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Gramáticas de lo común: ¿Un nuevo proyecto político?

5:30:00 p.m. Add Comment

Creo que un nuevo movimiento político en Colombia debe, en lugar de entregarse a representar al pueblo, ponerse en la tarea de construir uno. Para ello es necesario que la organización territorial tenga propósitos particulares, planes de acción y de desarrollo comunitarios en los que se exprese una voluntad colectiva.

Por: Alejandro Cortés / Palabras al Márgen

Durante las primeras semanas de enero del presente año, tuvo lugar una reunión en la ciudad de Cali que aspiraba a la creación de un nuevo proyecto político; ¡toda una quijotada la de los participantes al creer que en un par de días sería posible articular tamaña empresa! Para crear un nuevo movimiento político el problema no es la falta de voluntad, la hay y de sobra; la he visto en los barrios, los campos y hasta en las universidades. Sin embargo, el exceso de la voluntad peca de un optimismo ciego y, generalmente, no es posible avanzar sin una justa dosis de pesimismo de la inteligencia, como diría Gramsci. Y digo una justa dosis, porque —en el otro extremo— el pesimismo de los exmilitantes de base y de los organizadores es tan fuerte que tiende a difuminar el horizonte de creación de nuevos escenarios; la experiencia parece eclipsar la voluntad. Tras asistir a la reunión me quedó un sin sabor, una especie de incomodidad reflexiva que me obliga a expresar varias ideas para masticar esta quijotada de un nuevo movimiento político.
En primera medida, creo que la creación de un movimiento político para Colombia exige, irrenunciablemente, el desarrollo de acciones y trabajos en los territorios. Para aspirar a la consolidación de un espacio de representación, como un partido o un movimiento, primero se necesita una comunidad organizada que quiera y construya sus propios mecanismos de representación. Las ideas, sobretodo en política, necesitan una materialidad que debe ser irrenunciable; de otra forma caeremos en la estrategia partidista colombiana: ¡un partido sin su gente! Y es que así ha funcionado durante años la política en Colombia. Hemos sido gobernados por un conjunto de la élite que se ha robado el derecho de representación y que ha ido privatizando la participación política. Para romper la brecha entre el pueblo y la oligarquía es necesario desarrollar espacios territoriales de organización, movimientos de agitación y programas de gobierno realizables para las comunidades.
En segunda medida, creo que para consolidar ese nuevo movimiento político es necesario desmarcarse, al menos en sus primeros años, de la política electoral y “electorera”. La estrategia política no puede medirse por a quién se apoya, por orientar la voluntad colectiva en las urnas o por calcular qué candidato sería mejor o peor para el desarrollo de lo que viene en el país; la política electoral es ciega y los compromisos que se adquieren en su ejercicio pueden minar cualquier ejercicio colectivo, especialmente cuando la confianza en la institucionalidad es tan débil como en el caso de Colombia. Disputar las instituciones debe ser un horizonte colectivo y no la voluntad de un par de “cuadros”. Para ello se deben reinventar las formas de disputar lo institucional que, en principio, pueden consistir en el control político, la consolidación de los poderes territoriales y la articulación entre movimientos en los territorios. Apostarle al desarrollo electoral, sin la construcción de una sociedad civil organizada, puede ser una pesadilla y un fracaso colosal.
