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Diego Maradona: semblanza de una deidad de potrero.

5:22:00 a.m. Add Comment




Podría ser demasiado precipitado cambiar su célebre frase “la pelota no se mancha” por un escueto “la pelota nunca rodará igual”, pero este año nos sorprende de forma tan desagradable que no hay que negarnos a lanzarnos al vacío, más después de la herida profunda que ha dejado la partida del Diego, la deidad de potrero que ha cambiado por completo la retina y el corazón de quienes le debemos gratitud al deporte más ingrato del mundo.

Por: Felipe Pineda Ruiz / Democracia en la Red

"No me importa lo que haya hecho con su vida, pero cambió la mía”, con esta escueta frase el siempre crudo caricaturista rosarino Roberto Fontanarrosa definía a Diego Armando Maradona, recientemente fallecido de un paro respiratorio en la ciudad de Buenos Aires, a la edad de 60 años. Muchas conjeturas se tejieron durante décadas sobre el ídolo argentino, la mayoría relacionadas con los episodios más oscuros de su vida personal: su tóxico vínculo con su apoderado Guillermo Coppola y la “camorra” del sur de Italia, que devino en su adicción a la cocaína; sus constantes cambios de ánimo; su tortuosa relación con cierto sector del periodismo; sus continuas peleas con la cúpula de la FIFA, controlada por el brasileño Joao Havelange y el suizo Joseph Blatter en su época de jugador; su eterna pelea con el establishment mundial; su amistad personal con Evo Morales, Fidel Castro, Hugo Chávez, y Gabriel García Márquez, que le valió la etiqueta de “izquierdista”.

 

Al margen de estas tendenciosas vicisitudes, de las cuales se ocupa la gran prensa por estos días, a Maradona se le debe recordar por sus centenares de momentos de magia que brindó en la cancha, por las gambetas de sus comienzos en el club infantil “cebollitas” y en el modesto Argentinos Juniors, por los rivales dejados sin contemplaciones en el césped durante su paso por Boca Juniors, por callarle la boca a un puñado de jugadores veteranos que semanalmente lo ninguneaban en su primera etapa como futbolista (Gatti, Perfumo, Pasarella), por soportar los golpes más bajos, por parte de sus rivales, en el balompié “todovale” de los años ochenta europeo, por devolverle la fe a un modesto equipo del Sur de Italia (Nápoli), quien para esa época (1984) tenía por costumbre arrodillarse y sucumbir ante las poderosas escuadras del norte del país (Juventus, Milan, Inter).

 

Y es precisamente en esta ciudad, Nápoles, donde el mito de Maradona emergió para doblegar el ego de la Italia rica, la de las escuderías y fábricas automotrices, y lograr que los “Partenopeos” obtuvieran lo impensado hasta ese momento: dos scudettos de la Liga Italiana y una Copa de la UEFA, en una era dominada por la poderosa Juventus de la FIAT, Trapatoni, Platini, Boniek, y Laudrup; el Milan de los holandeses (Gullit, Rijkaard, Van Basten); y el Inter de los alemanes (Matheus, Brehme).

 

Y no es poca cosa: Maradona brilló en los años ochentas, una era aciaga para el espectáculo del fútbol mundial. La liga italiana no fue la excepción: el diez soportó casi en silencio los rigores del “cattenacio” y la inclemencia de sus adversarios, con la camiseta del Nápoli, ante la mirada cómplice de decenas de árbitros que permitían que los defensores molieran a patadas al Diego en cada cancha, en cada finta, en cada corrida. Sin embargo, aquello no impidió que los Taconi, los Zenga, los Galli, o los Illgner, y otros goleros con menos pergaminos, cayeran durante seis años rendidos a sus pies, humillados a pedir de boca cada domingo.

 

Mi primer mundial, de la mano del Diego.

 

En el ocaso de aquellos años de Maradona, por los estadios del Calcio, llegó la Copa del mundo de Italia 90. Todavía me acuerdo, vívidamente, como seguía aquella gesta global con ojos totalmente nuevos. Me quedaba atónito al ver cómo toda mi familia le hacía fuerza a todos los equipos que se cruzaron con la selección Argentina en esos siete juegos. Fue un campeonato de principio a fin mediocre, timorato, defensivo, saldado con el promedio de gol más bajo de toda la historia de los mundiales (2,2 por partido).

 

Juego a juego fui testigo de los insultos de mis congéneres contra Argentina, apoyando rabiosamente a Camerún, Unión Soviética, y Rumania en la primera ronda. Luego, con más ahínco, los improperios se dirigieron hacia Maradona en los octavos de final, en aquel partido contra el Brasil de Sebastiao Lazaroni, el Brasil de la mayoría de colombianos amantes del hipócrita de Pelé. Varios tiros al palo, y la mala suerte Carioca, se consumaron en una sola jugada, con un solitario gol en el extratiempo. El Diego, después de una excepcional jugada en el medio campo, habilitaba a Caniggia para vencer a Tafarel, ante el asombro de tíos, primos, y hasta abuelos.

