos dos componentes, la clarificación de los costos y las moratorias en algunos tipos de emprendimientos, son medidas centrales en los postextractivismos.

También existen varias propuestas de marcos genéricos, para incorporar el ambiente en el proceso de paz, que brindan muchos insumos para los postextracivismos (12). Pero es necesario insistir en una de las particularidades de esta perspectiva, su insistencia en medidas concretas, entendibles y replicables. Por ello es necesario ofrecer algunas precisiones.

La primera es que muchos sin duda estarían de acuerdo con amplios llamados como cambiar la matriz exportadora, y de hecho el postextractivismo tiene el mismo reclamo. Pero en lo que insiste es en precisar, con creciente detalle, cómo pueden lograrse esas metas, cómo serían sus políticas públicas, sus planes de acción, y sus instrumentos de gestión. Es que no es raro que los llamados genéricos por la justicia resulten simpáticos, pero, ante esa falta de precisión, buena parte de la opinión pública escoge no arriesgarse y recae una y otra vez en los extractivismos. Por esto, los postextractivismos tienen que ofrecer medidas concretas, siempre que sea posible referidas a sus implicancias económicas o a ejemplos concretos, y tienen que ser entendibles por el público.

La segunda se enfoca en articular con precisión los instrumentos con estrategias y políticas. Es que en muchas ideas alternativas se ofrecen sobre todo instrumentos en forma aislada, sin evaluar si su aplicación no genera políticas implícitas que al poco tiempo serán una traba. Por ejemplo, es común presentar como alternativa a los extractivismos los planes de ordenamiento territorial, y sin duda son muy valiosos, pero no aseguran un tránsito postextractivista. Es que pueden haber consultas ciudadanas donde un ordenamiento territorial legitime, pongamos por caso, una minería intensa (y existe evidencia sobre esto en países vecinos). Por lo tanto, no basta con presentar al ordenamiento territorial, sino que éste debe derivarse de planes de acción que a su vez respondan a mandatos en políticas públicas como es la salvaguarda de los derechos de la naturaleza.

Otro ejemplo común es presentar como alternativa a los extractivismos instrumentos como pagos por servicios ambientales, cuantificar el capital natural y otras herramientas de la llamada economía verde. Por ejemplo, la propuesta de Naciones Unidas para incorporar el ambiente y el ordenamiento territorial en el proceso de paz tiene aciertos notables (como fortalecer la institucionalidad ambiental o revisar la participación estatal en las rentas mineras), pero termina reclamando “promover modelos de desarrollo local sostenible y crecimiento verde que también se basen en el uso sostenible del inmenso capital natural de la nación”. De manera muy similar, la reciente propuesta de desarrollo rural y paz, tiene varias ideas compartibles, pero al abordar las iniciativas económicas cae otra vez en asumir que puede haber tecnologías “sostenibles” para los extractivismos y en los “mercados verdes”.

Ante este tipo de propuestas, el postextractivismo analiza con detalle. Insiste en que instrumentos pagos por servicios ecosistémicos o ideas como capital natural no son neutros. Si se los aplica y se los usa, se genera una política pública que acepta la mercantilización de la naturaleza, y esto desemboca en que más temprano que tarde se volverá imposible cumplir con los mandatos de conservación, se recae en las clásicas tensiones entre economía y ecología, y persistirán los extractivismos.

Instrumentos como los pagos por servicios ecosistémicos pueden ser positivos en un inicio, pero no permiten dar otros pasos adicionales para salir de los extractivismos. Usar instrumentos propios de entendimientos políticos de una naturaleza como conjunto de bienes y servicios que pueden ser transados en los mercados es justamente la base de los extractivismos. Por ello, es un instrumento que en el mediano plazo violaría un mandato central del postextractivismo que es asegurar la protección de la Naturaleza.

Los postextractivismos hacen este ejercicio una y otra vez, evaluando si cada instrumento permite avanzar hacia alternativas más profundas y abarcadoras. A su vez, su racionalidad es inversa, ya que se parte de los mandatos y principios en las políticas y desde allí se derivan planes de acción con sus instrumentos. Siguiendo con el ejemplo, el postextractivismo tiene como uno de sus pilares la protección de la naturaleza (entendida como derechos propios en ésta), y ese es un mandato independiente de si alguien puede pagar o no por ello.