En tercera medida, creo que un nuevo movimiento político en Colombia debe, en lugar de entregarse a representar al pueblo, ponerse en la tarea de construir uno. Para ello es necesario que la organización territorial tenga propósitos particulares, planes de acción y de desarrollo comunitarios en los que se exprese una voluntad colectiva. De modo que habrá que escuchar más y hablar menos; quienes pertenecemos a la academia solemos hablar sin escuchar, un mal del que sufrimos todos los que hablamos desde el privilegio, bien sea el “cuadro organizador”, el líder comunal o el “intelectual de partido”. Para construir un pueblo hay que acercarse a los procesos de base organizados, como las asociaciones de campesinos, las insurgencias y los movimientos indígenas, quienes durante años han construido procesos de resistencia organizados, allí no hay que buscar fórmulas sino experiencias de fracaso y éxito que faciliten crear un horizonte común.
En cuarta medida, creo que hay que consolidar escenarios de pensamiento, divulgación y articulación de saberes críticos. Para ello no solo basta con hacer reuniones de “formación de cuadros” con currículo en mano, como suelen hacer los movimientos hoy en día, sino que hay que crear escenarios de discusión, de creación y de articulación de experiencias entre quienes desde el privilegio nos dedicamos a pensar y quienes trabajan desde el territorio. Para ello habrá que tomarse más en serio la escritura y la lectura, de manera que los libros se conviertan en escenarios de resistencia, habrá que re-inventar la función social de los mismos con el fin de luchar contra la hegemonía de los medios; esta debe ser una tarea conjunta entre la academia y la acción en las calles y los territorios, los libros no pueden estar encerrados detrás de los muros y las luces de la academia. Por otro lado, es necesario sacar provecho de las nuevas plataformas para crear una alternativa de comunicación, una alternativa que no pretenda adoctrinar sino discutir, entretener y reflexionar; la música, el cine y la animación serán claves como herramientas para conformar una sociedad civil reflexiva.
En quinta medida, creo que hay que disputarle la producción de conocimiento a las universidades y a los tanques de pensamiento que la derecha financia a diario, para ello tendremos que, desde la dificultad, pensar nuestros problemas, reflexionar sobre nuestro lenguaje y articular escenarios de discusión donde podamos re-pensar la función del profesor-investigador-estudiante en la sociedad; no solo debemos hacerlo desde las ciencias sociales, debemos trabajar en conjunto con las ciencias naturales para desarrollar nuevas formas de articulación para el Planeta, la movilidad y la alimentación. La tarea será crear centros de pensamiento y experimentación donde se avance, tanto en las investigaciones, como en el desarrollo de estrategias de comunicación y educación para todos los sectores de la población, convertir las ciudades y los campos en aulas será una tarea de todos para disputar el conocimiento y darle la vuelta a su función social de adoctrinamiento.
Finalmente, creo que al desarrollar algunos de estos procesos estamos en la disputa por una nueva gramática de lo común, no se trata de crear palabras nuevas como hacen algunos filósofos, sino de disputar el significado de las palabras con las que se gobierna. Para crear un nuevo movimiento político hay que luchar contra lo que significa Estado, gobierno, televisión, lectura, escritura, poesía, literatura, cine, poder, sociedad civil, calle, populismo, política y demás, algo que muchos vienen haciendo sin conocerse. Esta lucha es múltiple y no se puede circunscribir a los lugares donde el privilegio es ley, debe extenderse como un virus y agitarse entre la indignación y la estrategia.