 

Lo mismo sucedió en los penales contra Yugoslavia e Italia, cuartos de final y semifinales respectivamente, en donde tímidamente uno que otro familiar hincha de Millonarios le hacía barra al portero de los “gauchos”, Goicoechea, más no a la albiceleste, celebrando cada tiro desde los 11 pasos atajado por el ex golero albiazul con cierta vergüenza.

 

Maradona jugó con el tobillo inflamado esos siete partidos, infiltrado para no sentir el dolor de las patadas propinadas por los múltiples rivales que enfrentaba, acumulando el record de fouls a un solo futbolista en un certamen (45 en total). La final no fue la excepción en lo que a marcajes bárbaros se refiere. Aquella derrota Argentina, dirigida por el árbitro mexicano Edgardo Codesal, recordado por condicionar a Maradona desde los himnos, fue un festín de patadas obscenamente escalonadas por los alemanes Kohler, Bremhe, Augenthaler y Buchwald, ávidos todos de venganza por lo sucedido en la final de México 86.

 

Los golpes sufridos durante los seis partidos restantes hicieron mella en el rendimiento de Maradona en ese partido, quien no pudo revalidar el título conseguido cuatro años atrás de la mano de Carlos Salvador Bilardo, quien relanzó su carrera y su rol dentro de la cancha.

 

1990 en adelante: el ocaso de la deidad llamada D10s.

 

Después de Italia 90 vino el declive para el dios del futbol: en 1991 dejó Nápoli, en un vuelo incógnito a media noche, después de haber dado positivo para cocaína en un rutinario control antidoping ante el Bari. En 1992, luego de la suspensión, aterrizaría en Sevilla para ser dirigido por Bilardo, su adorado tutor, en un fugaz paso cuyo resultado fueron 30 partidos y 7 goles. En 1993 vuelve a la Argentina para vestir, durante solo 8 partidos, la camiseta del Newells Old Boys de Rosario. En 1994 disputa el Mundial de Estados Unidos, el torneo del impresionante gol a Grecia en primera ronda, donde da positivo por cocaína después de aquella recordada contienda.

 

Podemos decir que los años posteriores de Maradona fueron absolutamente intrascendentes, en especial el periodo 2000-2018. Sin embargo, nadie hubiera podido imaginar que su reciente paso fugaz por la dirección técnica de Dorados de Sinaloa (2018-2019), equipo de segunda residente en la ciudad sede del cartel de drogas más grande de México, terminaría con un retiro voluntario que facilitaría su última llegada al banquillo técnico de un equipo.

 

La Plata, segunda urbe del Gran Buenos Aires, le abriría sus puertas para que Gimnasia, la segunda escuadra más connotada de la ciudad, después de Estudiantes, lo recibiera con bombos y platillos como su flamante DT. En “el lobo” Maradona logró convertir cada una de sus visitas por las canchas argentinas en una minigira de despedida no planeada, que se saldaría con homenajes en múltiples estadios del país. En el preciso momento que el ídolo de Villa Fiorillo había logrado relanzar su carrera, y alimentar el mito viviente, llega la devastadora noticia de su muerte el pasado 25 de noviembre, mismo día que partió el excéntrico delantero Galés del Manchester United George Best y el combativo líder de la revolución cubana Fidel Castro.

 

Podría ser demasiado precipitado cambiar su célebre frase “la pelota no se mancha” por un escueto “la pelota nunca rodará igual”, pero este año nos sorprende de forma tan desagradable que no hay que negarnos a lanzarnos al vacío, más después de la herida profunda que ha dejado la partida del Diego, la deidad de potrero que ha cambiado por completo la retina y el corazón de quienes le debemos gratitud al deporte más ingrato del mundo.

 



[1] Publicista, investigador Fundación Democracia Hoy. Analista político. Director del Laboratorio de Innovación Política Somos Ciudadanos.

Cambios en la interacción y el comportamiento del ser humano, acaecidos por la extensión global del SARS-CoV-2;

3:37:00 p.m. Add Comment

El pasado (17 de mayo del 2020), se celebró desde la plataforma de comunicaciones virtuales, Zoom, la videoconferencia con el antropólogo e historiador holandés, Fred Spier; y un grupo de sociólogos, historiadores y estudiantes de economía de la Universidad de la Salle, acerca de sus percepciones sobre lo que puede significar en la vida de las personas, la extensión del virus SARS-CoV-2 –en adelante: choque exógeno, choque o crisis– a nivel global. 

Por: Octavio Enrique Isaza Pedreros* / Democracia en la Red

I. INTRODUCCIÓN 

En este sentido, la metodología que se siguió para el desarrollo de dicha conferencia, se abordó a partir de la pregunta: ¿Cuáles son las interacciones y cambios que genera la crisis de la pandemia en la vida de las personas? Sin embargo, el desarrollo de la actividad fue más allá, convirtiéndose en un ejercicio de lluvia de ideas de la percepción de los participantes acerca de la problemática que significa este choque exógeno; debido a la manera cómo se ha abordado a partir de las diferentes instituciones políticas, económicas y sociales. 