Como puede verse, los postextractivismos son un campo en pleno nacimiento, dando sus primeros pasos, aunque descansa sobre una rica diversidad de saberes y experiencias, desde las comunidades locales a las reflexiones académicas. No es un mero ejercicio intelectual, sino que es un esfuerzo necesario y urgente para lidiar con el avance de los extractivismos y todos sus impactos.

Referencias

1. Un ejemplo muy reciente es Pineda Ruíz, F. Minería y petróleo: las consultas populares y el futuro de Colombia del siglo XXI. Las 2 Orillas, 15 junio 2017.

2. Una biblioteca con artículos, reportes y libros sobre extractivismos, incluyendo sus definiciones e impactos, se puede encontrar en: www.extractivismo.com

3. Un ejemplo de los impactos y conflictos en Pérez-Rincón, M.A. y colaboradores. Caracterizando las injusticias ambientales en Colombia: estudio para 115 casos de conflictos socio-ambientales, Cinara, Univalle, Cali, 2016.

4. Minería en Colombia. Volumen 1: Fundamentos para superar el modelo extractivista. Vol. 2: Derechos, Políticas Públicas y Gobernanza. Vol. 3: Daños ecológicos y socio-económicos y consideraciones sobre un modelo minero alternativo. Vol. 4: Control público, memoria y justicia socio-ecológica, movimientos sociales y posconflicto. Contraloría General de la República, Bogotá, 2013.

5. Una biblioteca con textos y otros recursos sobre postextractivismo está disponible en: www.transiciones.org

6. Samaniego, P. y colaboradores, Commercial and biophysical déficits in South America, 1990-2013, en Ecological Economics, 2017.

7. Ver por ejemplo el detallado análisis de Rudas Lleras, G. y J.E. Espitia Zamora, Participación del Estado y la sociedad en la renta minera, en Minería en Colombia, Vol. 1, 2013.

8. Morales, L. La paz y la protección ambiental en Colombia: propuestas para un desarrollo sostenible. Diálogo Interamericano, Washington, 2017. ONU. Consideraciones ambientales para la construcción de una paz territorial estable, duradera y sostenible en Colombia, Bogotá, 2014.

9. Global Witness, En terreno peligroso, Global Witness, Londres, 2016.

10. Ejemplos de iniciativas ambientales bajo el conflicto en Guerra, sociedad y medio ambiente, M. Cárdenas y M. Rodríguez B. (eds), Foro Nacional Ambiental, Bogota, 2004.

11. ¡No más minería! ¿O sí?, M. Hofstetter, La Silla Vacía, 27 marzo 2017. ¿Cuál minería? Respuesta a Marc Hofstetter, Juan Camilo Cárdenas, La Silla Vacía, 3 abril 2007.

12. Un ejemplo es Rodríguez Garavito, C., y colaboradores. La paz ambiental. Retos y propyestas para el posacuerdo. Documentos 30, DeJusticia, Bogotá, 2017.

13. Estas propuestas están citadas en la referencia 8.

Consultas extractivistas: El derecho a decir NO

3:47:00 p.m. Add Comment

Más allá de la discusión sobre la validez de las consultas populares como herramienta jurídica, lo que está en juego en Colombia es la posibilidad de que las comunidades puedan incidir en el futuro de sus territorios.

Por: Observatorio de Conflictos Ambientales - Universidad Nacional / Semana Sostenible

Sin importar que fuera domingo y haciéndole frente a la lluvia, el pasado 4 de junio los habitantes de Cumaral madrugaron a hacer fila. El objetivo era ejercer su derecho al voto en una consulta popular que definiría el futuro de ellos y de su territorio. Al final de la jornada, más de 7.000 personas le dijeron NO a la exploración y explotación de hidrocarburos en ese municipio del departamento del Meta.

Desde que existe el mecanismo se han realizado 36 consultas populares, de las cuales cinco han tenido que ver con actividades minero energéticas, según datos de la Registraduría Nacional. Pero la consulta de Cumaral resulta llamativa por tres motivos: después de la consulta de Tauramena, esta es apenas la segunda jornada que se realiza frente al tema de hidrocarburos. Además, los resultados arrojados son más que contundentes. Por último, el departamento del Meta, donde se encuentra el municipio, es de acuerdo con la Agencia Nacional de Hidrocarburos el que posee las mayores reservas de crudo en el país. Las cifras del DANE indican que el 49,5% del PIB proviene de las actividades relacionadas con exploración y explotación de petróleo y gas.