Navarro Wolff como alternativa para liderar tercería

5:53:00 p.m. Add Comment

En medio de la polarización y el personalismo en la política alternativa colombiana que nos ha llevado a preguntarnos por fórmulas que unifiquen a las/los líderes más visibles de la oposición a la derecha colombiana, quisiera proponer como opción para liderar una tercería, al actual senador Antonio Navarro Wolff.

Por: Carlos Andrés Duque* / Democracia en la Red

Por su historia, sensatez y pragmatismo en los cargos públicos que ha ocupado, es probable que su experiencia y liderazgo sereno lleguen a ser claves para la unión de la izquierda, el centro y los independientes en la gesta de enfrentar a los históricos dueños del poder, a los de siempre. En medio de tantos egos, protagonismos y caciques, Navarro Wolff, alejado de toda soberbia y crispación, además, podría encarnar la propuesta de “gobierno de transición” sugerida por las FARC, manteniendo al tiempo su independencia. Navarro podría ser el eje aglutinador para dar forma a la continuidad del proceso de paz, para liderar la lucha contra la corrupción y la lucha contra la inequidad. 

Desde luego, Navarro Wolff no está hoy en la cima de su popularidad ─rubro tan importante en la “sociedad del espectáculo”─, por esto mismo, esta tendría que ser una decisión colectiva racional que necesitaría de la madurez y generosidad de quienes hoy tienen mayor visibilidad pública o se han considerado desde el inicio de la campaña como primera opción; me refiero a Claudia López, Fajardo, Petro, Robledo, Piedad, Iván Cepeda, Clara López, incluso podríamos agregar a Humberto de la Calle. 

Obviamente, más allá de toda ingenuidad, habría que preguntarse si realmente los políticos nombrados en la frase anterior, estarían en condiciones de pasar a un plano menos protagónico en la conformación de una tercería. Podríamos pensar que, si su interés real es disputar el poder al uribismo y en especial, a Vargas Lleras, que parece ser el delfín oligárquico que sigue en la lista de presidentes, tendrían que aceptar una concertación donde todos puedan estar más allá de sus ambiciones personales de figuración.


Sin ningún interés subrepticio, creo firmemente que Navarro Wolff, por las razones señaladas, podría ser el líder que permita la convergencia de tantas disimiles tendencias y personalidades. La propuesta está sobre la mesa para ser discutida.

* Carlos Andrés Duque Acosta. Docente universitario, Doctorando en filosofía política, Unicamp-Brasil.

El nuevo proyecto político en Colombia

2:49:00 a.m. Add Comment

El presente texto, realizado por Felipe Pineda Ruiz, hace parte de la serie "reflexiones sobre un Nuevo Proyecto Político en Colombia", artículos que recogen el espíritu y contenido de los debates desarrollados en el Encuentro realizado los días 14 y 15 de enero en la ciudad de Cali, con un grupo de jóvenes y algunos colaboradores veteranos. 

Por: Felipe Pineda Ruiz / Democracia en la Red

El análisis de la turbulenta coyuntura política colombiana, y el accionar de sus sinuosos protagonistas, no dan margen, ni siquiera, para el más mínimo pestañeo. Menos para outsiders, como nosotros, que contemplamos dicho devenir desde la barrera. Gilbert Keith Chesterton, aquel mordaz escritor británico de principios del siglo pasado, solía repetir “la política es tan excelsa como el más sublime de los artes, pero tan impredecible como el derby”. Los resultados del plebiscito por la paz, del pasado 2 de octubre, confirmaron ese caprichoso enunciado.

Dicha contienda electoral estableció una radical frontera entre dos Colombias que cohabitan a regañadientes: la que vive inmovilizada por el miedo, apegada al pasado y a un cierto orden, por un lado, que contrasta con una Colombia modernizante, resiliente y colmada de esperanza.

El fin de las Farc como organización armada, y el fin de la guerra como cortina de humo, permiten que un proyecto político, de nuevo tipo, aflore y tenga posibilidades de triunfar en las elecciones de 2018. La superación del conflicto armado abre una insuperable ventana de oportunidad para que los tópicos centrales, de una agenda programática transformadora, territorial y urbana, se instalen en el centro del debate nacional.

En esa misma dirección, la de redefinir el mapa y ahondar en el territorio político, hace unos pocos días un grupo de jóvenes, de diferentes vertientes ideológicas, y lugares del país, nos reunimos durante dos días en el Encuentro por la Convergencia y el Cambio Social en la ciudad de Cali para deliberar, aprender, analizar e intentar converger, en medio de la divergencia.

Entre los múltiples tópicos a tratar, un interrogante cobró mayor relevancia que los demás ¿cómo construir un nuevo proyecto político en Colombia que canalice, al tiempo, la indignación y la confianza de la gente del común?

El presente texto intenta esbozar brevemente, a manera de propuesta del autor, algunos ejes comunicativos, discursivos y estratégicos generales que podrían servir de hoja de ruta para el nuevo proyecto político –NPP, de ahora en adelante.

El acumulado histórico, los avances recientes del horizonte político alternativo

Las tentativas por sacar adelante proyectos políticos alternativos tienen antecedentes de vieja data en nuestro país: experiencias previas tales como la Unión Nacional de Oposición (UNO), la ANAPO, Firmes, la Unión Patriótica, el Frente Social y Político y el Polo Democrático Alternativo, hacen parte del acervo robusto de colectividades que propugnaron por el cambio, por la transformación en Colombia.