De allí que, la hipótesis que surgiera planteara de que el impacto del choque en la dimensión social, se constituye en un incentivo que modifica el comportamiento, interacción y desarrollo humano de las personas; explicado por la rigidez o flexibilidad institucional y por ende cultural, con que los paradigmas económicos y políticos no solo nacionales sino también internacionales, afrontan la coyuntura actual. 

Con este propósito, los argumentos que se siguen, se enlazan a modo de relatoría conforme a las intervenciones desarrolladas por Spier, los docentes y los propios estudiantes; empero, sintetizados de acuerdo al criterio del autor. 

Seguido por un apartado a modo de conclusión en donde se pretende explicar, a la luz del estudio de la ontofilogenia y la psicología evolucionista; de la teoría histórico-genética de la cultura y sociología; y de la teoría económica neoinstitucionalista, las consecuencias sobre la cultura y por consiguiente en el cambio institucional. 

II. LLUVIA DE IDEAS 

En esta perspectiva, es importante preguntarnos sobre el impacto que la crisis supondrá en la forma de relacionarnos como sociedad; a causa de que, de esta circunstancia, dependerá no solo la duración de la misma y por ende la estabilización de los principales indicadores socio-demográficos, socioespaciales y socio-económicos sino que también, la adaptación cultural y en consecuencia el cambio y la reconfiguración de un nuevo orden institucional.

Por consiguiente, el primer rasgo cultural e institucional que se evidencia como punto de partida para establecer el impacto de la crisis en la forma de relacionarnos a nivel global, se deduce del sistema de organización político y económico del área epicentro de propagación del choque exógeno, China. Puesto que, de acuerdo a la estadística matemática, se observa una respuesta clara a partir de su matriz institucional que hace frente de manera contundente al manejo de las tasas de contagio, de mortalidad y de recuperación; patrón seguido por áreas que guardan rasgos culturalmente similares y recursos económicos considerables de los del país asiático: Corea del Sur y Japón. 

De forma que, al contrastar este factor en términos institucionales contra la matriz institucional inmanente al continente europeo, norteamericano y suramericano; se puede establecer de que, este factor puede ser el determinante de precipitar el cúmulo cultural hacia un cambio institucional de la forma de relación social adaptativa en donde a su vez, implícitamente, se observa una respuesta en el cambio institucional en doble vía. 

Así, desde que la crisis abrazó el continente europeo, norteamericano y suramericano, las tasas de contagio, de mortalidad y de recuperación, contrastan cuantiosamente de las de los países antes mencionados. Con esta intensión, se sigue el comportamiento de los países del occidente europeo, en donde las tasas de contagio y de mortalidad, se triplicaron en contraste de las del continente asiático. 

En este sentido, las cifras que indican la manera como España e Italia encararon la crisis; suponen un interrogante entorno al Trinquete Cultural de estos países explicado por la repuesta institucional que se sucedió en el entretanto de la cremación de cadáveres y cavado de fosas comunes. 

No obstante, ante la aporía y sentimiento de negación por las personas que no iban a volver; se formaron nuevas creencias y asimismo costumbres inéditas que, otra vez, hicieron presión sobre la respuesta institucional para soslayar parcialmente el choque exógeno y establecer un marco institucional adaptado. Lo que explica que, no solo se interrumpieran los vínculos sociales sino que también, el sistema de organización económico; trasladando las relaciones económicas, políticas y sociales, a la virtualidad digital tras de un monitor que procura algunos minutos más de vida en una comunidad que mira hacia el horizonte con incertidumbre. 

De otra parte, al contrastar el caso del continente suramericano, particularmente el de Colombia; si bien, la adopción de nuevas costumbres y creencias se derramaron sobre la sociedad de manera más expedita de la de los países europeos; y el comportamiento de las diferentes tasas de salud en contraste evidencian resultados más alentadores; los datos socio-espaciales y socio-económicos, evidencian otra realidad de como la matriz institucional colombiana ha sorteado la crisis. A causa de que, la rigidez del sistema de organización económico colombiano, no le ha permitido establecer un plan de acción firme que responda a las exigencias que se apuntalan desde la oferta y la demanda que componen los diferentes mercados económicos de la Nación.

De tal forma que, el más reciente boletín técnico del Producto Interno Bruto –PIB– del primer trimestre de este año publicado por el DANE, indicara un decrecimiento del orden de (2,4%) en su serie desestacionalizada respecto al trimestre inmediatamente anterior y una pérdida de (5,3 billones). Igualmente, que el último boletín técnico de la Gran Encuesta Integrada de Hogares sobre el comportamiento del mercado laboral en el mes de marzo del mismo año y también publicado por el DANE, evidenciaran movimientos negativos sin precedentes en sus tasas de ocupación y de participación global respecto al año anterior, de (-4) y (-4,7) en variación de puntos porcentuales –v.p.p. –; y positivos en su tasa de desempleo del orden de (12,6%) con una v.p.p. de (1,8); empero, sin contar con que la tasa de desempleo real agregándole la variación del desempleo oculto signifique una tasa de desempleo del orden del (35-40%). 