Justamente por la tradición petrolera en el departamento, los habitantes del Meta conocen los procesos de este tipo de actividades, y en esa medida toman las decisiones. Carolina Orduz, líder del Comité Pro Consulta, cuenta que desde que se conoció la presencia de la multinacional minera Mansarovar Energy en el municipio, en busca de explotar el bloque petrolero Llanos 69, ha crecido el temor de que se repitan los deslizamientos, la contaminación de las aguas y demás efectos que para el comité han tenido los trabajos ejecutados en los cuatro bloques petroleros que existen en la región.
Sección del mapa del conflicto ambiental Bloque Llanos 69.

Sin embargo, para analizar los efectos de las consultas populares no se puede hablar únicamente del caso de Cumaral. Aunque la opinión pública ve esta ola de participación en decisiones ambientales como una bola de nieve que empezó con Cajamarca, la verdad es que como anota Arturo Ramírez, abogado asesor del Comité Pro Consulta de Cumaral, el fenómeno se remonta a las consultas realizadas en Piedras y Tauramena en 2013. Luego vinieron las de Cabrera, Cajamarca y Cumaral y actualmente más de 40 municipios están gestando votaciones en sus territorios para definir temas ambientales.

Un ejemplo claro es lo ocurrido en la Zona de Reserva Campesina de Cabrera, donde Emgesa pretendía llevar a cabo la construcción del proyecto hidroeléctrico El Paso. Según dijo en su momento el geógrafo Giovanny Avendaño, este no era necesario, puesto que la cobertura de energía del Sumapaz es del 92%, y en cambio se generaría un acaparamiento de las aguas que podría alterar seriamente el ciclo hídrico de la región. Aun así, esta iniciativa dio origen a una consulta popular que se llevó a cabo en febrero de 2017, con un 97,2 % de votación por el NO.

Cuando se pregunta a los líderes de la consulta de Cabrera por las razones que llevaron a la población de este municipio a decir NO a la minería y a las hidroeléctricas, Paola Bolaños, líder del Comité de Impulso de la ZRC, cuenta que la construcción de la hidroeléctrica El Paso “no era lo que nosotros teníamos proyectado en el plan de desarrollo de la ZRC, sino que iba en contravía de todo lo propuesto”.

Queda claro entonces que al temor por los impactos sociales y ecosistémicos, se une la preocupación por la autonomía en las decisiones sobre el futuro del territorio. Aquí vale la pena mencionar que en la sentencia T445 de 2016, la Corte Constitucional afirma que “es claro que el Estado colombiano no puede dar una prevalencia automática y abstracta al interés general y la visión mayoritaria del desarrollo o progreso cuando este afecta los derechos fundamentales de las personas”.

En suma, se puede ver que la consulta popular no es un fin en sí misma, sino que es parte de la estrategia política y comunicativa de las comunidades y de las autoridades locales, para ejercer la autonomía sobre su territorio. Los resultados de las consultas populares aquí mencionadas han sido apabullantes, y en esa medida tanto algunos sectores del Gobierno Nacional, como de las empresas extractivas, han mostrado preocupación y han planteado dudas sobre el carácter vinculante de este mecanismo de participación, lo cual abre el debate sobre la democracia real a nivel local en varias zonas del país.

Tanto en 2014 como en 2016, alegando extralimitación de funciones, la Procuraduría recomendó no realizar consultas populares a los alcaldes de varios municipios que las preparaban. Así mismo, al día siguiente de conocerse los resultados de la consulta popular de Cajamarca, el ministro de Minas y Energía, Germán Arce, les dijo a varios medios de comunicación que la consulta popular no puede cambiar la ley; y ratificó su posición cuando frente a los resultados de Cumaral, le dijo a la Revista Semana que el resultado de las consultas no puede romper el Estado Social de Derecho. Por su parte, el presidente de Ecopetrol esgrimió argumentos similares en el Diario del Meta y en Semana Sostenible frente a los resultados de Cumaral.

Para el abogado Rodrigo Negrete, la contradicción fundamental en estas reacciones es que se está asumiendo a Colombia como una república unitaria únicamente, olvidando que existe la autonomía territorial. ”No estamos cambiando la ley: al contrario, la estamos desarrollando. Estamos estrenando la constitución”, afirma el abogado.

En efecto, las consultas populares se encuentran definidas en el artículo 103 de la carta magna, y varios expertos coinciden en afirmar que están amparadas por la sentencia T445 de 2016, donde la Corte Constitucional afirma que “los entes territoriales poseen la competencia para regular el uso del suelo y garantizar la protección del medio ambiente, incluso si al ejercer dicha prerrogativa terminan prohibiendo la actividad minera” a la vez que menciona que “la actividad minera genera importantes afectaciones a los derechos de los campesinos y comunidades agrarias de nuestro país”.