Lo anterior marca un derrotero para clarificar que la configuración de un NPP, en Colombia, no debe construirse en abstracto sino más bien sobre los avances electorales, y de movilización social, que diversos actores denominados “alternativos” han alcanzado a lo largo y ancho del país. Las victorias recientes en diferentes elecciones regionales, realizadas entre 1999 y 2015, en departamentos como Nariño, Cauca, Putumayo, Antioquia, y en ciudades principales como Medellín, Cali, Cartagena, Ibagué, Santa Marta y Bogotá, hacen parte de un acumulado histórico que no puede tirarse a la basura.

Lo mismo sucede en el plano de la movilización social: la fuerza de la MANE, y su lucha por la defensa de la educación pública (2011 – 2013); el paro nacional agrario de 2013; el “cacerolazo” contra la destitución de Gustavo Petro en 2014 y la resistencia indígena en el norte del Cauca, entre otros casos, muestran que la fuerza de la ciudadanía emerge también desde escenarios no proselitistas.

El NPP: recuperar la esperanza, vencer el miedo, desbordar la democracia representativa

Sin embargo, el NPP debe jugar con las cortapisas que el marco jurídico y legal en Colombia ha dejado. Esos limitantes, consignados en la constitución política de 1991, dejan fisuras muy estrechas para que las transformaciones sociales y económicas de hondo calado se hagan realidad.

Si partimos de una praxis realista, el NPP debe evitar crear falsas expectativas transformadoras y ser claro, ante la opinión pública y en su dinámica deliberativa interna, sobre lo siguiente: “no es por falta de voluntad el no poder avanzar lo deseado, sino más bien por la ausencia de márgenes para seguir adelante”.

El NPP debe volver más creativa, propositiva y ciudadana la movilización social y más emancipadora y confiable su forma de disputar los espacios de la democracia representativa; es decir debe desbordar los linderos de las calles y la institucionalidad en sí.

A lo largo de la historia, las fuerzas alternativas a lo establecido en Colombia, en sus versiones radicales o moderadas, han sucumbido ante el establecimiento debido a las concepciones culturales conservadoras que dominan el sentido común del colombiano promedio. Frases como "nosotros o el caos" o “no demos saltos al vacío” han hecho parte del recetario comunicativo del establecimiento para acabar con cualquier proyecto transformador en el país del “sagrado corazón”.

Las presiones democratizadoras encabezadas por una nueva apuesta política, enfrentadas a las fuertes reacciones antidemocráticas, deben ofrecer a la ciudadanía una visión alternativa de país colmada de certidumbre, confianza y seguridad.

Por tanto, construir pueblo y ciudadanía requiere de la conquista del corazón y la mente (seducción cultural/mediática) de quienes siguen secuestrados por el miedo y de aquellos que nunca acuden a las urnas.

Los casos paradigmáticos de la “ola amarilla”, encabezada por Carlos Gaviria en 2006, y de la “ola verde”, liderada por Antanas Mockus en 2010, demuestran que SI ES POSIBLE construir una narrativa de la victoria que esperance a las mayorías, que devuelva la ilusión a quienes nunca la tuvieron.

El NPP se escribe con V de Victoria…y con R de Ruptura

La gente de a pie sueña, subsiste con lo mínimo y, sobre todo, quiere recuperar el anhelo de ganar. Por eso ellos, los electores, militantes y simpatizantes del NPP, no se conformarán con un proyecto político futuro ideado para dejar una "constancia electoral histórica", colmada de “oposicionismo” y derrota.

Lo anterior deja claro que si un NPP se propone dicotomizar el campo político entre la “elite” o la “oligarquía”, enfrentada a la gente del común debe romper con la cada vez más caduca disyuntiva izquierda-derecha, y así soñar en agrupar a las mayorías sociales del país.

Estar al rincón izquierdo del campo político, donde el establecimiento quiere mantener a las fuerzas del cambio, para disputar con decenas de fuerzas políticas el monopolio del 10% del electorado, solo es el camino directo hacia la marginalidad.