Cabe resaltar que este impacto del PIB y del mercado laboral, se sucedió como consecuencia de una sola semana de confinamiento obligatorio a partir de la última semana del mes de marzo. Por lo tanto, del quiebre de pequeñas, medianas y grandes empresas que no se quieren endeudar con créditos bancarios ante un futuro incierto; trapos rojos desde las ventanas de las casas de las familias más vulnerables del país clamando por comida; y un retroceso de dos décadas en los indicadores de pobreza y pobreza extrema según los centro de investigación económica; explicados todos ellos, por la rigidez institucional con la que el país responde a las diferentes necesidades.

III. TRANSICIÓN HACIA OTRO MODELO ECONÓMICO 

Ante tal escenario, la pregunta seria, ¿qué podemos hacer como sociedad para mitigar los impactos de la crisis sobre los indicadores socio-espaciales y socioeconómicos; así como de los indicadores de salud? En esta perspectiva, podemos aproximarnos a una respuesta desde la comprensión de la forma en como las personas se relacionan entre sí, para de manera intencional encausar las acciones hacia un fin común que represente un bienestar para toda la sociedad. Acciones que desde la psicología evolucionista suponen la incorporación de nuevas costumbres y creencias sociales que deriven en la evolución de una cultura que establezca un nuevo marco institucional que responda a esta problemática. 

Sin embargo, desde la teoría histórico-genética de la cultura, podemos observar un factor que puede contrastar con este fin, en el sentido de los poderes establecidos en el sistema social, regidos por grupos minoritarios de personas que buscan preservar su posición de poder y Statu Quo. Por ende, que el proceso de evolución cultural social que derive en la conformación de instituciones que permitan el desempeño económico que, signifiquen mayor bienestar social, solo pueda determinarse a través de la disputa del poder previamente establecido. Es decir, del cambio en la manera de relacionarnos.

* Octavio Enrique Isaza Pedreros; Estudiante de Economía; Miembro del laboratorio de iniciativas sociales y políticas – Somos Ciudadanos. 

La democracia después de la Covid-19.

3:24:00 p.m. Add Comment

La coronavirus-(covid-19)- nos ha llevado a preguntarnos ¿Cuál será el futuro de las sociedades globalizadas si siguen aferrándose a un pasado oscuro? ¿Qué pasará entonces con el planeta y la humanidad? 

Por: Janner Sanjuanelo / Democracia en la Red

Sé que en estos momentos se nos pasean en la cabeza muchísimas preguntas, pero a estas dos que he mencionado inicialmente sería pertinente darles respuesta de forma urgente, debido a que el mundo va en camino a la servidumbre y a la destrucción del planeta. Aunque esto suene apocalíptico.

Sin embargo, para darle respuesta a estas dos preguntas; es necesario recurrir insistentemente a la palabra democracia. La cual sabemos, entre muchas otras cosas; la crisis que tiene en el mundo, y que clásicamente la expresó muy bien el político inglés Winston Churchill: “La democracia es la peor de todas las formas de gobierno, a excepción de todas las demás” (1). Esta expresión denota principalmente por un lado, que hay otras formas de gobierno peor que la democracia y, por el otro lado, crea una desconfianza profunda no solo sobre los gobiernos si no también con la participación y la movilización ciudadana.

De igual modo, históricamente esta desconfianza hacia la democracia, la sociedad civil la ha pagado fuertemente. Más aún cuando se asume efectivamente la palabra democracia, al final se impone el consenso. 

En efecto, esto no significa que con el consenso va a desaparecer el conflicto, por el contrario, es el medio a través del cual se tramita la pacificación de los conflictos. En otras palabras, la democracia nos tiene que llevar a construir consenso entre los pueblos y no a recurrir a la violencia. Pues, la democracia es el valor universal que hemos adquirido a través del proceso de la civilización.


No obstante, no está demás señalar que después del covid-19, no podemos continuar con la democracia neoliberal, ya que ha agravado los conflictos étnicos, la disgregación de los estados-nación en regiones multinacionales, el incremento de las desigualdades y la reducción de las libertades. Esta “difusión de la democracia” (2) no es la que necesitamos, va en contra de la humanidad y del planeta. Esto puede ser “la mejor razón para aprender historia: no para predecir el futuro, sino para desprendernos del pasado e imaginar destinos alternativos” (3).

Ahora bien, para contestar las preguntas mencionadas anteriormente, y por mucho que la democracia esté en crisis, hay que tomar la palabra para crear un mundo posible a favor de la humanidad y del planeta. Asimismo, el gran avance del desarrollo de la ciencia y la tecnología que existe, promueva nuevas fuentes de empleo y no para sustituir la mano de obra por la de robots ni tampoco que sea usada para domesticar y eliminar las emociones de la especie humana. También, la tecnología es clave para reducir el calentamiento global y salvaguardar nuestro planeta. Para eso, además, se requiere cooperar con medidas globales, ya que la covid-19 reafirma sin lugar a duda el mundo globalizado.