Hay discusión frente a los efectos que tiene esta sentencia sobre las consultas de Cumaral y Tauramena, pero para Negrete los efectos de la misma se pueden extender a exploración y explotación de hidrocarburos, puesto que al igual que la minería, constituyen una actividad altamente impactante, tanto en términos sociales como ecosistémicos.

Adicionalmente, el artículo 332 de la constitución política establece que el subsuelo es del Estado, y según el abogado, el municipio es su núcleo esencial. En esa medida, el Gobierno Nacional debe respetar la autonomía territorial de los municipios y el derecho a la participación, acordando con los municipios las actividades que se desarrollan en los mismos.

Varios expertos, entre ellos el abogado Ramírez y el centro de estudios jurídicos y sociales DeJusticia, coinciden en que la discusión se salda del todo al revisar la Ley 134 de 1994, que en el artículo 8 dice claramente que frente a las consultas populares “en todos los casos, la decisión del pueblo es obligatoria” y la Ley 136 del mismo año donde se dice que “cuando el desarrollo de proyectos de naturaleza turística, minera o de otro tipo, amenace con crear un cambio significativo en el uso del suelo que dé lugar a una transformación en las actividades tradicionales de un municipio, se deberá realizar una consulta popular”. Esto, según los investigadores, no solamente implica que las consultas populares son vinculantes, sino que en todos los casos aquí mencionados realizarlas era de carácter obligatorio.

Una vez aclarado qué tan vinculantes son las consultas populares, conviene señalar que esta no ha sido la primera opción de las comunidades para frenar los proyectos, sino que es un recurso al que llegaron después de agotadas otras instancias. En esa medida, son una acción más dentro de la movilización social.

Según Carolina Orduz, la decisión de realizar una consulta popular en Cumaral se tomó después de hacer mucha resistencia civil, y tras el revés que representó que no se admitiera la Acción Popular que el comité radicó en agosto de 2016. Algo similar ocurrió en el caso de Cabrera, donde como afirma Orlando Romero, del comité de impulso de la ZRC, “la consulta fue una de las últimas estrategias que se llegaron a tomar”.

Para Romero, la decisión de oponerse a estas actividades económicas en el municipio fue una conclusión a la que se llegó en un cabildo abierto, tras hacer el análisis de los impactos ambientales del proyecto hidroeléctrico propuesto por Emgesa. Añade que también resultaron muy valiosos los intercambios de experiencias con líderes de todo el país, así como las acciones de hecho frente a los procesos de socialización que hacía la empresa.

Son múltiples las iniciativas para enfrentar los conflictos ambientales a lo largo y ancho del país, y muestra de ello son los 12 municipios en Casanare, Huila y Antioquia que en lo que va corrido del año se han acogido a Acuerdos Municipales que prohíben la minería en su territorio. El artículo 313 de la Constitución dice que corresponde a los concejos municipales ”dictar las normas necesarias para el control, la preservación y defensa del patrimonio ecológico y cultural del municipio”, y es tanto a esto como a la revisión de los EOT y POT que se están acogiendo los gobiernos locales para promover mecanismos que frenen las actividades minero energéticas.

Ante estos acuerdos -al menos en el caso de Antioquia- el Gobierno Nacional y las empresas han reaccionado con la misma fuerza que en el caso de las consultas populares, pero a pesar de las declaraciones, ambos mecanismos se siguen defendiendo en varios lugares del territorio nacional: “supongamos que en el peor de los casos dicen que nos extralimitamos en nuestras funciones y nos destituyen. Yo sé que los 11 que lleguen van a hacer lo mismo, porque ya aquí hay una cultura ciudadana en defensa del territorio.” dice Sergio Ruiz, concejal de Támesis.

En síntesis, tanto las comunidades como los expertos consultados coinciden en que las herramientas jurídicas son tan solo un elemento en esta discusión, pues a pesar de que las consultas populares son de obligatorio cumplimiento, y de que existen diversos mecanismos a disposición de los municipios que deseen blindarse frente a las actividades minero energéticas; lo que hace la diferencia en los territorios es la organización, el sentido de comunidad y la movilización. Sin embargo, ante resultados contundentes las consultas llevan ventaja frente a las demás estrategias, pues fortalecen al movimiento social, otorgando legitimidad a sus acciones en el futuro, mientras que fomentan el debate público sobre la autonomía y la forma como se implementa el modelo de desarrollo a nivel local.