El NPP debe ser una fuerza horizontal, capaz de articular demandas particulares y construir nuevos significantes vacíos, identidades, nuevos sentidos y hacer converger a un puñado de liderazgos populares-territoriales. Por tanto, para que dicha pluralidad y fuerza creativa emerja, es menester renunciar y acabar con preceptos y lógicas creadas previamente.

Al crear un nuevo paradigma de articulación se destruye el modo previo, excluyente, vertical y minoritario, tanto en lo discursivo como en lo organizativo, heredado del dogmatismo de la izquierda tradicional. No es romper con todo tipo de armazón organizativa interna, sino atravesar e incluir al conjunto de actores de la sociedad, democratizando la estructura, politizando, acabando con la liquidificación de votante/consumidor creada por el marketing, el famoso “votante de opinión”.

La narrativa del cambio y la transformación, del proyecto político en ciernes, tiene que lograr que sus votantes/simpatizantes, y la gente del común en general, pueda imaginar al anhelado NPP gobernando de manera idónea, solvente, con una irrenunciable vocación de poder. Ya no es suficiente con la foto en blanco y negro de las banderas rojas de la revolución, se hace más preciso pensar en el retrato de la re-evolución multicolor. Manos a la obra, el futuro es ahora…

Un nuevo proyecto político

2:37:00 p.m. Add Comment

El presente texto, realizado por Juan Camilo Lee Penagos, hace parte de la serie "reflexiones sobre un Nuevo Proyecto Político en Colombia", artículos que recogen el espíritu y contenido de los debates desarrollados en el Encuentro realizado los días 14 y 15 de enero en la ciudad de Cali, con un grupo de jóvenes y algunos colaboradores veteranos. 

Por: Juan Camilo Lee Penagos / Democracia en la Red


Colombia, ese particular país, esa bella esquina del mundo, esa abigarrada historia, ese lugar de la hecatombe. Colombia, ese crisol de fauna, flora y humanidad, de sufrimiento y esperanza. Colombia, ese territorio de ingenio y brillantez, de maldad y corrupción. Colombia, ese claroscuro, está cambiando. Y depende de nosotros, sus habitantes, sus tenaces habitantes, que su metamorfosis y su evolución lleve a que la vida allí, en sus páramos, en sus playas, en su selva, en sus ciudades, en sus montañas, le haga justicia al tamaño de nuestra esperanza, que sorprendentemente aun palpita -y duro- en cada uno de nosotros.

Durante años, décadas, centurias, nuestro territorio ha sufrido la inclemencia del egoísmo y el terror de la impunidad. Pero en este momento de nuestra historia creemos que es posible un cambio, creemos que es posible actuar para hacer de nuestro país un lugar vivible para todos, no sólo para algunos. No sólo para aquellos que con descaro y sevicia se nutren de la hambruna de los niños, no sólo para aquellos que revitalizan su codicia enfermando a sus compatriotas, no sólo para aquellos que siembran espanto en las tierras en donde antes crecían familias, no sólo para aquellos que pavimentan su ansia de poder robando contratos y aceptando sobornos, no sólo para aquellos que son doctos en profundizar la ignorancia de la gente. Colombia puede ser vivible para todos sus habitantes.

Es, pues, con la necesidad de que aquellos miserables abandonen los lugares de poder que vienen ocupando desde hace tanto tiempo, y el deseo de que Colombia se sirva a sí misma, que creemos que es necesario hacer algo. Ahora es el momento. Enfrascados en la resolución de una guerra vieja, o en el intento infame de continuarla, ellos están distraídos. Los habitantes de Colombia podemos aprovecharnos de su torpeza actual y sacudirnos de una vez por todas el aletargado peso muerto de su obstinación y su ceguera frente a lo que necesitamos. Pero lo primero que necesitamos es, entonces, saber que es posible: hagámoslo. Y es posible porque ya no necesitaremos explicar el país en los términos que ellos han impuesto a través de sus canales, periódicos y tweets, o en los términos de su violencia, porque toda esa mentira se está cayendo frente a los ojos de todos nosotros. Sus engaños hacen agua.