Aunque la covid-19 ha profundizado la crisis de la globalización económica, social, y política en el mundo podemos seguir tramitando nuestras diferencias por la vía de la democracia. Y para que funcione es conveniente que sea anti-populista y anti-elitista tal como la experimentó en aquel entonces Estados Unidos para salir de la Guerra Civil de 1861 al 1865, y tanto fue que el francés Alexis de Tocqueville; la llamo la democracia en América.

Notas

(1) Esta expresión fue extraída del texto: Guerra y paz en el siglo XXI, del historiador Eric Hobsbawm, p. 128. Además, el historiador le hace básicamente un cuestionamiento a la democracia liberal.

(2) Expresión es acuñada del historiador Eric Hobsbawm en el texto: Guerra y paz en el siglo XXI. (Buenos aires; Editorial Argentino, 2012).

(3) Yuval Noah Harari. Homo Deus; breve historia del mañana. (Bogotá; Penguin Random House Grupo Editorial, 2016) P. 79.

Preguntas al presidente Duque y su gabinete (III)

10:48:00 a.m. Add Comment

Presidente, no puede usted hacer política sin ahorrar ningún recurso a su alcance y pedir a los demás que no la hagan, o plantear que la única forma de hacerla es rodearlo a usted y a su gobierno. Nada en la sociedad es ajeno a la política, ni el manejo de las pandemias.

Por: Luis I. Sandoval / El Espectador

Presidente: patético resultó la semana pasada que mientras usted, sus ministros y otros altos funcionarios entregaban “buenas noticias”, explicaban el “gran esfuerzo” y pasaban videos con “testimonios” de personas agradecidas, el país se estremecía con las demandas no atendidas de pobres de siempre y de nuevos pobres, las protestas más que justas del personal de salud que trabaja en condiciones lamentables, el reclamo de empresarios medianos y pequeños a quienes los bancos no les prestan, el afán de muchos compatriotas en plan de regreso al país desde lugares lejanos, la angustia de miles de reclusos ante la expansión del contagio en cárceles que siguen atiborradas…

El gobierno en pantalla parecía la orquesta que toca hermosas partituras mientras el Titanic se hunde, o el carrusel que sigue girando alegre con sus caballitos saltarines mientras todo se conmociona a su alrededor. La semana pasada fue también la de inicio de sesiones virtuales del Congreso de la República, el debate entre expertos sobre la forma de financiar la emergencia y el examen público del  momento y las condiciones en que puede procederse a flexibilizar la cuarentena para la reactivación de algunos sectores económicos. Todo informatizado…  

Abierta la columna han llegado numerosas y valiosas contribuciones. Más preguntas. Hay mucho tema... Dedico el limitado espacio a tocar, solo eso, la financiación de la emergencia, el lugar privilegiado de los bancos, la corrupción voraz que ya sacó las orejas, y el ineludible tema de la política siempre presente donde quiera que está en juego el interés de una sociedad espléndidamente plural pero al mismo tiempo escandalosamente desigual. Breves aperturas a enormes temas.

Presidente, el sector financiero ha sido el primer beneficiario de las medidas tomadas por usted ante la llegada del COVID-19 (106 decretos). Todo está sometido a su intermediación, su condicionamiento y su ganancia exorbitante. Hasta usted tuvo que reconocer que hay bancos “vampiros”. ¿Por qué no asumir una política decidida y enérgica de monitoreo e intervención de los bancos para disponerlos a otorgar crédito a quien lo necesite con el dinero, ¡30 billones!, que ya les ha depositado el Gobierno? Importantes propuestas han hecho al respecto los senadores David Barguil, Jorge Robledo, Rodrigo Lara y Gustavo Petro, entre otros.   

¿Por qué no tomar en cuenta propuestas hechas por expertos tan notables como Mauricio Cabrera, Mauricio Cárdenas y José Antonio Ocampo? Ellos plantearon en reciente videoconferencia de LIDES: exenciones otorgadas por ley de financiamiento a grandes empresas se pueden aplazar por dos años; preferible financiamiento primario, es decir, préstamos directos del Banco de la República al Gobierno, no compra de deuda a través de los bancos los cuales, con ese procedimiento, han obtenido ya una ganancia fácil del orden de los $500.000 millones de pesos.

¿Por qué no tomar en cuenta el acuerdo hecho en Chile y la política sobre  bancos del gobierno de Portugal? En Chile hubo acuerdo Bancos-Gobierno para bajar tasas de interés. En Portugal “la banca no puede querer ganar dinero con la crisis, lucro cero en el ejercicio 2020 y 2021”. ¿Por qué no pasar de auxilios de 75.000 (devolución IVA) y 160.000 pesos (ingreso solidario), que para muy poco alcanzan, y proceder a un apoyo de un salario mínimo, para 10 millones de hogares (8.7 billones) que dependen de la economía informal, cuentapropistas e independientes? Propuesta generada leyendo pronunciamiento del Comité Nacional de Paro del 14 de abril.