Consultas Populares, extractivismo y democracia

7:41:00 a.m. Add Comment

Las Consultas Populares que ha vivido el país durante los últimos dos años se han convertido en una piedra en el zapato para el modelo económico minero-energético de Juan Manuel Santos, sin embargo también se posicionan como un componente fundamental para la profundización y fortalecimiento de la democracia en Colombia. 


La voluntad popular es clara

El 4 de junio la población del municipio de Cumaral, en el Departamento del Meta, se volcó a la plaza principal a celebrar su victoria en la Consulta Popular que definía el inicio del extractivismo petrolero en su territorio. La ciudadanía había respondido a la pregunta: “¿Está usted de acuerdo, ciudadano cumaraleño, con que dentro de la jurisdicción del municipio de Cumaral (Meta) se ejecuten actividades de exploración sísmica, perforación exploratoria y producción de hidrocarburos?” El resultado fue 7475 No y 183 Sí.

La masiva votación se puede explicar, en parte, por el arduo e incesante trabajo de base que llevó a cabo la población durante más de cuatro años. Sin distingo de ideologías o creencias, se organizó el municipio con un objetivo claro: defender el territorio y continuar con su histórica vocación agrícola y recientemente turística. Las y los cumaraleños entendieron que la bonanza que les ofrecían era pasajera, en contraste a los daños de los recursos naturales que sí son permanentes.

La necesidad de alcanzar el umbral (5261 votantes) logró que los cumaraleños hicieran fila en los puestos de votación desde la siete de la mañana el día de la Consulta. La solidaridad de otros municipios que han pasado por estos procesos de participación ciudadana o acuerdos municipales relacionados con el extractivismo (Cajamarca, Piedras, Cabrera, y el Quimbo, entre otros) significó un importante mensaje de unidad para cohesionar a la sociedad civil en pro de la defensa del territorio y la democracia directa.

Economía del desarrollo antes que la democracia

Ante la creciente exigencia civil de continuar con las Consultas Populares, el Gobierno y los medios masivos de comunicación han puesto la alerta ya que argumentan la continuidad del modelo de extracción minero-energético como una necesidad para superar las crisis económica en la que se encuentra Colombia. Las cifras del Ministerio de Minas y Energía y la Agencia Nacional de Hidrocarburos -ANH- revelaron que en el 2016 las reservas probadas de crudo disminuyeron y, de igual manera, la inversión extranjera.

Desde el Gobierno se ha resaltado la importancia de que la explotación minera sea una actividad controlada y regulada de manera responsable. Sin embargo, estas afirmaciones evidencian la ausencia de una idea que está implícita en las posibles soluciones: la transición hacia otras energías más limpias y la necesidad de invertir en el campo colombiano.

Los municipios que han dicho No al extractivismo, no solo dan la negativa a la industria petrolera, también afirman la necesidad de profundizar su vocación agrícola, cualificar a los campesinos y dotarlos de tecnología. Asimismo, la población ve con preocupación la cooptación de la vida por parte de las multinacionales minero-energéticas y el daño ambiental que ocasiona la intervención desaforada en sus territorios, donde los costos han sido violentos no solo para el medio ambiente sino para la vida en sociedad que lo habita.

La disyuntiva entre “desarrollo” y “subdesarrollo” en el modelo socioeconómico colombiano parte desde la negación de nuestra riqueza territorial, cultural e incluso de nuestras mismas instituciones públicas. Así, el extractivismo representa un obstáculo para la economía campesina de la cual la población colombiana depende no solo en lo rural sino en las ciudades para existir.

Avanzar en torno a las necesidades de las personas que votaron por el No en Cumaral a la exploración y explotación petrolera invita al funcionamiento eficiente de las instituciones gubernamentales hacia cohesionar sus acciones en un modelo de desarrollo económico ambientalmente sustentable.

La próxima Consulta

El 9 de julio en Arbeláez 3600 personas deberán responder a la pregunta “¿Está usted de acuerdo sí o no con que, en el municipio de Arbeláez, Cundinamarca, se realicen actividades de sísmica, exploración, explotación y lavado de materiales de hidrocarburos y/o minería a gran escala?”. Los antecedentes son claros pero ¿la multinacional Australian Drilling Associates y el Gobierno respetarán la voluntad popular?