No se trata de intentar, por enésima vez, las viejas fórmulas. No. Se trata de sumar esfuerzos, de lograr consensos, de articular procesos, de escuchar ideas: en últimas, de re pensar el país y el mundo, desde una multiplicidad de miradas. Inventemos, pues, las palabras para nombrar nuestro futuro. Diseñemos entre todos el mapa de nuestros deseos. Despejemos mano a mano la ruta a seguir. Porque somos capaces de fundar los cimientos de un proyecto que nos una, porque sólo unidos podremos derrotar a aquellos que tienen a Colombia derrotada, porque unidos somos más. Nuestro esfuerzo principal será construir una casa, un techo amplio que nos proteja a todos de las inclemencias del mundo actual: hagámoslo.

No será fácil, ni será rápido, ni se hará a través de las herramientas habituales.  Tal vez, debamos incluso inventar las herramientas, o utilizar las que apenas estamos aprendiendo a reconocer. Nuevas formas de organización ecologista, la adaptación a nuestros días del conocimiento ancestral, la indignación ignorada del ciudadano del común, las luchas por la libertad de nuestros cuerpos, las propuestas de resistencia social, los empresarios que quieren una Colombia digna, la lucha de los jóvenes por una educación de calidad y gratuita, los políticos honestos que desde sus distintas posturas quieran hacer una política decente: necesitaremos de todos, los invitamos a todos: hagámoslo. Paso a paso. A través de cambios pequeños, visibles, significativos.

Sabemos que Colombia no está aislada y que sus problemas responden también a lo que sucede en todo el globo. Y porque creemos que es necesario pensar el mundo para entender a Colombia, y entender a Colombia para actuar en cada uno de nuestros territorios, y actuar en cada uno de nuestros territorios para hacer de la vida algo digno y precioso, también proponemos que nos proyectemos como un proyecto político consciente del momento histórico de la humanidad: decimos no al fundamentalismo religioso, no al consumo desaforado e irresponsable, no al racismo, no al machismo, no a la explotación laboral, no a las políticas dogmáticas.

Porque Colombia debe servirse a sí misma, porque unidos somos más: hagámoslo.

Y pensado que es necesario aterrizar nuestras esperanzas y hacerlas posibles, planteamos las siguientes propuestas concretas:

·      * Organizar un nuevo movimiento político cuya consigna sea la lucha contra la corrupción en un sentido muy amplio: corrupto el que roba el erario público, el que perpetúa la guerra, el que discrimina, el que es machista, el que quiere imponer sus creencias, el que traiciona a la gente del común, el que explota la naturaleza sin medida.

·      * Defender el Acuerdo de Paz con las Farc y el que posiblemente se de con el ELN como una forma de dejar atrás a la vieja Colombia, sin necesidad de tomar partido por ninguno de los bandos. Todo aquel que intente perpetuar la guerra es un corrupto que deberá ser perseguido y juzgado. Porque no queremos más víctimas, no permitiremos más victimarios.

·     * Proponer un encuentro de todo tipo de movimiento social que esté dispuesto a asumir una nueva forma de hacer política, que esté dispuesto a compartir desde la diversidad la propuesta de luchar por una Colombia que se sirva a sí misma. Porque juntos somos más.

·      * Rescatar el conocimiento ancestral y lo que pueda aportar para que la política sea un instrumento real y útil para mejorar la vida de todos los colombianos, de maneras concretas, protegiendo a sus portadores actuales, respetando sus territorios y reconociéndolos como actores políticos.

·      * Luchar por una educación pública gratuita y de calidad en todos los niveles de formación, desde jardín infantil, hasta post doctorados.

·      *  Exigir una salud pública de calidad y gratuita para todos los habitantes de Colombia.

·      * Plantarse duro frente a la precarización laboral y frente a la explotación indebida y corrupta de la mano de obra de los trabajadores colombianos.