Presidente, las que usted llama “ratas de alcantarilla” volvieron más activas cuando apareció el primer peso para la emergencia y ahora pululan por doquier. Los propios órganos de control -Contraloría, Procuraduría y Fiscalía-, en acción conjunta contra la corrupción, están haciendo graves descubrimientos y comienzan a adelantar investigaciones y a adoptar correctivos. Un Ministro, el de Agricultura, será investigado, un Gobernador, el De Chocó, fue suspendido, un alcalde, el de Calarcá también suspendido. 31.928 contratos comenzaron a ser examinados con lupa. Solo una ciudadanía vigilante hará que se espanten las ratas, que no se quede todo en “investigaciones exhaustivas”…

Presidente, no puede usted hacer política sin ahorrar ningún recurso a su alcance y pedir a los demás que no la hagan, o plantear que la única forma de hacerla es rodearlo a usted y a su gobierno. Nada en la sociedad es ajeno a la política, ni el manejo de las pandemias. Admiro su afán por acertar ante la inédita situación en que estamos pero, por favor, la interlocución necesaria del Presidente de Colombia, más que con el Presidente Trump, es con su propia sociedad para comprender su clamor, para buscar acuerdos y aún, ¿por qué no?, para avanzar en la transición de la república elitista en bancarrota a la república democrática que anhela el país nacional.

Nota: se espaciará un poco la aparición de esta columna en el trimestre siguiente por trabajos pendientes que es preciso terminar. Agradezco la comprensión de los lectores. LS. 

Whatsapp: 3112281812. luis.sandoval.1843@gmail.com

Narrativas en disputa: comunicación política en tiempos de Covid19.