·      * Fortalecer la participación ciudadana y el empoderamiento de las organizaciones sociales, de manera que los gobernantes aprendan a “mandar obedeciendo”.

·      * Apoyar autónomamente al candidato en las elecciones de 2018 que se plantee por fuera de la polarización Santos-Uribe y que esgrima consecuentemente una bandera anti corrupción y coherente con los planteamientos de este nuevo proyecto político.

Porque ellos están distraídos con los entuertos que han venido forjando desde hace más de 50 años, porque es hora de que Colombia se sirva a si misma, porque juntos somos más:
Hagámoslo!





En defensa de la esperanza

5:07:00 a.m. Add Comment

El presente texto, realizado por Juan Carlos Lozano, hace parte de la serie "reflexiones sobre un Nuevo Proyecto Político en Colombia", artículos que recogen el espíritu y contenido de los debates desarrollados en el Encuentro realizado los días 14 y 15 de enero en la ciudad de Cali, con un grupo de jóvenes y algunos colaboradores veteranos.  

Por: Juan Carlos Lozano / Democracia en la Red

No son pocos los años ni los actores que han luchado por cambiar la realidad político –social de Colombia, en desarrollo de esta lucha nos sobran muertos, mutilados, desaparecidos, guerrillas y por qué no, movimientos. Hasta el momento, hemos llevado una lucha que no ha logrado unir nuestras fuerzas en pro del cambio.

La idea de cambio para el país tiene una nueva oportunidad ante los sucesos presentados a partir de la negociación con las guerrillas y la crisis profunda de los partidos políticos del establecimiento colombiano. La corrupción es el personaje central de la decadencia del sistema capitalista criollo que asfixia a través de impuestos y demás al grueso de colombianos de a pie, mientras, exonera los grandes capitales.

Los movimientos que luchan en pro del cambio pueden tener mayor impacto si es posible tejer lugares comunes. Estamos de acuerdo en las inequidades que favorecen a las élites, en la difícil situación de comunidades enteras que sufren a manos de multinacionales que vienen por nuestros recursos naturales. Asimismo, estamos de acuerdo en que la desigualdad cada vez amplía más la brecha entre unos y otros. Nos une el clamor de tantos de ruana que ven como la justicia se ensaña contra ellos. Nos unen motivos, indignaciones, luchas, clamores y el firme deseo de abogar por un cambio que tenga como protagonistas a los grupos de ciudadanos, ONG, movimientos, partidos y demás manifestaciones en pro de un cambio. Pero no un cambio a la manera de las élites donde todo cambia para que la realidad siga igual.

La tarea inmediata que tenemos ante nosotros sería entonces: buscar la unión de los dispersos. Lo anterior debe tomar muy en cuenta que las actuales fuerzas políticas que detentan el poder y las que aparecen firmes en sucederlo, representan la profundización de un modelo que afecta los intereses de las clases menos favorecidas y el medio ambiente en detrimento de pueblos ancestrales entre otros lastres.

Todos aquellos interesados en qué este país salga de la inequidad del statu quo, deberían proponerse un debate en torno a la construcción de un acuerdo que permita la coexistencia de todos los que abogan por el cambio; hasta el momento la lucha de los movimientos y partidos de izquierda y demás organizaciones, ha estado marcada por la no solución de las diferencias y la imposibilidad de articular visiones y propuestas. Tenemos con qué dar la lucha contra las maquinarias de los políticos profesionales en contubernio con contratistas que buscan el poder para continuar con la dinámica de 200 años de “democracia” a la colombiana.

En este momento clave para el futuro del país, es vital acercarnos, debatir, ponernos de acuerdo en lo mínimo y al mismo momento, en lo fundamental. La instrumentalización de la lucha social con fines electorales, debe ceder paso a la construcción conjunta de un proyecto que basado en unas propuestas claras y posibles, apunte en la dirección de un cambio de rumbo.

La construcción y puesta en marcha de un proyecto político que aglutine fuerzas, voluntades, indignaciones, proyectos y sueños está en nuestras manos. 


Para eso estamos aquí.