7:09:00 a.m. 1 Comment

En suma, la pandemia de la Covid-19 ha servido para que la comunicación política alternativa consolide una plataforma de reflexión y acción que contrarreste el inmovilismo, y permita que perspectivas teóricas contrahegemónicas emerjan para disputarle el sentido común al modelo cultural y económico dominante
Por: Felipe Pineda Ruiz[1]  
El desenfreno de nuestros días no se vive únicamente en las interminables rutinas modernas, caracterizadas por jornadas más prolongadas, y desplazamientos cada vez más largos hacia los lugares de trabajo.
La comunicación, el transporte y, quien lo creyera, los virus, también se han contagiado de ese azaroso vértigo de nuestra atareada modernidad.
El Síndrome Respiratorio Agudo Grave (Sars-Cov-2), más conocido como Corona Virus, Covid-19 (de ahora en adelante),  apareció en la ciudad de Wuhan (China), a finales del año 2019, siendo la primera epidemia expandida en cuestión de días en toda la historia. Mientras sus predecesoras peste negra (siglo XVIII), cólera (siglo XIX) y gripe española (XX) llegaron a otros continentes en largos y lentos viajes por barco, la Covid-19 se expandió en horas, por todas las latitudes del planeta vía aeropuertos.
La Covid-19, es la primera pandemia vivida por los seres humanos a nivel global en la era digital, pues el Sars, el H1N1, y la gripe aviar no lograron alcanzar dicha magnitud.
Esta coyuntura de la epidemia ha servido para enfrentar a dos narrativas antagónicas, desde el terreno de la comunicación política: la del statu quo por un lado, y la de partidos y movimientos anti hegemónicos por el otro.
Dicha disputa por el relato, le ha servido al poder global para asimilar la actual coyuntura a una mediada por la guerra, en donde las metáforas bélicas pululan y emergen como respuestas discursivas desde los Estados, no solo para prepararlos institucionalmente para la crisis, sino para blindar y acorazar psicológicamente a sus conciudadanos. Palabras como lucha, combate, batalla, y términos nuevos como aplanar la curva, paciente cero, y estado de alarma hacen parte del marco discursivo con el cual diferentes Gobiernos se enfrentan a un enemigo invisible al que resulta difícil de atacar. 
Dicho marco discursivo belicista es acompañado de una narrativa estatista basada, según el argentino Cristian Secul, al estudiar el caso argentino, en 4 pilares:  Estado, solidaridad, unidad y ética. Para el autor, estos 4 ejes están configurados como un "basamento trascendental (de cuidado, de resguardo, de contención), donde la función solidaria opera desde la integralidad y es la piedra fundamental de “la lucha contra el hambre en la Argentina”; la unidad es la clave para alcanzar el renombrado “Pacto Social” o “Contrato Social” que consolide el cierre de la grieta (al menos, en términos de relato de enemistad); y, por último, la ética es la pasarela que permite alcanzar la justicia y la capacidad fraterna en las acciones” [2]
A pesar del despliegue mediático e institucional, las limitaciones de los discursos militaristas y estatistas de la pandemia han quedado en evidencia ante la inadecuada gestión de la crisis, y ante la imposibilidad de responder a las preguntas ¿qué hacer si la “guerra” se prolonga? ¿Que respuestas estructurales pueden ofrecer más allá del influjo ideológico-comunicativo? ¿cómo hablarle de lucha y combate a los enfermos si las unidades de cuidados intensivos son insuficientes y mal dotadas?
Es allí donde ambos discursos para afrontar la pandemia, tanto el militarista como el estatista, han encontrado una válvula de escape: recurrir a los Estados de sitio y/o excepción para derrotar al enemigo interno, en este caso el Covid19. Acuñado en 2007, por la periodista Naomi Klein, en su libro con el mismo nombre, la "doctrina del shock” emerge como la salida calculada y drástica del poder económico y político mundial para las guerras, crisis y catástrofes emergentes. 
Probado en las dictaduras del cono sur, en la lucha contra el terrorismo contra Al Qaeda, en el huracán Katrina, en la crisis económica norteamericana (2008) y Europea (2011-2015), y en nuestra versión local en la lucha contra las Farc, este mecanismo ha dotado de herramientas al poder global para decretar medidas económicas y sociales contra las mayorías en tiempos excepcionales, valiéndose del miedo inducido a las poblaciones desde los medios masivos de comunicación. [3]
En esta coyuntura, esa noción del shock, de la conmoción, se expresa mediante la limitación de las libertades individuales y económicas de las personas, traducida en cuarentenas prolongadas, paquetes de medidas económicas excepcionales, transferencia de multimillonarios presupuestos estatales al sector financiero global, militarización de las calles, penas de muerte inducidas en las cárceles y poderes plenipotenciarios a las fuerzas armadas de los estados para cometer todo tipo de arbitrariedades. 
Sin embargo, a diferencia de otros periodos marcados por la guerra, la epidemia, y las hambrunas, las sociedades cambiaron al igual que la comunicación: del rígido verticalismo que la dominaba hasta mediados de los años 90, en donde las cadenas nacionales, los canales de noticias por cable y los periódicos oficialistas dominaban el grueso de la comunicación, y transmitían solamente los mensajes gubernamentales, pasamos a la era digital regida por internet, en donde millones de personas pasaron de ser consumidores de información a productores y consumidores de la misma (prosumidores[4]). Este fenómeno explotó principalmente al fragor del auge de las “.com” a finales de los años 90 y principios del 2000 (web 1.0). Posteriormente aparecieron las redes sociales, Facebook, twitter, hi5, myspace, para hacer que dicha interacción se volviera todavía más dinámica y veloz.     
La irrupción de las redes sociales logró que el activismo y la comunicación en redes se tradujera en la organización horizontal de plantones y manifestaciones políticas multitudinarias a lo largo del planeta. Casos paradigmáticos como la primavera árabe, Occupy Wall Street (EE.UU), y los indignados en España, convirtieron la comunicación digital en movimientos políticos a lo largo y ancho del planeta. De ese proceso, de ascenso movilizatorio y de reconstrucción de sentido, aparecieron partidos como 5 Estrellas (Italia), Syriza (Grecia), Podemos (España) y los Socialistas Demócratas de América, ala adherida al Partido Demócrata liderada por Bernie Sanders.
Y han sido precisamente las redes sociales las que cambiaron la correlación de fuerzas en esta coyuntura actual, dominada por la Covid-19. En los epicentros de las democracias occidentales, y en sus periferias, cada vez es más difícil ocultar las cifras, los muertos, las negligencias y los actos de corrupción. La velocidad fluye más rápido que la censura misma, las redes se han encargado de evidenciar las grietas de los estados de bienestar, así como el hambre y la pobreza estructural, en decenas de países.
Dicha pobreza endémica, que la Covid-19 desveló, ha desentrañado el fracaso del modelo económico hegemónico global en sí, poniendo en evidencia los límites del neoliberalismo. La crisis, a su vez, ha servido para poner en el eje central del debate la desigualdad imperante y para convertir en colectivo, y multitudinario, el sufrimiento individualizado de ese “sálvese quien pueda” que fragmenta los lazos de fraternidad y cooperación. Los cacerolazos en diferentes lugares del mundo, y la solidaridad entre vecinos, restablecen el tejido social perdido por décadas en tiempo presente.
Asimismo, la dinámica de las redes, y de la multiplicidad de medios de comunicación contrahegemónicos y alternativos moderados -The Guardian, Washington Post, Publico.es, The Telegraph, La Silla Vacía, por citar algunos ejemplos- ha sido la que ha permitido poner en evidencia la verborragia discursiva y la incapacidad del populismo de derechas -Trump, Orban, Añez, Bolsonaro-, del populismo de izquierdas -López Obrador, Ortega, Maduro-, y del neoliberalismo de centro -Macron, Duque, Merkel, Piñera- para dar soluciones concretas a las prioridades de la epidemia -reducir el número de infectados, aumentar la capacidad instalada de los hospitales, dotar a las UCI de ventiladores-.
No obstante, el populismo de derechas ha intentado utilizar la coyuntura como caldo de cultivo para exacerbar múltiples nacionalismos y poner en el centro la noción del enemigo interno y externo. Tal como lo señala Slavoj Zizek en reciente artículo “La actual expansión de la epidemia de coronavirus ha detonado las epidemias de virus ideológicos que estaban latentes en nuestras sociedades: noticias falsas, teorías conspirativas paranoicas y explosiones de racismo”.[5]
Como respuesta, la ciudadanía crítica en diferentes lugares del planeta ha logrado viralizar en tiempo real el desprecio de Trump y Bolsonaro por la ciencia y por los efectos de la Covid-19. Millones de personas han podido ver, comentar y compartir en redes el video de Trump cambiando su tono con respecto a la pandemia[6], y el de Bolsonaro refiriéndose a ella despectivamente como una “simple gripa”[7]
De igual forma la comunicación digital, tan viral como el Covid19, ha permitido que la acción presencial de las veedurías, ongs, colectivos, sectores políticos de oposición, y grupos de presión, se realice desde las redes sociales. Como resultado, los organismos de control estatales han canalizado parte de esas denuncias de corrupción para hacer seguimiento y hacer alertas tempranas[8]. En el caso colombiano no hubiera sido posible evidenciar como diferentes gobiernos locales en el país están incurriendo en sobrecostos en las ayudas a poblaciones vulnerables, ni desvelar como están realizando gastos suntuosos en campañas de comunicación, análisis de medios, publicidad institucional, y pancartas y cartillas, rubros lejanos de las prioridades que exige la pandemia. Muchos de esos contratos han podido ser revertidos gracias a la presión ciudadana.
De otra parte esta coyuntura ha servido también para que la biopolítica, o relación entre la vida biológica y la intervención política, gane protagonismo. En “Biopolítica y Coronavirus”, el filósofo italiano Roberto Esposito señala como ese proceso dual de medicalización de la política y politización de la medicina vuelve a tomar lugar a raíz del Covid19 cuando afirma que "la política, desvaneciendo sus coordenadas ideológicas, ha acentuado cada vez más un carácter protector contra riesgos reales e imaginarios, persiguiendo temores que a menudo se produce a sí misma. Por otro lado, la práctica médica, a pesar de su autonomía científica, no puede dejar de tener en cuenta las condiciones contextuales dentro de las cuales opera. Por ejemplo, las consecuencias económicas y políticas que determinan las medidas sugeridas”[9]
Este proceso dual también ha afectado a la comunicación: así como los tecnócratas, políticos, intelectuales y economistas han tenido que aprender sobre la pandemia, los médicos han tenido que adaptar su forma de comunicar los tecnicismos de su área para hacerlos legibles e interpretables para las personas del común. Sin embargo, la comunicación científica también ha sido contagiada por esa inmediatez viral de las redes, al verse afectada por la publicación exprés de documentos no revisados en repositorios, ni por pares. Esta rapidez ha traído como consecuencia la proliferación de cadenas de whats app con estudios falsos sobre la pandemia o preprints difundidos sin comprobación alguna.
En suma, la pandemia de la Covid-19 ha servido para que la comunicación política alternativa consolide una plataforma de reflexión y acción que contrarreste el inmovilismo, y permita que perspectivas teóricas contrahegemónicas emerjan para disputarle el sentido común al modelo cultural y económico dominante mediante la formación política en redes sociales, pedagogía que tiene como objetivos: 1) reinstalar las nociones de solidaridad y colectividad, destruidas por 40 años de neoliberalismo; 2) señalar los peligros del libre mercado y su papel en la socavación de los Estados de Bienestar y los Estados Sociales de Derecho en las democracias occidentales, y 3) exigir modelos y organismos de cooperación que trasciendan las fronteras nacionales. 


Notas: 

[1] Felipe Pineda Ruiz, Investigador social de la Fundación Democracia Hoy y el Centro de Estudios Sindicales y Populares (Cesipor), publicista, director del Laboratorio de Innovación Política Somos Ciudadanos.
[2] Secul Giusti, Cristian Eduardo. Un escenario en suspenso. Repositorio institucional de la Universidad Nacional de La Plata, facultad de periodismo y comunicación social, marzo 27 de 2020. Fuente: http://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/92258  
[3] Solis, Marie. Coronavirus Is the Perfect Disaster for “Disaster Capitalism”. Vice Magazine, marzo 13 de 2020.

[4] El término Prosumidor fue acuñado por el norteamericano Alvin Toffler en 1981, quien lo incorporó a su libro “la tercera ola”. Este concepto designa a un individuo que siendo consumidor realiza actividades de productor. En el caso actual un usuario de redes sociales se convierte en prosumidor cuando crea contenidos y luego los comparte en alguna plataforma digital.

[5] Zizek, Slavoj. Coronavirus is ‘Kill Bill’-esque blow to capitalism and could lead to reinvention of communism. Website Russia Today, febrero 27 de 2020. Fuente: https://www.rt.com/op-ed/481831-coronavirus-kill-bill-capitalism-communism/
[6] Guardian News. (2020, marzo 18). Coronavirus: how Donald Trump has changed his tune [Archivo de video]. Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=NezEbDx4B9A
[7]  El Mundo. (2020, marzo 25). Bolsonaro compara el coronavirus con un 'costipadillo' y llama a volver a la normalidad. [Archivo de video]. Recuperado de:  https://www.youtube.com/watch?v=3eilC0rjgns
[8] Contraloría General de la Nación. Boletines de prensa del año 2020.
[9] Esposito, Roberto. I partiti e il virus: la biopolitica al potere. Website La Reppublica, febrero 28 de 2020. Fuente: https://www.filco.es/biopolitica-y-coronavirus/